Introducción:
El segmento del 9:14 al 10:31 del Evangelio de
Marcos, muestra a Jesús como un maestro o instructor para sus
discípulos. El tiempo del ministerio terrenal de Jesús se estaba
encaminando hacia su fin, culminando con Su muerte en una cruz
romana, en Jerusalén. De ahí la preocupación en enseñar a los
discípulos las lecciones imprescindibles de la vida y al ministerio
de ellos, como continuadores de Su obra. Esas lecciones, dadas hace
dos mil años, son válidas y actuales para nosotros hoy. A
nosotros nos cabe el estudiarlas y ponerlas en práctica.
I. Fracaso público (Mar. 9:14-32)
Después de la transfiguración, Jesús y los tres
discípulos que con Él habían estado, descendieron del monte y se
encontraron con los demás discípulos que habían intentado, sin
éxito, expulsar el demonio de un niño. ¿Cual era el problema? ¿No le
había Jesús dado autoridad para expulsar demonios? (Vea Mar. 3:14 y
15), ¿No habían ellos hecho eso antes? (vea Mar. 6:12 y 13). Sí,
ellos habían expulsado demonios, pero parece que esto se hizo una
cosa rutinaria y se acostumbraron a verlo como algo normal, quien
sabe hasta mágico, es decir, el asunto de las expulsiones.
Jesús detectó el problema que llevó al fracaso a
sus discípulos, cuanto a expulsar el demonio: era la falta de
oración y ayuno (este último, tal vez, es una adicción al texto
original, ya que no aparece en todos los manuscritos de Marcos que
se han escrito).
Por lo tanto, que nadie se engañe con la idea de
que meras palabras, aún en nombre de Jesús, puedan poner al demonio
a correr. Es necesario la preparación espiritual para enfrentar al
enemigo de Dios. Oración, ayuno y mucha dependencia y confianza en
Dios, he ahí los ingredientes para tenerse éxito en la lucha contra
los "poderes espirituales del mal" (Efesios 6:12
II. La verdadera grandeza (Mar. 9:33-50).
Después de la enseñanza de cómo enfrentar
Satanás, Jesús presentó a los discípulos la enseñanza sobre la
verdadera grandeza: grande a los ojos de Dios es quien más sirve
(9:35). Jesús aún ejemplificó este concepto en su vida, viniendo
"para servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mar. 10:45). Así,
el concepto humano de grandeza e importancia fue transformado por
Cristo. Grandes no son los que ocupan los más altos puestos en este
mundo, ni los más ricos y los de estatus social más elevado, sino
los que viven para servir. Grande es aquel que sirve con el espíritu
desinteresado de un niño, generalmente un símbolo de falta de
malicia, ni de segundas intenciones, al hacer algo por alguien
(9:36-37 y 42).
Si quisiéramos ser grandes, recordados incluso
después de nuestra muerte, vivamos para servir, para ayudar, para
hacer el máximo de bien que podamos, tal como Jesús, la Madre Teresa
de Calcuta, y muchos otros cuyas vidas fueron una bendición para el
mundo.
El día del Juicio Final no se preguntará acerca
del que creemos, sino cómo esa creencia nos llevó a actuar a favor
de los hambrientos, sedientos, los que no tienen hogar, desnudos,
enfermos y presos (Mat. 25:31-46).
III. Reforma en el divorcio (Mar. 9:1-12).
Del capítulo 10 en delante se nota una nueva
división del Evangelio de Marcos: la travesía de Jesús desde Judea
hasta su viaje que lo llevaría a la muerte en Jerusalén. Aún en
viaje, Jesús continuó enseñando preciosas lecciones a los
discípulos, que deberían de continuarlo aun después de que Él
muriera, resucitara y volviera para el Cielo. Desde entonces, Jesús
les enseñó sobre un asunto muy discutido aquellos días (y en
nuestros también): el divorcio.
La cuestión del divorcio fue motivada por una
pregunta maliciosa de los fariseos: "¿Es lícito al marido repudiar
su mujer?" (10:2). Tal vez para indisponer a Jesús con Herodes
Antipas, que había si separado de su esposa y se había vuelto a
casar con su acuñada y sobrina Herodías, después de tomarla de su
legítimo esposo Felipe (ver Mar. 6:17-19). El hecho es que Jesús
aprovechó la pregunta, capciosa o no, para corregir distorsiones con
respecto al divorcio
Se sabe que en los días de Cristo habían dos
escuelas teológicas: la de Hilel, que, basada en Deut. 24:1 y 2, le
permitía el derecho a divorciarse de la esposa si por cualquier
razón, el hombre hallara algo "indecente" en una mujer. La otra
escuela, de Shammai, era más conservadora e interpretaba la "cosa
indecente", de Deut. 24:1 y 2 como actos sexuales ilícitos, y sólo
así permitía el divorcio.
Si quedáramos sólo con lo que aparece en el
Evangelio de Marcos, Jesús parece haber sido aún más conservador que
la enseñanza de Shammai, indicando que ni el adulterio podría dar
derecho a alguien la nuevas nupcias o re-casamiento. De ahí que
necesitamoss ir al Evangelio de Mateo para poder completar la
enseñanza de Jesús sobre el asunto. En Mat. 19:9, Jesús dijo que el
divorcio y nueva boda eran permitidos solamente en caso de
"relaciones sexuales ilícitas" (en el griego "Pornéia" = que
envuelve cualquier acto sexual ilícito: bestialidad,
*homosexualismo, fornicación, adulterio, etc.). Así, Jesús se
aproximó a lo que era enseñado por la escuela teológica más
conservadora, la escuela de Shammai.
IV. Los niños (Mar. 10:13-16)
Jesús ya había
hablado de los niños y de la disposición mental de los mismos,
generalmente, hacer las cosas sin malicia y sin segundas intenciones
(como, por ejemplo, extraer logro o ganancia con el acto practicado)
y de que sean ejemplos de humildad (Mar. 9:34-36 y 42). Ahora,
retomó el asunto, con miras a el prejuicio de los discípulos con
ellos, cuando fueron traídos para ser bendecidos por Jesús (10:13).
Ante la reprensión de los discípulos por causa de
los niños (10:13), Jesús se "indignó" con el tratamiento dado a
ellos. Su indignación fue una justa reacción la una situación de
injusticia.
Los niños siempre fueron
vistos como seres problemáticos, sin mucha importancia y hasta un
estorbo a los adultos. Han sufrido muchos abusos, siendo víctimas de
la violencia y hasta abusos sexuales. Jesús, sin embargo, valoró
estos pequeños seres y los citó como ejemplos de los que han de
heredar el reino de Dios (Mar. 10:14-16). Tal vez porque ellos
poseen las virtudes de la inocencia, confianza inalienable, a
diferencia de los adultos, son humildes y dependientes de los
padres. (CHAMPLIN, R. N. El Nuevo Testamento Interpretado, Vol. 1.
São Paulo: Candeia, 1995, pág. 746) – Son estas las virtudes que
todos deberían escoger.
V. Actitudes con relación a la riqueza (Mar.
10:17-31)
Otra importante enseñanza de Jesús es con
relación a las riquezas.
Se sabe que los judíos creían que las riquezas y
la salud eran vistas como bendiciones divinas, mientras que la
pobreza y la enfermedad eran vistas como castigos de Dios debido a
algún pecado cometido (vea caso del ciego de nacimiento, en Juan 9).
En la parábola del Rico y Lázaro, Jesús menoscabo tal creencia:
colocó al rico en el "infierno" y el pobre y enfermo Lázaro en el
"seno de Abrahán" (consulte Lucas 16:19-31).
Si riquezas y salud siempre fueran señal de la
bendición y del favor divino, el joven rico no necesitaría de Jesús,
pues él era rico, joven y sano. Sin embargo, corrió al encuentro de
Jesús. Aparentemente, era hasta religioso, pues se postró a los pies
de Jesús e indagó sobre cómo heredar la vida eterna.
Aunque el joven rico deseaba la vida eterna, él
quería un atajo para la conseguirla. No estaba dispuesto a pagar el
precio del discipulado, que es la renuncia o el despego a las cosas
de este mundo. Pero no se puede "servir a Dios y a las riquezas"
(Mat. 6:24).
No es que haya algo malo en ser rico. Abrahán,
Isaac, David, Salomón y muchos personajes de la Biblia fueron ricos
o extremadamente ricos. El problema está en tomar la riqueza como
señal de bendición y aprobación divina y no buscar la confesión y el
perdón, para los pecados; o hacer de ella un medio de salvación,
haciendo caridad, dando limosnas, con el fin de, a través de las
buenas obras, comprar la salvación. Otro problema con las riquezas
terrenales es que ellas pueden hacer que nos olvidemos de la
verdadera riqueza, indestructible y a prueba de ladrones (Ver Mat.
6:19). Pero bien empleadas, pueden ser una bendición, pues mucho
bien se puede hacer con ellas, especialmente para con los menos
afortunados y carentes de toda suerte.
Ozeas Caldas Moura
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Brasileña