Dr Carlos E Espinosa

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Curaciones, y corazones duros

Lección 3

Para el 16 de Abril del 2005


 

         

 El pasaje de estudio de esta semana corresponde a Marcos 2:23 a 3:6.  En este pasaje aparecen dos sucesos protagonizados por Jesús y sus discípulos en días sábado: el recoger espigas al pasar por “los sembrados”, y la curación de un hombre que tenía “una mano seca”.

 

Los conceptos que se destacan al leer estos relatos son el “legalismo” y la “dureza de corazón”.  Los fariseos encarnan al legalismo.  Pero la dureza de corazón no era una característica sólo de los fariseos (3:5) sino también de los discípulos de Jesús (8:17, cf. 16:14).

 

(1)   EL LEGALISMO

 

¿Qué es el legalismo?  Se han dado varias definiciones; una de ellas dice que es la creencia en que podemos salvarnos por medio de la obediencia a la Ley de Dios, y no por la gracia de Dios que se acepta por la fe.  Toda religión que pone mucho énfasis en la obediencia a la Ley corre el riesgo de tornarse legalista.  La religión legalista se preocupa más por la Ley que por Dios mismo.  Por escuchar a la Ley se olvida de escuchar a Dios.  La religión legalista no nos enseña a preocuparnos por las necesidades –materiales, espirituales y emocionales— de las personas.  Las personas pasan a un segundo o tercer plano, a no ser que los legalistas se fijen en ellas para criticarlas.  El legalismo produce personas arrogantes, orgullosas de su supuesta santidad, que se sienten superiores a los demás y cultivan un espíritu sectario.

 

Los hechos relatados en el pasaje bíblico estudiado esta semana quieren hacernos reflexionar sobre la necesidad de desterrar el legalismo de nuestras vidas.  Jesús era abiertamente contrario al legalismo, por eso escogió realizar estas acciones en día sábado, y lo entristecía nuestra dureza de corazón.

 

(2)   DUREZA DE CORAZÓN

 

Algunos comentadores creen que el legalismo conduce a la dureza de corazón.  Pregunto: ¿No será que a veces ocurre todo lo contrario?  Creo que la dureza de corazón conduce al legalismo.  Al menos en algunos casos, el legalismo puede ser un recurso mediante el cual tratamos de compensar nuestra pobreza espiritual y dureza de corazón; creemos que siendo estrictos en la observancia de la letra de la Ley podemos conseguir la aprobación divina.

 

¿Qué significa ser “duro de corazón”?  En el caso de Marcos 3:1-6, los que tienen el corazón duro no tienen consideración por los sufrimientos de un hombre lisiado.  De acuerdo con la pregunta que Jesús les hace (3:4), los que tienen el corazón duro piensan en hacer el mal, en quitar la vida a Jesús.  Por eso “lo acechaban . . . a fin de poder acusarle” (3:2).  Esa es una actitud típica de los legalistas, de los duros de corazón: se fijan demasiado en las supuestas faltas de los demás a fin de poder condenarlos.  Sienten satisfacción en aplicar disciplina a los que yerran a fin de “dar testimonio” de su fe.  Creen que la misión de la iglesia es condenar a los pecadores, por eso su predicación es destructiva y no restauradora.

 

Dice Elena de White: “Tenemos nuestra obra que hacer, la cual no ha de derribar, sino edificar. . . .  Existe el peligro de que nuestros pastores hablen demasiado contra los católicos” (Carta 39, 1887, en: El evangelismo, 418).  Elena de White creía que la misión de la iglesia adventista no es hablar contra los demás sino “presentar la verdad con su fuerza y con su poder, y permitir que ella corte y se abra camino a través del prejuicio, y revele el error en contraste con la verdad” (Ibíd.).  Y el error, según la señora White, no estaba sólo afuera de la iglesia adventista sino también dentro de ella; por eso escribió innumerables cartas y artículos cuyo objetivo no era “el mundo” sino su propia “iglesia”, en la forma de agudas autocríticas que denunciaban la corrupción de los dirigentes –lo cual le costó su “destierro” a Australia— y la tibieza espiritual y mundanalidad del “pueblo remanente” en general.

 

Los legalistas, los duros de corazón, no predican el evangelio.  No se interesan en el bienestar de los demás, no contribuyen a mejorar el mundo.  Por el contrario, desprecian al “mundo” que Dios tanto ama.  Ellos acechan para poder acusar, y “toman consejo” para poder matar (3:6).  Y todo ello con la pretensión farisaica de que, supuestamente, están defendiendo la Ley y la verdad, las tradiciones y las normas institucionales.

 

En el pasaje de Marcos 8:14-21, la dureza de corazón adquiere otra forma: es una característica de los discípulos, quienes no pueden entender ni comprender (8:17).  Cuando nuestro corazón está endurecido y lleno de confianza propia, somos incapaces de aceptar la verdad, por más argumentos y razones que se nos ofrezcan.  No somos capaces de ver la verdad de los hechos; no entendemos ni comprendemos.  Creemos que los sermones les vienen bien a los demás pero no a nosotros mismos.

 

En este pasaje, así como en Marcos 16:14, la dureza de corazón de los discípulos los torna incrédulos.  ¡Esto es asombroso e increíble!  ¡Son discípulos de Jesús pero no entienden ni le creen al Maestro!  En este caso, la dureza de corazón consiste en no escuchar al Maestro, ni estar dispuestos a hacer lo que él dice.  Me hace recordar a un querido administrador de la iglesia que me dijo una vez: “La Biblia y la hermana White dirán otra cosa, pero aquí vamos a hacer lo que hemos votado”.  Cuando uno está empecinado en hacer su propia voluntad, no escucha razones ni argumentos, aunque vengan del mismo Cristo.

 

(3)   EL CRISTO SUBVERSIVO

 

            Jesús de Nazaret era un subversivo para los fariseos, los legalistas y los tradicionalistas de su tiempo.  La Ley decía que un enfermo crónico no debía ser curado en día sábado, y Jesús escogió el sábado para sanar al hombre que tenía “ una mano seca”.  La Ley prohibía comer los panes de la proposición, excepto a los sacerdotes, pero Jesús justificó a David y a los que estaban con él cuando comieron de esos panes movidos por el hambre (Mar. 2:25-26, cf. 1 Sam. 21:1-6).  Jesús pudo haber evitado arrancar espigas en sábado, o al menos haberlo hecho en privado para no “escandalizar” a los de “conciencia flaca”, pero lo hizo notorio ¡e inspiró a los evangelistas para que lo dejaran registrado para la posteridad!

 

            Los legalistas estaban preocupados por que se cumpliera la Ley.  Les preocupaba lo que era “lícito” (Mar. 2:24, Mar. 3:4).  Este es un acento importante de la lección de esta semana: Nuestra preocupación por lo que es “lícito” puede llevarnos a desestimar la enseñanza de Jesús.  La Ley puede transformarse en un obstáculo para escuchar y recibir a Cristo.

 

            ¿Quiere decir que Cristo y la Ley están en oposición?  ¡De ninguna manera!  La oposición era entre Cristo y los legalistas.  Los legalistas entienden mal la Ley, creen que ella es un fin en sí misma.  No se dan cuenta, por ejemplo, de que “el sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado” (Mar. 2:27).  La Ley fue dada por Dios para beneficiar a los seres humanos.  El descanso semanal es una bendición; recibir alimento y salud también lo es.  Y Jesús es el Legislador que nos enseña cómo hacer para que estas leyes no entren en colisión. 

 

En el desierto del Sinaí, Dios dio alimento –el maná— y descanso sabático a su pueblo.  A fin de no privarlos del descanso sabático les daba doble porción de maná el viernes (Éxodo 16).  La “Declaración Universal de los Derechos Humanos” dice en el artículo 24: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo”.  Cuando Cristo y sus discípulos arrancaban espigas “al pasar por los sembrados un día sábado” (Mar. 2:23), no se estaban privando del descanso sabático, y estaban satisfaciendo su hambre.  Obviamente Jesús pudo satisfacer el hambre de sus discípulos de otra manera ese sábado –haciendo un milagro, por ejemplo— pero decidió arrancar espigas, y restregarlas con las manos (según Lucas), con lo cual enfrentaría la crítica de los fariseos . . . y las preguntas de sus discípulos.  La respuesta de Jesús no se aplica sólo a la observancia del sábado sino a todos los mandamientos: el principio que debe orientarnos para discernir el “espíritu de la Ley” es el bienestar del ser humano.

 

Ningún legalista puede leer esta conclusión sin ponerse nervioso.  Porque para él, el bienestar del ser humano no es lo más importante sino “la letra de la Ley”.  El legalista teme que la Ley sea relativizada por este criterio humanista.  (Los legalistas son absolutistas, lo cual tiene connotaciones dictatoriales.  El Evangelio nos muestra que Jesús estaba muy lejos de ser absolutista y dictatorial).  Es más, los legalistas temen que si nos preocupamos por el bienestar del ser humano –que es un “pecador”— como criterio final de la observancia de la Ley, Dios sea relegado a un segundo plano.  No logran entender que la “felicidad” de Dios está en ver a sus hijos –que son “pecadores”— felices y gozando de bienestar.  La mejor manera de honrar a Dios en este mundo es amando a las personas, especialmente a los que yerran.  La mejor manera de honrar a Dios es “ablandando” nuestros corazones para respetar los derechos humanos.  Dice Elena de White: “Toda religión falsa enseña a sus adeptos a descuidar las necesidades, sufrimientos y derechos de los hombres.  El evangelio concede alto valor a la humanidad como adquisición hecha por la sangre de Cristo” (El Deseado de todas las gentes, p. 253).

 

Si hay algo importante que aprender de la lección de esta semana, es el valor que Dios nos da a los seres humanos, a pesar de nuestro pecado. . . .  Y lo relativa que puede ser la aplicación de la Ley cuando la aplica alguien tan sabio como Jesucristo.  ¿Aprenderemos de él?

 

 

 

Dr. Carlos Enrique Espinosa Cifuentes, Ph.D.

carlosenriqueespinosa@yahoo.com.ar

www.enriqueespinosa.com
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Decano de Teología, Universidad Adventista de Chile (1994-1996)
Decano de Posgrado de Teología, U. Adventista del Plata, Argentina (1998-2001)
Decano de Teología, Adventist International Institute of Advanced Studies, AIIAS, Filipinas, (2002)
Profesor de Ciencias Sagradas, Instituto Superior “Populorum Progressio”, Argentina (2003)
Profesor Adjunto de Filosofía del Lenguaje, Universidad Nacional de Jujuy, Argentina (2003).

Profesor de Teología, Seminario Teológico Latinoamericano
Profesor de Filosofía, Seminario Mayor “Pbro. Pedro Ortiz de Zárate”, Argentina
Profesor de Lógica y Pensamiento Critico (E.M.D.E.I.)


 

El Doctor Carlos Enrique Espinosa, Ph. D., nos ha autorizado a publicar en nuestro

Centro de Escuela Sabática de Ministerios PM, sus comentarios

 

Nota Aclaratoria: A pesar de que el doctor Espinosa ya no es un pastor activo de la iglesia adventista, sus pensamientos y estudios teológicos expresados en Ministerios PM, a través de sus análisis de la lección de la escuela sabática, se ajusta a los principios teológicos expresados por nuestros pioneros adventistas y de la iglesia actual.  El doctor Espinosa sigue siendo un catedrático de filosofía y teología en la actualidad y miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, al cual el llama "Mi iglesia".  Si desea saber mas detalles acerca de la vida del doctor Espinosa, por favor diríjase personalmente a su e-mail arriba dado.  Las ideas expresadas por el doctor Espinosa no representan necesariamente el pensamiento de la junta de directores de Ministerios PM.  Ministerios PM se reserva el derecho de publicación.

 

 

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