

Para el 1 de Enero del 2004
Era una situación desesperada y peligrosa: los Estados Unidos no podían mantener en secreto ninguno de sus movimientos militares y navales. Las fuerzas del Eje habían descifrado los códigos militares de los aliados y podían entender todos los mensajes trasmitidos. Pero las acciones norteamericanas en el Pacífico no podían tener éxito si no se mantenían en secreto.
Mientras los criptógrafos norteamericanos luchaban para inventar un código imposible de abrir, Philip Johnston, un misionero a los navajos, recordó cuan desconcertados estuvieron los alemanes durante la Primera Guerra Mundial mientras los choctaws conversaban libremente por la radio trasmitiendo mensajes que ayudaron a las fuerzas aliadas a obtener la victoria. Philip Johnston hablaba fluidamente el idioma navajo. Los maestros designados para americanizar a los navajos habían luchado para remplazar su lengua en favor del inglés, pero los navajos habían rehusado ser sometidos. El sabía que pocas personas, fuera de los navajos, entendían este difícil lenguaje.
Por instancias de Philip Johnston, el Departamento de Guerra decidió establecer una brigada de "código-hablantes", quienes transmitirían la información entre las flotas y los escuadrones norteamericanos durante sus movimientos tácticos. Estos código-hablante navajos inventaron centenares de términos militares y los memorizaron, sin dejar nada escrito que pudiera ser capturado. Durante toda la guerra su lenguaje fue un misterio para los criptógrafos japoneses, que no pudieron interferir los movimientos de la marina norte-americana. Los código-hablantes navajos desempeñaron un papel vital en cada ataque norteamericano desde 1942 hasta 1945. El arma militar secreta más efectiva durante la Segunda Guerra Mundial fue un idioma antiguo. Irónicamente, el idioma que los Estados Unidos procuró eliminar llegó a ser un escudo de seguridad.
Para muchos, la Palabra de Dios es tan incomprensible como los mensajes de los código-hablantes navajos de la Segunda Guerra Mundial. Encuentran que las profecías son tan misteriosas como los jeroglíficos egipcios, y las doctrinas de las Escrituras les parecen disparates (ver Dan. 12:8-10; 1 Cor. 2:12-14). Sin embargo, hay una gran diferencia entre la criptografía navaja y la Biblia. El código navajo debía ser comprendido sólo por un pequeño número de iniciados, pero Dios quiere que todos comprendan su Palabra y sigan su luz guiadora (ver Sal. 119:105; Prov. 6:23).
Los japoneses trabajaron desesperadamente para descifrar el código que exponía los movimientos navales y aéreos del enemigo. Muchos consideran que la Biblia es un libro de poca importancia, y cuando la abren, la usan con indiferencia. Otros tratan de descifrar los esquemas teológicos de las Escrituras usando poderes racionales y habilidades lingüísticas. Pero se les escapa el poder y la belleza del mensaje bíblico porque no son humildes aprendedores en la escuela de Cristo. La Biblia es tan sencilla que un niño atento puede comprenderla. Pero lo que es espiritual debe ser discernido espiritualmente, y la Biblia es un libro espiritual.
Oculto a los sabios
En Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. El dice: "Aprended de mí, que soy manso y humilde dé corazón". Ante los arrogantes eruditos doctores de la ley declaró: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó" (Mat. 11:29, 25, 26).
La Palabra de Dios no descubre sus tesoros a los burlones, ni a los enemigos que procuran decodificarla sólo para burlarse de sus devotos La erudición no puede alcanzar las alturas de la sabiduría del, cielo Dios declara: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, n vuestros caminos mis caminos. [...] Como son más; altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isa. 55:8, 9). Debemos; pedirle al Señor en oración que abra (nuestros ojos para que podamos contemplar las maravillas de su ley y las glorias de su evangelio. No importa cuan limitado sea nuestro conocimiento y poder de compren sión, si estamos dispuestos a hacer la voluntad de Dios, comprenderemos su verdad (ver Juan 7:17).
Los que estudian la Biblia para descubrir el orden inicial de Dios el surgimiento y el fin del mal, comienzan con la motivación correcta Pero si vamos a la revelación de Dios como si fuera mitos o alegorías entonces el plan de salvación llega a ser un mero cuento de hadas.
La Palabra de Dios lleva el sello de su Autor divino, de modo que no puede ser quebrantada (ver Sal. 12:6, 7; Isa. 40:8; Juan 10:35) Descubre sus tesoros a los afligidos de corazón que procuran sanidad de Dios. Acercarnos al tema de la cruz de Cristo, desde sus primera vislumbres a su sublime realización en el Calvario, abre la percepción de estos temas que han ocupado a los filósofos durante siglos. Comprenderlos da dirección y destino a nuestra vida.
¿Cómo comenzó todo? ¿Cómo surgió la necesidad del sacrificio de Cristo? ¿Cuál es la razón de todo el desorden moral y social que vemos en nuestro mundo? Estas preguntas llegan a ser apremiantes si comenzamos con la creencia de que Dios es amor. Ciertamente los asesinatos, la violencia, las guerras, el crimen, el vicio y los entretenimientos brutales sobre la tierra no son manifestaciones de amor sino de li opuesto. Así que, ¿por qué existe el mal, esas historias que exaltan 1 vileza y se mofan de la decencia, se venden drogas que destruyen 1 mente, se hacen estallar autobuses llenos de niños, se arrojan bomba sobre las ciudades, y se estrellan aeronaves contra edificios de oficina atestadas de gente?
Dios declara que él creó el mundo, y que todo lo que hizo era muy bueno. El creó a Adán y Eva a su propia imagen, participantes de su divina bondad (ver Sal. 25:8; Ecl. 7:29). La palabra hebrea yashar, traducida como "recto", tiene connotaciones de "parejo", "adecuado", "equilibrado", "bueno". No sorprende que las Escrituras asocian el mal con lo torcido, cuya raíz hebrea es akal, que literalmente significa "retorcer" o "pervertir" (ver Deut. 32:5; Sal. 125:5; Prov. 2:15).
La creación original de Dios estaba libre de la angustia que el pecado introdujo en el universo. Cada ser inteligente sabía que Dios es amor y le servían con gozo ilimitado. Ningún dolor o temor arruinaba la perfecta felicidad. No existía egoísmo, violencia o disgusto. Ninguna duda surgía con respecto a la sabiduría y el perfecto amor del Creador.
Pero Dios sabía, desde el comienzo, que había un riesgo oculto en el don de la libertad de elección. El sabía que sin la libertad para elegir, la vida sería como un espectáculo de marionetas donde él movía los hilos. Esto no les daría satisfacción a Dios ni a sus criaturas, porque éstas no serían sino robots con una lealtad fingida a su Creador, el dueño cósmico de las marionetas. Para que la vida tuviera significado, Dios otorgó a los seres racionales los poderes del discernimiento moral y la elección. Sin embargo, quienes poseyeran este poder podían abusar de él Cualquiera que lo usara mal voluntariamente, generaría una crisis moral.
El Dios que creó el universo por su palabra también comunicó a cada parte instrucciones claras con respecto a la vida y la piedad (ver Sal. 19; 139). Atendió las necesidades de todos, eliminando toda posibilidad de insatisfacción de sus criaturas. No retuvo ninguna cosa buena y extendía a todos- sus beneficios. El amor de Dios es abundante y expresivo. Por lo tanto, el apartarse de su voluntad no sería un accidente sino una elección, un acto deliberado de rebelión.
El originador de la rebelión
Lucifer, el ser creado de más elevado rango, el que estaba junto al trono como primer ministro del universo, fue el originador de la rebelión. Las Escrituras revelan que Lucifer abusó de su poder moral, no por error, sino por el orgullo y la exaltación propia. Dios no plantó esas semillas del mal; Lucifer era perfecto cuando fue creado (ver E2 28:15). No fue víctima de malos tratos o abuso. Más bien, Dios otorgó privilegios y honores, y lo dotó con todo talento que una mente inteligente pudiera desear. Pero Lucifer, gradualmente, se enamoró de sí mismo. El orgullo impidió que viera que todos sus talentos, habilidades y su vida misma eran regalos de su Creador. Con el tiempo, aminoró el honor y la adoración que pertenecían solamente a Dios (vea Isa. 14:13, 14).
Hasta que Lucifer convirtió su libertad en rebelión, todas las criaturas de Dios le habían servido con un amor puro y nacido del aprecio por el carácter de Dios. Eran leales a él sin dudas ni descontento. Pe Lucifer fue un comunicador astuto. Sutilmente insinuó su deslealtad Dios en las mentes de los ángeles. Expresó sus ideas con respecto carácter de Dios en forma tan artera que los ángeles estuvieron perplejos. Siendo que Lucifer era el ángel principal, las preguntas que hacía parecían plausibles: ¿Por qué los ángeles perfectos necesitan leyes para gobernarse cuando su propia sabiduría era una guía suficiente ¿Qué derecho mayor a la adoración tenía el Hijo de Dios que no tenia Lucifer mismo? De hecho, la hermosura y las capacidades de Lucifer no parecían muy inferiores a las del Hijo, Dios clarificó el asunto delante del universo. Identificó a su Hijo como co-eternamente divino y co-supremo en autoridad consigo mismo. Pidió a todos los ángeles que lo adoraran, no por obligación, si] porque él era él Creador y el Sustentador de la vida (ver Heb. 1:1-8). Y la mayoría de los ángeles se mantuvo del lado de Dios, arraigados en amor a Dios y su lealtad a él. A pesar del razonamiento de Dios o Lucifer y los ruegos de los ángeles pidiéndole que reconsiderara sus caminos, Lucifer progresivamente se endureció en el orgullo y la rebelión. Presentó quejas y acusaciones complejas contra Dios: tergiversaciones sutiles y maliciosas.
Los engaños de Lucifer entramparon a un tercio de los ángel Se unieron a él en resistir el consejo divino, destruyendo así la armonía del cielo. Los ángeles, leales y desleales, se enredaron en discusiones teológicas acerca del carácter y los propósitos de Dios. Se formar dos bandos, y el golfo entre ellos se ensanchó y la controversia creció.
Luego, la disidencia de Lucifer y de los ángeles insatisfechos fue una rebelión abierta. Lucifer dejó de ser el portador de luz del universo y se convirtió en Satanás, el adversario, también llamado el dragón.
Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás,, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él (Apoc. 12:7-9).
Dios reveló a los ángeles fieles el precio que tendría que pagar para restaurar la armonía moral en el universo. No revocaría la libertad de elección. No utilizaría la fuerza. Tenía un plan mejor. En su corazón había una reserva de la cualidad más noble del amor: la misericordia abnegada. Este remedio sería revelado sólo si la necesidad lo exigía: Dios estimó que la libre elección es tan importante que estuvo dispuesto a pagar el costo de su perpetuación.
"El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior [...] Fue una revelación 'del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio' (Rom. 16:25, VM). Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previo su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito 'para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna' (Juan 3:16)".1
El comandante sufriente
Tan inmutable como es la ley divina y el amor, Jesús fue revelado al universo como el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc. 13:8). ¡Qué dolor debe haber causado al universo al saber de este sufrimiento! Pero reconociendo que este sacrificio daría seguridad eterna al universo, los ángeles se inclinaron reverentemente ante Dios, deseosos de ayudarle para la realización de su gran designio El participar en el plan de Dios ofreció a los ángeles una educación mucho más profunda en los misterios de la justicia y la misericordia divinas de lo que podrían haber obtenido si hubieran sido meramente espectadores pasivos (ver Sal 103:19- 21; 104:1-4; 68:17; Deut. 33:1-3; Hech. 7:53; Juan 1:51).
Lucifer, el enemigo declarado de la ley de Dios, se ofendió por e primer mandamiento, que declara la supremacía de Dios. El violó lo dos preceptos de la ley moral: amar a Dios y amar a todos los seré creados. Las palabras de Lucifer reflejan su desesperación por recibir el homenaje que corresponde sólo a Dios: "Junto a las estrellas d Dios, levantaré mi trono [...] seré semejante al Altísimo" (Isa. 14:1-14). Esta ansia lo llevó a usar sus energías para desacreditar a Dios hacerlo aparecer como indigno de adoración.
Así como Lucifer había engañado a los ángeles con sus sofismas engañó a la primera mujer. Un análisis cuidadoso de Génesis 3:1-6 es pone el método básico de engaño que él usa.
1. Se disfrazó.
2. Hizo una pregunta para crear dudas acerca de Dios.
3. Implicó que Dios era arbitrario en sus restricciones.
4. Negó que la desobediencia a la palabra de Dios resultaría e consecuencias adversas.
5. Negó la realidad de la muerte, implicando que era sólo una amenaza de un dios tirano.
6. Dijo que desobedecer la palabra de Dios era una liberación que le permitiría desarrollar la divinidad latente en los seres human en forma independiente de la autoridad divina.
7. Implicó que el mal era una forma más avanzada del bien q Dios retenía para mantener a los seres humanos bajo su dominio.
8. Implicó que los poderes humanos eran superiores a cualquier instrucción o advertencia revelados divinamente.
Este es el óctuplo sendero hacia la ruina definitiva. Todas las religiones y filosofías falsas ofrecen interminables variaciones de esta octava de sofismas seductores.
Eva se rindió a las mentiras de Satanás, y Adán siguió su ejemplo. Habiendo perdido sus mantos de luz, ahora estaban desnudos, temblando al aire helado de la insubordinación a la amante voluntad de Dios y huyendo de su compañerismo. Su desobediencia los dejó confundidos y degradados. Pero Dios no los abandonó. Los sacó de su temor y vergüenza, y de su vano intento de esconderse, y los vistió con vestiduras materiales que representaban la cobertura de su gracia y la gloria de su plan.
Adán y Eva no podrían transmitir a sus descendientes otra cosa que su naturaleza caída, pero Dios reveló que su gracia domina la corrupción innata de la humanidad e implanta su justicia regeneradora en quienes la acepten. Su plan asegura la redención y el aniquilamiento del mal y sus terribles efectos. Revela que hasta que la batalla entre el bien y el mal se resuelva plena y finalmente en la Tierra, el planeta y sus habitantes serán envueltos en una atmósfera de gracia con la posibilidad de la redención para cada persona.
Con una magnífica síntesis, Romanos 5 expone la teología de la intervención de Dios. De hecho, todas las Escrituras revelan el plan de la redención en su historia y profecías. Cada vida que acepta o rechace la salvación atestigua del amor de Dios para transformar la desagracia en una restauración gloriosa para esta raza devastada por el pecando.
Referencias
1. Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Florida, Buenos Aires: ACES, 1986), pp. 13, 14.