CBA Marcos 3

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Comentario Bíblico Adventista

Libro de Marcos

Capítulo 3


Introducción 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16

Bosquejo


 

Biblias Paralelas

Cortesía de Ministerios PM

El Comentario Bíblico Adventista está basado en la versión Reina – Valera (revisión de 1960)

_________________

Vs.

Reina Valera 1960 (RVR60)

Reina Valera 1995 (RVR1995)

Nueva Versión Internacional (NVI)

La Biblia Lenguaje Sencillo (BLS)

La Biblia de las Américas (LBLA)

1

1 OTRA vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.

   1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía seca una mano.

   1En otra ocasión entró en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada.

   1 Jesús volvió a entrar en la sinagoga. Allí había un hombre que tenía una mano tullida.

   1Otra vez entró Jesús en una sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.

2

2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo* le sanaría, a fin de poder acusarle.

    2 Y lo acechaban para ver si lo sanaría en sábado, a fin de poder acusarlo.

   2Algunos que buscaban un motivo para acusar a Jesús no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba al enfermo en sábado.

    2 Los fariseos estaban vigilando a Jesús para ver si sanaba a ese hombre en día sábado, y poder así acusarlo de trabajar en ese día de descanso.

    2Y le observaban para ver si le sanaba en el día de reposo, para poder acusarle.

3

3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.

    3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: --Levántate y ponte en medio.

   3Entonces Jesús le dijo al hombre de la mano paralizada: --Ponte de pie frente a todos.

    3 Jesús le dijo al enfermo: "Levántate y ponte en medio de todos".

    3Y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte aquí en medio.

4

4 Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo* hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?  Pero ellos callaban.

    4 Y les preguntó: --¿Es lícito en los sábados hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?  Pero ellos callaban.

   4Luego dijo a los otros: --¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o matar? Pero ellos permanecieron callados.

    4 Luego, les preguntó a los que estaban allí: "¿Qué es correcto hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?" Pero nadie le contestó.

    4Entonces les dijo: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio.

5

5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

    5 Entonces, mirándolos con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: --Extiende tu mano. Él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

   5Jesús se les quedó mirando, enojado y entristecido por la dureza de su corazón, y le dijo al hombre: --Extiende la mano. La extendió, y la mano le quedó restablecida.

   5 Jesús miró con enojo a los que lo rodeaban y, al ver que eran muy tercos y no tenían amor, se puso muy triste. Entonces le dijo al enfermo: "Extiende la mano".

    5Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana.

6

6 Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.

    6 Salieron entonces los fariseos y se confabularon con los herodianos para destruirlo.

   6Tan pronto como salieron los fariseos, comenzaron a tramar con los herodianos cómo matar a Jesús.

    6 Los fariseos salieron de la sinagoga y en seguida se reunieron con los partidarios del rey Herodes; y juntos comenzaron a hacer planes para matar a Jesús.

    6Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los herodianos en contra de Jesús, para ver cómo podrían destruirle.

7

7 Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea,

   7  Pero Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y lo siguió gran multitud de Galilea. También de Judea,

   7Jesús se retiró al lago con sus discípulos, y mucha gente de Galilea lo siguió.

   7 -8 Jesús se fue con sus discípulos a la orilla del lago. Los seguía mucha gente que había oído hablar de las cosas que él hacía. Era gente de las regiones de Galilea y de Judea, de la ciudad de Jerusalén y de Idumea. Algunos venían también del otro lado del río Jordán, y de los alrededores de las ciudades de Tiro y de Sidón.

      7Jesús se retiró al mar con sus discípulos; y una gran multitud de Galilea le siguió; y también de Judea,

8

8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él.

    8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él.

   8Cuando se enteraron de todo lo que hacía, acudieron también a él muchos de Judea y Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de las regiones de Tiro y Sidón.

    8de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y Sidón; una gran multitud, que al oír todo lo que Jesús hacía, vino a El.

9

9 Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen.

    9 Entonces dijo a sus discípulos que le tuvieran siempre lista la barca, para evitar que la multitud lo oprimiera,

   9Entonces, para evitar que la gente lo atropellara, encargó a sus discípulos que le tuvieran preparada una pequeña barca;

    9 Como había tanta gente, Jesús les pidió a sus discípulos que prepararan una barca, para que la gente no lo apretujara.

    9Y dijo a sus discípulos que le tuvieran lista una barca por causa de la multitud, para que no le oprimieran;

10

10 Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. 

    10 pues, como había sanado a muchos, todos los que tenían plagas se echaban sobre él para tocarlo.

   10pues como había sanado a muchos, todos los que sufrían dolencias se abalanzaban sobre él para tocarlo.

    10 Aunque Jesús había sanado a muchos, todavía quedaba una gran cantidad de enfermos que lo rodeaba y que quería tocarlo para quedar sanos.

    10porque había sanado a muchos, de manera que todos los que tenían aflicciones se le echaban encima para tocarle.

11

11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

    11 Y los espíritus impuros, al verlo, se postraban delante de él y gritaban:    --¡Tú eres el Hijo de Dios!

   11Además, los espíritus malignos, al verlo, se postraban ante él, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!"

    11 Cuando los espíritus malos veían a Jesús, caían al suelo y gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios!"

    11Y siempre que los espíritus inmundos le veían, caían delante de El y gritaban, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

 

12

12 Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.

    12 Pero él los reprendía para que no lo descubrieran.

   12Pero él les ordenó terminantemente que no dijeran quién era él.

    12 Pero Jesús les advertía muy seriamente que no dijeran a la gente quién era él.

    12Y les advertía con insistencia que no revelaran su identidad.

13

13 Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él.

   13 Después subió al monte y llamó a sí a los que él quiso, y vinieron a él.

   13Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él.

   13 Después, Jesús invitó a algunos de sus seguidores para que subieran con él a un cerro. Cuando ya todos estaban juntos,

   13Y subió al monte, llamó a los que El quiso, y ellos vinieron a El.

14

14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,

    14 Designó entonces a doce para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar

   14Designó a doce --a quienes nombró apóstoles*--, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar

    14 eligió a doce de ellos para que lo acompañaran siempre y para enviarlos a anunciar las buenas noticias. A esos doce los llamó apóstoles

    14Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar,

15

15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios:

    15 y que tuvieran autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios:

   15y ejercer autoridad para expulsar demonios.

    15 y les dio poder para expulsar de la gente a los demonios.

    15y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios.

16

16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;

    16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro

   16Éstos son los doce que él nombró: Simón (a quien llamó Pedro)

    16 Estos son los doce que eligió: Simón, a quien llamó Pedro;

    16Designó a los doce: Simón (a quien puso por nombre Pedro),

17

17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno;

    17 a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan, hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, es decir, «Hijos del trueno»

   17Jacobo y su hermano Juan, hijos de Zebedeo (a quienes llamó Boanerges, que significa: Hijos del trueno);

    17 Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y a quienes llamó Boanerges, que quiere decir "hijos del trueno";

    17Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa, hijos del trueno);

18

18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista,

    18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo,Simón, el cananita,

   18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo, hijo de Alfeo; Tadeo, Simón el Zelote

    18 Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el patriota y

    18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananita;

19

19 y Judas Iscariote, el que le entrego. Y vinieron a casa.

    19 y Judas Iscariote, el que lo entregó. Volvieron a casa,

   19y Judas Iscariote, el que lo traicionó.

    19 Judas Iscariote, que después traicionó a Jesús.

    19y Judas Iscariote, el que también le entregó.

20

20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.

    20 y se juntó de nuevo tanta gente que ni siquiera podían comer pan.

   20Luego entró en una casa, y de nuevo se aglomeró tanta gente que ni siquiera podían comer él y sus discípulos.

   20 Después de esto Jesús regresó a la casa. Y era tanta la gente que volvió a reunirse, que ni él ni sus discípulos podían siquiera comer.

   20Jesús llegó a una casa, y la multitud se juntó de nuevo, a tal punto que ellos ni siquiera podían comer.

21

21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.

    21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderlo, porque decían: «Está fuera de sí».

   21Cuando se enteraron sus parientes, salieron a hacerse cargo de él, porque decían: "Está fuera de sí."

    21 Cuando los familiares de Jesús supieron lo que hacía, fueron para llevárselo, porque decían que se había vuelto loco.

    21Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de El, porque decían: Está fuera de sí.

22

22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

    22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

   22Los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén decían: "¡Está poseído por Beelzebú! Expulsa a los demonios por medio del príncipe de los demonios."

    22 Pero los maestros de la Ley que habían llegado de Jerusalén decían: "Este hombre tiene a Beelzebú, el jefe de los demonios. Sólo por el poder que Beelzebú le da, puede expulsarlos".

    22Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios.

23

23 Y habiéndoles llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?

    23 Y habiéndolos llamado, les hablaba en parábolas: --¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?

   23Entonces Jesús los llamó y les habló en parábolas: "¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

    23 Entonces Jesús los llamó y les puso este ejemplo: "¿Cómo puede Satanás expulsarse a sí mismo?

    23Y llamándolos junto a sí, les hablaba en parábolas: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

24

24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.

    24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer.

   24Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede mantenerse en pie.

    24 Si los habitantes de un país se pelean entre sí, el país acaba por destruirse.

    24Y si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar.

25

25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.

    25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.

   25Y si una familia está dividida contra sí misma, esa familia no puede mantenerse en pie.

    25 Si los miembros de una familia se pelean unos con otros, la familia también acabará por destruirse.

    25Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer.

26

26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.

    26 Y si Satanás se levanta contra sí mismo y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.

   26Igualmente, si Satanás se levanta contra sí mismo y se divide, no puede mantenerse en pie, sino que ha llegado su fin.

    26 Y si Satanás lucha contra sí mismo, acabará con su propio reino.

    26Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin.

27

27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.

    27 »Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no lo ata; solamente así podrá saquear su casa.

   27Ahora bien, nadie puede entrar en la casa de alguien fuerte y arrebatarle sus bienes a menos que primero lo ate. Sólo entonces podrá robar su casa.

    27 "Si alguien quiere robar todo lo que hay en la casa de un hombre fuerte, primero tiene que atar a ese hombre.

    27Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa.

28

28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;

    28 »De cierto os digo que todos los pecados y las blasfemias, cualesquiera que sean, les serán perdonados a los hijos de los hombres;

   28Les aseguro que todos los pecados y blasfemias se les perdonarán a todos por igual,

    28 "Les aseguro que Dios le perdonará a la gente cualquier pecado que haga, y todo lo malo que diga.

    28En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen,

29

29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.

    29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.

   29excepto a quien blasfeme contra el Espíritu Santo. Éste no tendrá perdón jamás; es culpable de un pecado eterno."

    29 Pero jamás perdonará a quien hable en contra del Espíritu Santo. ¡Eso nunca le será perdonado!"

    29pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno.

30

30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo.

    30 Es que ellos habían dicho: «Tiene espíritu impuro».

   30Es que ellos habían dicho: "Tiene un espíritu maligno."

    30 Jesús dijo esto porque los maestros de la Ley pensaban que él tenía un espíritu malo.

    30Porque decían: Tiene un espíritu inmundo.

31

31 Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle.

   31 Entre tanto, llegaron sus hermanos y su madre y, quedándose afuera, enviaron a llamarlo.

   31En eso llegaron la madre y los hermanos de Jesús. Se quedaron afuera y enviaron a alguien a llamarlo,

   31 -32 Mientras tanto, llegaron la madre y los hermanos de Jesús a la casa donde él estaba, pero prefirieron quedarse afuera y mandarlo llamar. La gente que estaba sentada alrededor de Jesús le dijo: --Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están allá afuera, y quieren hablar contigo.

      31Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron llamar.

32

32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan.

    32 Entonces la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo:    --Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.

   32pues había mucha gente sentada alrededor de él. --Mira, tu madre y tus hermanos* están afuera y te buscan --le dijeron.

    32Y había una multitud sentada alrededor de El, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.

33

33 El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

    33 Él les respondió diciendo: --¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

   33--¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? --replicó Jesús.

    33 Pero Jesús les preguntó: --¿Quiénes son en verdad mi madre y mis hermanos?

    33Respondiéndoles El, dijo: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

34

34 Y mirando a los que estaban sentados 578 alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

    34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: --Aquí están mi madre y mis hermanos,

   34Luego echó una mirada a los que estaban sentados alrededor de él y añadió: --Aquí tienen a mi madre y a mis hermanos.

    34 Luego miró a todos los que estaban sentados a su alrededor y dijo:--¡Estos son mi madre y mis hermanos!

    34Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo, a su alrededor, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

35 35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi Madre.    35 porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.   35Cualquiera que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre. 35 Porque, en verdad, cualquiera que obedece a Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre. 35Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

 

1960

Sociedades Bíblicas Unidas

1995 ©

Sociedades Bíblicas Unidas

1973, 1978, 1994 ©

International Bible Society

2000 © 

United Bible Societies

 

1986, 1995, 1997 ©

The Lockman Foundation

 

 

Comentarios

 


1.

Otra vez entró. [El hombre de la mano seca, Mar. 3: 1-6 = Mat. 12: 9-14 = Luc. 6 6-11.   Comentario principal: Marcos y Lucas. Ver mapa p. 208; acerca de los milagros, pp. 198-203.] Indudablemente este es el mismo sábado que se menciona en el cap. 2: 23. Se presenta aquí como otro caso en el cual los escribas y fariseos se opusieron al proceder de Jesús frente al sábado.

O "tenía la mano paralizada" (BJ). El tiempo del verbo griego sugiere que la parálisis de la mano se debía a un accidente o a los resultados de una enfermedad y no a un defecto congénito.


2.

Ver com. Luc. 6: 7. Es claro que aquí se trata de los fariseos (cf.  Mar. 3: 6).


4.

Gr. psujé (ver com.  Mat. 10: 28).

Su hosco silencio era una admisión de derrota. En sus encuentros anteriores con Jesús habían descubierto que nada podían ganar desafiándolo públicamente, pues siempre tenía éxito en volver contra ellos sus propios argumentos en una forma que revelaba la verdad y ponía de manifiesto ante la gente que la posición rabínica era insostenible.


5.

Frecuentemente, se dice que el único enojo que no implica pecado es el enojo contra el pecado.  Dios odia el pecado, pero ama al pecador. Los falibles mortales, con demasiada frecuencia cometen el error de aborrecer al pecador y amar el pecado. El enojo contra el mal por ser mal, sin malos deseos ni malos propósitos contra otros, ciertamente se puede considerar como un loable rasgo de carácter.

Sólo Marcos registra los sentimientos personales de Jesús. Estaba "entristecido" porque los dirigentes judíos usaban de su elevada investidura y de sus cargos para desfigurar el carácter y los requerimientos de Dios. Sin duda también estaba "entristecido" por los resultados que esto tendría sobre los mismos dirigentes y sobre los que seguían sus engañosas ideas. El texto griego implica que la reacción de enojo inicial de Jesús fue momentánea, pero que continuó su preocupación por esos hijos ignorantes de la verdad, alejados de su Padre celestial y que interpretaban mal su amor para ellos.


6.

O: "En cuanto salieron los fariseos" (BJ). Quizá podría inferirse por esto que los fariseos se retiraron de la sinagoga inmediatamente, aun antes de que terminara el servicio.

 Partido político judío que favorecía a la casa de Herodes (ver p. 56). Normalmente, los fariseos aborrecían a Herodes y a todo lo relacionado con él (ver. p. 42).  El hecho de que ahora buscaran la ayuda de sus enemigos declarados demuestra que estaban como fuera de sí por encontrar un medio de silenciar a Jesús (ver com.  Mat. 22: 16). Quizá los obstinados fariseos esperaban que Herodes estuviera dispuesto a encarcelar a Jesús como lo había hecho con Juan el Bautista unos pocos meses antes (ver com.  Mat. 4: 12; Luc. 3: 20).  Algunos han pensado que este episodio ocurrió en Séforis, la capital de Herodes, a unos 6 km al norte de Nazaret.


7.

[La popularidad de Jesús, Mar. 3:7-12 = Mat. 12:15-21. Comentario principal: Marcos.] El Evangelio de Marcos destaca, vez tras vez, que Jesús se trasladaba de un lugar a otro para rehuir una popularidad inconveniente o una oposición indebida (cap. 1: 45; 7: 24; etc.). Evidentemente, en este caso su retiro fue motivado por el deseo de evitar más conflictos con las autoridades religiosas y quizá también políticas. Por eso Marcos interrumpe su relato de la serie de episodios de conflicto a fin de comentar acerca de la creciente popularidad de Jesús, la cual, proporcionalmente, era acompañada por el creciente odio y la oposición de los dirigentes judíos (ver com.  Mat. 12: 15).

Parecería que la curación del hombre de la mano seca ocurrió en una ciudad del interior de Galilea, quizá Séforis (ver com. vers. 6).  Los relatos estrechamente paralelos de los autores de los sinópticos también implican que cuando Jesús se alejó del interior de Galilea, fue "al mar" de Galilea, quizá a las proximidades de la planicie de Genesaret, al sur de Capernaúm.  Sin duda, encontró una extensión costera, comparativamente aislada, lejos de las ciudades (ver com.  Luc. 5: 1).Gran multitud

Ver com.  Mat. 5: 1. Los tres autores de los sinópticos mencionan la gran multitud que entonces seguía a Jesús. Esta situación demostraba la necesidad de 579 una organización más eficiente y de más testigos que dedicaran todo su tiempo a responder a las demandas que las multitudes imponían a Jesús.  Es significativo que dos de los tres autores de los Evangelios llamen la atención a la "gran multitud" que seguía a Jesús y se aferraba a él, inmediatamente antes de la elección de los doce y del Sermón del Monte (ver com.  Mat. 5: 1; Luc. 6:17).


8.

Es decir, la tierra de Edom. La palabra "Idumea" sólo aparece aquí en el NT. Josefo (Antigüedades xiii. 9. 1) dice que Idumea fue conquistada por Juan Hircano más de un siglo antes del tiempo de Cristo, y su pueblo fue obligado a aceptar, por lo menos nominalmente, los ritos y las prácticas de la religión judía (ver p. 35).

Ver t. 1, p. 135; t. II, pp. 69-70; com. Gén. 10: 15. Sólo resalta la ausencia de Samaria en la enumeración que aquí se hace de los diversos distritos de Palestina y sus proximidades.


9.

Es decir, a su disposición para cualquier momento en que necesitara usarla.

Tan sólo Marcos registra este detalle de la narración evangélica. Parece que durante los meses restantes del ministerio en Galilea la barca que pidió Jesús siempre estuvo a mano para cuando la necesitara (cap. 4: 35-36; 6: 32; 8: 10, 13).  quizá la barca pertenecía a Pedro (Luc. 5: 3).

Por tercera vez en tres versículos consecutivos Marcos destaca la presencia de multitudes que seguían a Jesús doquiera fuera (vers. 7-8).


10.

Sn duda, los que estaban enfermos o poseídos por el demonio creían que había un poder mágico en ese acto (ver com. cap. 5: 23, 28).

Literalmente, "flagelos". Quizá estas "plagas" eran comparables con nuestras epidemias u otras enfermedades graves.

La gente no era hostil, sino que cada uno estaba ansioso de ser atendido.


11.

Ver com. cap. 1: 23.

El texto griego dice que "lo veían", "se postraban" y "gritaban".  El uso del pretérito imperfecto señala una acción continuada o repetida con frecuencias.

Algunos han sugerido la posibilidad de que los demonios deseaban de esa manera dar la impresión de que reconocían a Jesús como a su caudillo para que así se supusiera que él estaba asociado con ellos. De ser así, el rechazo por parte de Cristo del testimonio de ellos se hace más significativo.

Ver la Nota Adicional de Juan 1; com.  Luc. 1: 35; Juan 1: 1-3.


12.

Es decir, "fuertemente", "intensamente" o "estrictamente".

En este punto del relato Mateo registra, además, una cita profética del AT con respecto al ministerio de Jesús para las necesidades de la humanidad (ver com.  Mat. 12: 20).


13.

[Elección de los doce, Mar. 3: 13-19 = Luc. 6: 12-16. Comentario principal: Marcos.  Ver mapa p. 208; diagrama p. 221.] Evidentemente, estaba en la región montañosa al oeste del mar de Galilea (ver com. cap. 1: 45).  Dejando a sus seguidores para que pasaran la noche al pie de la montaña (DTG 259), Jesús mismo pasó la noche en oración en algún lugar aislado en las montañas (Luc. 6: 12). Quizá era a fines del verano del año 29 d. C. (ver com.  Mat. 5: 1).

Con frecuencia, Jesús dedicaba toda la noche a orar (DTG 388).  Por lo general tales casos, mencionados por los escritores de los Evangelios, precedían a momentos de decisión o de crisis en la vida o en el ministerio del Salvador (ver com. cap. 1: 35).  Procuraba meditar y orar al comienzo de su ministerio (ver com.  Mat. 4: 1).  Así también la oración señaló el comienzo de su ministerio en Galilea e inmediatamente antes de su primer viaje misionero por los pueblos y las aldeas de Galilea (ver com.  Mar. 1:35).  La noche que en esta ocasión pasó en oración fue antes de la ordenación de los doce, del Sermón del Monte y del comienzo del segundo viaje por Galilea.  Otra vez se menciona específicamente que oró en relación con la gran crisis de Galilea (Mat. 14: 22-23; cf.  Juan 6: 15, 66). Lo mismo aconteció en la transfiguración, cuando Jesús presentó a tres de sus discípulos el asunto de sus sufrimientos y de su muerte (Luc. 9: 28-31).  Dedicó a la oración la noche entera que siguió a la entrada triunfal (DTG 534). 1,a oración más extensa de Jesús que se haya registrado precedió a su entrada en el huerto de Getsemaní (Juan 17).  Y sólo pocas horas antes de su crucifixión, Jesús ofreció su más ferviente y agonizante oración en el huerto (Mat. 26: 36-44).

Había un grupo algo mayor de seguidores de entre los cuales fueron. elegidos los doce. 580

Ninguno de los doce fue elegido debido a su perfección, ya fuera de carácter o de capacidad.  Cristo eligió a hombres que estaban dispuestos a aprender y que podían hacerlo, cuyos caracteres podrían ser transformados. Cuando fueron llamados, todos tenían serios defectos. Pero, por la gracia de Cristo, esos defectos fueron eliminados (excepto en el caso de judas), y en su lugar Jesús plantó las preciosas semillas del carácter divino que germinaron, crecieron hasta madurar y más tarde produjeron el fruto de un carácter semejante al de Cristo (Gál. 5: 22-23).  Cristo toma a los hombres donde están, y si están dispuestos y son sumisos, los transforma de acuerde con la voluntad de él. Coloca a hombres y a mujeres en posiciones de responsabilidad, no porque los considere plenamente preparados para lo que de ellos demandan esas posiciones, sino porque, al leer sus corazones, discierne habilidades latentes que, bajo la dirección divina, pueden ser fomentadas y desarrolladas para la gloria de Dios y para el adelantamiento de su reino.

La elección no se basó tanto en el deseo de ellos como en el de él.  Posteriormente, recordó a los doce: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros" (Juan 15:16).

Cuando los convocó para que se encontraran con él, al amanecer (DTG 259; DMJ 9), en algún lugar en la ladera de alguna de las montañas que dominan las apacibles aguas de Galilea.


14.

"Instituyó" (BJ). Gr. poieÇ; literalmente, "hacer", en este c