Gilson N B Costa

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Asombroso obrador de milagros
(Marcos 1 - 2)

Lección 2

Para el 9 de Abril del 2005


 

Sábado

 

Estamos presentando no sólo a un maravilloso obrador de milagros, sino a “El” maravilloso obrador de milagro como “Dios Fuerte, Padre Eterno” (Isaías 9:6), “Admirable, Consejero, Príncipe de Paz”. Este Dios se hizo “Dios con nosotros” a través de la encarnación, la mayor de todas sus maravillas, cuyos resultados se percibirán a través de todas las eternidades. Este Asombroso Obrador de milagros, y de esta fascinante realidad, es el Cristo, el “Hijo de Dios”, el Jesús de Nazaret, cuyas salidas son “desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2). El es el único que posee todas las credenciales proféticas mesiánicas, y no es otro nombre el que estamos presentando, puesto que debajo del cielo, o encima de él, no se ha dado otro nombre, o será dado jamás, por el cual podamos ser salvos (comparar con Hechos 4:12; Lucas 1:35; Salmo 72:18).

 

“Quiero, sé limpio”

 

Este “¡Quiero sanarte!” es válido para toda la humanidad, en todas las épocas y lugares. Toda oración de fe, y –a veces– también sin fe, en que se pida la cura de una enfermedad, es escuchada y atendida por Aquél que quiere sanarnos. Pero lo que necesitamos entender es que Cristo no quiere sanarnos solamente por algunos miserables años de nuestra existencia, sino por millones, billones y trillones de años infinitos. Sin embargo, en muchos casos, un restablecimiento completo, permanente e instantáneo de un enfermo es incompatible con esta sanidad permanente, completa e instantánea que Él quiere obrar en nosotros en apenas un pestañear de ojos. Es en esa fracción de segundo que El quiere (“quiero”) que seamos limpios de todas las clases de enfermedades y eso para toda la eternidad.

 

Nuestro pedido de sanidad será escuchado porque Él “quiere” que seamos limpios de toda clase de enfermedades (Isaías 53:4; Éxodo 15:26). Eso puede ocurrir ahora, pero la prioridad de Dios es para que esto ocurra en un futuro muy cercano, cuando se de la glorificación. Por lo tanto, si tienes una enfermedad incurable, ten la absoluta certeza de que esta promesa, este “Quiero” te pertenece por los méritos de la Cruz y del Santuario Celestial.

 

 


 

Domingo  

3 de abril

EL ENDEMONIADO (Marcos 1:21-28).

 

 En Marcos 1:21 al 28, ¿qué es lo primero que impresionó a la audiencia, para que afirmara que Jesús era alguien especial? Al mismo tiempo, ¿por qué no fue eso suficiente para demostrar realmente quién era?

 

Lo primero, fue enseñar, y Lucas nos informa que el contenido de estas enseñanzas eran las profecías mesiánicas (Lucas 4:14-21), los milagros vinieron después (Marcos 1:21, 22, 23-28). Creo que esta exposición de la palabra profética, realizada por Cristo en aquella ocasión, fue más que suficiente para probar quién era El realmente, es decir, el Mesías de las profecías, al pueblo de Nazaret y de Capernaúm, que era estrecho de mente y rebelde (Ver Lucas 4:23-30).

 

 Lee cuidadosamente la curación del endemoniado en la sinagoga de Capernaum (Marcos 1:21-28). ¿De qué modo debía ayudar a demostrar su identidad?

 

Este milagro fue apenas un complemento a las pruebas escriturísticas que ya habían sido presentadas por Cristo. Los habitantes de Capernaúm y de Nazaret estaban en una situación peor que la de los mismos demonios que, por lo menos, reconocieron la divinidad de Jesús, al afirmar que Él era “El Santo de Dios” (Marcos 1:24).

 

El pueblo de Capernaúm estaba en una situación peor a la de Sodoma, ya que había recibido muchas evidencias y oportunidades para aceptar la verdad de la salvación (Mateo 11:23, 24). Yo diría que este pueblo estaba más endemoniado que aquél poseído de la sinagoga, pero con una diferencia: aquél endemoniado ansiaba ser liberado (ver el Deseado de todas las gentes), pero los habitantes de Capernaúm, en su altivez de espíritu no aceptaron ni fueron conscientes de la situación precaria en la que se encontraba, y tampoco estaba interesados en ello y no querían ser sanados de esta estado.

 

 


Lunes  

4 de abril

LA SUEGRA DE PEDRO (Marcos 1:29-39).

 

 ¿De qué manera la curación de la suegra de Pedro demuestra el interés y la atención personal que brindaba Jesús a las personas? Marcos 1:29-34.

La suegra de Pedro fue una de las muchas personas por las cuales Jesús demostró interés y cuidado personales (Mateo 4:23-25). El Espíritu de Profecía nos informa que “Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque él había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos” [El camino a Cristo, p. 10].

 

 Jesús hizo algo por la suegra de Pedro que ella no podía hacer por sí misma, y luego ella respondió. ¿De qué modo refleja esto lo que debe suceder en la vida cristiana? Ver Mateo 10:8; Juan 15:12; 1 Juan 5:2, 3.

 

La suegra de Pedro fue curada para servicio y ella cumplió con este propósito de inmediato. Nosotros no actuamos para que Dios nos ame, sino porque Dios nos ama; recibimos para dar y no damos para recibir; recibimos de gracia para dar de gracia, y por esta gracia que recibimos es que damos.

 

 ¿Cuándo fue la última vez que alguien hizo algo realmente especial por ti, por lo cual quedaste inmensamente agradecido? ¿De qué manera respondiste, y por qué? ¿De qué manera tu respuesta también refleja lo que constituye la vida cristiana llena de gracia?

 

La respuesta a esta pregunta es de carácter muy personal.

 

 Al hacer estas cosas maravillosas, Jesús produjo que muchos lo siguieran. Los discípulos dijeron: Toda la gente te busca. Pero, ¿era realmente así? Cuando lees la historia completa de Jesús, es posible que algunas de estas mismas personas hayan estado entre los que, al fin, se apartaron de él. Buscar a Jesús por sí mismo no siempre es suficiente; se necesita algo más. ¿De qué modo la respuesta de la suegra de Pedro encierra la clave para resolver este problema potencial, y cómo se aplica a nuestra propia vida espiritual? Ver también Santiago 2:22.

 

No basta con buscar relacionarse con Cristo. Es necesario que actuemos pronta y valerosamente; la Biblia nos dice que los héroes de la fe se esforzaron en la batalla (Hebreos 11:34). Dios nos reviste con su armadura, pone en nuestras manos la espada del Espíritu y en la otra el escudo de la fe, para que luchemos y nos esforcemos en la batalla y no nos quedemos apenas viendo a nuestro Comandante lucha por nosotros. Si así fuera, no necesitaríamos ni la armadura, el escudo o la espada.

 

 

 


Martes   

5 de abril

EL LEPROSO (Marcos 1:40-45).

 

 Estudia la curación del leproso relatada en Marcos 1:40 al 45. ¿Cómo se muestra la compasión de Jesús? ¿Por qué le hizo al hombre sanado una fuerte advertencia? ¿Cuál fue el resultado de este milagro?

 

“Si quieres, puedes…”. Obsérvese que hay una gran diferencia entre el “Si quieres, puedes…” de este leproso y el “si puedes hacer algo” del padre de aquel joven poseído (Marcos 9:22). El leproso creía que el querer de Cristo era poder, pero el padre de aquél joven no tenía tal convicción. “Si tú puedes…” dijo. Sin embargo, los dos fueron escuchados porque, aún en su incredulidad, aquél padre estaba dispuesto a ser ayudado, más allá de su falta de fe en Jesús (Marcos 9:23, 24). Necesitamos reconocer nuestra incredulidad y pedirle ayuda a Cristo para vencerla. Si tenemos dificultades para reconocer nuestra incredulidad, debemos pedirle a que él nos ayude a reconocerla. El “quiere” ayudarnos también a curarnos de esta deficiencia.

 

¿Por qué Cristo le advirtió al leproso para que no dijera nada sobre el milagro operado en él?

 

Si los sacerdotes se enteraban que el milagro había sido llevado a cabo por Cristo, no darían el aval necesario para certificar el sanamiento de aquél leproso, ya que ellos eran los responsables por este veredicto (ver El Deseado de todas las gentes, p. 229).

 

 Como seres humanos, todos tenemos una enfermedad peor que la lepra, y ésta es el pecado. Sin embargo, ¿de qué forma un Dios santo y sin pecado responde y nos trata, de todos modos?

 

Dios, en persona, vino a vivir entre los leprosos (nosotros, los seres humanos somos leprosos, espiritualmente hablando). Esta fue su respuesta, esta fue la mayor de todas sus demostraciones en cuanto a nosotros. “Dios con nosotros” estuvo personalmente en este leprosario durante más de treinta años, lo que debe de haber sido una eternidad para Él, en cierto sentido (tratándose de nuestra naturaleza pecaminosa…). Es se hizo leproso como cada uno de nosotros, asumió nuestra naturaleza humana. Para asombro de todos los habitantes del Universo, Él se convirtió en un leproso como nosotros, no sólo durante los treinta y tres años y medio de su existencia terrenal, sino PARA TODA LA ETERNIDAD. ¿Hay alguna respuesta semejante, igual o mayor que ésta? ¿Por qué estoy afirmando este aparente disparate? Porque la Divinidad asumió nuestra naturaleza para toda la eternidad. Jamás se librará de ella, y este hecho –para mí– es apasionante y mucho más que maravilloso. Realmente este Dios, que anduvo por esta tierra, es el Asombroso obrador de milagros, como Dios Fuerte y Padre Eterno.

 

 


 

Miércoles  

6 de abril

EL PARALÍTICO (Marcos 2:1-12).

 

Lee Marcos 2:1 al 12 con detenimiento y oración. Ponte en la escena: imagínate que estás sentado en el suelo, en esa habitación colmada. Viniste para ver a Jesús de Nazaret, acerca de cuyos milagros la gente estaba hablando por toda Galilea; pero lo que ocurrió ese día es más asombroso que cualquier cosa que escuchaste acerca de Jesús. ¿Cuáles fueron las primeras reacciones de los hombres que bajaron al paralítico? ¿Las posteriores? ¿La reacción del paralítico? ¿La reacción de los escribas? ¿La reacción de la gente cuando vio y oyó a Jesús?

 

·          Reacciones del paralítico:

Paz interior por haber sido perdonado plenamente de “todos” sus pecados (versículo 5), y nótese que fue perdonado de todos sus pecados sin obras, sin penitencias, sin purgatorio, sino apenas por la Palabra encarnada. El Verbo encarnado tiene el poder suficiente por medio de su palabra creadora, aquella que hizo los cielos y la tierra. También debemos observar que fue por el poder de Cristo que aquél paralítico fue atraído, desde su lugar de residencia, hasta su presencia. La reacción posterior fue la de glorificar a Dios, tanto por la sanidad física y su disposición a dar su vida por Jesús si fuera necesario; esta disposición se hizo extensiva a todos los integrantes de su familia.

·          Reacciones de los escribas:

No fue la de dar sus vidas por Cristo, sino de hacer planes para quitarle a vida a Él. Tampoco fue la de glorificar a Dios por el milagro realizado, sino que silenciaron las obras de Cristo con su muerte.

·          De aquellos que vieron y oyeron a Jesús:

La reacción fue de dar glorias a Dios por la cura de aquél muerto en vida, a diferencia de la reacción de los escribas y otros bichos según su especie, que le quitaron la vida al Dador de la vida, el Príncipe de la Vida. Realmente aquella raza de víboras ponzoñosas era un nido de muerte y para muerte.

 

 


 

Jueves 

7 de abril

LEVÍ MATEO (Marcos 2:13-21).

 

 Explica la parábola de Jesús acerca del paño nuevo y del vino nuevo (Marcos 2:21, 22), en el contexto de la sección de hoy.

 

·          Paño nuevo = Símbolo del Evangelio puro, que no envejece.

·          Paño viejo = Las aburridas y enmohecidas tradiciones judías de aquella época, las que contradecían los mandamientos de Dios (Mateo 15:3, 6).

·          Vino nuevo sin fermentar (sin la presencia de bacterias responsables de la putrefacción) = El Evangelio puro sin falsificaciones ni interpretaciones fraudulentas y perniciosas (Ver Isaías 55:1 y 1 Pedro 2:2).

·          Odres nuevos (sin los hongos propios de los odres viejos; imagínate cuanto hongo había en aquellos odres viejos en aquella época) = las enseñanzas de Cristo.

·          Odres viejos (portadores de millones de los hongos venenosos) = Las tradiciones humanas judaicas

 

¿Cómo concebir el coser, remendar o asociar una cosa con la otra? El agujero quedaría mucho más grande en los paños y sería un verdadero problema en los odres viejos.

 

Nótese lo siguiente: Los odres y paños viejos, en el sentido aplicable a las personas, necesitan de paños y vinos nuevos, pero no para remendar los paños viejos con los nuevos, sino para sustituir estos paños. El vino nuevo no es para ser simplemente guardado en odres viejos, sino para ser colocado en éstos odres, pero transformados en nuevos.

 

Una palabra sobre Leví Mateo

 

Mateo era una persona muy bien acomodada, empleado público del mayor imperio de su época. Fue en esta situación “privilegiada” que él recibió el llamado de Cristo a que lo siguiera. Marcos nos informa que él se levantó y le siguió. No consta en la narración histórica de Marcos que Mateo haya hecho preguntas o pedido algún plazo antes de aceptar el llamado (Marcos 2:14). En nuestra época un trabajo como aquél sería equivalente al de un empleado público federal de máximo escalafón en un país como los Estados Unidos, pues en aquella época, Roma era un imperio mundial que dominaba sobre todas las naciones de la tierra. El sueldo de Mateo debía de ser proporcional a su puesto, sin olvidar de los recursos ilícitos hacia los cuales los romanos hacían la “vista gorda”.

 

¿Dejaríamos hoy un empleo de estas características y con un salario de unos quince mil pesos por mes, más allá de los “adicionales”, sin hacer preguntas, para seguir, inmediatamente, al Maestro? Mateo demostró ser un descendiente de la fe, de Abrahán, el cual –al ser llamado– salió sin saber a dónde iba, y sin hacer preguntas (Hebreos 11:8). Nosotros, en la actualidad, tenemos el grandísimo privilegio de ser, en Cristo, descendientes de Abrahán (Gálatas 3:29) y la bendición de recibir, a través de la fe de Abrahán, la fe en Cristo, y no sólo la fe en Jesús, sino la fe de Jesús, es decir, el mismo grado de fe que el Hijo del Hombre tenía cuando habitó entre nosotros hace dos mil años. Esta es la fe que necesitaremos para mantenernos en pie delante de Dios. ¿Cómo adquirir esta fe especial? Esta experiencia comienza con el don de la fe en Jesús y por el poder de la gracia es que nosotros ejercitamos este don que, al principio, es como un grano de mostaza, pero que crece y puede convertirse en un gran árbol. El secreto consiste en mantener esta semilla en contacto con el terreno de la Palabra de Dios y suplicarle intensamente a Cristo para que nos ayude a ejercitar esta fe hasta que se convierta en el grado de fe igual al suyo. De una cosa podemos estar seguros: de brazos cruzados jamás ejercitaremos este don de la fe para que se convierta en un gran árbol. Leví Mateo ya había recibido una cierta medida de fe, del tamaño de un grano de mostaza. Al ser llamado, salió, como Abrahán, sin saber a dónde iba ¡y sin ninguna expectativa de estabilidad económica. Al ser llamado, ejerció aquél pequeño grano embrionario de fe y siguió al Maestro. ¿Qué estamos haciendo hoy con el grano de fe que hemos recibido al comienzo de nuestra carrera, al ser llamados por el Maestro? ¿Sigue siendo un pequeño grano, o ha crecido y está creciendo continuamente para convertirse en un gran árbol?

 

Únicamente por la fe en Jesús es que lograremos poseer la fe de Jesús. Esto es, si nunca olvidamos de que no debemos confiar en nuestra fe, sino en las promesas de Dios. Tampoco nunca debemos confundir fe con sentimientos; aún sintiendo que tenemos fe, debemos confiar en las promesas.

 

“El discipulado cristiano no se basa únicamente en quién somos o en lo que hacemos, sino en nuestra disposición en seguir a Cristo”. Debemos notar lo siguiente: no alcanza con la disposición. Una vez hechos discípulos, tenemos responsabilidades en cuanto a la luz recibida y el fundamento del discipulado incluye también andar en la luz y no apenas en tener disposición para andar en la luz.

 


 

Viernes  

8 de abril

CONCLUSIÓN:

 

No sólo la fe de Abrahán, ni la de Leví Mateo; no sólo la fe en Jesús, sino la fe de Jesús, es nuestra más imperiosa y urgente necesidad. Somos los héroes del presente y de un futuro muy cercano en el cual estaremos delante de un Dios Santo, sin intercesor; seremos la única generación de la historia en atravesar esta experiencia sin par.

 

Que por la gracia de Cristo podamos, a través de la fe en Él, ser poseedores de la fe que nos capacitará para atravesar el último período de la Historia de la Iglesia militante como iglesia triunfante, y que surgirá como la aurora del día, hermosa como la luna, brillante como el sol (el Sol de justicia) y formidable como ejército con banderas (Cantares 6:10; Malaquías 4:2; Apocalipsis 12:1).

 

¡Amén! ¡Aleluya y Amén!

 

 

El Profesor Gilson Nery B. Costa, ha autorizado al Doctor Martínez a  publicar sus comentarios en nuestro Centro Internacional de Escuela Sabática de Ministerios PM.

 

 Traducción al español en esta semana: Profesor Rolando Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com.ar).  Agradecimiento a Recursos de Escuela Sabática (RES)

 


 

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