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Los primeros dos capítulos del
Evangelio según San Marcos –y los primeros once versículos del
capítulo tres— contienen una rápida sucesión de milagros
realizados por Jesús. Son cinco milagros individuales y dos
narraciones de milagros colectivos. ¿Cuál es el propósito de
estos relatos puestos en serie? Está explícito al finalizar la
serie, en 3:11: “Y los espíritus inmundos, al verle, se
postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el
Hijo de Dios”.
Marcos nos dice desde el “principio”
de su Evangelio (1:1) que éste trata de “Jesucristo, Hijo de
Dios”. Es la idea dominante y el énfasis de Marcos: Jesús
es el Mesías, es decir el rey ungido –que eso significa
“hijo de Dios”. Pero Marcos destaca a Jesús como un Mesías
sufriente.
Los milagros realizados por Jesús
son señales de su mesianismo. Es decir, el propósito de
los milagros era identificar a Jesús como el Mesías. Y
el propósito de las narraciones de milagros
–particularmente en Marcos— es hacer conscientes a los lectores
de que Jesús es el Mesías: aún los demonios (1:24, cf. 3:11) y
los paganos (15:39) reconocen que Jesús es “hijo de Dios”.
Cuando leemos los Evangelios,
estamos atentos a lo que Jesús quiso enseñarnos por medio de sus
actos y de sus palabras, pero también estamos atentos a lo que
el autor y evangelista nos quiere decir mediante su manera
particular de narrar los lechos y palabras de Cristo.
¿Qué nos enseñan los milagros de
Jesús registrados por Marcos?
En general, los milagros son una
manifestación de la “buena noticia” de que el Mesías ha venido
al mundo y tiene gracia hacia los pecadores. Marcos es el
evangelista que más veces usa la palabra evangelio.
Desde el primer versículo (1:1) Marcos deja en evidencia que el
“evangelio” –la buena noticia— es el eje temático de su
versión de los hechos de Cristo. Los milagros que se concentran
en los tres primeros capítulos son la ilustración del
significado práctico del “evangelio”.
El primer milagro (1:21-28) destaca la buena
noticia de la autoridad y poder de Jesús sobre las fuerzas del
mal. Esta autoridad se manifestaba en su enseñanza (1:22), y
luego en el hecho de que los espíritus inmundos le obedecían
(1:27).
El segundo milagro destaca la buena
noticia del poder de Jesús sobre la enfermedad (1:29-31). Lo
importante del pasaje no es que Pedro tenía suegra, sino que
Jesús tiene poder para curar. Él se compadece de nuestras
dolencias. Se “acerca” a nosotros para hacerse cargo de
nuestros dolores y nos tiende su mano para “levantarnos”.
La declaración sumaria de Marcos
1:32-34 recapitula la actividad de Cristo de sanar a los
enfermos y de echar fuera a los demonios. “Cuando llegó la
noche, luego que el sol se puso” (1:32), cuando reinan las
tinieblas, el Sol de Justicia sigue reinando para sanar, y para
liberarnos de las tinieblas espirituales. La obra de Jesús es
restauradora y transformadora; en eso consiste la “buena
noticia”.
¿Para qué vino Jesús al mundo? La
respuesta a esta pregunta incluye varios aspectos, pero Marcos
destaca las palabras del propio Jesús: “Vamos a los lugares
vecinos para que predique también allí, porque para
esto he venido” (1:38). Jesús vino a predicar, a proclamar
la buena noticia, y esa proclamación no es solamente un acto
verbal sino que va acompañada de actos de poder y autoridad para
liberarnos de toda opresión: “Predicaba en las sinagogas . . . y
echaba fuera los demonios” (1:39).
El siguiente milagro (1:40-45)
muestra la buena noticia de la “misericordia” de Jesús hacia los
más afectados por el pecado –los leprosos— que eran alejados de
la sociedad debido a su condición. Jesús “extendió la mano y le
tocó” (1:41). El acto de tocar a los leprosos era contrario a
lo mandado en la Ley de Moisés (Núm. 5:1-4, cf. Lev. 13:45-46).
¡La buena noticia no consiste sólo en que Jesús puede sanar a un
leproso, sino en que se acerca a ellos y los toca aún antes de
que dejen de ser leprosos!
El cuarto milagro benefició a un
hombre paralítico que fue llevado hasta Jesús por sus amigos.
La buena noticia consiste en que Jesús puede interrumpir la
predicación de la palabra (Mar. 2:2) para prestar atención a un
infortunado. La buena noticia consiste en que las multitudes
de cristianos que nos impiden acercarnos a Jesús (2:4) no pueden
impedir que Cristo se acerque a nosotros. El evangelio
consiste en que Jesús perdona esos pecados nuestros que han
paralizado nuestra vida (2:5,10). El evangelio es, sin duda, la
buena noticia de algo “nunca visto” (2:12).
La buena noticia es que Jesús comía
“con los publicanos y con los pecadores” (2:16), que nuestros
pecados no son impedimento para que Jesús comparta íntimamente
con nosotros. Jesús no vino a llamar a los buenos sino a
los pecadores (2:17). Ese llamado, notémoslo bien, no es
el llamado al arrepentimiento sino el llamado a seguir a Jesús
para servirle en el ministerio (2:14-15). ¡El llamado al
servicio, sin condiciones previas, es lo que produce el
arrepentimiento! El arrepentimiento no es el requisito o
condición para ser aceptados; el arrepentimiento es el resultado
de ser aceptados a pesar de nuestros pecados. ¡Marcos sabía
esto muy bien, y por experiencia propia!
El milagro realizado en un día
sábado (Mar. 3:1-5) desenmascara la naturaleza del legalismo.
El legalista está preocupado de que la letra de la Ley no sea
violada, pero tiene un “corazón duro” (3:2,5). El evangelio no
es la proclamación de la vigencia del sábado como día sagrado,
sino la enseñanza de lo que Jesús hace en el sábado, a saber, el
“bien” y la “salvación de una vida” (3:4). El legalista pone su
atención en lo que se debe hacer o no se debe hacer en el día
santo. El legalista acecha a su prójimo para ver si infringe la
Ley y poder acusarlo. Jesucristo, por el contrario, está
preocupado por hacer el bien a favor del que sufre, está
preocupado por el enfermo, por el ser humano.
Jesucristo obraba estos milagros no
sólo para librarnos de la enfermedad y de los demonios, sino
también para librarnos de los prejuicios, del legalismo y de
la dureza de nuestros corazones, que quizá deberían ser más
temidos que los mismos demonios.
¿Permitiremos a Jesús operar estos
milagros, hoy, en cada uno de nosotros?
PREGUNTAS:
Algunas de estas preguntas pueden servir de
“disparadores” para generar una reflexión y discusión
interesante en su grupo de estudio:
1. ¿Qué
era lo que daba “autoridad” a la enseñanza de Jesús?
2. ¿Por
qué la gente que lo escuchaba quedaba impresionada con Jesús y
deseaban seguirlo?
3. ¿Qué
habrá impresionado a Marcos de los milagros que él narra?
4. ¿De
qué manera hoy podemos ser obstáculo, los miembros de la
iglesia, para que quienes lo necesitan se acerquen a Cristo?
5. ¿Por
qué razón hoy vemos menos milagros?
6. ¿Por
qué Cristo se atrevía a llamar a pecadores y publicanos para que
fueran sus discípulos y ministros?
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