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Jesús y el Santuario
 

 
 

Para el 15 de enero de 2005

 

Material Auxiliar

Texto Clave: Hebreos 9:28.
 

 

 

Objetivos para el Maestro

1. Recordar a la clase que en el momento en que entró el pecado, hubo un Salvador.

2. Presentar el ritual del Santuario como una parábola viviente de la historia de la salvación.

3. Invitar a los miembros de la clase a aceptar la expiación por medio de la sangre
 

 

Bosquejo de la Lección

       

        I.            Dios sale a buscar a sus hijos perdidos (1 Ped. 2:24).

                             A.            Nuestro Dios desea guiarnos del pecado a la salvación.

                             B.            Aun antes de que se construyera el Santuario terrenal, se ofrecieron sacrificios como un recordativo del precio que se debía pagar por el problema del pecado y su solución definitiva.

                             C.            Dios está dispuesto a perdonarnos mediante el sacrificio de Cristo, ofrecido en nuestro lugar.

     II.            El Santuario terrenal ilustra la esperanza en acción (Éxo. 25:8).

                             A.            El Santuario actuaba como un lugar de reunión de Dios con su pueblo.

                             B.            La muerte de cada animal sacrificado señalaba la muerte de Jesús.

                             C.            Dios podía mostrar su voluntad para su pueblo por medio de los ritos del Santuario.

   III.            La sangre purifica y salva (Lev. 17:11).

                             A.            La ofrenda de sangre inocente era el centro del modelo de la salvación que ejemplificaba el Santuario.

                             B.            Como pecadores, deberíamos ser destruidos, pero Dios proveyó, a un costo muy elevado, una salida.

                             C.            Jesús cargó nuestros pecados, como Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

 

Resumen

Aun antes de que se instituyeran los ritos del Santuario, el sacrificio de una víctima inocente mostraba la historia del evangelio como en una cápsula; más tarde, los ritos del Santuario fueron un modelo del deseo de Dios de encontrarse con su pueblo, rescatarlo y restaurarlo a una comunión cara a cara con él. En cada sacrificio sangriento se simbolizaba “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). “Se da libertad a todos para ir directamente a Dios por medio de un Salvador personal” (MGD 155).

 

Comentario

Jesús y el Santuario.

Introducción: Dios diseñó los ritos del Santuario del antiguo Israel, con su sistema de tipos y ordenanzas, para iluminar los corazones de su pueblo con la esperanza del evangelio y mantener viva su fe en el Mesías venidero. Dadas con el mismo propósito, las profecías delinean con exactitud matemática los eventos principales en la vida carnal del Mesías, desde su nacimiento hasta su sacrificio en la cruz y su glorificación subsiguiente.

I. Los ritos anteriores al Santuario.

Las Escrituras caracterizan al evangelio como “eterno” (Apoc. 14:6). Mucho antes del Calvario, Cristo, como el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8) y la verdadera Luz que alumbra a todos los que vienen al mundo (ver Juan 1:9), estaba dando vislumbres de su expiación mediante los sacrificios que él ordenó que se hicieran en el acto de adoración a Dios (ver Gén. 8:20; 15:8-17; Juan 3:14-16).

II. El Santuario terrenal.

Cada aspecto de los ritos del Santuario presentaba el evangelio en un tapiz de metáforas vivientes. “En su templo, todo proclama su gloria” (Sal. 29:9). La meta central de los ritos del Santuario era ilustrar cómo se perdonaba el pecado y se lo eliminaba de la vida; y, con ello, se restauraba la conexión quebrada entre los pecadores y Dios (ver Éxo. 25:8; Lev. 26:11-13).

Dios dio instrucciones para que se construyera el Santuario según un modelo específico que se le mostró a Moisés (ver Éxo. 25:9, 21, 22, 40; Heb. 8:1-5.) Las lecciones que se enseñaban por medio del Santuario eran tan vitales para el desarrollo humano y su destino, que nada podía ser dejado al azar; de lo contrario, los efectos de la imaginación humana podrían oscurecer la verdad. Sólo la verdadera adoración señala el camino de regreso a Dios, no un híbrido con ideas humanas y divinas. Todas las lecciones que enseñaban los ritos del Santuario sobre la tierra eran un reflejo, en una escala más pequeña, del Santuario celestial, que el Señor levantó y no el hombre.

III. La sangre y el Santuario.

Para simbolizar la centralidad de los méritos de la sangre, Dios indicó a Moisés que salpicara sangre sobre el altar del sacrificio, sobre el libro del pacto y sobre el pueblo mismo (Éxo. 24:3-8). El tabernáculo y los sacerdotes también fueron consagrados con sangre para sus funciones (Lev. 8:1-30). Lo que hacía expiación para el alma penitente era la aplicación de la sangre, y sin derramamiento de sangre no había remisión de pecados (ver Lev. 17:11; Heb. 9:22). Esta profusión de sangre se explica completamente en el Nuevo Testamento, como un símbolo del derramamiento de sangre en el sacrificio de Cristo para nuestra salvación (ver Mat. 26:28; 27:4, 6, 8, 24, 25; Rom. 3:25; 5:9; Col. 1:14, 20; Heb. 9:12, 14; 1 Ped. 1:2, 19; Apoc. 1:5; 5:9; 7:14).

IV. El Santuario y el pecado.

Nota que el pecador arrepentido traía un cordero o cabrito como ofrenda por el pecado, pero siempre bajo los dictados de la convicción y no por la fuerza. Por este acto, el suplicante expresaba su fe en la virtud expiatoria del sacrificio del Mesías venidero y su aplicación personal de sus beneficios. Antes de quitar la vida al cordero, él confesaba sus pecados sobre la criatura sin mancha e inocente. El sacerdote hacía la expiación por los pecados confesados, y no el pecador penitente. Tanto el sacrificio como el sacerdote representaban al Mesías (Heb. 7:24-28; 8:4-8; 9:20-28; 1 MS 399-404).

V. La ofrenda suprema por el pecado.

Isaías 53 brilla como una estrella de primera magnitud en la profecía hebrea, para exaltar la misión y el sacrificio propio triunfante del Mesías. Para el bien de aquéllos que aceptan la salvación provista por el Mesías y que aprecian el objetivo de sus sufrimientos sin paralelo, él considera valioso sufrir la angustia de la Cruz(ver Isa. 53:11; Heb. 12:2; 1 Tes. 2:19). Aunque en Isaías 53 claramente se visualizan las futuras pruebas del Mesías, la profecía no transmite ni el menor asomo de autocompasión o resentimiento de parte de Dios. ¡Qué lección para quienes deben soportar sacrificios e injusticias por amor a Cristo! (ver 1 Ped. 2:21-24; Fil. 1:29; 2 Tim. 1:12; 2:9-12).

Considera cómo Isaías desarrolla gradualmente el tema de la naturaleza expiatoria y sustitutiva del sacrificio de Cristo por la humanidad, y apoya las lecciones del evangelio en el capítulo 53 (ver Isa. 26:12, 13; 27:2-6; 40:1-11; 45:22-25; 54:11-17; 61:1-3, 10, 11; 63:7-9; 64:4-8).

El Padre declaró: “Por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”, “habiendo él llevado el pecado de muchos” (Isa. 53:11, 12). Piensa en qué clase de “conocimiento” se requiere para justificar a los seres humanos que, mediante el pecado, están naturalmente en un estado sin justificación. ¡Cómo debe ser Dios para utilizar su conocimiento infinito para nuestra salvación a tan alto costo para sí mismo! Para obtener mayores perspectivas sobre este tema, lee Romanos 4 y 5.

 

ESTUDIO BIBLICO INDUCTIVO

 

Textos para estudiar:  Isaías 53.

1.      Cuando se descompuso tu automóvil, ¿deseaste alguna vez saber por anticipado cuándo sucedería? Si un camión grúa ya estuviera en camino para ayudarte cuando más lo necesitas, definitivamente te habrías ahorrado mucha frustración. Elena de White nos dice que “tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador” (DTG 181). Analiza cómo esa seguridad podría hacer que tu vida sea más segura. Comparte con la clase una ocasión en la que Dios atendió tu necesidad de una manera muy personal y oportuna.

2.      En las narraciones sobre Caín y Abel, sobre el diluvio y sobre la historia de Abraham e Isaac en el monte Moriah, encontramos indicios de un sistema de sacrificios. La adoración giraba en torno de la muerte de un animal inocente. Vivimos en una época en la que los sacrificios del sistema del Santuario terrenal se cumplieron ya en la Cruz. Analiza los elementos de los cultos de adoración de tu iglesia. ¿De qué modo los cultos de adoración en la iglesia podrían reflejar de forma más acabada la comprensión del plan de salvación, iluminados por la Cruz?

3.      Cuando Dios se encontraba con los israelitas en el Santuario, se relacionaba con ellos en varios niveles. Eran momentos de reunión diaria que cumplían muchos propósitos: emitía juicios, guiaba sus jornadas, los purificaba del pecado y tenía comunión con su pueblo del pacto. ¿De qué manera tus momentos de devoción personal diarios permiten a Dios revelarse a ti?

4.      La sangre nos conmueve. Cuando brota de una herida, sentimos debilidad y mareos, y un sentido de nuestra propia mortalidad; al mismo tiempo, una transfusión de sangre puede salvar una vida, porque si la sangre no corre por el organismo estaríamos muertos. Jesús dio a una humanidad devastada y enferma de pecado la mayor transfusión de sangre de todos los tiempos, y la Cruz es la jeringa, o el medio para inyectarla en nuestros corazones. Cuando cantas: “Hondas heridas de transgresión manchan mi vida sin tu perdón [...] Cubre mi vida, Cristo Jesús, blanca cual nieve la hace tu luz” (Himnario Adventista, Nº 278), ¿qué manchas en tu vida recuerdas? ¿De qué modo el saber que Jesús derramó su sangre para tu redención transfunde tu mente con una comprensión del valor de la humanidad caída, a la que todos pertenecemos? ¿De qué modo establecerás relaciones con los que están dentro y los que están fuera de la iglesia?

5.      Durante nuestro estudio de la lección de esta semana, se nos ha recordado a un Dios que se acerca a su pueblo a pesar de su rebelión y del rechazo de su ministerio. En Salmo 130:3 y 4 se nos recuerda que en Dios “hay perdón”. Toma un momento para considerar a alguien que te haya hecho algo malo o te acusó falsamente. ¿Qué pasos podrías dar para otorgarle el perdón a esa persona durante la semana próxima?

TESTIFICACIÓN

 

 

El 11 de septiembre de 2001, después del ataque terrorista a las torres gemelas del Centro Mundial de Comercio, en la ciudad de Nueva York, y sobre el Pentágono, en Washington, D. C., la gente de ambas ciudades formó filas durante horas para donar sangre. En los días inmediatos a los ataques, todavía había esperanza de que se pudiera rescatar a centenares, si no a miles, de sobrevivientes inocentes, que necesitarían unidades de sangre para salvarles la vida. En las ciudades de todo el país la gente ofreció sangre, en una muestra de compasión. Dar sangre simbolizaba el deseo de salvar vidas. Aunque con el transcurrir de los días llegó a ser dolorosamente claro que habría pocos sobrevivientes que usarían esa sangre, los que dieron tan generosamente ese don de la vida no lamentaban haber hecho la donación.

Por emocionante que haya sido eso, no se compara con la oferta que nos hizo Cristo del don de la vida. El Ser perfecto, el Santo Hijo de Dios, voluntariamente ofreció su propia sangre preciosa para redimir a los seres humanos pecadores. ¿Cómo es posible que algunas veces ignoremos o minimicemos esta increíble expresión de amor supremo? ¿Cómo es posible que a veces dejemos de compartir el impacto pleno de esta oferta con otras personas? ¿Qué nos dice esto acerca de la enorme magnitud del amor del Padre por sus hijos perdidos, que lo llevó a permitir que su propio Hijo hiciera esa oferta?

Un padre amante rápidamente ofrece su propia vida para conservar la vida de un hijo. ¿Qué padres amantes no estarían dispuestos a exponerse a peligros físicos, en un esfuerzo por proteger a su niño? El padre que actúa como escudo de su hijo, en un sentido, se pone en el lugar de su hijo.

Jesús se ha ofrecido, como nuestro sustituto, para pagar la penalidad del pecado por nosotros. Todo lo que necesita de nosotros es nuestra aceptación. ¡Nuestros corazones deberían cantar por este conocimiento! Cuando lo hacemos, otras personas con las que entramos en contacto nos preguntarán qué es eso que nos enciende por dentro. Si verdaderamente creemos y si sinceramente aceptamos el don de la salvación que nos da Cristo, no podremos mantenerlo en secreto. Nuestra testificación a los demás será tan natural como el hecho de respirar.

Invita a un compañero de trabajo, a un vecino o a un amigo a unirse contigo al ir a la iglesia esta semana. Explica que quieres que esa persona comparta las bendiciones que son el resultado directo de la sustitución hecha por Cristo por nuestros pecados. Ayuda a esa persona a comprender cómo este don de vida es el más precioso que cualquier persona pueda ofrecer alguna vez.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

 

 

Rompamos el Hielo: Si pudieras borrar un acontecimiento, ¿cuál sería? (Esta pregunta es deliberadamente vaga. Permite que los miembros de tu clase definan borrar y acontecimiento)..

Versículos para el estudio grupal: Isaías 53:4-12.

Preguntas para Reflexionar:

1.      Isaías 53:10 y 11 habla de la vida de un “siervo” como de una “expiación por el pecado”. Levítico 5:14 a 6:7 describe esta ofrenda. ¿Qué relación existe entre la ofrenda descrita en Levítico y la referencia a ella en Isaías?

2.      Enumera las palabras que en Isaías 53:4 al 12 describen la condición humana. ¿De qué modo trata Dios con las peores conductas y actitudes humanas?

3.      ¿De qué manera Isaías 53 es interpretado en el Nuevo Testamento? (Mat. 27:38, 57-60; Juan 1:29; Hech. 8:32-34; Heb. 9:28; 1 Ped. 2:24).

4.      Isaías 53:11 expresa que el Siervo sufriente “justificará [...] a muchos”. ¿De qué modo sucede esta justificación? (Rom. 10:9; 2 Cor. 5:21; Efe. 4:22-24).

Preguntas de aplicación:

1.      Isaías se identifica con aquéllos cuyos pecados son puestos sobre el Siervo. Él usa pronombres inclusivos como nosotros y nuestro. ¿Cómo podemos identificarnos con el Siervo sufriente de Isaías 53? ¿Qué nos dice esto acerca de lo que Jesús hizo por nosotros?

2.      Isaías 53:6 señala que todos somos como ovejas que se han extraviado. ¿De qué maneras la gente, en la actualidad, sea cristiana o no, se apartan del divino Pastor? ¿De qué modo podemos encontrar el camino de regreso a él?

3.      En los versículos 7 al 12 se describe cómo Jesús sufrió por amor a nosotros y cargó nuestros pecados, de modo que pudiéramos ser aceptables ante Dios. En términos prácticos, ¿cómo debemos responder a tanto amor?

4.      De muchas maneras, debemos seguir el ejemplo de Jesús en el servicio (ver Mat. 20:25-28). ¿Cuáles son las implicaciones de elegir este estilo de vida?

5.      ¿Qué enseña Isaías 53:4 al 12 acerca del sufrimiento? ¿De qué modos nuestro sufrimiento tiene un efecto similar al del Siervo sufriente descrito en Isaías 53?

6.      ¿De qué manera el mensaje de Isaías 53 nos brinda seguridad?


 

Cortesía de la Iglesia Adventista de Santa Clara, Cuba

 

 

 

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