
La cruz y la gran controversia

Para el 26 de Marzo del 2005

Pero la obra de la redención humana no es todo lo que ha de lograrse por la cruz. El amor de Dios se manifiesta al universo. El príncipe de este mundo es echado fuera. Las acusaciones que Satanás había presentado contra Dios son refutadas. El oprobio que había arrojado contra el Cielo queda para siempre eliminado. Los ángeles tanto como los hombres son atraídos al Redentor. "Yo, si fuere levantado de la tierra -dijo él- a todos traeré a mí mismo" (El Deseado de todas las gentes, p. 579).
La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la eternidad. En el Cristo glorificado, contemplarán al Cristo crucificado. Nunca olvidarán que Aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo, Aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en adorar, se humilló para levantar al hombre caído; que llevó la culpa y el oprobio del pecado, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la maldición de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del Calvario. El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Arbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y adoración del universo. Cuando las naciones de los salvos miren a su Redentor y vean la gloria eterna del Padre brillar en su rostro; cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y sepan que su reino no tendrá fin, entonces prorrumpirán en un cántico de júbilo: "¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su propia preciosísima sangre!" (El conflicto de los siglos, pp. 709, 710).
Domingo 20 de marzo: El conflicto cósmico
El mensaje proclamado por el ángel que volaba por en medio del cielo es el evangelio eterno, el mismo evangelio que fue declarado en el Edén, cuando Dios le dijo a la serpiente: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal" (Génesis 3:15). Esta constituye la primera promesa de un Salvador que saldría al campo de batalla para desafiar el poder de Satanás y prevalecer sobre él. Cristo vino a nuestro mundo para presentar el carácter de Dios tal como está representado en su santa ley, porque su ley es una copia de su carácter. Cristo era tanto la ley como el evangelio. El ángel que proclama el evangelio eterno proclama también la ley de Dios; porque el evangelio de salvación induce a los hombres a obedecer la ley mediante la cual sus caracteres son formados a la semejanza divina (Mensajes selectos, t. 2, pp. 121, 122).
Después del bautismo de Jesús en el río Jordán, el Espíritu lo llevó al desierto para ser tentado del diablo. Al salir del agua, se arrodilló en las riberas del Jordán y rogó al Eterno que le diera fuerzas para soportar el conflicto con el enemigo caído. Los cielos abiertos y una muestra de la gloria de Dios, atestiguaron de su carácter divino; la voz del Padre dio testimonio de la relación que los unía: "Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". Antes de que comenzara su misión, Cristo debía retirarse de las ruidosas escenas de la vida a un desolado desierto, con el expreso propósito de pasar la triple prueba de tentaciones en beneficio de aquellos a quienes había venido a redimir.
Satanás, quien una vez había recibido altos honores en el cielo, ambicionó tener los mismos honores que Dios había concedido a su Hijo. Envidioso de Cristo, se presentó ante los ángeles que lo honraban como querubín cubridor, diciéndoles que él no estaba recibiendo los. honores que su posición demandaba; que debía ser exaltado al mismo nivel de Cristo. Muchos ángeles simpatizaron con él, se unieron a él en su rebelión y cayeron junto con él de su santa y elevada condición. Finalmente, todos fueron expulsados del cielo (Confrontation, p. 9).
Lunes 21 de marzo: La Cruz y la derrota de Satanás
El gran plan de redención en la historia de este mundo, es una
re-i velación del Padre, no sólo para los seres humanos sino para los ángeles.
Por un lado se puede ver la obra de Satanás en degradar y arruinar la raza; por
el otro, la obra de Dios para recobrarla y elevarla mediante la gracia de
Cristo. Cada alma que desarrolla un carácter recto y vence el poder del maligno,
es un testimonio de la falsedad de los cargos satánicos contra el gobierno
divino. A través de las edades eternas, la exaltación de los redimidos será un
testimonio del amor y la misericordia de Dios. El apóstol Pablo lo declara con
estas hermosas palabras:
"Hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres" (1
Corintios 4:9). "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con
que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente
con Cristo... para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su
gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús". "Para que la multiforme
sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los
principados y potestades en los lugares celestiales" (Efesios 2:4-7; 3:10).
A través de las edades eternas, el ofensivo carácter del pecado será visto en lo que le costó al Padre y al Hijo; se verá en la humillación, sufrimiento y muerte del Hijo de Dios. Mediante la Cruz, los habitantes de los mundos no caídos han sido guardados de la apostasía, porque ella ha descubierto los engaños de Satanás y ha refutado sus reclamos. Y no sólo los que han sido lavados por la sangre de Cristo sino los santos ángeles son conmovidos por este acto sorprendente de dar su vida por los pecados del mundo. La actuación de Dios frente a la rebelión satánica queda justificada ante el universo; su justicia y su misericordia son vindicadas plenamente, y a través de toda la eternidad la rebelión no se levantará otra vez. Tales resultados fueron predichos por Cristo cuando declaró: " Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (S. Juan 12:31,32). "A todos atraeré a mí mismo"; no sólo a los seres humanos sino a los celestiales, porque en él "toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra" (Efesios 3:15) (Bible Training School, diciembre 1, 1907).
Pero el plan de redención tenía un propósito todavía más amplio y profundo que el de salvar al hombre. Cristo no vino a la tierra sólo por este motivo; no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo acatasen la ley de Dios, como debe ser acatada; sino que vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo. A este resultado de su gran sacrificio, a su influencia sobre los seres de otros mundos, así como sobre el hombre, se refirió el Salvador cuando poco antes de su crucifixión dijo: "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo". El acto de Cristo, de morir por la salvación del hombre, no sólo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás. Demostraría la perpetuidad de la, ley de Dios, y revelaría la naturaleza y las consecuencias del pecado.
Desde el principio, el gran conflicto giró en derredor de la ley de Dios. Satanás había procurado probar que Dios era injusto, que su ley era defectuosa, y que el bien del universo requería que fuese cambiada. Al atacar la ley, procuró derribar la autoridad de su Autor. En el curso del conflicto habría de demostrarse si los estatutos divinos era defectuosos y sujetos a cambio, o perfectos e inmutables...
El cielo notó las afrentas y las burlas que [Cristo] recibía, y supo que todo era instigado por Satanás... Observó la batalla entre la luz y las tinieblas a medida que se reñía con más ardor. Cuando Cristo exclamó en la cruz en su expirante agonía: "Consumado es" (S. Juan 19:30), un grito de triunfo resonó a través de todos los mundos, y a través del mismo cielo...
Satanás había revelado su verdadero carácter... El mismo hecho de que Cristo sufrió la pena de la transgresión del hombre es para todos los seres creados un poderoso argumento en prueba de que la ley es inmutable; que Dios es justo, misericordioso y abnegado; y que la justicia y la misericordia más infinitas se entrelazan en la administración de su gobierno (Reflejemos a Jesús, p. 42).
Martes 22 de marzo: La cruz y el sufrimiento humano (parte 1)
En esta vida podemos apenas empezar a comprender el tema maravilloso de la redención. Con nuestra inteligencia limitada podemos considerar con todo fervor la ignominia y la gloria, la vida y la muerte, la justicia y la misericordia que se tocan en la cruz; pero ni con la mayor tensión de nuestras facultades mentales llegamos a comprender todo su significado. La largura y anchura, la profundidad y la altura del amor redentor se comprenden tan sólo confusamente. El plan de la redención no se entenderá por completo ni siquiera cuando los rescatados vean como serán vistos ellos mismos y conozcan como serán conocidos; pero a través de las edades sin fin, nuevas verdades se desplegarán continuamente ante la mente admirada y deleitada...
La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la eternidad. En el Cristo glorificado contemplarán al Cristo crucificado. Nunca olvidarán que Aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo, Aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en adorar, se humilló para levantar al hombre caído; que llevó la culpa y el oprobio del pecando, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la' maldición de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del Calvario. El hecho de que el Hacedor de todos los ' mundos, el Arbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y adoración del universo. Cuando las naciones de los salvos miren a su Redentor y vean la gloria eterna del Padre brillar en su rostro; cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y Sepan que su reino no tendrá fin, entonces prorrumpirán en un cántico de júbilo: "¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha re^ dimido para Dios con su propia preciosísima sangre!" (La maravillosa gracia de Dios, p. 98).
"Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atreré a mí mismo". ¿Qué significa esto? En este pequeño mundo debía realizarse esa obra, pero todo el universo estaba interesado en ella. Y cada mundo que Dios ha creado, mira con expectativa para ver cómo terminará la batalla entre el Señor de luz y gloria y los poderes de las tinieblas. Es en esta tierra donde Satanás ha estado intentando con todo su poder encubrir el verdadero carácter de Dios para que el mundo no lo conozca; y bajo un disfraz de justicia aun trabaja con los profesos cristianos quienes, en lugar de representar el carácter de Jesús, muestran las características satánicas. En verdad no representan bien a mi Señor; no lo representan cada vez que dejan de mostrar misericordia; cada vez que dejan de mostrar humildad.
Satanás había instigado al ser humano a transgredir la ley de Dios para manchar, de esa manera, el carácter divino. Alguien debía venir a vindicar el carácter de Dios; por eso vino Cristo en representación del Padre, para realizar el plan de salvación de la raza humana. Todo el cielo está interesado en esta obra; todo el cielo quiere ver este maravilloso plan de redención llevado a su cumplimiento (1888 Materials, pp. 125, 126).
Miércoles 23 de marzo: La Cruz y el sufrimiento humano (parte 2)
¿Por qué se permitió que la gran controversia continuase a través de los siglos? ¿Por qué no se suprimió la existencia de Satanás al comienzo mismo de su rebelión? Para que el universo se convenciese de la justicia de Dios en su trato con el mal; para que el pecado recibiese condenación eterna. En el plan de salvación hay alturas y profundidades que la eternidad misma nunca puede agotar, maravillas que los ángeles desearían penetrar con la mirada. De todos los seres creados, sólo los redimidos han conocido por experiencia el conflicto real con el pecado; han trabajado con Cristo y, cosa que ni los ángeles podrían hacer, han participado de sus sufrimientos; ¿no tendrán acaso algún testimonio acerca de la ciencia de la redención, algo que sea de valor para los seres no caídos? (La maravillosa gracia de Dios, p. 373).
Cristo está tratando de elevar a todos aquellos que quieran ser elevados a un compañerismo consigo, para que podamos ser uno con él, como él es uno con el Padre. Nos permite llegar a relacionarnos con el sufrimiento y la calamidad a fin de sacarnos de nuestro egoísmo; trata de desarrollar en nosotros los atributos de su carácter: la compasión, la ternura y el amor (Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 320, 321).
La obra que consiste en podarnos y purificamos para el cielo, es una obra grande y nos costará mucho sufrimiento y prueba, porque nuestra voluntad no quiere sujetarse a la de Cristo. Debemos pasar por el horno de fuego hasta que éste haya consumido la escoria y seamos purificados y reflejemos la imagen divina. Los que siguen sus inclinaciones y se rigen por las apariencias no son buenos jueces de lo que Dios está haciendo. Están llenos de descontento. Ven fracaso donde hay en verdad triunfo, y gran pérdida donde hay ganancia; como Jacob, están listos para exclamar: "Contra mí son todas estas cosas" (Génesis 42:36), cuando las mismas cosas de las cuales se quejan obran para su propio bien.
Sin cruz no hay corona. ¿Cómo puede uno hacerse fuerte en el Señor sin pruebas? Para tener fuerza, debemos ejercitamos. Para tener fe energética, debemos estar colocados en circunstancias donde nuestra fe se ejercitará. Precisamente antes de su martirio, el apóstol Pablo exhortó así a Timoteo: "Sé participante de los trabajos del evangelio según la virtud de Dios" (2 Timoteo 1:8). Por medio de mucha tribulación es como hemos de entrar en, el reino de Dios. Nuestro Salvador fue probado de toda manera posible, y sin embargo triunfó continuamente en Dios. Es nuestro privilegio ser fuertes en la fortaleza de Dios en todas las circunstancias y gloriarnos en la cruz de Cristo (Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 481, 482).
Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no hubiera resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca hubiéramos sentido gozo, sino tan sólo habríamos experimentado los horrores de la oscuridad y las aflicciones de la desesperación. Por lo tanto, sólo la alabanza y la gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos participado de sus beneficios celestiales y recibido las bendiciones de su expiación sin par. Por lo tanto, es imposible que concibamos la degradada e impotente condición... de la cual nos ha levantado Cristo. Cuando sintamos los dolores, las aflicciones y los desamparos a que estamos sometidos, ningún pensamiento de murmuración deshonre a nuestro Redentor... No podemos establecer cuánto menos sufrimos de lo que merecen nuestros pecados (En los lugares celestiales, p. 36).
Jueves 24 de marzo: La cruz y el sufrimiento humano (parte 3)
No corresponde al hombre ser portador de pecados, y nunca conocerá el horror de la maldición del pecado que llevó el Salvador. Ningún dolor puede compararse de manera alguna con el dolor de Aquel sobre quien cayó la ira de Dios con fuerza abrumadora. La naturaleza humana sólo puede soportar hasta cierto límite la prueba y la aflicción; el hombre finito sólo puede llevar sobre sí una medida limitada de sufrimientos, y la naturaleza humana sucumbe. Pero la naturaleza de Cristo tenía una capacidad mayor para sufrir, pues lo humano existía dentro de la naturaleza divina, y así se creaba una capacidad para sufrir y soportar el resultado de los pecados de un mundo perdido. La agonía que sufrió Cristo amplía, profundiza y da un concepto más vasto del carácter del pecado y de la naturaleza del castigo que Dios hará descender sobre los que continúan en el pecado. "La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús" para el pecador arrepentido y creyente (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1078).
Cuando el Redentor consintió en tomar la copa de amargura a fin de salvar a los pecadores, su capacidad de sufrir fue la única limitación para sus sufrimientos... Al morir en nuestro favor, pagó un equivalente a nuestra deuda. Así quitó de Dios toda acusación de haber disminuido la culpabilidad del pecado. Él dice: Por virtud de mi unión con el Padre, mis sufrimientos y mi muerte me capacitan para pagar el castigo del pecado. Por mi muerte, se elimina una restricción de su amor. Su gracia puede actuar con eficacia ilimitada.
Cristo es nuestro Redentor. Es el Verbo que se hizo carne y
habitó entre nosotros. Es la fuente en la cual podemos ser lavados y limpiados
de toda impureza. Es el costoso sacrificio hecho por la reconciliación del
hombre. El universo celestial, los mundos no caídos, el mundo caído y la
confederación del mal no pueden decir que Dios podía hacer más por la salvación
del hombre de lo que ha hecho. Nunca puede sobrepujarse su dádiva (A fin de
conocerle, p. 71).