Notas de Elena White

Up Domingo 26 Lunes 27 Martes 28 Miércoles 29 Jueves 30 Viernes 31 Lección Juvenil Notas de Elena White Patriarcas y Profetas Auxiliar Maestro PowerPoint MPM Conflicto PPT Conflicto PDF Dr Carlos E Espinosa Dr Bruce Cameron Dr Ausberto Castro Dr Lester Bannett Michael Fracker Unión Australiana Pr Javier Velázquez Unión Italiana Brian Jones Bullón Introducción Pr Alejandro Bullón Dr Jonathan Gallagher


La provocación y la provisión

Para el 1 de Enero del 2005

Lección 1


 

Sábado 25 de diciembre

 

El plan que el Señor había hecho en consulta con su Hijo unigénito era que el hombre se mantuviera como un agente moral libre hasta que fuese probado. El ojo divino observaría toda su actuación, pero no obligaría al ser humano a servirle. Si el amor, la paciencia y la misericordia de Dios no lo llevaban al arrepentimiento y a vivir en concordancia con las leyes de su reino, el ser humano sería libre de elegir a quien servir y su actuación mostraría su elección. Si después de un suficiente tiempo de prueba continuaba dejando de lado sus leyes, mostraría que no era digno de pertenecer a la familia del cielo. Su castigo estaría en concordancia con la gravedad de su rebelión y desafío contra Dios. Pero la misericordia de Dios es tan grande que le da a cada uno toda oportunidad posible de arrepentirse y retornar a Cristo que es su única esperanza (Testimonies to Southern Africans, pp. 48, 49).    '

Dios creó a Adán y lo puso en el jardín del Edén diciéndole que si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal seguramente moriría. Pero Satanás se acercó a nuestros primeros padres en la forma de una serpiente y los engañó diciéndoles que si comían del fruto prohibido serían como dioses; ellos te creyeron y cedieron y así entró el pecado en el mundo.

Dios tenía poder para retener a Adán impidiéndole tocar el fruto prohibido; pero si lo hubiese hecho, Satanás hubiera tenido un asidero para acusar de arbitrario al gobierno de Dios. El hombre no hubiera sido un ser moral libre, sino una mera máquina (Review and Herald, junio 4, 1901).

El hombre fríe creado moralmente libre. Como los habitantes de todos los otros mundos, debe ser sometido a la prueba de la obediencia; pero nunca se le coloca en una situación en la cual se halle obligado a ceder al mal. No puede sobrevenirle tentación o prueba alguna que no sea capaz de resistir. Dios tomó medidas tales, que nunca tuvo el hombre que ser necesariamente derrotado en su conflicto con Satanás.

Satanás es el gran originador del pecado; pero esto no excusa a ningún hombre por pecar, porque él no puede forzar a los hombres a hacer el mal. Los tienta y les presenta el pecado como incitante y placentero, pero tiene que permitirles usar de su voluntad para decidir si cederán o no... El hombre es un ser moralmente libre para aceptar o rechazar (La fe por la cual vivo, p. 84).


 

Domingo 26 de diciembre: Amar a Dios

 

Nuestros primeros padres, a pesar de que fueron creados inocentes y santos, no fueron colocados fuera del alcance del pecado. Dios los hizo entes morales libres, capaces de apreciar y comprender la sabiduría y benevolencia de su carácter y la justicia de sus exigencias, y les dejó plena libertad para prestarle o negarle obediencia. Debían gozar de la comunión de Dios y de los santos ángeles; pero antes de darles seguridad eterna, era menester que su lealtad se pusiese a prueba. En el mismo principio de la existencia del hombre se le puso freno al egoísmo, la pasión fatal que motivó la caída de Satanás. El árbol del conocimiento, que estaba cerca del árbol de la vida, en el centro del huerto, había de probar la obediencia, la fe y el amor de nuestros primeros padres. Aunque se les permitía comer libremente del fruto de todo otro árbol del huerto, se les prohibía comer de éste, so pena de muerte. También iban a estar expuestos a las tentaciones de Satanás.;

pero si soportaban con éxito la prueba, serían colocados finalmente fuera del alcance de su poder, para gozar del perpetuo favor de Dios.

Dios puso al hombre bajo una ley, como condición indispensable para su propia existencia. Era súbdito del gobierno divino, y no puede existir gobierno sin ley. Dios pudo haber creado al hombre incapaz de violar su ley; pudo haber detenido la mano de Adán para que no tocara el fruto prohibido, pero en ese caso el hombre hubiese sido, no un ente moral libre, sino un mero autómata. Sin libre albedrío, su obediencia no habría sido voluntaria, sino forzada. No habría sido posible el desarrollo de su carácter. Semejante procedimiento habría sido contrario al plan que Dios seguía en su relación con los habitantes de los otros mundos. Hubiese sido indigno del hombre como ser inteligente, y hubiese dado base a las acusaciones de Satanás, de que el gobierno de Dios era arbitrario.

Dios hizo al hombre recto; le dio nobles rasgos de carácter, sin inclinación hacia lo malo. Le dotó de elevadas cualidades intelectuales, y le presentó los más fuertes atractivos posibles para inducirle a ser constante en su lealtad. La obediencia, perfecta y perpetua, era la condición para la felicidad eterna. Cumpliendo esta condición, tendría acceso al árbol de la vida (Patriarcas y profetas, pp. 29-31).


 

Lunes 27 de diciembre: La deserción de Satanás

 

El orgullo de su propia gloria le hizo desear la supremacía. Lucifer no apreció como don de su Creador los altos honores que Dios le había conferido, y no sintió gratitud alguna. Se glorificaba de su belleza y elevación, y aspiraba a ser igual a Dios. Era amado y reverenciado por la hueste celestial. Los ángeles se deleitaban en ejecutar sus órdenes, y estaba revestido de sabiduría y gloria sobre todos ellos. Sin embargo, el Hijo de Dios era el Soberano reconocido del cielo, y gozaba de la misma autoridad y poder que el Padre. Cristo tomaba parte en todos los consejos de Dios, mientras que a Lucifer no le era permitido entrar así en los designios  divinos. Y este ángel poderoso se preguntaba por qué había de tener Cristo la supremacía y recibir más honra que él mismo.

Abandonando el lugar que ocupaba en la presencia inmediata del Padre, Lucifer salió a difundir el espíritu de descontento entre los ángeles. Obrando con misterioso sigilo y encubriendo durante algún tiempo ^sus verdaderos fines bajo una apariencia de respeto hacia Dios, se esforzó en despertar el descontento respecto a las leyes que gobernaban á los seres divinos, insinuando que ellas imponían restricciones innecesarias. Insistía en que siendo dotados de una naturaleza santa, los ángeles debían obedecer los dictados de su propia voluntad. Procuró ganarse la simpatía de ellos haciéndoles creer que Dios había obrado injustamente con él, concediendo a Cristo honor supremo. Dio a entender que al aspirar a mayor poder y honor, no trataba de exaltarse a sí mismo sino de asegurar libertad para todos los habitantes del cielo, a fin de que pudiesen así alcanzar a un nivel superior de existencia.

En su gran misericordia, Dios soportó por largo tiempo a Lucifer. Éste no fue expulsado inmediatamente de su elevado puesto, cuando se dejó arrastrar por primera vez por el espíritu de descontento, ni tampoco cuando empezó a presentar sus falsos asertos a los ángeles leales. Fue retenido aún por mucho tiempo en el cielo. Varias y repetidas veces se le ofreció el perdón con tal de que se arrepintiese y se sometiese. Para convencerle de su error se hicieron esfuerzos de que sólo el amor y la sabiduría infinitos eran capaces. Hasta entonces no se había conocido el espíritu de descontento en el cielo. El mismo Lucifer no veía en un principio hasta dónde le llevaría este espíritu; no comprendía la verdadera naturaleza de sus sentimientos. Pero cuando se demostró que su descontento no tenía motivo, Lucifer se convenció de que no tenía razón, que lo que Dios pedía era justo, y que debía reconocerlo ante todo el cielo. De haberlo hecho así, se habría salvado a sí mismo y a muchos ángeles. En ese entonces no había él negado aún toda obediencia a Dios. Aunque había abandonado su puesto de querubín cubridor, habría sido no obstante restablecido en su oficio si, reconociendo la sabiduría del Creador, hubiese estado dispuesto a volver a Dios y si se hubiese contentado con ocupar el lugar que le correspondía en el plan de Dios. Pero el orgullo le impidió someterse. Se empeñó en defender su proceder insistiendo en que no necesitaba arrepentirse, y se entregó de lleno al gran conflicto con su Hacedor (El conflicto de los siglos, pp. 549, 550).

Dios permitió en su sabiduría que Satanás prosiguiese su obra hasta que el espíritu de desafecto se convirtiese en activa rebeldía. Era necesario que sus planes se desarrollaran por completo para que su naturaleza y sus tendencias quedaran a la vista de todos. Lucifer, como querubín ungido, había sido grandemente exaltado; era muy amado de los seres celestiales y ejercía poderosa influencia sobre ellos. El gobierno de Dios no incluía sólo a los habitantes del cielo sino también a los de todos los mundos que él había creado; y Satanás pensó que si podía arrastrar a los ángeles del cielo en su rebeldía, podría también arrastrar a los habitantes de los demás mundos. Había presentado arteramente su manera de ver la cuestión, valiéndose de sofismas y fraude para conseguir sus fines. Tenía gran poder para engañar, y al usar su disfraz de mentira había obtenido una ventaja. Ni aun los ángeles leales podían discernir plenamente su carácter ni ver adonde conducía su obra (El conflicto de los siglos, p. 551).


 

Martes 28 de diciembre: El exilio de Satanás a esta tierra

 

En medio del huerto, cerca del árbol de la vida, se alzaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, destinado especialmente por Dios para ser una prenda de la obediencia, la fe y el amor de Adán y Eva hacia él. Refiriéndose a este árbol, el Señor ordenó a nuestros primeros padres que no comieran de él, ni lo tocaran, porque si lo hacían morirían. Les dijo que podían comer libremente de todos los árboles del huerto, menos de éste, porque si comían de él seguramente morirían.

Cuando Adán y Eva fueron instalados en el hermoso huerto, tenían todo cuanto podían desear para su felicidad. Pero Dios, para cumplir sus omniscientes designios, quiso probar su lealtad antes que pudieran ser considerados eternamente fuera de peligro. Habían de disfrutar de su favor, y él conversaría con ellos, y ellos con él. Sin embargo, no puso el mal fuera de su alcance. Permitió que Satanás los tentara. Si soportaban la prueba gozarían del perpetuo favor de Dios y de los ángeles del cielo.

Satanás quedó sorprendido con su nueva condición. Su felicidad se había disipado. Contempló a los ángeles que como él habían sido tan felices, pero que habían sido expulsados del cielo con él. Antes de su caída ni una sombra de descontento había malogrado su perfecta felicidad. Ahora todo parecía haber cambiado. Los rostros que habían reflejado la imagen de su Hacedor manifestaban ahora melancolía y desesperación. Entre ellos había continua discordia y acerbas recriminaciones. Antes de su rebelión estas cosas eran desconocidas en el cielo. Satanás consideró entonces las terribles consecuencias de su rebelión. Se estremeció, y tuvo miedo de enfrentar el futuro y vislumbrar el fin de todas estas cosas.

Había llegado la hora de entonar felices cantos de alabanza a Dios y a su amado Hijo. Satanás había dirigido el coro celestial. Había dado la nota; luego toda la hueste angélica se había unido a él, y entonces en todo el cielo habían resonado acordes gloriosos en honor de Dios y su amado Hijo. Pero ahora, en vez de esos dulcísimos acordes, palabras de ira y discordia resonaban en los oídos del gran rebelde. ¿Dónde está él? ¿No es acaso todo esto un horrible sueño? ¿Fue expulsado del cielo? ¿Nunca más se abrirán sus puertas para permitirle entrar? Se acerca la hora de la adoración, cuando los santos y resplandecientes ángeles se postran delante del Padre. Nunca más se unirá al cántico celestial. Nunca más se inclinará, reverente y con santo temor ante la presencia del Dios eterno.

Si pudiera volver a ser como cuando era puro, fiel y leal, de buena gana abandonaría sus pretensiones de autoridad. ¡Pero estaba perdido, más allá de toda redención, gracias a su presuntuosa rebelión! Y eso no era todo; había inducido a otros a rebelarse y los había arrastrado a su propia condición; a ángeles que nunca habían pensado poner en tela de juicio la voluntad del Cielo o dejar de obedecer la ley de Dios hasta que él introdujo esas ideas en sus mentes al presentarles la posibilidad de disfrutar de mayores bienes, y de una libertad más elevada y gloriosa. Por medio de ese sofisma los engañó. Descansaba entonces sobre él una responsabilidad de la que le hubiera gustado liberarse.

Como sus esperanzas habían sido destruidas, esos espíritus se volvieron turbulentos. En lugar de gozar de mayores bienes, estaban experimentando los tristes resultados de la desobediencia y la falta de respeto por la ley. Nunca más podrían estar esos seres infelices bajo la influencia de la tierna dirección de Jesucristo. Nunca más podrían esos espíritus ser conmovidos por el profundo y fervoroso amor, por la paz y la alegría que su presencia siempre les había inspirado, para devolvérselos en gozosa obediencia y reverente honor (La historia de la redención, pp. 24-26).


 

Miércoles 29 de diciembre: "¿Ayecah?"

 

Vistiendo su divinidad con humanidad. Cristo vino a este mundo a buscar y salvar lo que se había perdido. En cada uno de sus actos y palabras mostró su abnegada motivación; una motivación basada únicamente en el amor por esta raza; un amor que nunca ha sido ni será sobrepasado. Vino para mostrar lo que los seres humanos pueden llegar a ser si unen su debilidad a la fortaleza de Cristo.

Satanás había declarado a su sinagoga que el ser humano no podía guardar los mandamientos de Dios, pero una sola alma que se salvase probaría la falsedad de su declaración. Una sola alma redimida demostraría la justicia de la ley divina. Cristo vino a esta tierra y por una vida de obediencia mostró que el ser humano puede obedecer. Quitó la culpa que pendía sobre el pecador, y para que éste pudiera vestir el manto de justicia ante Dios, él mismo vistió el manto de sufrimiento.

En el cielo, Satanás había odiado a Cristo por su posición en las cortes celestiales. Lo odió aun más cuando fue destronado, y lo continuó odiando cuando Cristo se comprometió a redimir a la raza pecadora. Desde el pesebre hasta la cruz trató de controlarlo y perseguirlo. Llenó de odio el corazón de sacerdotes y gobernantes hasta que lograron llevarlo a juicio ante Pilato y enfrentarlo a una multitud llena de una violencia que sólo Satanás puede inspirar; Sus agentes, encubiertos bajo los mantos de sacerdotes y gobernantes, se unieron a los más degradados entre la multitud para lograr quitar la vida al Hijo de Dios. ¡Cómo pudieron hundirse en tales profundidades de maldad los seres que él mismo había creado y a quienes había venido a ^salvar dejando las cortes celestiales! ¡Cómo pudieron personificar al mismo Satanás para pelear contra él!                         

Al detenernos ante la cruz podemos comprender el costo de núestra redención. Con el corazón quebrantado el Santo sufriente eleva sus ojos al cielo y clama: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Su corazón se había quebrantado con el pensamiento de la culpa que caería sobre aquellos que lo condenaban; se había quebrantado por la ingratitud que mostraban hacia él, y por el peso del pecado que estaba sobrellevando por ellos. Ningún corazón sino el suyo podía soportar tal carga. Y aun en medio de su agonía, su corazón y sus labios pudieron elevar una hermosa oración, diciendo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".

Los ángeles del cielo simpatizaron con su amado Comandante. Prestamente hubieran roto filas para ir en su auxilio, pero no era el plan de Dios. Nuestro Salvador debía pisar solo el lagar y nadie podía asistirlo.

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamado hijos de Dios". "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 3:1; 4:10) (The Bible Training School, julio 1, 1916).


 

Jueves 30 de diciembre: Se anuncia la intervención de Dios y el Evangelio

 

Tanto Adán como Eva comieron del fruto y obtuvieron un conocimiento que, si hubiesen obedecido a Dios, nunca habrían tenido —una experiencia en la desobediencia y deslealtad a Dios— el conocer que estaban desnudos. Desapareció el ropaje de inocencia, una cobertura proveniente de Dios que los rodeaba. Ellos sustituyeron esa vestimenta celestial cosiendo delantales de hojas de higuera.

Esta es la cobertura que han usado los transgresores de la ley de Dios desde los días de la desobediencia de Adán y Eva. Han cosido hojas de higuera para cubrir su desnudez causada por la transgresión. Las hojas de higuera representan los argumentos usados para cubrir la desobediencia. Cuando el Señor llama la atención de hombres y mujeres a la verdad, comienza la confección de delantales de hojas de higuera para ocultar la desnudez del alma (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1098).

Satanás sedujo a Adán y Eva con su mente malvada y los llevó a transgredir la ley de Dios. El pecado cubrió de tinieblas la tierra y de oscuridad los pueblos. Pero Dios envió la verdad a nuestro mundo con gloria, belleza y perfección inmaculadas, y la puso en contraste con el error. Ni los hombres ni los demonios podían descubrir una leve mancha en el carácter de Cristo; pero la revelación de la verdadera Luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, estableció tal contraste con las tinieblas, que los hombres no quisieron recibir la luz. El corazón camal tiene enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede. Por eso el mundo no le conoció...

El Señor había dicho: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer" (Génesis 3:15). Pero esa enemistad no se produce naturalmente. Tan pronto como Adán pecó se puso en armonía con el gran apóstata y en guerra contra Dios. Y si Dios no hubiera intervenido en beneficio del ser humano, éste hubiese formado una confederación con Satanás en contra del cielo y del Dios de los ejércitos. No hay enemistad natural entre los ángeles malignos y los hombres perversos; ambos son malos debido a la transgresión de la ley de Dios, y el mal siempre se coligará contra el bien. Los hombres y los ángeles caídos entran en una relación desesperada.

La profecía que revelaba una enemistad entre la serpiente y la simiente de la mujer fue la primera señal para Satanás de que Dios proveería un camino de salvación para la raza caída. Él había calculado que podía inducir a los seres humanos a aliarse con él como lo había hecho con los ángeles, para formar una confederación que hiciese guerra contra el cielo y destronara al Señor de los ejércitos (Signs of the Times, julio 11, 1895).


 

Viernes 31 de diciembre: Para estudiar y meditar

Patriarcas y profetas, pp. 11-23.

 

 

[Acerca de Nosotros]  [Centro Internacional de la Escuela Sabática]  [Ministerios de Iglesia][Ministerio de la Salud] [Ministerio de la Palabra]  [Ministerio Profético] [ Ministerios Apologético] [Ministerios de Música]  [Ministerios Audio-Visual [Centro White MPM]  [Centro de investigación]  [Centro de Noticias MPM] [Historia IASD]  [Iglesias ASD en la Red]  [Escríbenos]  [Conozca a Marissa]  [Conozca al Dr. Martínez]  [Foto-Album  Familia Martínez]   [Home]

 

Usted es el Visitante FastCounter by LinkExchange