Brian Jones

 
Up Domingo 27 Lunes 28 Martes 1 Miércoles 2 Jueves 3 Viernes 4 Lección Juvenil Auxiliar Maestro Notas de Elena White Brian Jones Michael Fracker Pr Alejandro Bullón UNASP PowerPoint MPM Unión Australiana Unión Italiana Dr Lester Bannett Pr. Isaac López Creative Ministries Dr Carlos E Espinosa Cristo PowerPoint Cristo PDF Dr Bruce Cameron Prof Sikberto Marks

 


Pablo, el campeón de la justificación por la fe

Lección 10

Para el 5 de Marzo del 2005


 

Gran parte de la teología más profunda de la cruz nos llega mediante las enseñanzas de Pablo. Su corazón estaba decidido a llevar toda controversia y desafío al Calvario, emplazando a todos ante la cruz. Allí la misericordia y la justicia se unieron mediante el sacrificio divino. Todos los pensamientos de Pablo estaban cautivos al Calvario; ninguna circunstancia o discusiones lo distraían de este tema vital. "Para Pablo, la cruz era el único objeto de supremo interés".1 Por eso afirmó a los corintios: "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Cor. 2:2).

La insistencia de Pablo sobre la primacía de la cruz, no era una táctica artera para mantener ventaja sobre otros teólogos. La cruz era la fuente de toda su vida. Su mente penetraba el poder del Calvario, o, más bien, era penetrada por él (ver Gal. 2:20). El concebía el Calvario como mucho más que un evento histórico. Lo veía como una fuerza viva, la fuente de la gracia, la raíz principal de todo el poder espiritual. Para él, la cruz no era un símbolo ultrapietista como escape de las tristezas de la vida, ni era un manto emocional detrás del cual se puede esconder la vaciedad espiritual. Más bien, para Pablo la cruz era la llave viviente para abrir las riquezas insondables de Cristo. Era el cetro glorioso que, para quienes lo tocan, da perdón y gracia para vivir victoriosamente. Era la fuente que irrigaba su mente con vislumbres del evangelio. Mantenía frescas y fructíferas sus labores. El veía el propósito redentor del Calvario y esto lo conquistaba y capturaba. Para él el vivir era Cristo, Cristo crucificado, resucitado e intercediendo, preparando su reinado como Rey de reyes y Señor de señores (ver Fil. 1:21; 3:20, 21).

La comprensión del evangelio que tenía Pablo no se debía a su genio o sus logros, sino a Aquel que lo redimió y lo eligió para su trabajo. Pablo, plantador de iglesias, predicador e incomparable pastor, también era un hábil expositor de doctrinas y daba soluciones a las controversias. Se ocupaba con eficacia en debates religiosos que marcaron toda la historia de la iglesia, tan sacudida por herejías, disputas y conceptos mal generados que distorsionaban el evangelio (ver Gal. 1:6-8; 2 Cor. 11:2-6).

Pablo afrontó influencias e ideas con algo más que con su intelecto erudito, más que con aplomo diplomático, más que con vislumbres proféticas, aunque tenía todas esas facultades. Para él el aqua regia para todas las controversias era la sangre de Jesús, en todo lo que ella representa. Para Pablo, la expiación era el oro del cielo, y él no la cambiaba por ningún otro sustituto. De este modo, cualquier aleación, o metal espurio —no importa cuan astuta sea su composición o diseño, o cuan brillantes sus pretensiones, cuan formidables sus afirmaciones-se disuelve en la prueba del ácido de la teología paulina.

Para Pablo, cualquier cosa que no concuerda con el Calvario era un engaño y escoria. Reconociendo cuan rápido la "sabiduría" humana levanta su voz, para oscurecer el consejo divino con falsos razonamientos, él declaró: "Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios" (1 Cor. 2:4, 5). Para él, los propósitos de Dios realizados en el Calvario fueron sabiduría incomparable, que avergüenza y destruye a todo lo que se exalta contra el conocimiento de Dios (ver 1 Cor. 1:17-25). Después de todo, ¿qué teoría intelectual regenerará la naturaleza caída de la humanidad; qué ideología nos redimirá de la ruina moral en la cual estamos? El pensamiento platónico deja a los seres humanos tan desnudos como cuando estuvieron en el Edén después de comer el fruto prohibido.

Sabiendo esto, Pablo rehusaba permitir que las sofisterías de los eruditos eclipsaran la cruz o la cambiaran de su posición central en la balanza del destino cósmico. Para él, la cruz no era un adorno o un apéndice del plan de la salvación sino su pilar central y piedra angular. "La palabra de la cruz [...] a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios [...] y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:18, 24). El sabía que en el Crucificado estaban escondidos "todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" y del amor (Col. 2:2, 3). Para Dios, crear un orden perfecto de seres requiere infinito poder y sabiduría, pero para que Dios nos redima y así -sin coerción- recrear seres vueltos perversos por el pecado, se requiere la adición de paciencia y amor infinitos. El Calvario es el medio por el cual Dios realiza esta transformación.

Sabiendo esto, Pablo no da lugar para que intrigas clericales, ceremonialismo o espiritualización se abran camino entre la cruz y sus beneficiarios. De aquí sus palabras de indignación a toda una región de creyentes cuya fe había sido subvertida por ritualistas que exaltaban a Moisés por sobre Jesús y el Calvario: "¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?" (Gal. 3:1).

El encuentro de Pablo con el Cristo crucificado

Cuando Pablo se encontró con Jesús por primera vez fue como el Salvador crucificado. Jesús personalmente se reveló a Pablo de una manera notable (ver Hech. 9). Esto era adecuado, porque hasta ese momento Pablo era un enemigo declarado de la cruz. Para él, Jesús fue legalmente ejecutado como impostor y sus seguidores eran renegados de la sabiduría judaica, que él creía era el único baluarte del mundo contra el paganismo y la herejía. Pablo pensaba que estaba haciendo un servicio a Dios al perseguir a los cristianos (ver Hech. 26:9, 10). Continuó esta feroz hostilidad contra Jesús y su iglesia "por ignorancia, en incredulidad" (1 Tim. 1:13; comparar con Hech. 8:1-5). La ignorancia suya era por un prejuicio tenazmente sostenido, resultado de una educación religiosa defectuosa.

Esta perversión era el fruto de mentes altamente educadas que procuraban establecer su justicia personal y ser aceptados por Dios por sus obras meritorias (ver Rom. 10:3). Para ellos, la afirmación de que los seres humanos eran pecadores y que la cruz era el único medio de redención, era un insulto y un tropiezo porque negaba los méritos de las criaturas y porque ponía a toda la humanidad, judíos y gentiles, en un plano igual de necesidad (ver Rom. 9:30-33). Desde los días de su peregrinación por el desierto, Israel concebía su religión como un sistema de justificación por obras. Esta mala interpretación del evangelio que Dios les había revelado (ver Heb. 4:2; comparar con Gal. 3:8) no era una comunicación errada de parte de Dios. Él conocía el único medio por el cual su pacto con Israel sería efectivo (ver Exo. 24:8; Lev. 17:11). Pero el corazón de los seres humanos tiene una tendencia a traducir mal la historia de la redención, mediante una loable respuesta humana a los requerimientos de Dios.

Ciertamente, debemos obedecer a Dios. Pero también es indudable que nosotros no tenemos fuerzas para obedecerle (ver Rom. 1:5; 8:7). Sólo por los méritos de un Salvador crucificado y resucitado podemos recibir el poder para vivir en armonía con la voluntad de Dios como está expresada en su Palabra. La verdadera obediencia es el fruto de la gracia aceptada por fe. Con gran pasión y elocuencia incandescente, Pablo suplicó a los gálatas que reconocieran esto (ver Gal. 3:1-5; 5:1-7). El no hablaba contra la obediencia ni disminuía su importancia. El dijo mucho más acerca de la necesidad de obedecer a Dios que todos los demás escritores del Nuevo Testamento combinados.

Sin embargo, no podemos dejar de ver la oposición militante de Pablo a la idea de la obediencia como la raíz de la redención. El insistía más bien que la obediencia es el fruto que da evidencia de una conversión genuina.

Por cuanto Pablo conocía el concepto equivocado de su nación acerca de su propia religión, después de su conversión estaba bien calificado para exponer las falacias que surgían de la "ortodoxia" no iluminada. No existía ningún mandato para la interpretación legalista de Moisés y los profetas de Israel que prevalecían en el judaísmo de los días de Jesús (ver Juan 5:39-47; comparar con Luc. 24:25-27; 2 Cor. 3:12-18; Gal. 3:8; Efe. 2:19-22; Heb. 4:1, 2). Pero la misma interpretación equivocada contra la que Pablo argumentaba tan hábilmente ha sido adoptada por muchos cristianos modernos como el verdadero sentido de las Escrituras hebreas. Según esto, algunos teólogos consideran las ideas de los fariseos como representativas del judaísmo y como la teología correcta del Antiguo Testamento. Sin embargo, el farisaísmo y el verdadero judaísmo son diametralmente opuestos, como Jesús lo atestiguó a menudo, y como Pablo tan claramente lo expresó (ver Mat. 15:1-4; 16:6-12; 23:1-39; Juan 5:40-47; Fil. 3:3). Repudiando todo lo que representaba el servicio del santuario y su rica tipología, los fariseos despreciaron el amor del Mesías, quien se comprometió para ser el Cordero que moriría en las manos de quienes pretendían actuar en nombre de Dios.

Después de su conversión, Pablo vio que su orgullo espiritual había impedido que comprendiera la cruz (ver Fil. 3:3-8; Hech. 26:9-15). El orgullo sigue siendo el principal obstáculo para la comprensión de la cruz para cualquier persona. Pablo también se dio cuenta de que la cruz del Calvario iluminaba todo el Antiguo Testamento. Aunque educado en retórica, filosofía y las ciencias, no dependió de ellas para persuadir a la gente acerca de Jesús. En cambio, eligió lo más despreciado pero lo más glorioso del evangelio: la cruz. "Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Cor. 15:3, 4; la cursiva es mía).

El plan humano le hubiera dicho a S. Pablo: "Utiliza tu filosofía como una introducción a tu teología; llama a la ciencia para que te ayude; muestra lo apropiado de las cosas; impresiona a tu audiencia con una idea respetuosa de tus logros en la sabiduría de las escuelas; apunta al vigor de Demóstenes; ponte el manto dorado de Cicerón; habla de tu Maestro en su hombría, sus milagros, benevolencia y piedad; compara sus preceptos con los de los sabios paganos; pero arroja un velo sobre su muerte ignominiosa, y el humillante plan de salvación por la fe en sus sufrimientos, hasta que la mente del público esté algo acostumbrada a las características menos ofensivas de su religión". "No", diría S. Pablo, "no sea que la cruz de Cristo sea hecha vana".2

Pablo no contaminaría el poder del sacrificio de Jesús ni oscurecería su importancia por medio de ningún enfoque apologético de su tema. Él veía que sin la cruz, todas las discusiones religiosas eran tan estériles como la ofrenda de Caín. Planteaba la cruz como el arma contra el pecado y el gran escudo para los pecadores, con el fin de ser rescatados del poder del pecado. Pablo combinaba la claridad doctrinal con el fervor devocional y una aplicación efectiva. El presentaba la virtud que fluye en ríos de sanidad desde el Calvario, extendiéndose a las regiones más remotas de la tierra y a las vidas menos favorecidas. Por esto su teología de la cruz tiene un efecto revolucionario sobre la mente de cualquiera que la explora con equidad.

Cómo entendía Pablo el Calvario

El concepto de Pablo acerca de la cruz puede ser dividido en diez fases interconectadas: revelación, propiciación, justificación y perdón, reconciliación, regeneración, purificación, habilitación, identificación, restauración y unificación. Todas ellas se unen en una completa totalidad y son la suma de la gloria eterna. Podemos obtener un sentido más rico del todo al considerar sus diversas partes, así como vemos una disposición de colores cuando la luz atraviesa un prisma. Un análisis exacto de las partes nos permite apreciar la belleza y armonía de la síntesis. Así que, miremos la gloria de la cruz por medio del prisma de la mente de Pablo.

1. Revelación. Pablo vio surgir de la cruz el misterioso y maravilloso amor de Dios, que es un principio comprometido de sacrificio propio por el bien de todos. Desde el comienzo, toda la creación comprendió que Dios es amor, y floreció con esta verdad. Pero sólo cuando surgió el pecado, por la deserción de Satanás, se manifestaron las cualidades más sublimes del amor: la misericordia, el perdón y el servicio abnegado (ver Rom. 16:25, 26; Efe. 3:8, 9).

2. Propiciación. Pablo exalta a Jesús, "a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados" (Rom. 3:25). Pablo concebía la "propiciación" ** como un sacrificio expiatorio, una sustitución misericordiosa. Esta idea de propiciación trasciende infinitamente el concepto pagano del término. Las culturas paganas estaban bien familiarizadas con la idea de hacer sacrificios expiatorios para aplacar la ira o procurar el favor de sus dioses. Estos sacrificios no les costaban nada a los dioses; los adoradores los ofrecían como una especie de soborno. En contraste, el sacrificio propiciatorio de Dios consistía en soportar en su propio ser la irrevocable penalidad de la ley quebrantada y todos los devastadores resultados de la rebelión humana contra él. "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros" (1 Cor. 5:7; ver también 2 Cor. 5:21).

3. Justificación y perdón. Pablo vio la cruz como la inspiración para el arrepentimiento y la fuente del perdón para los pecadores. Esta es la mayor prueba del amor perdonador de Dios, y no se puede dar mayor incentivo para arrepentirse que los del sacrificio sustitutivo de Cristo (ver Efe. 1:6, 7; Rom. 3:21-26; 5:6-8).

4. Reconciliación. Por la influencia del Espíritu Santo, la cruz ejerce un poder reconciliador sobre el corazón de los pecadores alienados de la vida de Dios (ver Rom. 5:8-11). Esta reconciliación abre el camino para nosotros, antes muertos en pecado, para ser salvos por su vida y recibir el beneficio de su intercesión, porque la sangre de Jesús nos da acceso al trono de Dios, donde somos sostenidos en la vida cristiana (ver Heb. 10:19; 4:15, 16; comparar con Efe. 2:13).

5. Regeneración. Por la cruz experimentamos el nuevo nacimiento y el poder de la resurrección de Jesús llega a obrar en nuestra vida (ver 1 Cor. 15:1-4). Pablo asocia en forma consistente la crucifixión de Jesús con su resurrección (ver, por ejemplo, 1 Cor. 15:12-24). El vio en la resurrección más que la esperanza de ser levantados de la tumba en la segunda venida de Jesús. Él vio que los creyentes deben andar en el poder de la resurrección aun en esta vida. Este poder se ve en nuestra vida cuando morimos a las demandas de nuestra naturaleza pecaminosa y vivimos para la justicia de Cristo (ver Rom. 6:4-6; Efe. 1:18-20; Fil. 2:8-12). Para Pablo este pensamiento no era una abstracción metafísica, sino una realidad concreta.

6. Purificación. El autor de este librito cree que Pablo escribió la Epístola a los Hebreos. En ninguna otra epístola del Nuevo Testamento la virtud purificadera de la sangre de Jesús está tan claramente desarrollada y exaltada (ver Heb. 9:14, 22-27; 10:10-12).

7. Habilitación. Pablo consideraba la cruz como la fuerza habilita-dora que permite a los cristianos vivir la vida de fe y armonía con la voluntad divina (ver Rom. 6:6; Gal. 5:24; Heb. 13:20, 21).

8. Identificación con Jesús. La cruz ligó a Pablo en un compañerismo muy rico con Jesús (ver Gal. 2:20). Esa ferviente identificación con Jesús como su Sustituto y Garantía obraron como un giroscopio espiritual en su vida, sosteniéndolo en todas sus pruebas y dificultades.

9. Restauración. La mente de Pablo se detenía alegremente en la perspectiva de la eventual restauración de la paz eterna y la perfección en todo el universo como resultado del sacrificio expiatorio de Jesús (ver 1 Cor. 15:21-28; Rom. 8:17-23).

10. Unificación. Bajo la inspiración del Espíritu, Pablo presentó una "teoría unificada de los campos" del cosmos, cuyo principio fundamental es el amor abnegado de Dios, tal como fue manifestado en Jesús, para generar y preservar la perfección moral y la armonía en todo el universo, para que Dios pueda ser el todo en todos. Pablo lo afirma de este modo: "Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de la cruz (Col. 1:19, 20; comparar con Efe. 1:7-12).

Pablo adhirió a esta resolución de no conocer nada excepto a Jesucristo y a él crucificado. Cumplió su objetivo en una forma mucho más profunda que permitiendo que la cruz fuera el único objeto de su análisis: él permitió que el espíritu del Calvario saturara todos sus pensamientos y sentimientos (ver Efe. 5:2). Para él la cruz no era un fetiche o un símbolo litúrgico; él asimiló y vivió sus principios.

Por eso Pablo fue capaz de captar y, bajo la inspiración divina, presentar el significado de la cruz. Su concepto de la cruz está resumido en su testimonio: "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gal. 6:14). De este modo su vida llegó a ser un conducto del poder redentor del Calvario (ver 2 Cor. 4:6-12; 5:14, 15; 1 Tes. 2:5-13). Esto es lo que le da una fuerza tan perdurable a sus escritos. Ellos respiran la atmósfera de la cruz y exhiben la gloria inefable e insondable del Crucificado, "el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Rom. 4:25).

 


 

Referencias


 
 

[Acerca de Nosotros]  [Centro Internacional de la Escuela Sabática]  [Ministerios de Iglesia][Ministerio de la Salud] [Ministerio de la Palabra]  [Ministerio Profético] [ Ministerios Apologético] [Ministerios de Música]  [Ministerios Audio-Visual [Centro White MPM]  [Centro de investigación]  [Centro de Noticias MPM] [Historia IASD]  [Iglesias ASD en la Red]  [Escríbenos]  [Conozca a Marissa]  [Conozca al Dr. Martínez]  [Foto-Album  Familia Martínez]   [Home]

 

Usted es el Visitante FastCounter by LinkExchange