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Presentación del Hijo de Dios

Lección 1

Para el 2 de Abril del 2005


 

Introducción a las lecciones del Trimestre

 

Muchos se preguntan por qué hay cuatro evangelios. La respuesta es que Dios pretendió que tuviésemos cuatro enfoques, o cuatro retratos diferentes, de Jesús:

 

·          Mateo presenta a Jesús como el Rey Mesiánico; él escribe para los judíos;

·          Lucas presenta a Jesús como el Salvador Universal, Aquél que salva a toda clase de personas, incluyendo los marginados por la sociedad: publicanos, ladrones, prostitutas, etc. El le escribió a cristianos gentiles como Teófilo.

·          Juan presenta a Jesús como Dios, quien se hizo carne para redimir a la raza humana;

·          Marcos presenta a Jesús como siervo, o como Hombre de acción. Las evidencias literarias y estilísticas de su Evangelio señalan que los romanos fueron los destinatarios y lectores primarios. La acción culmina en la cruz, para salvación de quienes aceptan su sacrificio.

 

En este trimestre, vamos a detenernos en el retrato de Jesús como el Siervo, donde Él es presentado como Hombre de acción, actuando siempre en beneficio de las personas. El Evangelio de Marcos incluso parece una película bien ágil acerca de Jesús. Tenemos la impresión de que en Marcos, Jesús nunca se detiene, descansa ni duerme, tal es el dinamismo de las narraciones contenidas en este Evangelio. ¿Quizás esto no nos recuerde al impetuoso y turbulento Pedro? Según la tradición, Pedro sería el verdadero autor del Evangelio; Juan Marcos habría redactado sus relatos basado en lo que Pedro recordaba del ministerio de Jesús.

 

 

Lección 1

Presentando a Jesús, el Hijo de Dios

 

 

La lección de esta semana se enfoca en la Introducción del Evangelio de Marcos, que incluye los versículos 1 al 20 de su primer capítulo.

 

Mateo, al tener la preocupación de destacar el linaje real davídico de Jesús, comienza su evangelio con una Genealogía (Mateo 1:1-17); Lucas, al presentar a Jesús como el Salvador de todos, incluso los gentiles, inicia su Evangelio con palabras de certeza en cuanto a la fe cristiana dirigidas al destinatario de su Evangelio, el gentil Teófilo (Lucas 1:1-4). Y Marcos, que tiene como objetivo presentar a Jesús en acción, y que culmina su vida entregándola (tal como estaba sucediendo con los mártires cristianos en los tiempos de Marcos), no menciona ni la genealogía ni el nacimiento de Jesús, yendo directo al punto por él deseado: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Marcos 1:1, para –en seguida– extenderse hasta la predicación de Juan, el Bautista, su testimonio sobre Jesús y su bautismo (Marcos 1:2-11), la tentación de Cristo, su bautismo (Marcos 1:2-11) culminando con la tentación de Jesús. Su viaje de Judea hacia Galilea y el llamado al discípulo de dos parejas de hermanos: Simón y Andrés y Santiago y Juan (Marcos 1:12-20).

 

Marcos, de esta manera, al presentarnos a un Jesús ya adulto, cercano a los treinta años, prepara al lector hacia las obras de Jesús en beneficio de aquél a quien Él vino a salvar, siendo la obra mayor la dádiva de su vida como expiación de los pecados de la humanidad.

 

 

Juan Marcos, el Autor

 

Como los otros tres evangelios (Mateo, Lucas y Juan), Marcos es una obra anónima. El nombre del autor no está en el Evangelio. Pero en cuanto a esto, debe aclararse que es una obra anónima. Aún más, el nombre del autor no aparece en el Evangelio. ¿Por qué, entonces, el título de “Evangelio según San Marcos”? Debemos aclarar que, en cuanto a esto, los títulos de los Evangelios (y de los demás libros de la Escritura) no estaban presentes en los manuscritos originales, sino que se agregaron posteriormente por los copistas, siguiendo la tradición que atribuía ciertos nombres como habiendo escrito ciertos libros de la Biblia. Con Marcos no es diferente. Le debemos a Papías, obispo de Hierápolis, aproximadamente por el 140 d.C. (citado en la obra de Eusebio Historia Eclesiástica, sección III.39.15) la información de que Marcos escribió con exactitud lo que pudo recordar de los actos de Cristo según las predicaciones de Pedro. Irineo, obispo de Lyon, también adjudica a Marcos el evangelio que lleva su nombre, diciendo que éste se convirtió en el intérprete de Pedro y que, después de la muerte de este discípulo, Marcos dejó por escrito lo que Pedro proclamara (Contra herejías, III, 1.1).

 

A pesar de que dependemos de la tradición para afirmar la autoría de Marcos en relación al segundo evangelio, ello en nada desmerece el mensaje que contiene. Además, lo que la tradición afirma acerca de Marcos como ayudante de Pedro, puede ser correcto, ya que Pedro, probablemente desde Roma (llamada “Babilonia” en 1 Pedro 5:13), envía saludos de parte de la iglesia del lugar desde el cual escribe (Roma), y también de su “hijo” Marcos (1 Pedro 5:13). Esta es una evidencia para que creamos en el testimonio de la tradición (según Papías e Ireneo) en cuanto a la autoría de Marcos para el segundo evangelio (ubicado en segundo lugar, luego del Evangelio de Mateo, por el hecho –erróneo por cierto– de que Agustín y otros comentaristas lo consideraron un resumen del evangelio de Mateo).

 

Marcos (también llamado Juan, en Hechos 13:5, y Juan Marcos en Hechos 12:12), sin embargo, no tuvo un buen inicio ministerial. Luego de involucrarse con la predicación del evangelio en el primer viaje misionero de Pablo y Bernabé, los abandonó a los dos y regresó a Jerusalén (Hechos 13:5, 13) a la “casa de su madre” (Hechos 12:12). Fue por esa razón que Pablo no quiso llevarlo en su segundo viaje misionero (Hechos 15:36-41). Felizmente, Bernabé sí le dio otra oportunidad a Marcos (Hechos 15:39) y esta vez él no lo decepcionó. Más adelante, Pablo reconoció que Marcos le era “útil para el ministerio” (2 Timoteo 4:11) y lo cita como uno de sus colaboradores (Filemón 24).

 

En cuanto a una fecha probable, podemos decir que el evangelio debe de haber sido escrito antes de la muerte de Pedro, entre el 50 y el 64 d.C.

 

 

Introducción (Marcos 1:1)

 

Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”.

 

Tal introducción nos parece muy abrupta, ¿verdad? Marcos no menciona absolutamente nada acerca del anuncio y el nacimiento de Jesús, la visita de los pastores y de los magos. Tampoco sobre la huída a Egipto, ni sobre sus primeros años como humilde carpintero en Nazaret. No es que estos hechos no fueran importantes, sino que Marcos desea hablar de los poderosos actos salvíficos de Jesús a favor del ser humano que culminaron con el mayor acto, la dádiva de su vida en la cruz del Calvario. Por eso inicia su evangelio hablando de Jesús ya adulto, en plena actividad.

 

La expresión “principio del Evangelio de Jesucristo” puede ser entendida como “comienzo del ministerio de Jesucristo” o “comienzo de las buenas nuevas [acerca] de Jesucristo”. Las dos declaraciones son bien apropiadas para el inicio del libro, pero la última parece más adecuada al propósito de mostrar que Cristo y sus poderosos actos constituyen una “buena nueva” para la humanidad perdida.

 

El título incluido en la última parte del primer versículo “Hijo de Dios” no se encuentra en todos los manuscritos conocidos de Marcos (Por ejemplo, en los manuscritos alef (1), theta, 28, ni es mencionado por diversos padres de la iglesia) ¿Fue una adición hecha por algún copista? Tal vez, visto que el texto más breve debiera ser el original. Si fue una adición, ella se basó en el propio evangelio de Marcos, donde Jesús es llamado “Hijo de Dios” (comparar con Marcos 3:11 y 5:7). Adición o no, “Hijo de Dios” es una declaración sobre la divinidad de Jesús, afirmando con ella que Él compartía la propia naturaleza de Dios. El título previene al lector de que, aunque estaba encarnado y actuando entre los hombres, Jesús también es Dios.

 

 

El mensajero (Marcos 1:2-8)

 

A semejanza de las visitas reales a una localidad, en la que un mensajero o precursor daba el anuncio y convocaba al pueblo a preparar la entrada para el carruaje real, Dios utilizó a Juan, el Bautista, para el mismo fin en relación a la llegada de Dios en la persona de Jesucristo, el “Hijo de Dios”.  El Bautista procuró preparar el “camino” del Señor, llevando al pueblo a arrepentirse de sus pecados.

 

Lo que llama la atención en Juan, el Bautista, es la conciencia que él tenía de su rol como mensajero y precursor. Al serle preguntado si era o no el Mesías (Lucas 3:15, 18), él señaló a Cristo como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). El precursor sabe que no es el rey y que no debe llamar la atención sobre sí mismo. “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30). Esta actitud humilde de Juan, el Bautista, debe ser reflejada en la vida de cada seguidor de Cristo, como modernos mensajeros del Rey. Así, no hay lugar para el orgullo en la vida del cristiano. Su mayor anhelo será el de exaltar la persona del Rey que está llegando.

 

 

Bautismo y tentación de Jesús (Marcos 1:9-13)

 

Nos provoca admiración la brevedad de informaciones sobre Juan, el Bautista. Nada se nos dice sobre las circunstancias de su nacimiento, casi nada sobre el contenido de su predicación. El sólo es mencionado por su rol de precursor y por el hecho que él bautizó a Jesús. ¿Por qué es así? Porque el evangelio de Marcos está centrado en la persona de Cristo. Tampoco nada se menciona sobre el contenido de las tentaciones de Jesús en el desierto. Apenas se menciona que el fue tentado por cuarenta días (Marcos 1:13). No es que el asunto de las tentaciones no sea importante, pero Marcos está deseoso de presentar a continuación a sus lectores los actos salvíficos de Jesús, comenzando, ya en el versículo 21 del primer capítulo con el sanamiento de un endemoniado en Capernaúm.

 

El hecho que Marcos diga que, en su bautismo, Jesús haya sido llamado “mi Hijo amado” por Dios, el Padre (Marcos 1:11) armoniza con las palabras de apertura del evangelio, en el que –sea una adición o no– Jesús es llamado “Hijo de Dios”. Parece que Marcos tiene la preocupación de que sus lectores no olviden el hecho de que Jesús no es un mero taumaturgo (hacedor de milagros), sino que es “Dios con nosotros”.

 

 

Comienza el ministerio (Marcos 1:14-20)

 

Luego de su bautismo, en Judea, Jesús volvió a Galilea y, a semejanza de Juan, el Bautista, convocó al pueblo al arrepentimiento (comparar Marcos 1:14, 15 con 1:4). Pero Jesús agrega un nuevo dato: “El tiempo se ha cumplido” (Marcos 1:15). ¿Qué clase de “tiempo” tenía Jesús en mente? Es posible que haya sido una alusión al tiempo en que su cumplían los tipos y profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. Pero, de manera más específica, Jesús podría haber tenido en mente la profecía de las Setenta Semanas de Daniel 9:24-27, la cual predecía la aparición del Ungido, el Mesías, que mediante su muerte (Daniel 9:26) “poner fin al pecado y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable” (Daniel 9:24).

 

En el tiempo preciso (al “cumplimiento del tiempo”, Gálatas 4:4) ocurrió la primera venida de Cristo. Esto es una garantía de que, también en el tiempo oportuno, sucederá la segunda venida, pues de nada valdría la primera sin la segunda, que a su vez es la culminación de la obra redentora del Mesías, iniciada en la primera venida.

 

Luego de su llegada a Galilea, Jesús escogió a sus discípulos, comenzando por dos parejas de hermanos (y también pescadores): Simón y Andrés; Santiago y Juan. Lo que nos provoca admiración en este llamado es la prontitud con la cual ellos siguieron a Jesús. ¿Habrá sido para ellos un salto al vacío? No lo creo. La fe nunca es un “salto al vacío”. Dios nos da evidencias de su poder para aquellos que quieran verlas. Esos primeros discípulos ya habían escuchado de Jesús, en especial Andrés, el hermano de Pedro. Andrés era discípulo de Juan, el Bautista, y “había oído a Juan, y había seguido a Jesús” (Juan 1:35-42). De cualquier manera, los discípulos vieron algo en Jesús que los tocó. Lo que vieron fue suficiente para dejar “al instante sus redes y le siguieron” (Marcos 1:18, RVR 95). La compañía pesquera de la cual Pedro y Andrés eran socios (comparar con Lucas 5:10), quedó, entonces, a cargo de Zebedeo, padre de Santiago y Juan (Marcos 1:20).

 

La presteza de los discípulos en dejar todo y seguir a Cristo debe inspirar a cada cristiano de hoy. ¿Por qué estamos tan apegados a las cosas de este mundo? Quizás porque no hemos considerado a Jesús algo realmente importante en nuestras vidas, como Alguien que puede darle un sentido real a nuestras vidas y ofrecernos las cosas eternas, las que permanecen para siempre Podríamos decir, como Pablo, “Pero cuantos cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7, 8).

 

Dr. Ozeas Caldas Moura

 


 

Ozeas Caldas Moura es Doctor en Teología Bíblica, en la especialidad Antiguo Testamento, graduado de la PUC de Río de Janeiro. En la misma institución obtuvo su Maestría en Nuevo Testamento. Su tesis es-tuvo relacionada al evangelio de Marcos.

El Dr. Ozeas fue pastor durante doce años en varias iglesias de Brasil, además de enseñar Teología por seis años en el Seminario Adventista de Teología, sede IAENE (Instituto Adventista del Nordeste) entre los años 1990-1995 y en la Universidad Adventista de San Pablo, Campus II (1999-2002). Actualmente enseña Griego y Hebreo en el SALT Sede IAENE, donde además es Rector del Seminario de Teología.

Es nuestro deseo que sus comentarios contribuyan para una mejor comprensión y aprecio del evangelio de Marcos, el “padre” de los demás Evangelios (por lo menos en relación a Mateo y Lucas, ya que Juan no forma parte de los Sinópticos).

 

Casa Publicadora Brasilena

 



 

 Traducción al español en esta semana: Profesor Rolando Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com.ar).  Agradecimiento a Recursos de Escuela Sabática (RES)

 


 

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