Juicio y
crucifixión

Lección 12
Para el 18 de Junio del 2005
DIOS HA ESTADO ASEGURANDO A SU PUEBLO que él los restaurará. Les habla de un futuro glorioso que tiene en mente para ellos (Isa. 49:8-26). Pero ellos se sienten todavía abandonados. Su situación no parece haber mejorado. El Señor reconoce y conforta su desánimo. Primero, sin embargo, él pregunta, ¿los ha rechazado realmente? ¿Dónde está la evidencia? Muéstrenmela, pide. "¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a quienes yo os he vendido?" (Isa. 50:1). El oráculo presenta a las naciones de Judá e Israel como a una madre y a los exiliados como a sus hijos. La gente del mundo antiguo que era incapaz de devolver un préstamo u otra deuda podía ser vendida en esclavitud. Las familias desesperadas podrían tener que vender a algunos de sus miembros en esclavitud sólo para sobrevivir. ¿Fue eso lo que Dios hizo a su pueblo?
El Señor declara que no los ha rechazado. Todo lo contrario. En realidad él es el cónyuge ofendido en esta relación matrimonial cósmica. Su pueblo se ha alejado de él. Israel está en exilio debido a sus propios pecados (vers. 1). No han respondido a su llamado (vers. 2). Pero en cuanto a su futuro, pregunta: "¿Acaso se ha acortado mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?" (vers. 2). Israel puede haber sido vendido en esclavitud, pero Dios tiene el dinero para volverlos a comprar. Ciertamente una deidad que puede hacer cosas dramáticas a la tierra, a sus seres vivientes y al cielo que los recubre (vers. 2, 3), tiene el poder para salvar a su pueblo.
El siervo reivindicado
De repente una nueva voz entra en el oráculo. Alguien comienza a hablar en primera persona. Dios le ha dado a este individuo la capacidad de sostener al "cansado" (vers. 4). Es la misma palabra que Isaías 40:28,29 usa cuando el pasaje declara que Dios "da esfuerzo al cansado". Este agente acepta su misión (vers. 5) aunque ella le inflige abuso (vers. 6). Los habitantes del mundo antiguo (y sus descendientes en el Medio Oriente actual) eran particularmente sensibles a los insultos o a cualquier cosa que trajese vergüenza y deshonor. Pero el agente de Dios ignora tales preocupaciones. El conocimiento de que Dios está con él le permite enfrentar todo lo que se le cruce por el camino (vers. 7). No permitirá que nada lo agobie. En el versículo 8 el profeta utiliza terminología legal. El siervo está en juicio. Pero él confía en que todos los cargos en su contra serán hallados falsos. "¿Quién contenderá conmigo?... ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí" (vers. 8). El agente de Dios confía plenamente en él.
Claramente el siervo es más que Israel. El pueblo de Dios no es inocente como lo es el siervo. De hecho, ellos han sido vendidos en esclavitud debido a sus pecados (vers. 1). "Cuando se lo observa en el marco contextual mayor del movimiento narrativo de los capítulos 40-55, hay un traspaso claro desde Israel, la nación sirviente, a Israel, el individuo sufriente que ahora personifica la verdadera misión de la nación".[1] Algunos comentaristas modernos han intentado identificar a ciertos individuos históricos como el siervo aquí descrito.[2] Tales individuos podrían haber estado entre los agentes humanos de Dios en la tierra colaborando para llevar a cabo los planes divinos, pero el idioma de los pasajes del siervo continúa extendiéndose más allá de cualquier ser humano específico. El siervo es mucho más que todos ellos combinados. Como lo vemos constantemente, él supera, por mucho, lo meramente humano. Como la figura del rey de Babilonia previamente, el siervo aquí apunta más allá de sí mismo a un nivel cósmico. El libro de Isaías continúa llevando al lector a la guerra universal donde las situaciones humanas son meras manifestaciones superficiales. Cuando los reyes humanos van a la guerra, la situación refleja el conflicto entre gobernantes sobrenaturales.
El siervo está seguro de que la corte judicial cósmica no lo encontrará culpable porque el Señor, el Juez absolutamente justo y honesto, hace claro a todos en el juicio sobrenatural que su siervo es inocente de todo cargo en su contra (vers. 9). Ninguna acusación puede prevalecer contra la verdad de quién es él. El oráculo cambia nuevamente de perspectiva. Ya no es el siervo el que habla; ahora se habla acerca de él. Las Escrituras preguntan ahora: "¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo?[3] El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios" (vers. 10).
Childs sugiere que aquí "se extiende un desafío a todo aquel que teme al Señor de corazón, identificándose así con el mensaje del siervo de confiar en Dios, a pesar de que esto signifique tener que caminar por senderos oscuros, tal como el siervo lo hizo".[4] A diferencia de Israel como un todo, el siervo está dispuesto a confiar en Dios y en su poder pese a que no conoce todos los detalles acerca de cómo Dios está llevando a cabo su plan de redimir a su pueblo. Pero por medio de su fe logra grandes cosas. El siervo será luz a todas las naciones, incluyendo a Israel. Pero aquellos que intentan hacer su propia luz solamente hallarán desilusión y castigo amargo por parte de Dios (vers. 11).
El Siervo sufriente
Después de mencionar más promesas gloriosas de restauración para Israel (Isa. 51:1-52:12) el profeta vuelve nuevamente al tema del siervo especial de Dios (Isa. 52:13-53:12). Aquí Isaías se concentrará en el sufrimiento del siervo y lo que esto significa para Israel y para todas las naciones.
El versículo 13 declara que el siervo prosperará y será exaltado. Pero después los versículos 14 y 15 muestran un cambio abrupto. Su semblante está ahora desfigurado "hasta perder toda apariencia humana" (vers. 14, Nueva Reina-Valera 2000). Algo ha ocurrido que asombra a las naciones (vers. 15). Además, un grupo especial comienza a comprender el significado de la experiencia del siervo. La expresión "verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído" se hace eco de la frase, "Lo oíste, y lo viste todo... Ahora, pues, te he hecho oír cosas nuevas y ocultas que tú no sabías" de Isaías 48:6 (comparar con vers. 7, 8). En Isaías 53:1-13 ese grupo confiesa su creciente comprensión del significado de lo que el siervo ha tenido que soportar.[5]
A los interlocutores de Isaías 53:1 se les había revelado divinamente que el siervo es "el brazo de Jehová". Pero aun así él es verdaderamente humano (vers. 2, 3). Debido a que él creció "delante" del Señor es distinto de él. Y él es un individuo específico, no el Israel colectivo o un remanente fiel como muchos comentaristas sostienen.[6] "La expresión no puede interpretarse metafóricamente como la nación sin violentar el sentido simple del texto de una manera artificiosa".[7]
El siervo fue rechazado y mal entendido por aquellos que no tenían una idea acerca de quién era él. "No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para I que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos" (vers. 2, 3).
Para los espectadores el siervo parecía estar sufriendo el castigo divino. Pero lo que soportó no fue por lo que había hecho, sino debido a los pecados de otros. "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores;[8] y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido" (vers. 4).
Paradójicamente, el siervo sufre pero es un ser exaltado. De hecho, Isaías 52:1 habla de él en metáforas que reflejan la trascendencia del propio Dios.[9] ¿Cómo puede ser eso? Habría tenido poco sentido para la mayoría de los oyentes del profeta. Como vemos en el libro de Job, el Israel antiguo equiparaba la prosperidad con la aprobación divina, y la pobreza y el sufrimiento con el desagrado divino. Isaías tiene que explicar por qué el siervo sufrió y, no obstante, pudo ser exaltado "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados" (vers. 5).
Las Escrituras usan la palabra "molido" para describir la agonía que acaba en la muerte, como en Lamentaciones 3:34. El castigo que el agente de Dios recibió nos "sanó" y por medio de las llagas que tuvo que soportar "fuimos nosotros curados" (vers. 5). Debido a que "como ovejas" nos hemos descarriado lejos del Pastor divino, "Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros" (vers. 6). Sí, el siervo sufrió, y sí, Dios lo afligió, pero fue para que el Señor pudiera poner "nuestros" pecados sobre él. El sufrió por "nuestro" beneficio. Y en un sentido muy real Isaías ve lo que el siervo hizo como lo que el Señor mismo hizo.
Aunque el siervo fue oprimido y afligido, no protestó ni se defendió. Permaneció callado como un cordero que es llevado al matadero (una imagen sacrificial) y una oveja que es trasquilada (vers. 7). Su destino representó una perversión total de la justicia, y fue "cortado" de entre los vivientes (vers. 8). El vocablo hebreo para "cortar" tiene la implicación de "partir por la mitad" como en 1 Reyes 3:25. Además de sus sufrimientos, experimentó el dolor de una falta total de comprensión por parte de otros de lo que él estaba pasando. Solamente a través de la revelación habría de comprender la humanidad su misión.
El siervo no se opuso al pueblo de Dios ni se llenó su corazón de engaño. Aun así sus enemigos lo enterraron con los impíos, declarando de esta manera su opinión acerca de él (vers. 9). Pero todo lo que le aconteció fue por la voluntad de Dios por que su vida fue una ofrenda por el pecado (vers. 10). Levítico 5:1-6:7 describe la ofrenda por la culpa que su muerte refleja. Motyer observa que la ofrenda "podría bien llamarse la 'ofrenda de satisfacción. Aquí se utiliza esta expresión no tanto para afirmar que el Siervo llevó y pagó la culpabilidad de nuestro pecado, como para indicar que lo que hizo se iguala exactamente a lo que se necesitaba hacer".[10] Si bien no podemos entender todas las implicaciones de la expiación, el Siervo sufriente satisfizo cada requisito para salvar a la humanidad.
El siervo de Dios perece y es enterrado. Perol está vivo al final: "Verá linaje, vivirá por largos días" (vers. 10). Porque lo que el siervo hizo estaba de acuerdo con la voluntad divina, tendría significado e importancia. "Justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos" (vers. 11). El no sólo transformará el status de aquellos miembros del pueblo de, Dios que aceptaran su sacrificio, sino que los limpiaría de su pecado. Ya no serán los malignos a quienes el Señor confronta en Isaías 1.
La muerte del siervo no fue el fin de su existencia. Él había ganado una victoria maravillosa y ahora cosecharía su recompensa. "Por tanto, yo le daré parte con los grandes [los muchos], y con los fuertes repartirá despojos" (vers. 12).
El sufrimiento resultó en un gran triunfo para el siervo. El versículo 12 muestra su éxito y exaltación cósmica basada en cuatro hechos.
1. Él "derramó su vida hasta la muerte"; sufrió voluntariamente hasta el punto de morir.
2. "Fue contado con los pecadores"; se identificó con aquellos que necesitaban la salvación.
3. "Habiendo él llevado el pecado de muchos"; fue un sustituto eficaz para la humanidad perdida. Su vida y su muerte tuvieron el poder para lograr lo que necesitaba hacerse para salvar a los seres humanos pecadores.
4. "Y orado por los transgresores"; él intercedió por aquellos a quienes deseaba salvar.
Así "el muerto (vers. 9) vive (vers. 10), el condenado (vers. 8) es justificado (vers. 11), el desvalido (vers. 7) es vencedor (vers. 12)".[11]
El rey sustituto
Si bien las profundidades de lo que el siervo habría de hacer no serían reveladas sino hasta el momento de la cruz, los gentiles que leyeron Isaías cuando el profeta vivía pudieron captar un sentido de lo que la experiencia del siervo sufriente significaba. Una vez más Dios habló en figuras que comunicarían más allá de su pueblo.
Asiría tenía una costumbre que les daría una percepción para comprender el significado del siervo sufriente. Como fue previamente mencionado, la astrología prevalecía en forma desenfrenada en Mesopotamia. Las personas creían que la humanidad estaba controlada por los decretos del destino. Creían que las estrellas y los cuerpos celestes darían indicios de lo que podría ocurrir. Cuando la proclamación de un horóscopo o un fenómeno astronómico como un eclipse indicaban que la vida del rey podría estar amenazada, sus consejeros acudían a una práctica llamada el rito del rey sustituto. Los asirios creían que uno podía transferir el mal de una persona a otra. Ellos reemplazaban así al rey con alguna otra persona durante el período en que el peligro supuestamente acaecería. La idea era que el sustituto padecería el mal en lugar del gobernante real.
El individuo escogido sería alguien considerado no importante. Incluso podía ser mental o físicamente desvalido. Pasaría por las formalidades de ser el rey quizás hasta por 100 días. Durante ese período el verdadero rey permanecería aislado y pasaría por varios ritos de purificación. Llegaría el momento, sin embargo, cuando se le quitaría la vida al rey sustituto y se le daría entierro oficial junto con rituales de exorcismo. Se consideraba que su ejecución cancelaba la amenaza contra el verdadero gobernante.[12]
El siervo sufriente no salvó a un individuo sino a todos los que aceptaron los resultados. Él fue mucho más que un desecho social, fue "el brazo de Jehová". Pero la costumbre asiría ayudaría al menos a los gentiles, y a aquellos de Israel que conocían acerca de la práctica, a reconocer el deseo de Dios de salvar a otros.
Al igual que en los primeros pasajes del siervo, sigue aquí una invitación para participar en la salvación lograda a través de su sacrificio. Isaías 54:1-55:13 habla primero a "las mujeres estériles" de Sión (Isa. 54:1-15), después a todos los que quieren asistir a la fiesta del Mesías. Isaías 54 y 55 corresponden a Isaías 40:1-42:17, que muestra el mensaje de consuelo que se extiende hasta convertirse en bendición mundial. Más tarde Cristo aplicaría el tema del banquete mesiánico a sí mismo (Mat. 22:1-14; Luc. 14:15-24), como hizo con la ilustración del siervo sufriente.
Referencias
1. Brevard S. Childs, Isaiah, p. 395.
2. Por ejemplo, ver la obra de John D. W. Watts, Isaiah 34-66, pp. 199-204.
3. Motyer señala que "Jehová" y "siervo" son paralelos entre sí y sugiere que "la manera de reverenciar al Señor es obedeciendo al siervo" (Motyer, p. 319).
4. Childs, p. 396.
5. "La conexión entre la unidad [literaria] nueva y el discurso divino anterior ha sido hábilmente tramada por medio de una construcción quiástica. La metáfora de ver (52:15b y 53:lb) encierra la de oír (vers. 15b y 53:la) y a la voz confesora de Isaías 53:1" (Childs, p. 413).
6. Para una interpretación judía típica, ver I. W. Slotki, Isaiah, p. 260.
7. Childs, p. 414.
8. El mundo bíblico consideraba la enfermedad como un castigo divino.
9. Gerald T. Shepherd, "Isaiah", HarperCoüins Bible Commentary, ed. James L. Mays (San Francisco: HarperSan Francisco, 2000), p. 527.
10. Motyer, p. 338.
11. Ibíd.
12. Walton, Matthews y Chávalas, pp. 633, 634.
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