


Para el 15 de Enero del 2005
"Comentarios de Elena G. de White”
Comentario bíblico adventista, tomo 4, página 1.169
CAPÍTULO 50
10-11. (ver EGW com. cap. 5:19-23).Caminad en la luz de Dios, no en la de vuestras propias teas.-
El Señor ha presentado ante mí que aquellos que, en alguna medida, han estado cegados por el enemigo y no se han restaurado plenamente de la trampa de Satanás, estarán en peligro porque no pueden discernir la luz del cielo, y estarán inclinados a aceptar una falsedad. Esto afectará todo el contenido de sus pensamientos, sus decisiones, sus asuntos, sus consejos. Las evidencias que Dios ha dado no los convencen porque han cegado sus propios ojos al escoger las tinieblas antes que la luz. Después dan origen a algo que llaman luz, la que el Señor llama teas, que ellos mismos encendieron y por las cuales dirigen sus pasos. Declara el Señor: ,"¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados". Dijo Jesús: "Para juicio he venido yo a este mundo; 1169 para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados". "Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas... El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero".
Las palabras que el Señor envía serán rechazadas por muchos; pero las palabras que pueda hablar el hombre serán recibidas como luz y verdad. La sabiduría humana apartará de la abnegación, de la consagración, e ideará muchas cosas que tienden a invalidar el efecto de los mensajes de Dios. No podemos tener ninguna seguridad si dependemos de hombres que no están en estrecha relación con Dios. Ellos aceptan las opiniones de los hombres; pero no pueden discernir la voz del verdadero Pastor, y su influencia descarriará a muchos aunque ante sus ojos se acumule prueba sobre prueba que testifiquen de la verdad que el pueblo de Dios debe tener para este tiempo (Carta lf, 1890).
CAPÍTULO 53
1-3. La gracia y la virtud de Cristo no atrajeron a los judíos.-
[Se cita Isa. 53: 1-3.1 Estas palabras no significan que la persona de Cristo fuera repulsiva. Ante los ojos de los judíos, Cristo no tenía belleza para que ellos lo desearan. Buscaban un Mesías que viniera con ostentación externa y gloria terrenal; que hiciera grandes cosas para la nación judía; que la ensalzara por encima de toda otra nación de la tierra. Pero Cristo vino con su divinidad oculta por la vestidura de la humanidad: modesto, humilde, pobre. Compararon a ese hombre con los jactanciosos alardes que habían hecho, y no pudieron ver belleza en él. No discernieron la santidad y pureza de su carácter. La gracia y la virtud reveladas en su vida no tuvieron atractivos para ellos (MS 33, 1911).
2-3.Un cuadro que subyugará y humillará.-
La profecía predijo que Cristo había de aparecer como una raíz que sale de tierra seca. "No hay parecer en él, ni hermosura escribió Isaías-; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombros, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos". Este capítulo debiera ser estudiado. Presenta a Cristo como el Cordero de Dios. Los que están enaltecidos por el orgullo, cuyas almas están llenas de vanidad, debieran contemplar este cuadro de su Redentor y humillarse en el polvo. El capítulo entero debe aprenderse de memoria. Su influencia subyugará y humillará el alma contaminada por el pecado y enaltecida por la exaltación propia.
Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado. Tomó nuestros dolores, llevó nuestro pesar y nuestra vergüenza. Soportó todas las tentaciones con las que es acosado el hombre. Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu divino moraba el un templo de carne. Se unió a sí mismo con el templo. "Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros", porque al hacer eso podía relacionarse con los pecaminosos y dolientes hijos e hijas de Adán (YI 20-12-1900).
5.Cristo puede rescatar a cada alma.-
No fue sólo por su muerte en la cruz como Cristo realizó su obra de salvar a los hombres. Ignominia, sufrimiento y humillación fueron una parte de la misión: "El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos todos nosotros curados". Cristo llevó este castigo por los pecados del transgresor. Ha llevado el castigo por cada hombre y por eso puede rescatar a cada alma, no importa cuán caída sea su condición, si acepta la ley de Dios como su norma de justicia (MS 77, 1899).
7, 9. Cristo atacado por Satanás, no promovió ninguna represalia.-
Satanás lo atacó [a Cristo] en todo su sentido, sin embargo Cristo no pecó en pensamiento, palabra y acción. No hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Mientras caminaba en medio del pecado era santo, inocente e incontaminado. Fue acusado injustamente, sin embargo no abrió la boca para justificarte. ¿Cuántos hay ahora que cuando son acusados de algo de que no son culpables, creen que llega un momento cuando la paciencia deja de ser una virtud, y perdonando el control propio, pronuncia palabras que contristan al Espíritu Santo? (MS 42. 1901)
11.- Ver EGW com. Zac. 9:16.
El Deseado de Todas las Gentes
58 y 422
Por primera vez, el niño Jesús miraba el templo. Veía a los sacerdotes de albos vestidos cumplir su solemne ministerio. Contemplaba la sangrante víctima sobre el altar del sacrificio. Juntamente con los adoradores, se inclinaba en oración mientras que la nube de incienso ascendía delante de Dios. Presenciaba los impresionantes ritos del servicio pascual. Día 58 tras día, veía más claramente su significado.
Todo acto parecía ligado con su propia vida.
Se despertaban nuevos impulsos en él. Silencioso y absorto, parecía estar
estudiando un gran problema. El misterio de su misión se estaba revelando al
Salvador. Arrobado en la contemplación de estas escenas, no permaneció al lado
de sus padres. Buscó la soledad. Cuando terminaron los servicios pascuales, se
demoró en los atrios del templo; y cuando los adoradores salieron de
Jerusalén, él fue dejado atrás.
En esta visita a Jerusalén, los padres de Jesús desearon ponerle en relación con los grandes maestros de Israel. Aunque era obediente en todo detalle a la Palabra de Dios, no se conformaba con los ritos y las costumbres de los rabinos. José y María esperaban que se le pudiese inducir a reverenciar a esos sabios y a prestar más diligente atención a sus requerimientos. Pero en el templo Jesús había sido enseñado por Dios, y empezó en seguida a impartir lo que había recibido.
En aquel tiempo, una dependencia del templo servía de local para una escuela sagrada, semejante a las escuelas de los profetas. Allí rabinos eminentes se reunían con sus alumnos, y allí se dirigió el niño Jesús. Sentándose a los pies de aquellos hombres graves y sabios, escuchaba sus enseñanzas. Como quien busca sabiduría, interrogaba a esos maestros acerca de las profecías y de los acontecimientos que entonces ocurrían y señalaban el advenimiento del Mesías.
Jesús se presentó como quien tiene sed del
conocimiento de Dios. Sus preguntas sugerían verdades profundas que habían
quedado obscurecidas desde hacía mucho tiempo, y que, sin embargo, eran vitales
para la salvación de las almas. Al paso que cada pregunta revelaba cuán estrecha
y superficial era la sabiduría de los sabios, les presentaba una lección divina,
y hacía ver la verdad desde un nuevo punto de vista. Los rabinos hablaban de la
admirable exaltación que la venida del Mesías proporcionaría a la nación judía;
pero Jesús presentó la profecía de Isaías, y les preguntó qué significaban
aquellos textos que señalaban los sufrimientos y la muerte del Cordero de
Dios......
Entre el pueblo, muchos creían en él y decían: "El Cristo, cuando viniere, ¿hará
más señales que las que éste hace?" Los dirigentes de los fariseos, que estaban
considerando ansiosamente el curso de los acontecimientos, notaron las
expresiones de simpatía entre la muchedumbre. Apresurándose a dirigirse a los
sumos sacerdotes, les presentaron sus planes de arrestarle. Convinieron, sin
embargo, en tomarle cuando estuviese 422 solo; porque no se atrevían a prenderlo
en presencia del pueblo. Otra vez demostró Jesús que leía sus propósitos. "Aun
un poco de tiempo estaré con vosotros --dijo él,-- e iré al que me envió. Me
buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir."
Pronto hallaría un refugio fuera del alcance de su desprecio y odio. Ascendería
al Padre, para ser de nuevo adorado por los ángeles; y nunca podrían sus
homicidas llegar allí.
Con desprecio dijeron los rabinos: "¿Adónde se ha de ir éste que no le hallemos?
¿Se ha de ir a los esparcidos entre los Griegos, y a enseñar a los Griegos?"
Poco sospechaban estos caviladores que en sus palabras despectivas describían la
misión de Cristo. Durante todo el día había extendido sus manos hacia un pueblo
desobediente y contradictor; y, sin embargo, pronto sería hallado de aquellos
que no le buscaron; y entre un pueblo que no había invocado su nombre sería
hecho manifiesto.*
Muchos que estaban convencidos de que Jesús era el Hijo de Dios fueron
extraviados por el falso raciocinio de los sacerdotes y rabinos. Estos maestros
habían repetido con gran efecto las profecías concernientes al Mesías, que
reinaría "en el monte de Sión, y en Jerusalén, y delante de sus ancianos" sería
"glorioso;" que dominaría "de mar a mar, y desde el río hasta los cabos de la
tierra."* Luego habían hecho comparaciones despectivas entre la gloria allí
descrita y la humilde apariencia de
Jesús. Pervertían las mismas palabras de la profecía para sancionar el error. Si
el pueblo hubiese estudiado con sinceridad la Palabra por sí mismo, no habría
sido extraviado. El capítulo 61 de Isaías testifica que Cristo había de hacer la
misma obra que hacía. El capítulo 53 presenta su rechazamiento y sus
sufrimientos en el mundo, y el capítulo 59 describe el carácter de los
sacerdotes y rabinos.
Dios no obliga a los hombres a renunciar a su incredulidad. Delante de ellos
están la luz y las tinieblas, la verdad y el error A ellos les toca decidir lo
que aceptarán. La mente humana está dotada de poder para discernir entre lo
bueno y lo malo. Dios quiere que los hombres no decidan por impulso, sino por el
peso de la evidencia, comparando cuidadosamente un pasaje de la Escritura con
otro. Si los judíos hubiesen puesto a un 423 lado sus prejuicios y comparado la
profecía escrita con los hechos que caracterizaban la vida de Jesús, habrían
percibido una hermosa armonía entre las profecías y su cumplimiento en la vida y
el ministerio del humilde Galileo.
En el fuego y en el agua.-
Siempre hay una clase de gente que está dispuesta a escaparse por alguna tangente, que desea aprehender algo extraño, maravilloso y nuevo; pero Dios 444 desea que todos nos movamos con calma y consideración, eligiendo nuestras palabras en armonía con la verdad sólida para este tiempo. La verdad debiera presentarse a la mente tan libre como sea posible de lo que es emocional, pero al mismo tiempo con la intensidad y solemnidad que corresponden a su carácter. Debemos tener cuidado de no estimular a los extremistas, los que están propensos a ir al fuego o al agua.
Os ruego que saquéis de vuestras enseñanzas toda expresión extravagante, todo aquello que las mentes inestables y los inexpertos pudieran tomar y utilizar para llevar a cabo movimientos descabellados y faltos de madurez. Es necesario que cultivéis la precaución en cada declaración a fin de no lanzar a nadie por una vía equivocada, y causar confusión que requerirá mucha labor penosa para corregir, desviando así la fuerza de los obreros hacia campos de actividad en los cuales Dios no desea que se entre. Una manifestación de fanatismo entre nosotros cerrará muchas puertas a los sólidos principios de la verdad (Manuscrito sin fecha, Nº 111).
La verdad sagrada es deshonrada por la excitación.-
Necesitamos ser reflexivos y tranquilos y contemplar las verdades de la revelación. La excitación no es favorable para el crecimiento en la gracia, para la verdadera pureza y la santificación del espíritu.
Dios quiere que tratemos con la verdad sagrada porque únicamente esto convencerá a los contradictores. Hay que llevar a cabo un trabajo sereno y sensato...
Dios pide que su pueblo ande con sobriedad y santa consecuencia. Debieran ser muy cuidadosos para no representar erradamente ni deshonrar las doctrinas sagradas de la verdad mediante manifestaciones extrañas, por medio de la confusión y el alboroto. Esto hace que los incrédulos piensen que los adventistas son un conjunto de fanáticos. Así se crea el prejuicio que impide que las almas reciban el mensaje para este tiempo. Cuando los creyentes hablan la verdad tal como es en Jesús, manifiestan una calma santa y sensata y no un confuso alboroto (Manuscrito 76a, 1901).
Los falsos maestros interpretan mal las profecías.-
En nuestra época, tal como ocurriría en los días de Cristo, puede haber una comprensión e interpretación errónea de las Escrituras. Si los judíos hubieran estudiado las Escrituras con fervor y con oración, su investigación los habría recompensado con un verdadero conocimiento del tiempo, y no sólo del tiempo, sino también de la manera en la cual Cristo aparecería. No habrían confundido la gloriosa segunda venida de Cristo con su primer advenimiento. Tenían el testimonio de Daniel; tenían el testimonio 445 de Isaías y de otros profetas, tenían las enseñanzas de Moisés; y ahí estaba Cristo en medio de ellos, y ellos todavía investigaban las Escrituras en busca de evidencias concernientes a su venida. Y estaban haciendo a Cristo las mismas cosas profetizadas que le harían. Estaban tan cegados que no sabían lo que estaban haciendo.
Y muchos están haciendo la misma cosa hoy, en 1897, porque no tienen experiencia en el mensaje probatorio comprendido en los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Hay quienes investigan las Escrituras en busca de pruebas que digan que esos mensajes se encuentran en el futuro. Captan la verdad de los mensajes pero fallan en darles el lugar que les corresponde en la historia profética. Por lo tanto los tales corren el peligro de descarriar al pueblo en lo que respecta a la ubicación de los mensajes. No ven ni comprenden el tiempo del fin ni cuándo ubicar los mensajes. El día del Señor se aproxima con pasos furtivos, pero hombres supuestamente sabios y grandes charlatanean sobre "educación superior". No conocen las señales de la venida de Cristo ni del fin del mundo (Manuscrito 136, 1897).
Conflicto de los Siglos 406-407
En 1821, tres años después de haber llegado Miller a su modo de interpretar las profecías que fijan el tiempo del juicio, el Dr. José Wolff, "el misionero universal," empezó a proclamar la próxima venida del Señor. Wolff había nacido en Alemania, de origen israelita, pues su padre era rabino. Desde muy temprano se convenció de la verdad de la religión cristiana. Dotado de inteligencia viva y dada a la investigación, solía prestar profunda atención a las conversaciones que se oían en casa de su padre mientras que diariamente se reunían piadosos correligionarios para recordar las esperanzas de su pueblo, la gloria del Mesías venidero y la restauración de Israel. Un día, cuando el niño oyó mencionar a Jesús de Nazaret, preguntó quién era. "Un israelita del mayor talento -le contestaron;- pero como aseveraba ser el Mesías, el tribunal judío le sentenció a muerte." "¿Por qué entonces-siguió preguntando el niño- está Jerusalén destruída? ¿y por qué estamos cautivos?" "¡Ay, ay! -contestó su padre.- Es porque los judíos mataron a los profetas." Inmediatamente se le ocurrió al niño que "tal vez Jesús de Nazaret había sido también profeta, y los judíos le mataron siendo inocente." -Travels and Adventures of the Rev. Joseph Wolff, tomo 1, pág. 6. Este sentimiento era tan vivo, que a pesar de haberle sido prohibido entrar en iglesias cristianas, a menudo se acercaba a ellas para escuchar la predicación.
Cuando tenía apenas siete años habló un día con jactancia a un anciano cristiano vecino suyo del triunfo futuro de Israel y del advenimiento del Mesías. El anciano le dijo entonces con bondad: "Querido niño, te voy a decir quién fue el verdadero Mesías: fue Jesús de Nazaret, . . . a quien tus antepasados crucificaron, como también habían matado a los antiguos profetas. Anda a casa y lee el capítulo cincuenta y tres de Isaías, 407 y te convencerás de que Jesucristo es el Hijo de Dios." -Id., tomo 1, pág. 7. No tardó el niño en convencerse. Se fue a casa y leyó el pasaje correspondiente, maravillándose al ver cuán perfectamente se había cumplido en Jesús de Nazaret. ¿Serían verdad las palabras de aquel cristiano? El muchacho pidió a su padre que le explicara la profecía; pero éste lo recibió con tan severo silencio que nunca más se atrevió a mencionar el asunto. Pero el incidente ahondó su deseo de saber más de la religión cristiana.
El conocimiento que buscaba le era negado premeditadamente en su hogar judío; pero cuando tuvo once años dejó la casa de su padre y salió a recorrer el mundo para educarse por sí mismo y para escoger su religión y su profesión. Se albergó por algún tiempo en casa de unos parientes, pero no tardó en ser expulsado como apóstata, y solo y sin un centavo tuvo que abrirse camino entre extraños. Fue de pueblo en pueblo, estudiando con diligencia, y ganándose la vida enseñando hebreo. Debido a la influencia de un maestro católico, fue inducido a aceptar la fe romanista, y se propuso ser misionero para su propio pueblo. Con tal objeto fue, pocos años después, a proseguir sus estudios en el Colegio de la Propaganda, en Roma. Allí, su costumbre de pensar con toda libertad y de hablar con franqueza le hicieron tachar de herejía. Atacaba abiertamente los abusos de la iglesia, e insistía en la necesidad de una reforma.
Aunque al principio fue tratado por los dignatarios papales con favor especial, fue luego alejado de Roma. Bajo la vigilancia de la iglesia fue de lugar en lugar, hasta que se hizo evidente que no se le podría obligar jamás a doblegarse al yugo del romanismo. Fue declarado incorregible, y se le dejó en libertad para ir donde quisiera. Dirigióse entonces a Inglaterra, y, habiendo abrazado la fe protestante, se unió a la iglesia anglicana. Después de dos años de estudio, dio principio a su misión en 1821.
Al aceptar la gran verdad del primer advenimiento de Cristo como "varón de dolores, experimentado en quebranto,"
Con visión profética, David, el ungido de Dios, había previsto que el advenimiento de Cristo sería "como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes."(2 Sam. 23: 4.) Y Oseas atestiguó: "Como el alba está aparejada su salida."(Ose. 6: 3.) En silencio y con suavidad se produce el amanecer en la tierra, y se despierta la vida en ella cuando se disipan las sombras de las tinieblas. Así había de levantarse el Sol de Justicia, y traer "en sus alas . . . salud."(Mal. 4: 2.) Las multitudes "que moraban en tierra de sombra de muerte" habían de ver "gran luz."(Isa. 9: 2.)
El profeta Isaías, mirando con arrobamiento esa gloriosa liberación, exclamó:
"Un niño nos es nacido,
Hijo nos es dado;
y el principado sobre su hombro:
y llamaráse su nombre Admirable, 508
Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.
Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término,
sobre el trono de David, y sobre su reino,
disponiéndolo y confirmándolo en juicio
y en justicia desde ahora para siempre.
El celo de Jehová de los ejércitos hará esto."(Vers. 6, 7.)
Durante los últimos siglos de la historia de Israel antes del primer advenimiento, era de comprensión general que se aludía a la venida del Mesías en esta profecía: "Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te dí por luz de las gentes, para que seas mi salud [salvación] hasta lo postrero de la tierra."(Isa 49: 6) El profeta había predicho: "Manifestaráse la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá."(Isa. 40: 5.) Acerca de esta luz de los hombres testificó osadamente Juan el Bautista cuando proclamó: "Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta."(Juan 1: 23.)
A Cristo fue a quien se dirigió la promesa profética: "Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las gentes, . . . así dijo Jehová: . . . Guardarte he, y te daré por alianza del pueblo, para que levantes la tierra, para que heredes asoladas heredades; para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Manifestaos.... No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manaderos de aguas."(Isa. 49: 7-10.)
Los que eran firmes en la nación judía, los descendientes del santo linaje por medio del cual se había conservado el conocimiento de Dios, fortalecían su fe meditando en estos pasajes y otros similares. Con sumo gozo leían que el Señor ungiría al que iba "a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, . . . a promulgar año de la buena voluntad de 509 Jehová."(Isa. 61: 1, 2.) Sin embargo, sus corazones se entristecían al pensar en los sufrimientos que debería soportar para cumplir el propósito divino. Con profunda humillación en su alma leían en el rollo profético estas palabras:
"¿Quién ha creído a nuestro anuncio?
¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
"Y subirá cual renuevo delante de él,
y como raíz de tierra seca:
no hay parecer en él, ni hermosura:
verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos.
"Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto:
y como que escondimos de él el rostro,
fue menospreciado, y no lo estimamos.
"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores;
y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido.
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados:
el castigo de nuestra paz sobre él;
y por su llaga fuimos nosotros curados.
"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino:
mas Jehová cargó en él
el pecado de todos nosotros.
"Angustiado él, y afligido, no abrió su boca:
como cordero fue llevado al matadero;
y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca.
"De la cárcel y del juicio fue quitado;
y su generación ¿quién la contará?
Porque cortado fue de la tierra de los vivientes;
por la rebelión de mi pueblo fue herido.
"Y dispúsose con los impíos su sepultura,
mas con los ricos fue en su muerte;
porque nunca hizo él maldad,
ni hubo engaño en su boca."(Isa. 53: 1-9.) 510
Acerca del Salvador que tanto iba a sufrir, Jehová mismo declaró por Zacarías: "Levántate, oh espada, sobre el Pastor, y sobre el Hombre compañero mío." (Zac. 13: 7.) Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo iba a sufrir bajo la justicia divina. Había de comprender lo que significaba la justicia. Había de saber lo que representa para los pecadores estar sin intercesor delante de Dios.
Por medio del salmista, el Redentor había profetizado acerca de sí mismo:
"La afrenta ha quebrantado mi corazón,
y estoy acongojado:
y esperé quien se compadeciese de mí,
y no lo hubo:
y consoladores,
y ninguno hallé.
Pusiéronme además hiel por comida,
y en mi sed me dieron a beber vinagre."(Sal. 69: 20, 21.)
Profetizó acerca del trato que iba a recibir: "Perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme. Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes."(Sal. 22: 16-18.)
Estas descripciones del acerbo sufrimiento y de la muerte cruel del Mesías prometido, por tristes que fuesen, abundaban en promesas; porque con respecto al que "quiso" quebrantar, "sujetándole a padecimiento" para que entregase "su vida en expiación por el pecado," Jehová declaró:
"Verá linaje, vivirá por largos días,
y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Del trabajo de su alma verá y será saciado;
con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos,
y él llevará las iniquidades de ellos.
"Por tanto yo le daré parte con los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos;
por cuanto derramó su vida hasta la muerte,
y fue contado con los perversos, 511
habiendo él llevado el pecado de muchos,
y orado por los transgresores."(Isa. 53: 10-12.)
El amor hacia los pecadores fue lo que indujo a Cristo a pagar el precio de la redención. "Vió que no había hombre, y maravillóse que no hubiera quien se interpusiese;" ningún otro podía rescatar a hombres y mujeres del poder del enemigo; por lo tanto "salvólo su brazo, y afirmóle su misma justicia."(Isa. 59: 16.)
"He aquí mi siervo, yo le sostendré;
mi Escogido, en quien mi alma toma contentamiento:
he puesto sobre él mi Espíritu,
dará juicio a las gentes." (Isa. 42: 1.)
En su vida no había de entretejerse ninguna aserción de sí mismo. El Hijo de Dios no conocería los homenajes que el mundo tributa a los cargos, a las riquezas y al talento. El Mesías no iba a emplear recurso alguno de los que usan los hombres para obtener obediencia u homenaje. Su absoluto renunciamiento de sí mismo se predecía en estas palabras:
"No clamará, ni alzará, ni hará oír su voz en las plazas. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare."(Isa. 42: 2, 3.)
En pronunciado contraste con la conducta de los instructores de su época, iba a destacarse la del Salvador entre los hombres. En su vida no iban a presenciarse disputas ruidosas, adoración ostentosa ni actos destinados a obtener aplausos. El Mesías iba a esconderse en Dios, y Dios iba a revelarse en el carácter de su Hijo. Sin un conocimiento de Dios, la humanidad quedaría eternamente perdida. Sin ayuda divina, hombres y mujeres se degradarían cada vez más. Era necesario que Aquel que había hecho el mundo les impartiese vida y poder. De ninguna otra manera podían suplirse las necesidades del hombre.
Se profetizó, además, acerca del Mesías: "No se cansará, 512 ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio; y las islas esperarán su ley." El Hijo de Dios iba a "magnificar la ley y engrandecerla." (Vers. 4, 21.) No iba a reducir su importancia ni la vigencia de sus requerimientos; antes iba a exaltarla. Al mismo tiempo, iba a librar los preceptos divinos de aquellas gravosas exigencias impuestas por los hombres, que desalentaban a muchos en sus esfuerzos para servir aceptablemente a Dios.
Acerca de la misión del Salvador, la palabra de Jehová fue: "Yo Jehová te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por alianza del pueblo, por luz de las gentes; para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que están de asiento en tinieblas. Yo Jehová: éste es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. Las cosas primeras he aquí vinieron, y yo anuncio nuevas cosas: antes que salgan a luz, yo os las haré notorias."(Vers. 6-9.)
Mediante la Simiente prometida, el Dios de Israel iba a dar liberación a Sión. "Saldrá una Vara del tronco de Isaí, y un Vástago retoñará de sus raíces."(Isa. 11: 1) "He aquí una virgen que concibe y da a luz un hijo, y le da el nombre de Emmanuel. Requesones y miel comerá, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.(Isa. 7: 14, 15, V.M.)
"Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y harále entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyeren sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra: y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones.... Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada de las gentes; y su holganza será gloria."(Isa. 11 : 2-5, 10.)