Dr Carlos E Espinosa

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“Los últimos días en el Templo”
(Marcos 11:27 – 12:44)
 

Lección 9

Para el 28 de Mayo del 2005


 

 

       En el pasaje que estudiamos esta semana (Marcos 11:27 – 12:44), encontramos a Jesús en sus “últimos días”.  Su preocupación de esos días debería ser también la nuestra, que creemos vivir en los últimos días de la historia de “este mundo”.

 

Jesús es interrogado por las autoridades eclesiásticas y civiles de Jerusalén: “los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos” (11:27), “algunos de los fariseos y de los herodianos” (12:13), “los saduceos” (12:18), y “uno de los escribas” (12:28).  El espectro de preguntas hechas a Jesús es tan amplio como el de los grupos que las planteaban.  Estos grupos tenían importantes diferencias ideológicas entre sí –como es el caso de los fariseos y los saduceos— sin embargo, estaban aliados en su afán de oponerse a Jesús. 

 

Un rápido análisis de las preguntas permite observar que éstas, en general, se refieren a cuestiones teológicas rebuscadas, y que la intención de los que preguntan es desafiar a Jesús (11:28), o bien “sorprenderlo en alguna palabra” (12:13), es decir, “tentarlo” a fin de poder acusarlo (12:15).  El Maestro, dice Marcos, “percibía la hipocresía de ellos” (12:15).

 

            Hoy en día, muchos de los que hacen preguntas sobre religión o teología no tienen la necesidad ni la intención de saber, sino más bien se proponen molestar o burlarse de los creyentes, como sucedió con los que preguntaban a Jesús en este pasaje del Evangelio.

 

            Los saduceos, por ejemplo, “decían que no hay resurrección” (12:18).  Por eso su pregunta, “cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer?” (12:23) no tiene la intención de aclarar una duda, sino la de intentar mostrar que la creencia en la resurrección es absurda.  A pesar de ello, Jesús responde a la pregunta y señala la ignorancia de los saduceos que la hicieron: “Ignoráis las Escrituras y el poder de Dios” (12:24).  La respuesta de Jesús está dirigida al fondo de la cuestión, es decir, que “Dios no es Dios de muertos” (12:27); por esta razón, la resurrección es necesaria.

 

            En cuanto al tema específico de las relaciones matrimoniales después de la resurrección, Jesús es bastante ambiguo –intencionadamente— como para señalar que hay cosas futuras que no podemos entender ahora (“serán como los ángeles”).  Por esta razón, las especulaciones al respecto están demás.

 

            En la pregunta de “los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos” sobre la autoridad de Jesús, se ve claramente que se trata de un cuestionamiento al Maestro: las autoridades religiosas y teológicas de Jerusalén no quieren reconocer la autoridad de Jesús.  Apelan a este recurso porque no pueden objetar ni la enseñanza ni las obras de Jesús.  Entonces, demostrar que Jesús no ha recibido la licencia ministerial otorgada por ellos es una manera de desautorizarlo y sacarlo de en medio.  Pero la autoridad espiritual de Jesús y la verdad que él proclama no necesitan de licencias otorgadas por los hombres, menos aún si éstos no tienen autoridad moral ni teológica que exhibir.  La verdad es verdad por sí misma, y no depende de instituciones que la certifiquen.  Donde está Jesús está la Verdad.

 

            Con respecto a esto, deberíamos tomar en serio el dicho de Jesús: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).  Seguramente alguno pensará que hay que ver cada caso donde hay “dos o tres”, para determinar si se aplica o no este versículo.  Otros pensarán que esos “dos o tres” deben estar inscriptos en alguna lista de iglesia.  Quiero señalar que es Jesús mismo quien debe decidir cuándo su dicho se aplica, porque sólo él conoce las circunstancias y los corazones de los hombres; de manera que no es indispensable que los “dos o tres” estén afiliados a alguna organización determinada entre las muchas que se adjudican la cualidad de ser “la única iglesia verdadera”. 

 

De ninguna manera estoy en contra de la militancia en la iglesia.  Me parece que es conveniente pertenecer a alguna congregación religiosa y hacer en ella –y  con ella– la obra del Señor.  También me parece conveniente examinar las características de cada congregación y compararla con el evangelio, para saber con quiénes estamos caminando; cualquier iglesia no da lo mismo.  Pero debe ser claro que, mientras estamos en esa búsqueda –si aún no hemos encontrado nuestro redil— podemos estar con Cristo en cualquier grupo o aún fuera de todos.  “La congregación (iglesia o ekklesía) de los primogénitos” es la de aquellos que “están inscritos en los cielos”, y el que decide quién está inscrito y quién no, es “Dios, el Juez de todos” (Hebreos 12:22-23). 

 

Recordemos, además, que la salvación es individual y no por grupos.  Dice el apóstol Pablo: “todo aquél que invocare el nombre del Señor será salvo” (Rom. 10:13).  Debido a nuestros intereses denominacionales, solemos empeñarnos en ponerles condiciones a la gente para aplicarles el beneficio de este versículo, pero deberíamos cuidarnos de no hacer el papel de jueces ni cerrar puertas allí donde Jesús no las cierra.

 

            A los dirigentes que cuestionaban la autoridad de Jesús, el Señor le dijo la parábola de los labradores malvados.  Jesús no andaba con rodeos, tampoco perdía el tiempo con asuntos teológicos rebuscados ni con discusiones doctrinales irrelevantes.  Jesús hablaba de asuntos prácticos, de actualidad, y del interés del “hombre de la calle”.  A los dirigentes de la iglesia de sus días les dijo directamente que eran malvados, y que “el señor de la viña vendría a destruir a los labradores, y a darle su viña a otros” (Marcos 12:9).

 

            Lo que está en el fondo de la parábola de los labradores malvados es que los que tienen el corazón duro serán rechazados finalmente por Dios.  La dureza de corazón –como hemos visto en las lecciones anteriores— consiste en mantener una actitud terca, la de no permitir que el evangelio transforme nuestra forma de pensar.  Los principios del Reino de los Cielos tienen como base el evangelio –la buena noticia de la gracia salvadora de Dios— y esos principios son totalmente diferentes a los que rigen en “este mundo”.  Lo que cuenta, a la hora de ser juzgados por Dios, es que hayamos cambiado nuestras estructuras de pensamiento y nuestras actitudes para asemejarnos a Cristo.  Esto es más importante que las exactitudes teológicas –porque estas últimas están generalmente determinadas por la lógica humana, que es limitada e imperfecta.

 

            La cuestión del tributo es una cuestión práctica.  Una vez más, sin embargo, la pregunta no tiene por objeto solucionar un problema práctico sino tentar a Jesús (Mar. 12:15).  En otras palabras, los que hicieron esta pregunta querían acusarlo delante de la autoridad romana o bien desprestigiarlo delante de los judíos.  Pero Jesús aprovecha la oportunidad para enseñar lo que debe ser la relación del cristiano con el mundo político.

 

            Los fariseos y herodianos se acercaron a Jesús para “sorprenderlo en alguna palabra” (12:13).  Querían instarlo a hablar contra la autoridad romana: “Sabemos que eres hombre veraz y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres” (12:14).  Suponían que el deber de un religioso judío era boicotear a Roma, y que eso sería “enseñar con verdad el camino de Dios”.  Pero Jesús no les siguió el juego, ni aceptó sus lisonjas hipócritas. 

 

El Señor distinguió y exaltó los deberes del cristiano: una cosa es el deber religioso y otra es el deber civil.  Esto implica, en primer lugar, que lo religioso no debería confundirse con lo político y, en segundo lugar, que ser cristiano no nos exime de participar en la vida política.  El cristiano no debe desinteresarse de la suerte política de la sociedad.

 

Cuando participamos en la vida política lo deberíamos hacer siguiendo los principios cristianos, como en cualquier otra actividad de la vida.  Pero seguir los principios cristianos no significa servir a los intereses de una determinada institución sino al bien común de la sociedad.

 

El gran mandamiento (Mar. 12:28-34).  Esta perícopa es, sin lugar a dudas, el centro ideológico de la enseñanza de Jesús.  Los dos mandamientos que el Maestro destacó son el remedio para tratar la dureza de corazón.  Aunque fue interrogado acerca del “primer mandamiento de todos”, Jesús se extendió al segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Dijo que este mandamiento es semejante al primero; en verdad no se puede cumplir el primer mandamiento sin cumplir el segundo.  El amor es la esencia de la Ley de Dios.  “No hay otro mandamiento mayor que éstos”, dijo Jesús: Amar a Dios, amarse a uno mismo (autoestima) y amar a los demás en el mismo grado que nos amamos a nosotros mismos.

 

¿Qué diríamos nosotros hoy?  ¿Cuál es, para nosotros en la práctica –porque podemos decir muchas cosas— el mandamiento más importante?  Si hemos de responder como cristianos deberíamos decir: “amar a Dios y a los demás”.  ¿Entendemos lo que implica –en la práctica— amar de esta manera?  Por otra parte, ¿no tendemos a creer que estos mandamientos no nos distinguen de los demás cristianos y que deberíamos enfatizar lo que nos hace “peculiares”?  Pero entonces, ¿hay algo más peculiar en un cristiano que creer lo que Cristo dijo, e imitarlo en su amor que no supo de distinciones ni exclusivismos de ninguna índole?

 

Si entendemos que Jesús es más que “el hijo de David”, porque David “lo llamó Señor” en sus escritos proféticos (Mar. 12:35-37), entonces no nos queda otra cosa que hacerlo señor de nuestras vidas, tomando en serio sus palabras y tratando de andar en sus pisadas.  Para eso debemos aceptar, primero, el ofrecimiento gratuito de su perdón. 

 

Y si Jesucristo es el señor de nuestras vidas, no nos queda otra cosa que desterrar las actitudes egoístas y ostentosas como las de aquellos que amaban ser ensalzados y venerados por los hombres en virtud de sus “largas ropas” (12:38-40).  En lugar de eso, deberíamos adoptar el corazón generoso y humilde de esa pobre viuda que fue ensalzada por Jesús (12:41-44).  No creo que sea al azar que Marcos puso a los orgullosos dirigentes y a la humilde viuda lado a lado en su relato; no dudo de que su intención fue resaltar el contraste entre ellos.

 

Las “largas ropas” literales de aquellos tiempos han adoptado hoy muchas formas figuradas.  No nos engañemos a nosotros mismos restringiendo el significado de este dicho de Jesús solamente a las ropas, o a su longitud.  Lo que destaca el Evangelio es el contraste entre la valoración de lo externo (ropas) y lo interno (el corazón) y, por otra parte, entre el egocentrismo y el altruismo. 

 

Para Jesús, dos moneditas de escaso valor son más valiosas que las ropas finas de los potentados.  Una vez más, el Señor cambia nuestros esquemas y trastorna nuestros conceptos. 

 

Finalmente, destaco lo que debería ser el corazón de la “verdad presente” en estos “últimos días”: Los que detentan el poder pero explotan a los pobres “recibirán mayor condenación” (12:40), y los menospreciados del mundo (una mujer, en aquella cultura), y los desposeídos (una viuda) son hechos por Jesús el centro de la atención de sus discípulos (12:43).

 

 

 

 

Dr. Carlos Enrique Espinosa Cifuentes, Ph.D.

carlosenriqueespinosa@yahoo.com.ar

www.enriqueespinosa.com
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Decano de Teología, Universidad Adventista de Chile (1994-1996)
Decano de Posgrado de Teología, U. Adventista del Plata, Argentina (1998-2001)
Decano de Teología, Adventist International Institute of Advanced Studies, AIIAS, Filipinas, (2002)
Profesor de Ciencias Sagradas, Instituto Superior “Populorum Progressio”, Argentina (2003)
Profesor Adjunto de Filosofía del Lenguaje, Universidad Nacional de Jujuy, Argentina (2003).

Profesor de Teología, Seminario Teológico Latinoamericano
Profesor de Filosofía, Seminario Mayor “Pbro. Pedro Ortiz de Zárate”, Argentina
Profesor de Lógica y Pensamiento Critico (E.M.D.E.I.)


 

El Doctor Carlos Enrique Espinosa, Ph. D., nos ha autorizado a publicar en nuestro

Centro de Escuela Sabática de Ministerios PM, sus comentarios

 

Nota Aclaratoria: A pesar de que el doctor Espinosa ya no es un pastor activo de la iglesia adventista, sus pensamientos y estudios teológicos expresados en Ministerios PM, a través de sus análisis de la lección de la escuela sabática, se ajusta a los principios teológicos expresados por nuestros pioneros adventistas y de la iglesia actual.  El doctor Espinosa sigue siendo un catedrático de filosofía y teología en la actualidad y miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, al cual el llama "Mi iglesia".  Si desea saber mas detalles acerca de la vida del doctor Espinosa, por favor diríjase personalmente a su e-mail arriba dado.  Las ideas expresadas por el doctor Espinosa no representan necesariamente el pensamiento de la junta de directores de Ministerios PM.  Ministerios PM se reserva el derecho de publicación.

 

 

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