


Para el 29 de Enero del 2005
Los hechos de los apóstoles, pp. 296, 447-450
Pablo no se olvidaba de las iglesias que había establecido. 296 Después de hacer una jira misionera, él y Bernabé volvieron sobre sus pasos y visitaron las iglesias que habían levantado, escogiendo de entre sus miembros hombres a quienes podían preparar para que se les unieran en la proclamación del Evangelio.
Este rasgo de la obra de Pablo contiene una importante lección para los ministros hoy día. El apóstol hizo de la enseñanza de jóvenes para el oficio de ministros una parte de su obra. Los llevaba consigo en sus viajes misioneros, y así adquirían la experiencia necesaria para ocupar más tarde cargos de responsabilidad. Mientras estaba separado de ellos, se mantenía al tanto de su obra, y sus epístolas a Timoteo y Tito demuestran cuán vivamente anhelaba que obtuviesen éxito.
Los obreros de experiencia hacen hoy una noble obra cuando, en lugar de tratar de llevar todas las cargas ellos mismos, adiestran obreros más jóvenes y colocan cargas sobre sus hombros.
Nunca olvidaba Pablo la responsabilidad que descansaba sobre él como ministro de Cristo; ni que si las almas se perdían por su infidelidad, Dios lo tendría por responsable. "Soy hecho ministro -declaró,- según la dispensación de Dios que me fue dada en orden a vosotros, para que cumpla la palabra de Dios; a saber, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, mas ahora ha sido manifestado a sus santos: a los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria: el cual nosotros anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos a todo hombre perfecto en Cristo Jesús: en lo cual aun trabajo, combatiendo según la operación de él, la cual obra en mí poderosamente." (Col. 1: 25-29.)
Estas palabras presentan al obrero de Cristo una norma elevada, que puede ser alcanzada, sin embargo, por todos los que, poniéndose bajo la dirección del gran Maestro, aprenden diariamente en la escuela de Cristo....
El apóstol Pablo escribió: "Porque la voluntad de Dios es 447 vuestra santificación." (1 Tes. 4: 3.) La santificación de la iglesia es el propósito de Dios en todo su trato con su pueblo. Lo escogió desde la eternidad, para que fuese santo. Dio a su Hijo para que muriese por él, a fin de que fuese santificado por medio de la obediencia a la verdad, despojándose de todas las pequeñeces del yo. Requiere de él una obra personal, una entrega individual, Dios puede ser honrado por los que profesan creer en él únicamente cuando se asemejan a su imagen y son dirigidos por su Espíritu. Entonces, como testigos del Salvador, pueden dar a conocer lo que ha hecho la gracia divina por ellos.
La verdadera santificación es consecuencia del desarrollo del principio del amor. "Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él." (1 Juan 4: 16.) La vida de aquel en cuyo corazón habita Cristo revelará una piedad práctica. El carácter será purificado, elevado, ennoblecido y glorificado. Una doctrina pura acompañará las obras de justicia; y los preceptos celestiales a las costumbres santas.
Los que quieren alcanzar la bendición de la santidad deben aprender primero el significado de la abnegación. La cruz de Cristo es la columna central sobre la cual descansa el "sobremanera alto y eterno peso de gloria." "Si alguno quiere venir en pos de mí -dijo Cristo- niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame." (2 Cor. 4: 17; Mat. 16: 24.) Es la fragancia del amor para con nuestros semejantes lo que revela nuestro amor para con Dios. Es la paciencia en el servicio lo que otorga descanso al alma. Es mediante el trabajo humilde, diligente y fiel cómo se promueve el bienestar de Israel. Dios sostiene y fortalece al que desea seguir en la senda de Cristo.
La santificación no es obra de un momento, una hora, o un día, sino de toda la vida. No se la consigue por medio de un feliz arranque de los sentimientos, sino que es el resultado de morir constantemente al pecado y vivir cada día para Cristo. No pueden corregirse los males ni producirse reformas en el carácter por medio de esfuerzos débiles e intermitentes. Solamente 448 venceremos mediante un prolongado y perseverante trabajo, penosa disciplina y duro conflicto. No sabemos en el día actual cuán intenso será nuestro conflicto en el siguiente. Mientras reine Satanás, tendremos que dominarnos a nosotros mismos y vencer los pecados que nos rodean; mientras dure la vida, no habrá un momento de descanso, un lugar al cual podamos llegar y decir: Alcancé plenamente el blanco. La santificación es el resultado de la obediencia prestada durante toda la vida.
Ningún apóstol o profeta pretendió haber vivido sin pecado. Hombres que han vivido lo más cerca de Dios, hombres que sacrificaron sus vidas antes de cometer a sabiendas un acto pecaminoso, hombres a quienes Dios honró con luz divina y poder, confesaron su naturaleza pecaminosa. No pusieron su confianza en la carne, no pretendieron poseer una justicia propia, sino que confiaron completamente en la justicia de Cristo.
Así debe ser con todos los que contemplan a Jesús. Cuanto más nos acerquemos a él y cuanto más claramente discernamos la pureza de su carácter, tanto más claramente veremos la extraordinaria gravedad del pecado y tanto menos nos sentiremos tentados a exaltarnos a nosotros mismos. Habrá un continuo esfuerzo del alma para acercarse a Dios; una constante, ferviente y dolorosa confesión del pecado y una humillación del corazón ante él. En cada paso de avance que demos en la experiencia cristiana, nuestro arrepentimiento será más profundo. Conoceremos que la suficiencia solamente se encuentra en Cristo, y haremos la confesión del apóstol: "Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien." "Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo." (Rom. 7: 18; Gál. 6: 14.)
Escriban los ángeles la historia de las santas contiendas y conflictos del pueblo de Dios y registren sus oraciones y lágrimas; pero no sea Dios deshonrado por la declaración hecha por 449 labios humanos: No tengo pecado; soy santo. Nunca pronunciarán los labios santificados tan presuntuosas palabras.
El apóstol Pablo fue arrebatado al tercer cielo, y vio y oyó cosas que no podían referirse, y aun así su modesta declaración es: "No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo." (Fil. 3: 12.) Podían ángeles del cielo registrar las victorias de Pablo mientras proseguía la buena carrera de la fe. Podía el cielo regocijarse en su resuelto andar ascendente, mientras él, teniendo el galardón a la vista, consideraba todas las otras cosas como basura. Los ángeles se regocijaban al contar sus triunfos, pero Pablo no se jactaba de sus victorias. La actitud de ese apóstol es la que debe asumir cada discípulo de Cristo que anhele progresar en la lucha por la corona inmortal.
Miren en el espejo de la ley de Dios los que se sienten inclinados a hacer una elevada profesión de santidad. Cuando vean la amplitud de sus exigencias y comprendan cómo ella discierne los pensamientos e intentos del corazón, no se jactaran de su impecabilidad. "Si dijéremos - dice Juan, sin separarse de sus hermanos- que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros." "Si dijéramos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no, está en nosotros." "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad." (1 Juan 1: 8, 10, 9.)
Hay quienes profesan santidad, quienes declaran que están completamente con el Señor, quienes pretenden tener derecho a las promesas de Dios, mientras rehusan prestar obediencia a sus mandamientos. Dichos transgresores de la ley quieren recibir todas las cosas que fueron prometidas a los hijos de Dios; pero eso es presunción de su parte, por cuanto Juan nos dice que el verdadero amor a Dios será revelado mediante la obediencia a todos sus mandamientos. No basta creer la teoría de la verdad, hacer una profesión de fe en Cristo, creer que Jesús no es un impostor, y que la religión de la Biblia no es una 450 fábula por arte compuesta. "El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos -escribió Juan-, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él, mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él." "El que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él." (1 Juan 2: 4, 5; 3: 24.)
Juan no enseñó que la salvación puede ser ganada por la obediencia; sino que la obediencia es el fruto de la fe y del amor. "Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados -dijo,- y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido." (1 Juan 3: 5, 6.) Si permanecemos en Cristo, si el amor de Dios habita en el corazón, nuestros sentimientos, pensamientos y acciones estarán de acuerdo con la voluntad de Dios. El corazón santificado está en armonía con los preceptos de su ley.
Muchos son los que, aunque se esfuerzan por obedecer los mandamientos de Dios, tienen poca paz y alegría. Esa falta en su experiencia es el resultado de no ejercer fe. Caminan como si estuvieran en una tierra salitroso, o en un desierto reseco. Demandan poco, cuando podrían pedir mucho, por cuanto no tienen límite las promesas de Dios. Los tales no representan correctamente la santificación que viene mediante la obediencia a la verdad. El Señor desea que todos sus hijos sean felices, llenos de paz y obedientes. Mediante el ejercicio de la fe el creyente llega a poseer esas bendiciones. Mediante ella puede ser suplida cada deficiencia del carácter, cada contaminación purificada, cada falta corregida, cada excelencia desarrollada.
La oración es el medio ordenado por el cielo para tener éxito en
el conflicto con el pecado y desarrollar el carácter cristiano. Las influencias
divinas que vienen en respuesta a la oración de fe, efectuarán en el alma del
suplicante todo lo que pide. Podemos pedir perdón del pecado, el Espíritu Santo,
un temperamento semejante al de Cristo, sabiduría y poder para realizar 451 su
obra, o cualquier otro don que él ha prometido; y la promesa es: "Se os dará."
El Deseado de Todas las Gentes
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El Deseado de todas las gentes, pp. 501-505 |
El Deseado de todas las gentes, 599, 600 |
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EL TIEMPO de la Pascua se estaba
acercando, y de nuevo Jesús se dirigió hacia Jerusalén. Su corazón
tenía la paz de la perfecta unidad con la voluntad del Padre, y con
paso ansioso avanzaba hacia el lugar del
Otra vez Jesús llamó a sí a los
doce, y con mayor claridad que nunca les
¿No habían proclamado poco antes
por doquiera: "¿El reino de los cielos
Juan, hijo de Zebedeo, había sido
uno de los dos primeros 502 discípulos que siguieran a Jesús. El y
su hermano Santiago habían estado entre el primer grupo que había
dejado todo por servirle. Alegremente habían abandonado su familia y
sus amigos para poder estar con él; habían caminado y conversado con
él; habían estado con él en el retiro del
La madre de ellos era discípula de
Cristo y le había servido
La madre y sus hijos vinieron a
Jesús para pedirle que les otorgara algo "¿Qué queréis que os haga?" preguntó él. La madre pidió: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu mano derecha, y el otro a tu izquierda, en tu reino."
Jesús los trató con ternura y no
censuró su egoísmo por buscar
"A la verdad mi vaso beberéis, y
del bautismo de que yo soy bautizado,
"Mas el sentaros a mi mano derecha
y a mi izquierda --continuó Jesús,-- no es mío darlo, sino a
aquellos para quienes está aparejado de mi
Largo tiempo después, cuando se
había unido en simpatía con Cristo por la participación de sus
sufrimientos, el Señor le reveló a Juan cuál es
El que estará más cerca de Cristo
será el que en la tierra haya bebido
Cuando los diez se enteraron de la
petición de Santiago y Juan, se
En los reinos del mundo, la
posición significaba engrandecimiento
"El hijo del hombre no vino para
ser servido, sino para servir, y para
Las palabras de Pablo revelan la
verdadera dignidad y honra de la vida
En asuntos de conciencia, el alma
debe ser dejada libre. Ninguno debe
Los principios y las palabras
mismas de la enseñanza del Salvador, en su divina hermosura,
permanecieron en la memoria del discípulo amado. En sus últimos
días, el pensamiento central del testimonio de Juan a las
Tal era el espíritu que animaba a
la iglesia primitiva. Después del |
Cristo sabía que para él había llegado el tiempo de
partir del mundo e
Sabía que sería abandonado en la hora de su entrega.
Sabía que se le
Si hubiesen estado preparados para recibir lo que
anhelaba impartirles,
"Hubo entre ellos una contienda, quién de ellos
parecía ser el mayor."
Se había levantado otra causa de disensión. Era
costumbre, en ocasión de una fiesta, que un criado lavase los pies
de los huéspedes, y en esa
¿Cómo iba Cristo a llevar a estas pobres almas adonde
Satanás no pudiese ganar sobre ellas una victoria decisiva? ¿Cómo
podría mostrarles que el mero profesar ser discípulos no los hacía
discípulos, ni les aseguraba un lugar en su reino? ¿Cómo podría
mostrarles que es el servicio amante
Los discípulos no hacían ningún ademán de servirse
unos a otros. Jesús
Así expresó Cristo su amor por sus discípulos. El
espíritu egoísta de
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En el fuego y en el agua.-
Siempre hay una clase de gente que está dispuesta a escaparse por alguna tangente, que desea aprehender algo extraño, maravilloso y nuevo; pero Dios 444 desea que todos nos movamos con calma y consideración, eligiendo nuestras palabras en armonía con la verdad sólida para este tiempo. La verdad debiera presentarse a la mente tan libre como sea posible de lo que es emocional, pero al mismo tiempo con la intensidad y solemnidad que corresponden a su carácter. Debemos tener cuidado de no estimular a los extremistas, los que están propensos a ir al fuego o al agua.
Os ruego que saquéis de vuestras enseñanzas toda expresión extravagante, todo aquello que las mentes inestables y los inexpertos pudieran tomar y utilizar para llevar a cabo movimientos descabellados y faltos de madurez. Es necesario que cultivéis la precaución en cada declaración a fin de no lanzar a nadie por una vía equivocada, y causar confusión que requerirá mucha labor penosa para corregir, desviando así la fuerza de los obreros hacia campos de actividad en los cuales Dios no desea que se entre. Una manifestación de fanatismo entre nosotros cerrará muchas puertas a los sólidos principios de la verdad (Manuscrito sin fecha, Nº 111).
La verdad sagrada es deshonrada por la excitación.-
Necesitamos ser reflexivos y tranquilos y contemplar las verdades de la revelación. La excitación no es favorable para el crecimiento en la gracia, para la verdadera pureza y la santificación del espíritu.
Dios quiere que tratemos con la verdad sagrada porque únicamente esto convencerá a los contradictores. Hay que llevar a cabo un trabajo sereno y sensato...
Dios pide que su pueblo ande con sobriedad y santa consecuencia. Debieran ser muy cuidadosos para no representar erradamente ni deshonrar las doctrinas sagradas de la verdad mediante manifestaciones extrañas, por medio de la confusión y el alboroto. Esto hace que los incrédulos piensen que los adventistas son un conjunto de fanáticos. Así se crea el prejuicio que impide que las almas reciban el mensaje para este tiempo. Cuando los creyentes hablan la verdad tal como es en Jesús, manifiestan una calma santa y sensata y no un confuso alboroto (Manuscrito 76a, 1901).
Los falsos maestros interpretan mal las profecías.-
En nuestra época, tal como ocurriría en los días de Cristo, puede haber una comprensión e interpretación errónea de las Escrituras. Si los judíos hubieran estudiado las Escrituras con fervor y con oración, su investigación los habría recompensado con un verdadero conocimiento del tiempo, y no sólo del tiempo, sino también de la manera en la cual Cristo aparecería. No habrían confundido la gloriosa segunda venida de Cristo con su primer advenimiento. Tenían el testimonio de Daniel; tenían el testimonio 445 de Isaías y de otros profetas, tenían las enseñanzas de Moisés; y ahí estaba Cristo en medio de ellos, y ellos todavía investigaban las Escrituras en busca de evidencias concernientes a su venida. Y estaban haciendo a Cristo las mismas cosas profetizadas que le harían. Estaban tan cegados que no sabían lo que estaban haciendo.
Y muchos están haciendo la misma cosa hoy, en 1897, porque no tienen experiencia en el mensaje probatorio comprendido en los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Hay quienes investigan las Escrituras en busca de pruebas que digan que esos mensajes se encuentran en el futuro. Captan la verdad de los mensajes pero fallan en darles el lugar que les corresponde en la historia profética. Por lo tanto los tales corren el peligro de descarriar al pueblo en lo que respecta a la ubicación de los mensajes. No ven ni comprenden el tiempo del fin ni cuándo ubicar los mensajes. El día del Señor se aproxima con pasos furtivos, pero hombres supuestamente sabios y grandes charlatanean sobre "educación superior". No conocen las señales de la venida de Cristo ni del fin del mundo (Manuscrito 136, 1897).
Conflicto de los Siglos 406-407
En 1821, tres años después de haber llegado Miller a su modo de interpretar las profecías que fijan el tiempo del juicio, el Dr. José Wolff, "el misionero universal," empezó a proclamar la próxima venida del Señor. Wolff había nacido en Alemania, de origen israelita, pues su padre era rabino. Desde muy temprano se convenció de la verdad de la religión cristiana. Dotado de inteligencia viva y dada a la investigación, solía prestar profunda atención a las conversaciones que se oían en casa de su padre mientras que diariamente se reunían piadosos correligionarios para recordar las esperanzas de su pueblo, la gloria del Mesías venidero y la restauración de Israel. Un día, cuando el niño oyó mencionar a Jesús de Nazaret, preguntó quién era. "Un israelita del mayor talento -le contestaron;- pero como aseveraba ser el Mesías, el tribunal judío le sentenció a muerte." "¿Por qué entonces-siguió preguntando el niño- está Jerusalén destruída? ¿y por qué estamos cautivos?" "¡Ay, ay! -contestó su padre.- Es porque los judíos mataron a los profetas." Inmediatamente se le ocurrió al niño que "tal vez Jesús de Nazaret había sido también profeta, y los judíos le mataron siendo inocente." -Travels and Adventures of the Rev. Joseph Wolff, tomo 1, pág. 6. Este sentimiento era tan vivo, que a pesar de haberle sido prohibido entrar en iglesias cristianas, a menudo se acercaba a ellas para escuchar la predicación.
Cuando tenía apenas siete años habló un día con jactancia a un anciano cristiano vecino suyo del triunfo futuro de Israel y del advenimiento del Mesías. El anciano le dijo entonces con bondad: "Querido niño, te voy a decir quién fue el verdadero Mesías: fue Jesús de Nazaret, . . . a quien tus antepasados crucificaron, como también habían matado a los antiguos profetas. Anda a casa y lee el capítulo cincuenta y tres de Isaías, 407 y te convencerás de que Jesucristo es el Hijo de Dios." -Id., tomo 1, pág. 7. No tardó el niño en convencerse. Se fue a casa y leyó el pasaje correspondiente, maravillándose al ver cuán perfectamente se había cumplido en Jesús de Nazaret. ¿Serían verdad las palabras de aquel cristiano? El muchacho pidió a su padre que le explicara la profecía; pero éste lo recibió con tan severo silencio que nunca más se atrevió a mencionar el asunto. Pero el incidente ahondó su deseo de saber más de la religión cristiana.
El conocimiento que buscaba le era negado premeditadamente en su hogar judío; pero cuando tuvo once años dejó la casa de su padre y salió a recorrer el mundo para educarse por sí mismo y para escoger su religión y su profesión. Se albergó por algún tiempo en casa de unos parientes, pero no tardó en ser expulsado como apóstata, y solo y sin un centavo tuvo que abrirse camino entre extraños. Fue de pueblo en pueblo, estudiando con diligencia, y ganándose la vida enseñando hebreo. Debido a la influencia de un maestro católico, fue inducido a aceptar la fe romanista, y se propuso ser misionero para su propio pueblo. Con tal objeto fue, pocos años después, a proseguir sus estudios en el Colegio de la Propaganda, en Roma. Allí, su costumbre de pensar con toda libertad y de hablar con franqueza le hicieron tachar de herejía. Atacaba abiertamente los abusos de la iglesia, e insistía en la necesidad de una reforma.
Aunque al principio fue tratado por los dignatarios papales con favor especial, fue luego alejado de Roma. Bajo la vigilancia de la iglesia fue de lugar en lugar, hasta que se hizo evidente que no se le podría obligar jamás a doblegarse al yugo del romanismo. Fue declarado incorregible, y se le dejó en libertad para ir donde quisiera. Dirigióse entonces a Inglaterra, y, habiendo abrazado la fe protestante, se unió a la iglesia anglicana. Después de dos años de estudio, dio principio a su misión en 1821.
Al aceptar la gran verdad del primer advenimiento de Cristo como "varón de dolores, experimentado en quebranto,"
Con visión profética, David, el ungido de Dios, había previsto que el advenimiento de Cristo sería "como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes."(2 Sam. 23: 4.) Y Oseas atestiguó: "Como el alba está aparejada su salida."(Ose. 6: 3.) En silencio y con suavidad se produce el amanecer en la tierra, y se despierta la vida en ella cuando se disipan las sombras de las tinieblas. Así había de levantarse el Sol de Justicia, y traer "en sus alas . . . salud."(Mal. 4: 2.) Las multitudes "que moraban en tierra de sombra de muerte" habían de ver "gran luz."(Isa. 9: 2.)
El profeta Isaías, mirando con arrobamiento esa gloriosa liberación, exclamó:
"Un niño nos es nacido,
Hijo nos es dado;
y el principado sobre su hombro:
y llamaráse su nombre Admirable, 508
Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.
Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término,
sobre el trono de David, y sobre su reino,
disponiéndolo y confirmándolo en juicio
y en justicia desde ahora para siempre.
El celo de Jehová de los ejércitos hará esto."(Vers. 6, 7.)
Durante los últimos siglos de la historia de Israel antes del primer advenimiento, era de comprensión general que se aludía a la venida del Mesías en esta profecía: "Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te dí por luz de las gentes, para que seas mi salud [salvación] hasta lo postrero de la tierra."(Isa 49: 6) El profeta había predicho: "Manifestaráse la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá."(Isa. 40: 5.) Acerca de esta luz de los hombres testificó osadamente Juan el Bautista cuando proclamó: "Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta."(Juan 1: 23.)
A Cristo fue a quien se dirigió la promesa profética: "Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las gentes, . . . así dijo Jehová: . . . Guardarte he, y te daré por alianza del pueblo, para que levantes la tierra, para que heredes asoladas heredades; para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Manifestaos.... No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manaderos de aguas."(Isa. 49: 7-10.)
Los que eran firmes en la nación judía, los descendientes del santo linaje por medio del cual se había conservado el conocimiento de Dios, fortalecían su fe meditando en estos pasajes y otros similares. Con sumo gozo leían que el Señor ungiría al que iba "a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, . . . a promulgar año de la buena voluntad de 509 Jehová."(Isa. 61: 1, 2.) Sin embargo, sus corazones se entristecían al pensar en los sufrimientos que debería soportar para cumplir el propósito divino. Con profunda humillación en su alma leían en el rollo profético estas palabras:
"¿Quién ha creído a nuestro anuncio?
¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
"Y subirá cual renuevo delante de él,
y como raíz de tierra seca:
no hay parecer en él, ni hermosura:
verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos.
"Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto:
y como que escondimos de él el rostro,
fue menospreciado, y no lo estimamos.
"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores;
y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido.
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados:
el castigo de nuestra paz sobre él;
y por su llaga fuimos nosotros curados.
"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino:
mas Jehová cargó en él
el pecado de todos nosotros.
"Angustiado él, y afligido, no abrió su boca:
como cordero fue llevado al matadero;
y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca.
"De la cárcel y del juicio fue quitado;
y su generación ¿quién la contará?
Porque cortado fue de la tierra de los vivientes;
por la rebelión de mi pueblo fue herido.
"Y dispúsose con los impíos su sepultura,
mas con los ricos fue en su muerte;
porque nunca hizo él maldad,
ni hubo engaño en su boca."(Isa. 53: 1-9.) 510
Acerca del Salvador que tanto iba a sufrir, Jehová mismo declaró por Zacarías: "Levántate, oh espada, sobre el Pastor, y sobre el Hombre compañero mío." (Zac. 13: 7.) Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo iba a sufrir bajo la justicia divina. Había de comprender lo que significaba la justicia. Había de saber lo que representa para los pecadores estar sin intercesor delante de Dios.
Por medio del salmista, el Redentor había profetizado acerca de sí mismo:
"La afrenta ha quebrantado mi corazón,
y estoy acongojado:
y esperé quien se compadeciese de mí,
y no lo hubo:
y consoladores,
y ninguno hallé.
Pusiéronme además hiel por comida,
y en mi sed me dieron a beber vinagre."(Sal. 69: 20, 21.)
Profetizó acerca del trato que iba a recibir: "Perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme. Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes."(Sal. 22: 16-18.)
Estas descripciones del acerbo sufrimiento y de la muerte cruel del Mesías prometido, por tristes que fuesen, abundaban en promesas; porque con respecto al que "quiso" quebrantar, "sujetándole a padecimiento" para que entregase "su vida en expiación por el pecado," Jehová declaró:
"Verá linaje, vivirá por largos días,
y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Del trabajo de su alma verá y será saciado;
con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos,
y él llevará las iniquidades de ellos.
"Por tanto yo le daré parte con los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos;
por cuanto derramó su vida hasta la muerte,
y fue contado con los perversos, 511
habiendo él llevado el pecado de muchos,
y orado por los transgresores."(Isa. 53: 10-12.)
El amor hacia los pecadores fue lo que indujo a Cristo a pagar el precio de la redención. "Vió que no había hombre, y maravillóse que no hubiera quien se interpusiese;" ningún otro podía rescatar a hombres y mujeres del poder del enemigo; por lo tanto "salvólo su brazo, y afirmóle su misma justicia."(Isa. 59: 16.)
"He aquí mi siervo, yo le sostendré;
mi Escogido, en quien mi alma toma contentamiento:
he puesto sobre él mi Espíritu,
dará juicio a las gentes." (Isa. 42: 1.)
En su vida no había de entretejerse ninguna aserción de sí mismo. El Hijo de Dios no conocería los homenajes que el mundo tributa a los cargos, a las riquezas y al talento. El Mesías no iba a emplear recurso alguno de los que usan los hombres para obtener obediencia u homenaje. Su absoluto renunciamiento de sí mismo se predecía en estas palabras:
"No clamará, ni alzará, ni hará oír su voz en las plazas. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare."(Isa. 42: 2, 3.)
En pronunciado contraste con la conducta de los instructores de su época, iba a destacarse la del Salvador entre los hombres. En su vida no iban a presenciarse disputas ruidosas, adoración ostentosa ni actos destinados a obtener aplausos. El Mesías iba a esconderse en Dios, y Dios iba a revelarse en el carácter de su Hijo. Sin un conocimiento de Dios, la humanidad quedaría eternamente perdida. Sin ayuda divina, hombres y mujeres se degradarían cada vez más. Era necesario que Aquel que había hecho el mundo les impartiese vida y poder. De ninguna otra manera podían suplirse las necesidades del hombre.
Se profetizó, además, acerca del Mesías: "No se cansará, 512 ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio; y las islas esperarán su ley." El Hijo de Dios iba a "magnificar la ley y engrandecerla." (Vers. 4, 21.) No iba a reducir su importancia ni la vigencia de sus requerimientos; antes iba a exaltarla. Al mismo tiempo, iba a librar los preceptos divinos de aquellas gravosas exigencias impuestas por los hombres, que desalentaban a muchos en sus esfuerzos para servir aceptablemente a Dios.
Acerca de la misión del Salvador, la palabra de Jehová fue: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por alianza del pueblo, por luz de las gentes; para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que están de asiento en tinieblas. Yo Jehová: éste es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. Las cosas primeras he aquí vinieron, y yo anuncio nuevas cosas: antes que salgan a luz, yo os las haré notorias."(Vers. 6-9.)
Mediante la Simiente prometida, el Dios de Israel iba a dar liberación a Sión. "Saldrá una Vara del tronco de Isaí, y un Vástago retoñará de sus raíces."(Isa. 11: 1) "He aquí una virgen que concibe y da a luz un hijo, y le da el nombre de Emmanuel. Requesones y miel comerá, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.(Isa. 7: 14, 15, V.M.)
"Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y harále entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyeren sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra: y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones.... Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada de las gentes; y su holganza será gloria."(Isa. 11 : 2-5, 10.)