Concluyendo el estudio del Evangelio de Marcos, consideremos los
últimos momentos de la presencia de Jesús en este planeta, o sea, su
sepultura, resurrección y ascenso. Como el Evangelio de Marcos
presenta Jesús en acción, solamente en la sepultura, Él está
inactivo y callado, pero por poco tiempo. Él habría de resucitar de
los muertos para continuar su trabajo, que consiste en la aplicación
de los beneficios de Su sacrificio a los que lo reciben como "el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Hoy
tenemos, junto al Padre, Jesús – el Dios-Hombre, que nos representa
y aboga por nuestra causa. Él murió, es verdad, pero no se quedó en
la tumba, como algunos de fundadores de religiones mundiales, tales
como Mahoma, Buda y Confucio. La tumba de Cristo está vacía, y
"Porque Él vive, puedo creer en el mañana;
Porque Él vive, temor no hay.
Yo sé que mi vida no será más vana,
Pues mi futuro en Sus manos ahora está"
(Himno 70 del Himnario Adventista del Séptimo Día).
I. El fue sepultado (Mar. 15: 42-47)
El verso 42 del capítulo 15 de Marcos no deja dudas cuanto al día de
la muerte de Cristo: Él murió "el día de la preparación, víspera del
sábado" (15:42). "Día de la preparación", es, en el griego
paraskeue – término usado en el Nuevo Testamento para el
viernes, y para ningún otro día de la semana. También el simbolismo
de morir un viernes es interesante: así como se trabaja seis días la
semana y se descansa el sábado, también Jesús trabajó por cerca de
tres años y medio, y un sábado descansó. Aún en el "día de la
preparación" (viernes) Él realizó su mayor obra: murió en lugar del
pecador, y el sábado descansó en la tumba, y el domingo resucitó
para continuar su trabajo de salvación.
Es bien significativo que Marcos (15:46) y los otros evangelistas
den énfasis al hecho de que Jesús fue depositado en una tumba
abierto en una roca, un tumba prestada (como casi todo en su vida).
El hecho de que Jesús fue sepultado atestigua la veracidad de su
muerte. Él no estaba desmayado cuando fue puesto en la tumba (que lo
diga el soldado romano, que, al ir a quebrar las piernas de Jesús
para acelerar su muerte, no necesitó hacerlo, pues, vio que Él "ya
estaba muerto", siendo que otro soldado, queriendo estar seguro de
eso, y para no tener ninguna duda sobre la muerte de Cristo, le
perforó el lado y el corazón con una lanza (vea Juan 19: 31-34). El
hecho de Jesús haber realmente muerto testifica de la veracidad de
Su resurrección, pues si Él hubiera estado sólo desmayado en la
cruz, ciertamente se habría despertado al ser perforado, con una
lanza y por supuesto, eso le hubiera causado la muerte. Tan cierta
como fue la muerte del Salvador, también lo fue su resurrección. No
se puede creer en una y negar la otra. O se cree en las dos o se
niegan las dos. Además de eso, sin la muerte de Cristo no habría
"remisión" de nuestros pecados (cf. Rom. 5:6-10 y Heb. 9:22 y 28).
II. La resurrecion (Mar. 16:1-11)
"Pasado el sábado" (16:1), o sea, el sábado en la
noche, Maria Magdalena, Maria, madre de Santiago, el Menor, y Salomé
(madre de Santiago y Juan), compraron aromas para ir a embalsamar a
Jesús (Mar. 16:1). La Sra. White, en el libro El Deseado de Todas
las Gentes, en el capítulo 52 [en Portugués], "El Banquete en casa
de Simón", dice que Maria Magdalena es la propia Maria, hermana de
Marta y Lázaro. El hecho de que hayan comprado aromas después del
término del sábado apunta, por lo menos, para dos importantes
verdades:
1. El sábado es un día diferente de los demás, no
siendo un día de compra y venta, pero de adoración;
2) Jesús no podría haber muerto un miércoles,
como dicen algunos, pues no se esperaría pasar tanto tiempo (desde
el miércoles al sábado de noche) para embalsamarse un muerto. Así,
"los tres días y tres noches" que Jesús pasaría en la tumba (cf.
Mat. 12:40) deben ser entendidos por el método de la "conteo
inclusiva", empleado por los judíos y otros pueblos, o sea,
contándose fracciones de las partes claras ("días") y oscuras
("noches") de los días del viernes al domingo por la mañana, de la
siguiente manera: tres "días": la parte clara del viernes, del
sábado y del amanecer del domingo; tres noches: la del jueves a la
noche (contada como parte del viernes), la del viernes por la noche
y la sábado a la noche.
El hecho de Marcos y otros evangelistas mencionen
que fueron mujeres las primeras testigos de la resurrección de
Jesús, y aun así, mujeres humildes y sin elevado estatus social,
muestra que la resurrección de Jesús no fue una historia inventada
por los primeros cristianos, pues en aquel entonces (como aún
acontece en muchos lugares) no se daba crédito a las palabras de una
mujer. Al contrario, si fuera para inventarse una historia tan
fantástica como la resurrección de Jesús, tendrían como testigos
alguien como el importante Nicodemo, el rico José de Arimatea, o
aún, algún discípulo de Jesús. Pero, el hecho de que mujeres sean
mencionadas como los primeros testigos de la resurrección y aún
hayan recibido de un ángel la comisión de divulgar lo ocurrido (Mar.
16:5-7), demuestra la credibilidad del relato, de que ocurrió
exactamente como es mencionado por Marcos y los demás evangelistas
Más maravillosa aún es la declaración de Marcos,
en el capítulo 16, versos 9-11. Jesús, "habiendo resucitado de
mañana temprano, en el primer día de la semana [note como el domingo
era, entonces, llamado], apareció primero Maria Magdalena
[probablemente la misma Maria de Betania, hermana de Marta y
Lázaro], de la cual fue expulsado siete demonios" (Mar. 16:9).
Nuevamente, podemos ver aquí las señales de autenticidad del relato
de la resurrección de Jesús. Si fuera una historia inventada, jamás
habrían de presentar una mujer, ex-prostituta y ex-endemoniada como
la primera testigo y anunciadora a los discípulos de que Jesús había
resucitado. Pero fue justamente la una mujer, y con ese pasado, que
Jesús primeramente apareció. Él no discriminaba nadie. Hombres y
mujeres, ancianos y niños merecían su atención y cariño.
¿Por qué razón Jesús apareció primero Maria
Magdalena? Si Maria Magdalena y Maria, hermana de Marta y Lázaro,
son la misma persona (como dice la Sra. White, en el ya mencionado
libro El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 52), entonces queda
clara la respuesta: ella fue la discípula que más amó Jesús, en
virtud de haber sido perdonada (había sido prostituta), liberada de
siete demonios (Mar. 16:9) y también la causa de la resurrección de
su hermano Lázaro, cuando Jesús lo llamó a la vida después de ya
estar "oliendo mal" con cuatro días de sepultado (vea Juan
11:38-44). Sin embargo, esta Maria no demostró gratitud y amor por
Jesús sólo en el momento de su muerte, al ir con otras mujeres
comprar aromas para embalsamar su cuerpo muerto (Mar. 16:1 y 2),
sino que también lo hizo cuando Jesús vivía: ella ungió sus pies con
el carísimo perfume y los enjuagó con su pelo (Vea Mar. 14:3-9 y
Juan 11:1 y 2). Jesús hizo mucho por ella y por su familia, de ahí
que ella "lo amaba mucho" (Vea Luc. 7: 3-47).
III. Las Apariciones del Señor resucitado
(Mar. 16:12-18)
Además de su aparición a Maria Magdalena (16: 9),
Jesús apareció a dos seguidores suyos (16:12 y 13). Estos deben ser
los mismos mencionados por Lucas (24:13-35), que iban de Jerusalén
para Emaús, una villa aproximadamente a unos 11 Km. de Jerusalén. El
nombre de uno de ellos era Cleopas (Luc. 24:18), tal vez el mismo
Clopas, mencionado por Juan, en su Evangelio, cuya mujer, Maria,
había estado junto a la cruz (Juan 19:25). Posiblemente, esos dos
discípulos fueron la pareja Cleopas y su esposa Maria que, después
de presenciaron la crucifixión de Jesús, volvían desconsolados para
su casa en Emaús. Según Lucas (24:13-35), Jesús les apareció en el
camino y, al entrar en la casa de ellos y orar por el pan, fue
reconocido por ellos. Habiendo Jesús desaparecido de su vista,
volvieron esa misma noche a Jerusalén y anunciaron a los once
apóstoles la resurrección de Jesús.
Nos llama la atención el porqué de las apariciones
de Jesús a Maria Magdalena, y a esos dos anónimos de Emaús. Estas
eran personas humildes, pero que estaban dispuestos a creer en la
evidencia de la resurrección, a diferencia de los once apóstoles que
no creyeron. La lección es clara: Dios está dispuesto a revelarse a
quién tiene el corazón abierto para creer, y pasa por alto a los
dados a la incredulidad.
Finalmente, Jesús apareció a los once apóstoles y
les censuró por su incredulidad en cuanto a su resurrección (Mar.
16:14). Cabe aquí recordar que el argumento de que los apóstoles
estaban reunidos para celebrar la resurrección de Cristo carece de
fundamento bíblico. Al contrario, aún dando oído al testimonio de
varias personas en cuanto a la resurrección de Jesús, ellos no le
dieron crédito. Entonces, ¿como podrían estar celebrando algo en que
ellos mismos no creían?
Marcos menciona las apariciones de Jesús a Maria Magdalena (16:9), a
los dos que "iban de camino al campo (16:12) y dos veces a los once
apóstoles (16:14 y 19). Los otros evangelistas, sin embargo, añaden
más testigos de la resurrección: Maria Magdalena y la otra Maria
(Mat. 28:1, 9, y 10), Pedro, antes de los dos seguidores de Jesús
camino a Emaús (Luc. 24:34), a los apóstoles en el Aposento Alto
(sin la presencia de Tomás, cf. Juan 20:19-25), a los siete
apóstoles que pescaban en el Mar de Galilea (Juan 21:1-3). Y Pablo
añade la aparición de Jesús resucitado a Santiago (1 Cor. 15:7) y da
más de 500 personas (I Cor. 15:6).
A la vista de tantas testigos, queda difícil negar la resurrección
de Jesús, a no ser que se diga que todas esas personas se engañaron
acerca de lo que miraron, o que acordaron entre sí para contar la
misma historia. Así, tantas apariciones de Jesús resucitado, no
fueron sin razón, pero ocurrieron para fortalecer la fe en él como
Aquel que tiene poder sobre la muerte y cuya resurrección se hace
nuestra, si acaso viniéramos a dormir en Cristo antes de su segunda
venida
IV. El milagro Mayor
Jesus realizó decenas de milagros.
Eso mostraba que el poder de Dios actuaba en él.
Pero casi todos los milagros que Él realizó, los discípulos o
algunos de los profetas del pasado lo realizaron (resurrección de
muertos, curas de leprosos, ciegos, inválidos etc.), pero ningún
profeta o discípulo de Cristo jamás salió de la tumba, por su propio
poder. De ahí que, Jesús podía decir: " porque yo doy mi vida para
tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi
propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para
tomarla de nuevo." (Juan 10:17-18).
Sin embargo, no más Jesús había resucitado,
comenzaron las tentativas de negar su resurrección. Los líderes
religiosos judaicos fueron los primeros, pues sobornaron a los
guardias del sepulcro para que digan que, mientras dormían, su
cuerpo fue robado por sus discípulos (Mat. 28:11-15). Pero ese
alegato de robo era algo casi tan milagroso como la resurrección:
¿como podrían unos pocos y simples pescadores atacar y vencer una
guardia de valientes y entrenados soldados romanos y llevarse el
cuerpo de Jesús? Y ¿por qué los líderes judaicos no hicieron
tentativas de encontrar el cuerpo de Jesús para demostrar que Él no
había resucitado? Y si Jesús no hubo resucitado, ¿que fue lo que
hizo, que esas personas acobardadas y miedosas, como los discípulos,
testificaran en forma tan poderosa, que osaban enfrentar el Sanedrín
o cualquier otra autoridad terrestre para testificar de Jesús y de
su resurrección? (cf. Hechos 4:1-20).
E o que dizer da "teoria do desmaio", ou seja,
que Jesus foi posto na tumba não morto, mas desmaiado? Seria outro
espetacular milagre crer que uma pessoa que teve o lado e o coração
traspassados por uma lança romana estivesse apenas desmaiado após
tão graves ferimentos recebidos e assim posto na tumba. Isso seria
realmente incrível! Na verdade, os que tentam negar a ressurreição
de Jesus devem ter ainda mais fé para crerem em suas "explicações"
do que os que crêem que Jesus ressuscitou dos mortos.
¿Y que decir de la "teoría del desmayo", o sea, que
Jesús fue puesto en la tumba no muerto, sino desmayado? Sería otro
espectacular milagro creer que una persona que tuvo el lado y el
corazón traspasados por una lanza romana estuviera sólo desmayado
después de haber recibido esas graves heridas y así puesto en la
tumba. ¡Eso sería realmente increíble! A la verdad, los que intentan
negar la resurrección de Jesús deben tener aún más fe para crean en
sus "explicaciones" que los que creen que Jesús resucitó de los
muertos.
V. La Comisión (Mar. 16: 15-20)
Jesús no sólo apareció a muchas personas, sino que
habló y comió con ellas (Vea Juan 20:15-17, 19-23, 26-29; 21:1-22;
Luc. 24:13-31, 36-52). Y lo hizo por un periodo de 40 días. En ese
periodo, Jesús dio las últimas instrucciones a sus discípulos y les
fortaleció la fe (Hechos 1:3). Como última comisión, les ordenó que
fueran a todo el mundo y predicaran el Evangelio (buenas-nuevas) a
toda criatura (Mar. 16:15). Las buenas nuevas eran de que, en Jesús,
la vida eterna está disponible a quién la desear. Buenas nuevas de
victoria sobre la muerte, pues su resurrección es la nuestra. Buenas
nuevas de que en Jesús hay significado real para la existencia
humana, pues Él ha retornar en gloria para completar el plan de la
salvación y recoger a sus hijos para que estén para siempre con Él.
Me gustaría preguntarle: ¿ha creído usted en estas
buenas nuevas? Si dijo sí, ¿ha hablado de ellas a los que entran en
contacto con usted? Para esa tarea, Dios podría enviar a los
ángeles, que harían la obra en forma más rápida, pero Él prefirió
contar con usted para eso. ¿Sabe por que? Por qué su palabra tiene
más credibilidad que la de un ángel, pues los ángeles de Dios no
entienden tan perfectamente las luchas y tentaciones de un ser
humano como usted. ¿Le gustaría vivir en un mundo mejor, sin muerte,
ni llanto, ni dolor, ni separaciones, ni envejecimiento, violencia,
egoísmo o contaminación? Entonces preste atención a la invitación de
Cristo:
"Id por todo el mundo y predicad el evangelio" (Mar.
16:15), y cuando este evangelio sea predicado en todo el mundo,
"entonces vendrá el fin" (Mat. 24:14). Y el "mundo" comienza por las
personas que le están prójimas. Que Dios nos ayude en el
cumplimiento del "Id", para que muy pronto estemos en el Reino de
Dios, y allí (además de que veamos y agradezcamos a Marcos por su
tan dinámico evangelio), podamos abrazar Aquel que por nosotros
murió, pero que vive para interceder por nosotros. "Sí, vengo
pronto. Amén. Ven, Señor Jesús. La gracia del Señor Jesús sea con
todos. Amén" (Apoc. 22:20 y 21).