Llegamos, esta semana, al capitulo 13 del Evangelio de Marcos,
denominado “el pequeño Apocalipsis”. En este capitulo, Jesús les
predice lo que habrá de venir desde sus días hasta el fin de la
historia actual de la humanidad, cuando él vuelva en gloria, “para
reunirse con sus escogidos” y llevarnos al cielo (Marcos 13:26 y 27)
El capitulo 13 de Marcos, puede ser dividido en tres secciones: La
inminente destrucción del templo (13:4), futuras predicciones
(13:5-25) y la venida del Hijo del Hombre (13:26-37). Pasemos
inmediatamente al estudio de este capitulo tan importante de y de
sus profecías concerniente a los eventos del fin.
I – Las preguntas de los discípulos (Mar. 13:1-4)
Según el relato de Marcos, los discípulos le hicieron una pregunta
singular con relación a la destrucción del templo: “¿cuándo
sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas
estén por cumplirse?” (13:3). Y en Mateo son dos las preguntas:
“¿cuándo sucederán estas cosas [la destrucción del templo]? ¿Y qué
señal habrá de tu venida y del fin del mundo?” (24:3). Parece que a
la luz del relato de Mateo, los discípulos relacionan la destrucción
del templo con el fin del mundo. Sin embargo, como sabemos, entre
los dos eventos habrá por lo menos, más de dos mil años. Jesús en
su misericordia para con sus discípulos, no entró en detalles en
cuanto a ese periodo largo entre los dos eventos, mas mezcló las
señales de los mismos. Esto por supuesto para el bien de los
discípulos, porque probablemente se hubiesen desanimados al
enterarse que el regreso de Cristo tardaría aproximadamente dos mil
años
II – Señales del fin (Mar. 13:5-13)
En los versos del 5 al 13 del capitulo 13, Jesús menciona las
señales relativas a la destrucción del Jerusalén, en el año 70 d.C.
y del fin del mundo. De alguna forma, las señales de la destrucción
del Jerusalén, se repetirían, en mayor escala, cuando el fin del
mundo se aproximase
Jesús hablo del surgimiento de Falsos Mesías (en la primera revuelta
judía, del 66 al 70 d.C., aparecieron tres falsos Mesías: Juan de
Giscala, Simon Bar Giara y Eleazar. En la segunda revuelta, desde
131 al 135 d.c., apareció el falso mesías Simon Bar Cokhba); hablo
de terremotos y hambrunas (Una severa hambruna ocurrió en Judea , en
el año 44 d.c., siendo mencionada en Hechos 11:28 y varios
terremotos ocurrieron en los años 31 y 70 d.c. –En Creta, en el 46
o 47 d.C., en Roma en el año 51, en Prigia, en el 60 y en Campinia,
en el 63); hablo de persecuciones religiosas (la iglesia cristiana
primitiva sufrió primero, en manos de los judíos y de los déspotas
paganos de Roma. Más tarde, la iglesia cristiana sufrió en manos de
la propia iglesia –la iglesia denominada “católica”, lo que hoy
conocemos como la “santa inquisición”). Todas estas señales,
aparecerán en escala mayor en los días finales de la Historia. La
buena nueva está en Mar. 13:13: "Aquel, sin embargo, que perseverar
hasta el fin, ese será salvo", y que, en la hora de testificar de la
fe, el Espíritu hablará por intermedio de las testigos (13:11).
III – La caída de Jerusalén (Mar. 13:11-19)
Daniel había predicho el surgimiento de un poder (Roma en la fase
pagana y papal) que profanaría el Santuario y que quitaría el
sacrificio diario y establecería la “abominación desoladora”. En su
fase pagana, Roma destruyo el Santuario judío, hizo cesar los
sacrificios y profano el lugar sagrado. (Roma papal trataría de
sustituir el ministerio de Cristo en el Santuario celestial a través
de la intercesión de los sacerdotes y los “santos”)
Llama la atención el hecho de que, para Jesús, la “abominación
desoladora”, predicha por Daniel, o lo mismo que Marcos llama
“Abominación de la desolación” (Marcos 13:14), aún estaba en el
futuro, en relación al tiempo en que aquí vivió, es decir que aún no
se había cumplido, como quieren afirmar los teólogos liberales y de
la alta crítica, diciendo que Antíoco Epifanes IV fue quien cumplió
la predicción de Daniel en cuanto a la "abominación desoladora". Si
Jesús lo coloca aún en el futuro, ¿como se pudo haber cumplido la
predicción con Antíoco Epifanes IV, un rey seleúcida, que reinó del
175-164 d.C.?.
Los cristianos tomaron en serio la predicción de Jesús acerca del
“Abominación de la desolación” . Cuando los ejércitos romanos
invadieron la Judea y cercaron Jerusalén, los cristianos aguardaron
el momento apropiado para huir. Este vino cuando el general Cestio,
aparentemente sin motivo alguno, levantó el cerco, y dejó Jerusalén.
Los cristianos aprovecharon la oportunidad y huyeron para Pela, a
este del Jordán, unos 78 km al norte de Jerusalén.
La desgracia que se abatió a Jerusalén fue inmensa. La ciudad y el
Templo fueron destruidos y la muerte abatió cerca de un millón de
judíos a través del hambre, la peste y la espada. La tragedia podría
haber sido evitada si tan solamente hubieran los judíos aceptado
Jesús de Nazaret como el Mesías enviado por Dios. Él quiso juntar
los judíos "como la gallina junta sus pollitos", pero ellos no lo
quisieron (Mat. 23:37 y 38). La lección a ser aprendida aquí,
acerca del que ocurrió a Jerusalén, es la siguente: una vez que la
misericordia divina es rechazada entra en acción su justicia, pero
Él la ejecuta con tristeza en el corazón, pues Dios "es amor" (1
Juan 4:8).
IV – La Segunda Venida (Mar. 13:19-27)
Después de mencionar las señales de la destrucción de Jerusalén (que
se repetirán en el fin de la historia humana), Jesús mencionó
señales específicas sobre su Segunda Venida: falsos cristos.
De vez en cuando, aparecía alguien con esta pretensión, por ejemplo,
el reverendo Moon, David Koresh etc.). Una severa tribulación se
desencadenó en contra de los cristianos (primero en manos de Roma
Pagana y después de Roma Papal, esta última terminado un poco antes
del 1798), el Sol se oscureció y la Luna no dio su resplandor (19 de
mayo de 1780). Las estrellas cayeron del cielo (la lluvia de
meteoritos ocurrida en 13 de noviembre de 1833). Inmediatamente a
continuación, "los poderes del cielo serán sacudidos" (13:25) – una
alusión a la conmoción de los elementos naturales (terremotos,
estruendo de tempestades pronta a venir, corrientes de agua dejando
de fluir, nubes negras entrechocando, el sol apareciendo a la
medianoche, islas habitadas desapareciendo, lluvias de grandes
piedras etc. Ver esta descripción en El Conflicto de los Siglos, 18ª
edición de Elena White [edición portuguesa], 1975, págs. 634 –
635,). Eso todo prepara el escenario para el mayor y más
espectacular evento de esta tierra: la venida gloriosa de Cristo
(Mar. 03:26 y 27).
V - Aguardando su advenimiento (Mar. 13:28-37)
A pesar de Jesús no haber mencionado el día de su venida (y nadie
debería intentar marcar fecha para ese evento), Él empleó la higuera
como ilustración de la actitud que cada seguidor Suyo debería tener:
atención a las señales. Cuando prestamos atención a la higuera, y
vemos que sus ramos se renuevan – y eso nos indica la proximidad de
la llegada del invierno, así los cristianos deberían de estar
atentos a la situación religiosa, social y aun a la degradación
ecológica del mundo, y percibir la proximidad del retorno de Cristo
en ello. Pero la espera de ese día no debe ser pasada en ociosidad.
La vigilancia (13:33) debe ser acompañada del "Negociad con esto
hasta que regrese." (Luc. 19:13), o sea, hacer lo que se debe de
hacer día-a-día, "como si Jesús viniera de aquí a cien años y estar
preparados como si Él viniera hoy."
Aún sobre la parábola de la higuera, hay algunas palabras de Cristo
que han intrigado los estudiosos de la Biblia: ¿que quería Jesús
decir con "En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que
todo esto suceda." (Mar. 13:30)? Varios intentos de esclarecer el
versículo han sido propuestos, pero creemos que las siguientes son
más probables:
1) Como, inicialmente, Jesús hizo alusión a las señales de la
destrucción de Jerusalén, el año 70 d. C., aquella generación
presenció las señales mencionadas por Jesús (guerras, hambres,
terremotos, persecución religiosa y la invasión de los romanos que
traería la "abominación desoladora", destruyendo el Templo y
masacrando los habitantes de Jerusalén). Así, el "todo" de Mar.
13:30 se refiere a las señales que indicaban la destrucción de
Jerusalén;
2) Otra posibilidad es que después que el Evangelio fuera predicado
"a todas las naciones" (cf 13:10), no vendría otra generación, pero
Jesús vendría en la generación que presenciara las últimas señales,
dentro los cuales está la predicación del evangelio al mundo todo.
Entonces, debemos dejar la cuestión del tiempo de la Segunda Venida
con El Señor, y mantenernos alertas, trabajando activamente para Él,
cuidando de las actividades diarias de tal forma que glorifiquemos
su nombre y siendo una bendición a los que nos rodean.
Ozeas Caldas Moura