
Lección 1
MARCOS 1, VERSOS 1 AL 20

Para el 2 de Abril del 2005
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"En el principio creo Dios los
cielos y la tierra." Génesis 1:1
Los filósofos griegos antiguos iniciaban sus obras con la expresión “En el principio”. En ese principio de todas las cosas —utilizaban el término griego: “arjé”— colocaban la substancia originaria y originadora de todo lo creado. Para Tales de Mileto, el primer filósofo, ese elemento generador de todo lo existente era el agua. Por su parte, Heráclito, sostuvo que era el fuego, Empédocles propuso los cuatro elementos básicos: aire, agua, tierra y fuego; otro dijo que el origen es el infinito. En cambio, para Marcos el principio no es una substancia material es el evangelio, la palabra encarnada en la persona de Jesucristo. No se trata, pues, de un principio filosófico ni científico es un principio humano, existencial, vital. Esa declaración está en armonía con Génesis y el libro de San Juan. De esa manera, Juan Marcos inicia su biografía de Jesús. A diferencia de Mateo y Lucas, que comienzan con la genealogía y episodios anteriores a la vida de Jesús, la anunciación, las circunstancias del nacimiento, la aparición de los reyes y los pastores (ver Mat.1-2 y Lc.1-2), Marcos principia su relato cuando Jesús empezó su ministerio público, en el otoño del año 27. El informe de Marcos es el más breve de los cuatro Evangelios, sin embargo, en muchos aspectos es más dinámico, vivaz, rápido y, por momentos, vertiginoso de todos. Su estilo es depurado, claro, descriptivo, detallista, pintoresco y ágil, sin detenerse en algunos datos (por ej., las tres tentaciones del desierto), sino en algunas cosas que muchas veces omiten los otros evangelistas (por ej., que “estaba con las fieras” en el desierto; 1:13). “Marcos da énfasis a Jesús como un Hombre de acción, mientras que Mateo lo presenta como un Maestro. Por lo tanto, Marcos registra casi todos los milagros que mencionan los otros Evangelios sinópticos. Una palabra muy característica de Marcos es euthéos (o euthús): "luego" (cap. 1: 10, 18, 20-21, 29); "en seguida", "inmediatamente", "al instante" (cap. 1: 30, 41-42); "al momento" (cap. 4: 16). La utiliza más a menudo que todos los otros evangelistas juntos.” (5CBA, 552). Se trata de una prosa despojada, austera, sin efectos altisonantes, que narra las historias con un estilo conciso, por momentos parecido a una crónica periodística, que va “derecho al grano”, pero que sorprende con cambios de modalidad, al volverse proclamativo, incisivo y solemne cuando transcribe los textos proféticos (1:2-3) o los discursos públicos de Juan el Bautista (vers. 7-8) o del mismo Jesús (vers.15). El texto que va urdiendo Marcos privilegia el espacio sobre el tiempo, que fluye sin cesar, en una secuencia que salta períodos sin referencia alguna (ej., entre el vers.13 y 14, transcurre 2 años). La óptica de Marcos se focaliza en las personas y las circunstancias que describen a los protagonistas (ej., vers.6), que son pintados con agudeza y con expresiones pintorescas. Deslumbra su estilo cortante, con un habla que deja resonancias en el aire y efectos visibles en los oidores (vers.5). Presenta la propuesta de un diseño de lograda coherencia interna, donde el significado de lo expuesto surge abrupto y sin artificios. Lo caracteriza la sobriedad, la inmaculada sencillez y fácil lectura, además de la lacerante naturaleza de sus personajes, siempre bien trazados, cálidos de vida, siempre tibios y envolventes. Un estilo narrativo donde cabe toda la complejidad de la peripecia humana, que parece haber sido concebido bajo el estado de gracia de un aliento creador sin fisuras ni vacilaciones y en un solo impulso dramático. El principio, como dijimos, lo instala en el “evangelio” (del griego “euaggélion”), etimológicamente, "buena noticia", a partir de la cual se construye el reporte del autor. “La palabra ‘evangelio’ originalmente se refería a la ‘buena noticia’ de que ciertamente el Mesías había venido a la tierra, como fue predicho por los profetas. Después el término fue aplicado al relato de la vida de Jesús, y posteriormente a los diversos documentos, o Evangelios, en los que está preservado ese registro. Probablemente aquí se usa en su sentido más antiguo. El descenso del Espíritu Santo y el anuncio que hizo Juan de que Jesús era el Mesías señalan inconfundiblemente su bautismo y el comienzo de su ministerio público. Por ende, según Marcos, el Evangelio, la ‘buena noticia’ en cuanto a Jesucristo, principia con el cumplimiento de una profecía del AT relacionada con su bautismo (vers. 2-11).” (5CBA, 555).
EL PRECURSOR Vox clamantis in deserto Marcos dibuja la figura de ese hombre emergiendo abruptamente entre las dunas arenosas del desierto de la historia, anunciado por las voces proféticas. Se trata de una figura exótica y representativa de una personalidad plena y consumada. Una voz que resuena en los espacios improductivos y estériles del ser humano, para generar el cambio y una nueva vida. Su actividad estuvo orientada a la reforma, como medio de acceso a los tiempos mesiánicos. Busco revitalizar a los seres congelados en los esquemas rígidos y endurecidos de la rutina. Hizo un llamado a los cobradores de impuestos, a los militares y a los políticos (ver Lc.3:12-19). Su función fue superar las dificultades, desbloquear los impedimentos y vencer las resistencias que obstaculizaban el acceso a Dios, abriendo la posibilidad de cada uno a lograr su máximo desarrollo. Fue una voz vigorosa y severa que denunció la corrupción de los poderosos, predicó la justicia, exhortó a abandonar la inmoralidad. Constituyó la conciencia moral de su tiempo. Un enviado de Dios con un llamado de arrepentimiento. A pesar de que la presentación de Juan el Bautista realizada por Marcos cumple una función introductoria, es evidente que el autor no puede menos que detenerse ante esta figura original y prodigiosa. La economía de información que caracteriza el relato se toma una licencia para describir su vestidura agreste, casi salvaje y su alimentación insólita, que responde al prototipo de los grandes profetas del pasado (vers.6). Ese estilo de vida silvestre y montaraz, habla de su carácter bravío e indómito, de no hacer concesiones a la comodidad ni tener indulgencias con el pecado. Su mensaje fue áspero, poderoso e incisivo, haciendo temblar a las almas con su voz atronadora y violenta. “¡Arrepentíos que el Reino de los Cielos ha llegado!” Los pecadores conmovidos confesaban sus indignidades y maldades, entregando su vida a Dios por medio del bautismo. Pero esa voz estentórea que penetraba hasta las profundidades del alma con el llamado al arrepentimiento era precursora de algo más grande por venir. “Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado” (vers.7). Con un estremecimiento de expectativa la gente decidía aguardar el advenimiento del Mesías. En esos tiempos raquíticos de espiritualidad esos manantiales frescos de palabras de vida eran oasis dichosos y gratificantes.
Juan el Bautista fue el último de los
grandes profetas de la antigüedad y el primero de los mártires del
cristianismo. Anunció el primer advenimiento de Cristo a la tierra, como
un hombre comprometido con su misión; leal a ella hasta el grado de
sacrificar su vida en la tarea. Su prédica le costó su cabeza, sin
embargo, su ejemplo, de entrega, integridad y hombría venció el tiempo y
permaneció por los siglos como paradigma del precursor. Estuvo instalado
en la articulación de los tiempos. Fue final y principio. Una luz del
pasado y un heraldo del porvenir. Pero ante todo fue un modelo de
hombre, en quien la misión y el servicio forjó una identidad permanente.
Un sentido de misión edificado sobre la Palabra. Es un ejemplo de
integridad y autenticidad aún en estos tiempos posmodernos, también
instalados en una coyuntura histórica clave, en los fines de las eras y
en los bordes de la eternidad. Es, pues, forzoso rescatar de las arenas
del pasado la figura portentosa del Bautista entre quienes somos
precursores del nuevo advenimiento del Mesías. EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO
“El tiempo no es un reloj que
consume su arena,
Los griegos tenían tres palabras para
referirse al tiempo: cronos, kairós y aión. Esta última, originariamente
significaba el tiempo o la duración de la vida y posteriormente designó
la eternidad (2). El término cronos es el que marca la sucesión de los
acontecimientos, lo cronológico, y el transcurrir temporal, la duración.
Para Aristóteles era “la imagen móvil de las eternidad” (3). En cambio,
kairós, es el tiempo como oportunidad, el buen momento que hay que
aprovechar, el instante que se debe vivir en plenitud. El tiempo
cronológico no depende de nosotros, somos prisioneros del reloj, que en
forma inexorable impone su fluir mecánico, uniforme e infinito. Es muy
diferente el kairós, el tiempo que está a nuestra disposición, en el
cual inscribimos nuestras huellas y tejemos la urdimbre de nuestro
destino e historia. Esta noción de tiempo que ha alcanzado su momento de gestación ”tiempo cumplido” es muy diferente de la idea actual de gozar del presente o del oportunismo egoísta. En mayo de 1968, los estudiantes rebeldes de la Sorbona escribían en las paredes: “No se lo que quiero, pero lo quiero ya”. Ese “ya”, marcó el clima de la época actual. Es la propuesta a ignorar el pasado y el futuro, para vivir el presente o el ahora, con toda intensidad. La visión del ahora se convierte en centro de convergencia de los tiempos, sobre la base de “un nuevo arquetipo temporal”, según afirma Octavio Paz (6). “Es como si el espacio estuviera atrapado por el tiempo, como si no hubiera otra historia más que las noticias del día o de la víspera, como si cada historia individual agotara sus motivos, sus palabras y sus imágenes, en el stock inagotable de una inacabable historia del presente (7). Un personaje de Paulo Coehlo, expresa esa noción en estos términos: “Porque no vivo ni en mi pasado ni en mi futuro. Tengo sólo el presente, y eso es lo único que me interesa”. Entonces prescribe la norma: “Si puedes permanecer siempre en el presente, serás un hombre feliz. Percibirás que en el desierto existe vida, y que el cielo tiene estrellas y que los guerreros luchan porque esto forma parte de la raza humana. La vida será una fiesta, un gran festival, porque ella sólo es el momento que estamos viviendo” (8). Cuando se vive así se pierden las ilusiones y los proyectos, desaparece el apego al pasado y las expectativas futuras. La historia se convierte en algo leve, igual “que una vida humana singular, insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flora, como aquello que mañana ya no existirá” (9). La Biblia, por su parte, enfatiza la noción del tiempo como oportunidad, con el sentido de cumplimiento y consumación. El Nuevo Testamento utiliza la palabra “cairos” 86 veces, mucho más que el término “cronos” (54 citas). El Evangelio de Marcos anuncia las buenas nuevas de la salvación, afirmando: “El tiempo (kairós) se ha cumplido” (1:15). Es el tiempo que con tantas ansias se había esperado, predicho por los profetas. San Pablo lo denomina la “plenitud del tiempo” (Gal.4:4; Ef.1:10). El tiempo cumplido es supremo, es el tiempo decisivo que Dios planificó. “Es verdad que dicho tiempo tiene todavía un aspecto futuro, porque no ha llegado todavía el momento de su consumación completa. En esto se funda precisamente la exhortación a que seamos vigilantes, ya que “no sabéis cuándo será el cairos” registra Marcos 13:33 (ver Lc.21:8). Pero, al mismo tiempo, al pueblo se le reprende por no haber sabido comprender “este tiempo” (Lc.12:56), y Jerusalén tendrá que expiar el no haber conocido “el tiempo de la visitación” (Lc.19:44). Además, del tiempo de la salvación que debe aprovecharse, el kairós bíblico es un tiempo fructífero (Hech.14:17), como acontece al llegar la hora de la siega (Mt.13:30; Gal.6:9) o la recolección de los frutos (Mt.21:34 y 41). Especialmente el kairós es el “tiempo aceptable” (2 Cor.6:2) o el “buen tiempo” (eukairos) del “día oportuno” (Mr.6:21), cuando se puede obtener “misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Heb.4:16, BJ). Por eso es importante “conocer el tiempo” (Rom.13:11) y “levantarse del sueño” a fin de responder adecuadamente cuando escuchemos la “voz de Dios” (Heb.3:7) a tomar la decisión de salud terrena y futura, de concretar los sueños de una vida mejor. De alguna manera, para los antiguos, la sabiduría consiste en esa capacidad de percibir el tiempo adecuado (ver Ecles.3:1-8), cuando la espiga está madura y las circunstancias gravitan su alumbramiento; cuando hay que cosechar las gavillas. La persona sabia va tener el coraje de proceder a fin de obtener todo el provecho posible del momento favorable. Supone absorber y procesar el presente en toda su complejidad. Es el “tiempo para nosotros de llegar a ser” (10). Cuando se actúa en ese tiempo decisivo, asumiendo el compromiso con coraje, una oleada de valor recorre las venas para enfrentar todos los riesgos y cristalizar las aspiraciones más elevadas. Probablemente fueron estas enseñanza del “cairos” la que Marcos quiere trasmitirnos con el texto del versículo 15 que proclama el cumplimiento del tiempo.
“Jesús les dijo: Los primeros veinte textos del capítulo 1 —objeto de estudio de esta semana—, concluyen con el llamamiento de los primeros cuatro discípulos (vers.16-20). Marcos pinta un cuadro dorado por el sol matutino, “junto al mar de Galilea”, donde el Maestro camina solitario por las arenas de la playa, mientras las olas espumosas se extienden generosas sobre la costa ávida y absorbente. Era un aire suave, límpido, fresco, de pausado ritmo, donde el rumor sordo del mar era interrumpido únicamente por los gritos de las aves marinas que se afanaban buscando su alimento. El caminante dejaba sus huellas sobre la arena, que el agua cadenciosamente se encargaba de disipar, hasta hacerla desaparecer totalmente. Entonces ocurrió lo trascendente, lo que eliminó la precariedad del momento. Cerca de la orilla unos jóvenes pescadores estaban lanzando sus redes. Jesús los llamó a seguirlo con la esperanza de prepararlos para un nuevo oficio, ser pescadores de hombres. Unos metros más adelante, entre los barcos, residuos de pescado y otros enseres, otro grupo de pescadores remendaban sus redes. También el Maestro les hace el mismo llamado. En ambos casos, los aludidos respondieron al instante, dejándolo todo, lo siguieron. El cuadro se cierra con el grupo de cinco hombres caminando junto al mar avanzando hacia un nuevo futuro, mientras el sol de ese día avanzaba en el firmamento. Esos hombres con olor a pescado, extraídos del mar, jamás se imaginaron el destino que tenían por delante, cuáles serían los resultados de esa decisión rápida e imprevista. Al convertirse en discípulos de Jesucristo dieron un paso trascendente; fue una decisión que los catapultó al más grande escenario de la historia, a trascender como nadie lo había hecho antes. Esos pescadores de vida precaria, finita, sometidos a la inexorable ley del mar de la vida, como las olas que aparecen en la costa para luego desaparecer para siempre, cambiaron las circunstancias temporarias por un destino glorioso, de proyecciones eternas. Fueron quienes tuvieron el privilegio de acompañar al Hijo de Dios durante más de tres años, fundadores de la Iglesia Apostólica, proclamadotes del evangelio de salvación, referentes obligados del cristianismo que conmovió al mundo y quienes pusieron su nombre en las doce puertas de la Jerusalén celestial (Apoc.21:14). El relato del llamamiento que enuncia Marcos, parece una invitación a dejar las redes de la rutina de los trabajos habituales, sabiendo que esas redes se volverán a romper y nuevamente habrá que remendarlas en un esfuerzo sin fin, ya que se trata de actividades de validez precaria, para decidir seguir al Maestro, a lo largo del relato que nos presenta, con la certeza de encontrar verdades permanentes, además de un destino eminente y bienaventurado, como aquellos primeros discípulos. Es una respuesta a la tragedia de nuestra fugacidad y la certidumbre de nuestra caducidad. A transitar la experiencia de los discípulos iniciada en aquella mañana junto al mar, en un aprendizaje guiado por Marcos, que nos tomará las próximas l2 semanas, con la esperanza de recibir lecciones enriquecedoras.
Dr. Mario Pereyra
Referencia bibliográfica
Abreviaciones
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El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM
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