Dr Carlos E Espinosa

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“CONFRONTACIÓN EN GALILEA”

MARCOS 6:1 AL 7:23

Lección 5

Para el 30 de Abril del 2005

 


 

         

Después de realizar algunos milagros en Galilea y sus alrededores, Jesús fue “a su tierra” en Nazaret (Marcos 6:1).  Allí no fue recibido con aprecio.  Los habitantes del lugar “se escandalizaban de él”, por el simple hecho que lo conocían de niño (6:2-3).  En lugar de “se escandalizaban”, otra traducción dice: “Y no creían en él” (La Biblia para Latinoamérica).  Es decir, su fe “tropezaba” por el hecho que Jesús les era muy familiar.  Por eso –dice Marcos— no  pudo hacer ninguna señal milagrosa entre ellos, excepto que “sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos” (6:5).

 

            Era sábado y Jesús ensañaba en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado.  El suyo no era “un sermón más”.  Causó conmoción: “muchos, oyéndole, se admiraban” (6:2).  Pero la crítica no se centró en los argumentos de Jesús sino en su persona: “¿No es éste el carpintero, hijo de María . . .?” (6:3).  José, el esposo de María, no es nombrado por los críticos; las “malas lenguas” siempre dudaron de su paternidad.  A Jesús le echaban en cara su origen paterno dudoso.

 

            En esto consiste una de las falacias argumentativas, que los libros de Lógica denominan “Argumento dirigido contra el hombre” (Norberto Ceolin, Pensamiento crítico).  ¿En qué consiste esta argumentación falaz?  Consiste en “atacar a la persona que hace una afirmación, en lugar de refutar la veracidad de lo que ella afirma.  El mecanismo consiste en desacreditar al hablante atribuyéndole ciertas características negativas o actitudes deshonestas para que, al descalificarlo, ese descrédito alcance también a sus afirmaciones” (Ibíd.,p. 202). 

 

Como ejemplo de este procedimiento puedo citar un caso reciente.  Recibí hace un par de semanas en mi casilla electrónica un comentario distribuido por un sitio de Internet.  Se trata de un nuevo cálculo profético que, interpretando las trompetas del Apocalipsis, predice para mayo y octubre de este año 2005 la promulgación de la ley dominical.  El director del sitio se disculpa por haber enviado el artículo, señalando que su autor “es un ex pastor nuestro, XX, que tuvo que dejar el ministerio en Paraguay (hace unos 3 años), por enseñar entre otras cosas, que la IASD ya no era la iglesia verdadera, etc., etc., etc. Bueno, este buen muchacho terminó separándose de su esposa, formando un hogar con otra dama, y teniendo un hijo al que llama el 3º Elías”.  ¿Se hace alguna crítica al contenido del artículo en cuestión?  Ninguna, aunque habría sido posible y lícito hacerla.  En lugar de ello, tenemos sólo un intento de desacreditar al autor del artículo haciendo alusiones a su vida personal y tildándolo sarcásticamente de “buen muchacho”.  En lo personal, no estoy de acuerdo con el contenido del artículo, pero tampoco lo estoy con las razones dadas para desacreditarlo.  Este procedimiento se lleva a cabo cuando queremos oponernos pero no queremos (o no sabemos bien cómo) hacer una crítica fundamentada, o bien cuando no tenemos nada que criticar pero queremos oponernos igual.

 

Esto último hicieron los habitantes de Nazaret con Jesús.  No tenían qué objetar al Maestro.  Su doctrina, su sabiduría y sus milagros eran inobjetables (Marcos 6:2).  Pero ellos eran orgullosos e incrédulos, por eso se oponían a Jesús, y el Señor “estaba asombrado de la incredulidad de ellos” (6:6).

 

Jesús sabía que hacer milagros no los iba a convencer de que él era el Mesías.  O tal vez sí se convencerían intelectualmente, pero sus corazones seguirían endurecidos.  Esto demuestra que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

 

Elena de White explica por qué los habitantes de Nazaret tenían esta actitud hostil hacia Jesús: “no querían creer que fuese el Prometido” (El Deseado de todas las gentes, 204).  ¿Por qué?  Porque cuando Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, en una oportunidad anterior, les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, semejante a la de sus antepasados, razón por la cual Dios pudo hacer milagros entre los “paganos” –la viuda de Sarepta y Naamán el sirio— y no entre los hijos de Israel (Lucas 4:23-27).  Esto llenó de ira a los habitantes de Nazaret, que expulsaron a Jesús de la ciudad y quisieron matarlo (Lucas 4:28-29; cf. El Deseado, 205-206).

 

Comentando estas cosas, Elena de White dice: “Nuestra situación delante de Dios depende, no de la cantidad de luz que hemos recibido, sino del empleo que damos a la que tenemos.  Así, aun los paganos que eligen lo recto en la medida en que lo pueden distinguir, están en una condición más favorable que los que tienen gran luz” pero la desprecian por su vida diaria que contradice a su profesión de fe (Ibíd., 206).  Este es un mensaje oportuno para los creyentes que se confían en sus conocimientos ortodoxos, pero no han entregado sus corazones para ser ablandados por el poder del Espíritu de Cristo.

 

Otra razón de confrontación en Galilea fue la relacionada con las tradiciones eclesiásticas.  Los “fariseos y algunos de los escribas” criticaban a Jesús y a los discípulos porque no se lavaban las manos antes de comer, lo que era una desobediencia frente a las prescripciones de “la  tradición de los ancianos” (Marcos 7:1-3).  Marcos explica en qué consistían esas tradiciones: “Al volver de la plaza, si no se lavan, no comen.  Y muchas otras cosas hay que tomaron para guardar: los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos” (7:4).

 

¿Cuál era la razón de estos procedimientos rituales?  Evitar la contaminación espiritual, porque el objetivo no era meramente higiénico.  Es un recurso común del hombre que se sabe, en el fondo, contaminado en su interior.  Jesús dijo que “lo que sale del hombre, eso contamina al hombre” (7:20).  Estos procedimientos casi obsesivos de purificación son un intento de paliar la corrupción del corazón y la suciedad de la mente.  Hoy en día, quienes no creen de verdad en la justificación por la gracia mediante la fe, echan mano de recursos semejantes de auto justificación: abstención de comidas en fechas sagradas, ayunos meritorios, abstención de ciertos alimentos por creer que contaminan religiosamente (otra cosa es la abstención por razones de salud) olvidando que Jesús hizo “limpios todos los alimentos” (7:19), reglamentación religiosa con respecto al largo o al estilo del cabello y de los vestidos, y prohibiciones diversas que ponen el énfasis en detalles externos, generalmente no especificados en la Biblia.  Este conjunto de reglas es tanto mayor cuanto menor sea la verdadera espiritualidad del grupo que las impone.  De esta manera se incurre en las mismas faltas que Jesús condenó: Exaltación de las tradiciones de los ancianos (7:8,13), y atención a las cuestiones externas que no contaminan el corazón (7:15).

 

“De dentro, del corazón de los hombres –dijo Jesús— salen los malos pensamientos” (7:21).  Esta es la raíz de todos los males, los cuales no sólo consisten en “los adulterios, las fornicaciones, los homicidios y los hurtos” sino también, y en la misma escala, “las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, y la insensatez” (7:21-22).

 

¿Por qué será que socialmente condenamos –y disciplinamos eclesiásticamente— a los homicidas, los ladrones y los adúlteros, pero no hacemos lo mismo con los mentirosos, los envidiosos y los soberbios, que son activos en condenar a los primeros?

 

¿Por qué en todas las iglesias seguimos defendiendo las tradiciones de nuestros respectivos ancianos, en contra de la Palabra de Cristo explícitamente expresada en el párrafo de Marcos que acabamos de estudiar?  ¿Por qué seguimos acentuando las normas externas en desmedro de la justificación y santificación que Dios nos ofrece como un don espiritual?

 

Me temo que no nos queda más que responder a estas preguntas con un encogernos de hombros, y con un “así son las cosas”.  No nos queda más que aceptar con resignación el hecho que la religión institucionalizada –la Babilonia del Apocalipsis— cualquiera sea su nombre denominacional, tiene más poder, por el momento, que los hombres y mujeres liberados por Cristo, que tratan de seguir con libertad de conciencia las enseñanzas de su Palabra.

 

La confrontación de Galilea es hoy más actual que nunca.  Al igual que ayer, los poderosos de este mundo parecieran estar ganando a Cristo.  Podemos confiar, sin embargo, que el resultado final será distinto.  El amanecer comenzó con la resurrección de Jesús.

 

 

 

Dr. Carlos Enrique Espinosa Cifuentes, Ph.D.

carlosenriqueespinosa@yahoo.com.ar

www.enriqueespinosa.com
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Decano de Teología, Universidad Adventista de Chile (1994-1996)
Decano de Posgrado de Teología, U. Adventista del Plata, Argentina (1998-2001)
Decano de Teología, Adventist International Institute of Advanced Studies, AIIAS, Filipinas, (2002)
Profesor de Ciencias Sagradas, Instituto Superior “Populorum Progressio”, Argentina (2003)
Profesor Adjunto de Filosofía del Lenguaje, Universidad Nacional de Jujuy, Argentina (2003).

Profesor de Teología, Seminario Teológico Latinoamericano
Profesor de Filosofía, Seminario Mayor “Pbro. Pedro Ortiz de Zárate”, Argentina
Profesor de Lógica y Pensamiento Critico (E.M.D.E.I.)


 

El Doctor Carlos Enrique Espinosa, Ph. D., nos ha autorizado a publicar en nuestro

Centro de Escuela Sabática de Ministerios PM, sus comentarios

 

Nota Aclaratoria: A pesar de que el doctor Espinosa ya no es un pastor activo de la iglesia adventista, sus pensamientos y estudios teológicos expresados en Ministerios PM, a través de sus análisis de la lección de la escuela sabática, se ajusta a los principios teológicos expresados por nuestros pioneros adventistas y de la iglesia actual.  El doctor Espinosa sigue siendo un catedrático de filosofía y teología en la actualidad y miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, al cual el llama "Mi iglesia".  Si desea saber mas detalles acerca de la vida del doctor Espinosa, por favor diríjase personalmente a su e-mail arriba dado.  Las ideas expresadas por el doctor Espinosa no representan necesariamente el pensamiento de la junta de directores de Ministerios PM.  Ministerios PM se reserva el derecho de publicación.

 

 

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