Esta semana estaremos estudiando Marcos 14:53-15:41, la parte del
Evangelio de Marcos que trata de los eventos que van desde el Jueves
por la tarde al viernes, o sea, desde el juicio de Jesús en la casa
del Sumo Sacerdote (Mar. 14:53 y 66), y su muerte por crucifixión,
en el Gólgota (14:22).
No
hay nada de extraordinario, el hecho de que un hombre haya sido
preso, en base a falsas acusaciones, juzgado ilegalmente y condenado
a muerte. Con el filósofo Sócrates, ocurrió lo mismo. Sin
embargo, Sócrates solo fue un hombre sabio. Jesús era Dios-hombre y
la sepultura no pudo retenerlo. Ha diferencia de Buda, Confucio,
Mahoma y otros fundadores de las grandes religiones, la sepultura de
Jesús está vacía, indicando su poder sobre la muerte. Esto hace
toda la diferencia, pues tenemos un Salvador que murió, más venció a
la muerte.
I – Frente al Sanedrin (Mar. 14:53-65)
Después de Su prisión en el jardín del Getsemaní, Jesús fue llevado
ante el sumo sacerdote Caifás, en cuya casa fue juzgado por el
Sanedrín, el órgano jurídico máximo de los judíos, compuesto de
setenta y un miembros. No sabemos cuántos miembros del Sanedrín
estaban reunidos en la casa de Caifás, pues ese "juicio" (tal vez
mejor llamado de "condena") ocurrió a la noche y a las prisas – algo
ilegal, pues no hubo tiempo de que se presenten las testigos de
defensa, normalmente esperadas en un caso como este. La verdad es
que la sentencia de muerte ya estaba decidida, aún antes del juicio
(ver Mar. 14:1 y 2). Por esta y otras razones, se puede ver que
injusto fue el juicio de Jesús. Los propios miembros del Sanedrín
podían percibir la falsedad de las acusaciones contra Jesús, una vez
que vieron que los testimonios contra Él "no eran coherentes" (14:56
y 59).
Según el Evangelio de Marcos, Jesús fue condenado a la muerte por la
acusación de ser un agitador, que amenazaba la sociedad y las
instituciones (imagine si fuera verdad que Él pudiera "destruir el
Templo", conforme el testimonio de algunos, en Mar. 14:57 y 58), y
de ser blasfemo, al decir que era el "Hijo del Dios Bendito" (14:61-
64). Para esos líderes religiosos, Jesús era, además de blasfemo, un
impostor, pues el Mesías debería venir no de la Galilea – tierra
donde Jesús creció, pero de la ciudad de Belén, (vea Juan 7:41 y 42)
y un transgresor de la ley, especialmente del cuarto mandamiento,
debido a las frecuentes curas realizadas el día de sábado (vea Mateo
12:2).
Si
hubo alguien que ya experimentó un juicio injusto, ese fue Jesús.
Todo en su juicio fue ilegal. El horario: en la noche, cuando se es
difícil localizar y oír las testigos de la defensa. El local, justo
en la casa del sumo sacerdote – líder de los que querían matarlo.
Los jueces, que fueron "juzgar" Jesús con la sentencia de muerte ya
decidida. Pero Jesús enfrentó todo eso de modo tranquilo y de frente
erguida. Él sabía que era inocente, pero debería pasar por todo lo
que pasó si quería salvar a la humanidad. Fue por amor que Él
consintió en ser tratado injustamente y finalmente morir.
II – Pilato y los líderes religiosos (Mar. 15:1-19)
Pilato, magistrado romano, gobernó el territorio de la Judea del 26
al 36 d.C. Los Evangelios lo mostraron como un gobernante moralmente
débil, que prefería sacrificar los principios y hasta la conciencia,
cuando estaba en juego su carrera y sus intereses personales.
Entonces, si el juicio religioso de Jesús era, ya, una farsa, nada
mejor se podía esperar del juicio civil, con un juez como Pilato.
Como acontece, a la corta o a la larga con cada persona, Pilato se
encontró en una situación en que tendría que responder a la
pregunta: "
¿Qué haré, entonces, con el que llamáis el Rey de los
judíos? (15:12). Deberíamos acordarnos que, en nuestro diario vivir,
por la manera como nos portamos y por las decisiones que tomamos,
estamos respondiendo la pregunta: "Que haré, entonces, con Jesús?"
Pilato vio la inocencia estampada en el rostro inmaculado de Jesús
(15:14) y percibió que “los principales sacerdotes le habían
entregado por envidia” (15:10). El recibió un aviso divino, enviado
a través de su esposa, mediante un sueno que ella tuvo (Mateo
27:19). Sin embargo todos los principios de justicia y ley fueron
sacrificados por causa a su apego al cargo de gobernador.
La
propuesta de Pilato era el de libertar a Jesús, en lugar de Barrabas
(un conocido agitador) fue irónica. Según algunos manuscritos, el
primer nombre de Barrabas también era Jesús, nombre común en
aquellos días. Pilato tenía que escoger entre los dos “Jesús” Uno
que procuraba salvar a Israel a través de la fuerza y la violencia y
el otro, que verdaderamente, podía salvar a Israel, a través de las
armas del amor y la mansedumbre.
Pilato opto por mantener su cargo. Los lideres y la multitud
optaron por Barrabas. Y nosotros cuando enfrentamos escoger entre
las cosas de este mundo y Jesús ¿A quien escogemos?
III – El Gólgota (Mar. 15:16-37)
Después de mandar azotar a Jesús, tal vez para
despertar piedad en la multitud y de eliminar la idea de matarlo,
Pilatos lo entregó a los soldados para que lo crucificasen. Estos,
entonces, se burlaron: Lo vistieron con un manto de púrpura (color
de la realeza), pusieron en su santa cabeza una corona como la de un
rey, sin embargo de espinas, y le dieron un cetro o pedazo de
madera, al igual que un real. Usted puede imaginar el dolor que
Jesús sintió cuando este pedazo de madera fue quitado de sus manos y
usado para golpearle la cabeza, profundizando en ella las espinas!
También escupieron en su santo rostro (15:19). Los sacerdotes ya
habían hecho eso antes (ver 14:65). Deberíamos acordarnos de que
escupir a alguien, en cualquier tiempo y cultura es considerado la
máxima humillación que alguien puede sufrir (vea Núm. 12:14). Pero
lo que debemos acordar es que nosotros estábamos representados en
las personas que escupieron el rostro inmaculado de Jesús. En este
sentido, usted y yo escupimos en el rostro del Salvador, pues lo que
Él soportó y sufrió fue a causa de nuestros pecados, y no solamente
por los pecados del pueblo de su tiempo. Queda, entonces, respondida
la pregunta: "Quien mató Jesús?" (Refiriéndose a los romanos o a los
judíos). En la verdad, nosotros lo matamos. Los pecados de la
humanidad como un todo lo mataron. Y usted y yo estábamos incluidos
también.
IV – El significado del Calvario (Isa. 53)
Diversas explicações teológicas têm sido apresentadas para se
esclarecer o que ocorreu no Calvário naquela sexta-feira à tarde na
Semana da Paixão. Eis algumas: Deus estava castigando o Filho por
causa de nossos pecados; Jesus estava morrendo por causa da lei
divina que fora quebrada e que exigia a morte do transgressor. (Uma
vez que Jesus Se pôs no lugar do transgressor, então Ele sofreu a
penalidade pela quebra da lei); Jesus estava pagando ao diabo o
preço de nosso resgate etc. Parece haver algo de verdade nas duas
primeiras explicações, mas não na terceira. Quem é o diabo para que
Deus tenha que pagar algo a ele?! Na verdade, o plano da salvação é
insondável (cf Rom. 11:33). O máximo que poderíamos dizer é que foi
o amor que levou Deus a enviar Seu Filho, para que morrer como nosso
substituto. "Deus é amor" (cf I João 4:8). "Ele tomou sobre Si as
nossas enfermidades e as nossas dores levou sobre Si... Ele foi
traspassado pelas nossas transgressões e moído pelas nossas
iniqüidades; o castigo que nos traz a paz estava sobre Ele, e pelas
Suas pisaduras fomos sarados" (Isa. 53:4 e 5)
Diversas explicaciones teológicas han sido presentadas para
esclarecerse lo que ocurrió en el Calvario aquel viernes en la
tarde, de la Semana de la Pasión. He ahí algunas:
-
Dios estaba castigando al Hijo a causa de
nuestros pecados;
-
Jesús estaba muriendo a causa de la ley divina
que fuera quebrada y que exigía la muerte del transgresor. (Una
vez que Jesús Se puso en el lugar del transgresor, entonces Él
sufrió la penalidad por la quiebra de la ley);
-
Jesús estaba pagando al diablo, el precio de
nuestro rescate etc.
Parece haber algo de verdad en las dos primeras explicaciones, pero
no en la tercera. ¿Quién es el diablo para que Dios tenga que
pagarle algo a él?! En la verdad, el plan de la salvación es
*insondable (cf. Rom. 11:33). Lo mejor que podríamos decir es que,
fue el amor que llevó Dios a enviar a su Hijo, para que muriera como
nuestro sustituto. "Dios es amor" (cf I Juan 4:8). "Ciertamente Él
llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo,
nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas
Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras
iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus
heridas hemos sido sanados." (Isa. 53:4 y 5)
V – La muerte de Jesús (Mar. 15:33-41)
Según Isaías 59:2, el pecado hace separación entre Dios y el
pecador. Al Presentarse como portador de nuestros pecados, Jesús se
sintió desamparado por el Padre: "Dios Mío, Dios Mío, por qué Me has
desamparado”(Mar. 15:34). Eso muestra que Jesús experimentó la
separación del Padre, que los pecadores han de experimentar un día.
En ese sentido Él ya pasó por el horror de la segunda muerte, que
aguarda a todo aquel que no acepte su sacrificio.
Pero, a pesar de ese sentido de abandono, Jesús murió confiando su
vida a los cuidados del Padre: "En tus manos entrego mi espíritu"
(Luc. 23:46). Y al exclamar: "Está consumado!" (Juan 19:30), sabía
que moría como vencedor sobre el diablo y la muerte.
Ni
en esta vida, ni en la eternidad podremos evaluar en toda su
profundidad el sacrificio de Jesús. En un sólo acto, Él salvó
aquellos que aceptaron y aceptarán su sacrificio. "Salvó" los
habitantes de los mundos no caídos, en el sentido de mostrar quién
era Dios y quien era el diablo. Esto hizo que fuera desarraigada
cualquier simpatía que esos seres de los otros mundos no caídos, aún
pudieran haber tenido por Lucifer, según El Deseado de Todas las
Gentes, pág. 731, 8ª ed., 1976 -portuguesa), y "salvó" al propio
Dios, en el sentido de vindicar su carácter contra las falsas
acusaciones de Satanás, de que Dios era tirano y un Dios cruel.
En
el Calvario, nuestra salvación fue asegurada, haciendo posible de
que todos se salven. Pero es necesario desear eso, pues Dios
respetará la decisión de cada ser humano de querer la salvación o la
perdición. ¿Usted ya dijo "sí" al ofrecimiento de salvación de
Jesús?
Ozeas Caldas Moura
Doctor en Teología
Bíblica
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