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Para el 29 de enero de 2005 |
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Material Auxiliar |
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Texto Clave: Marcos 8:31 |
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Objetivos para el Maestro
Bosquejo de la Lección
I. La Cruz: una sombra de la salvación (Juan 1:29).
II. Jesús era Dios que descendía a la tierra (Hech. 10:38, 39).
III. La Cruz precede a la corona (Heb. 12:1-5).
Resumen Jesús vino a la tierra como el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo. Vivió una vida de servicio, sufrimientos y sacrificios, proveyendo el único remedio para el pecado. Se nos invita diariamente a contemplar los temas de la Cruz para que podamos fortalecer nuestra comprensión del don de la salvación. En el poder de nuestro Salvador, nosotros también podremos ir a nuestro pequeño mundo para servir y compartir el plan de rescate ofrecido a toda la humanidad.
Comentario A la sombra del Calvario. Introducción. Jesús estuvo dominado por su misión de buscar y salvar a los perdidos; todo lo que hizo fue motivado por esa meta que lo absorbía todo. Claramente consciente de que su obra sobre la tierra culminaría en el Calvario, avanzó firmemente hacia ese objetivo sin vacilar y sin sentimientos mórbidos ni abandono temerario, sino sostenido por el amor y la gracia de su Padre, y su anhelo de redimirnos. I. Juan el Bautista: el precursor de Cristo. Las enseñanzas de Juan fueron imágenes de las de Cristo mismo. (Compara Mat. 3:2 con 4:17; 3:6-12 con 7:13-23; Juan 3:11-21 con 3:27-35.) Las enseñanzas de Juan resumían el mensaje de todos los profetas anteriores, poniendo un énfasis adicional al identificar certeramente a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él captaba, en forma inspirada, la naturaleza sacrificial de la misión de Cristo. No contaminado por las tradiciones rabínicas, arraigado en las Escrituras y lleno del Espíritu Santo, Juan fue el agente celestial para llamar a Israel al arrepentimiento y a la preparación de los corazones para recibir al Mesías. Las personas espiritualmente receptivas de todos los niveles sociales respondieron a su llamado con una convicción intensa (ver Lucas 3 y Mateo 3). Su inflexible mensaje de verdad, que llamaba a los hombres al arrepentimiento y a la santidad, condujo a Juan a la muerte, en manos de gobernantes que odiaban la verdad. Esto prefiguraba la suerte de su Maestro. II. La vida de servicio, sufrimientos y sacrificios de Cristo. Si todos los hechos misericordiosos de Cristo realizados en los pocos años de su vida terrenal fueran integrados a un tapiz descriptivo, la tela ricamente ilustrada que resultaría daría vuelta al mundo muchas veces. Jesús no realizó su obra de una manera exigida y lastimera, sino con bondad, cortesía y de forma animosa. Fue despreciado no por sus obras de compasión, sino por la luz de la pureza del cielo que saturaba sus modales, carácter y enseñanza. En conjunto, las masas que lo rodeaban tenían un ansia mucho mayor de alivio del sufrimiento físico y de la opresión política que de la liberación del pecado y de la ignorancia (ver todo el capítulo 6 de Juan). La meta de Cristo iba mucho más allá que el alivio del sufrimiento humano: deseaba transformar los corazones oscurecidos y manchados de la humanidad en templos para la morada de su Reino. Su mayor gozo era ver que las almas respondían a la invitación celestial; su mayor dolor, ver a la gente apartarse de esa invitación con malhumorada desilusión porque las expectativas egoístas de ella no eran satisfechas por su servicio y sus metas santas. Como no deseaban la plenitud de la vida de Cristo, se iban tan vacíos como habían llegado. “Podemos formularnos la pregunta: ‘¿Mora Cristo en mi corazón por fe?’ Sólo él puede mostrarnos nuestra necesidad, y revelarnos la dignidad y la gloria de la verdad. En el altar del sacrificio propio –el lugar designado para el encuentro de Dios y el alma– recibimos de la mano de Dios la antorcha celestial, que busca el corazón, revelando su gran necesidad de un Cristo perdurable” (NEV 23). III. Advertencias de la Cruz. Es digno de notar que sólo hacia el fin de sus días sobre la tierra Cristo enfatizó en forma creciente, a sus discípulos, su sacrificio inminente. No fue para solicitar su compasión o buscar su consejo, sino a fin de fortalecerlos para afrontar la crisis, y sobreponerse a las ambiciones vanas y egoístas que obstaculizaban el camino de ellos a la salvación, opacaban sus percepciones espirituales y debilitaban su compañerismo con Cristo. Él anhelaba que sus discípulos percibieran que el plan de salvación estaba basado no en la realización de hechos milagrosos o en la manifestación de una irresistible fuerza personal, sino en el amor que se sacrifica por los demás entretejido con la sabiduría divina de la gracia regeneradora. IV. Sombras que caen y gloria radiante. La exhibición de la gloria visible de Cristo en el Monte de la Transfiguración y la proclamación audible del Padre: “Este es mi Hijo amado [...] a él oíd” (Mat. 17:5) estuvieron destinadas a fortalecer la fe de los discípulos en la identidad, la misión y las enseñanzas de Jesús. Si los discípulos hubieran escuchado más cuidadosamente las palabras de Moisés y de Elías cuando hablaron con Cristo respecto de “su partida” (“éxodo”, en griego) que él debía “cumplir” (pleróo, en griego, es decir, perfeccionar, terminar, completar) en Jerusalén [Luc. 9:31], ellos no habrían estado descolocados por los sucesos del Calvario y los eventos que condujeron a Jesús allí. La semana de la Pasión todavía habría estado llena de conmoción e intensidad para ellos. Si hubieran prestado atención, los eventos de esa Pascua, que culminaron en el Calvario, no habrían sacudido su fe, como sucedió temporariamente, sino que la habría confirmado solemnemente; para ellos, la Cruz habría estado revestida desde el comienzo con el poder, la victoria y la gracia del Cielo, en vez de debilidad, fracaso y vergüenza. Pero debemos recordar que la resurrección y la reaparición de Cristo entre ellos, después del tercer día, desterró sus anteriores conceptos equivocados y sus dudas. V. La ley del nuevo reino. “Jesús los trató [a Santiago y Juan] con ternura, y no censuró su egoísmo por buscar preferencia sobre sus hermanos. Leía sus corazones y conocía la profundidad de su cariño hacia él. El amor de ellos no era un afecto meramente humano; aunque fluía a través de la terrenidad de sus conductos humanos, era una emanación de la fuente de su propio amor redentor. Él no lo criticó, sino que lo ahondó y purificó [...] Consideraban que sería el más alto honor demostrar su lealtad compartiendo todo lo que aconteciera a su Señor” (DTG 502).
1. No importa cuál haya sido el contenido de tu carrera académica, algunas asignaturas se destacan como más útiles que otras. ¿Cuál fue tu materia favorita? ¿Qué aplicaciones prácticas tuvo en tu vida diaria o profesional? En Hijos e hijas de Dios, página 223, Elena de White declara: “Los que estudian el maravilloso sacrificio del Redentor crecen en gracia y conocimiento”. ¿De qué modo crees que la Cruz puede bendecir tu vida? ¿Cómo podrías compartir esta buena noticia con otra persona? 2. El gozo es una experiencia muy personal: algunos lo describirían mediante referencias a lo visual o auditivo; otros, al compartir un recuerdo. En Juan 15:11, Jesús habla acerca de obtener un gozo que es “cumplido” o “completo”. ¿De qué modo el gozo que Jesús ofrece trasciende cualquier sonido, gusto, vista, toque o recuerdo que podamos tener? ¿De qué manera podrías compartir tu gozo en Jesús con un vecino o amigo? 3. Jesús “anduvo haciendo bienes” y, no obstante, lo mataron “colgándole de un madero” (Hech. 10:38, 39). Los discípulos fueron advertidos acerca de su inminente muerte en la cruz, pero estaban demasiado ocupados con asuntos terrenales para comprenderlo. ¿Qué cosas nos impiden comprender en toda su dimensión el sacrificio expiatorio de Jesús? ¿Cómo podemos vivir nuestras vidas siguiendo el modelo de servicio y sacrificio del Señor? 4. Cuando tenemos un trabajo difícil para hacer, a menudo perseveramos concentrándonos en la recompensa de un resultado positivo. Hebreos 12:1 al 5 habla de cosas que nos “asedian”, o “estorban” nuestro viaje espiritual. ¿De qué modo el mirar a Jesús (Heb. 12:2) nos fortalece en los momentos difíciles? 5. ¿Qué es lo más espectacular que hayas visto? ¿Qué lo hizo tan memorable? Jesús se reveló como Dios ante los discípulos en la transfiguración. ¿De qué modo esta vislumbre del Cielo te ayuda a esperar una gloria futura?
Todos hemos escuchado el dicho: “La imitación es la forma más sincera de la adulación”. Gracias a Dios, tenemos la vida perfecta de Cristo para imitar. Jesús fue un maestro. Realizó esfuerzos incansables para educar los corazones y las mentes de todos aquéllos con quienes se relacionaba. Los que somos maestros testificamos y ministramos a quienes nos rodean, en cualquier momento y en cualquier día de la semana. Algunos de nosotros imitamos los principios de la vida de Cristo al servir como médicos, enfermeros u otros servicios en favor de la salud. Al seguir diariamente el ejemplo de Jesús, nos inclinamos para realizar esta tarea aparentemente interminable de intentar aliviar el dolor y el sufrimiento de la humanidad, que son el resultado directo de vivir en un mundo enfermo de pecado. Hay otros que responden al llamado divino para ministrar. Ayudamos para que otras personas conozcan el plan de salvación, o para ser usados como un escudo contra Satanás y sus huestes. Somos constructores, agricultores, profesionales en el comercio y la industria, peluqueros, políticos, empleados de tiendas y supermercados. No importa cuál sea tu profesión terrenal, tenemos como nuestra meta la vida eterna. No sólo para nosotros, sino también para todos los demás. No sólo con aquéllos con los que trabajamos, viajamos en el ómnibus o vemos en las reuniones; Cristo nos enseñó que debíamos buscar a todos los perdidos para que conozcan el precioso plan de la salvación. Esto significa que debemos procurar activamente alcanzar a los extraños mediante el ejemplo personal que damos, mediante la distribución de pequeños folletos, invitaciones a reuniones evangelizadoras, a la Escuela Sabática o a otros eventos como Revives. Tal vez prefieras testificar por medio del ministerio a los presos, o representaciones teatralizadas, u ofreciéndote como voluntario en un refugio para personas abusadas. Cualquiera que sea el medio apropiado para ti, aunque al principio tengas que empujarte a ti mismo, lo importante es salir a testificar. Gracias, Jesús, por tu ejemplo perfecto, que siempre nos guía hacia el cielo.
Rompamos el Hielo: ¿Tuviste alguna vez que cambiar tu opinión acerca de una persona? ¿Cómo ocurrió? Versículo para el estudio grupal: Marcos 9:30-37. Preguntas para Reflexionar: 1. Considerando Marcos 9:30 al 37, ¿cuáles podrían ser algunas razones por las que los discípulos no pudieron comprender lo que Jesús les estaba comunicando acerca de su muerte y su resurrección? 2. ¿De qué modo las palabras de Jesús acerca de ser siervos y dar la bienvenida a los niños (vers. 35-37) se relacionan con el lugar donde estaban ubicados los discípulos en su crecimiento espiritual? Preguntas de aplicación: 1. ¿Qué podría haber entre este pasaje y las diversas áreas de tu crecimiento espiritual? ¿De qué modo las palabras de Jesús acerca de ser siervos y de dar la bienvenida a los niños (vers. 35-37) se relacionan con tu situación en cuanto a tu crecimiento espiritual? 2. Los discípulos demostraron ser típicamente humanos al discutir acerca de cuál de ellos sería el mayor en el reino (vers. 34). ¿De qué manera el mundo actual define la grandeza? ¿Quién, entre ellos, realmente era el mayor, y en qué residía la grandeza de esa persona? (vers. 35-37). 3. Jesús y los discípulos vivieron en un mundo donde los niños eran ciudadanos de segunda clase; por eso, las palabras y los actos de Jesús, registrados en los versículos 36 y 37, deben de haber asombrado a los discípulos. ¿De qué manera trata el mundo actual a los niños? ¿Como ciudadanos de segunda categoría? ¿Qué responsabilidad tienen los cristianos en hacer que este planeta sea más amigable para los niños? 4. ¿Qué hechos y palabras de Jesús hacia los niños nos enseñan acerca de la postura que deben adoptar los cristianos hacia otros grupos de personas que están marginados? 5. ¿De qué modos rehuimos el sufrimiento? 6. ¿De qué manera una teología del sufrimiento nos podría ayudar a tratar con el drama de las enfermedades, las dolencias y la muerte? ¿Qué elementos incluirías en tal teología? Considera tu respuesta basado en la Biblia. 7. Un amigo tuyo está sufriendo de cáncer; te sientes incómodo en su presencia. No obstante, sabes que tienes que permanecer allí, con él. ¿Cómo puedes tratar con tus sentimientos, de modo que te encuentres libre para ministrar a tu amigo?
Cortesía de la Iglesia Adventista de Santa Clara, Cuba
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