El tiempo del fin

Para el 25 de Diciembre del 2004

"Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad" (Daniel 12:3).
El que ha señalado a "cada uno su obra", conforme a su capacidad, jamás dejará sin recompensa al que haya cumplido fielmente su deber. Toda acción de lealtad y fe será coronada con muestras especiales del favor y la aprobación de Dios. A todo obrero se hace la promesa: "Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas".
Por corto que sea nuestro servicio o humilde nuestro trabajo, si con una fe sencilla seguimos a Cristo, no seremos chasqueados en cuanto a la recompensa. Aquello que aun los mayores o los más sabios hombres no pueden ganar, el más débil y el más humilde puede recibir, Los áureos portales del cielo no se abrirán ante el que se exalta a sí mismo. No darán paso a los de espíritu soberbio. Pero los eternos portales se abrirán de par en par ante el toque tembloroso de un niñito. Bendita será la recompensa de gracia concedida a los que trabajaron por Dios con simplicidad de fe y amor. Las sienes de los que hacen esta obra llevarán la corona del sacrificio, pero recibirán su galardón.
Para todo obrero de Dios este pensamiento debiera ser motivo de estímulo y animación. En esta vida nuestra obra para Dios parece a menudo casi estéril. Nuestros esfuerzos en hacer bien pueden ser fervientes y perseverantes. No obstante, puede que no se nos permita presenciar sus resultados. Para nosotros, el esfuerzo puede parecer perdido. Pero el Salvador nos asegura que nuestra obra queda anotada en los cielos, y que la recompensa no puede fallar {Servicio cristiano, pp. 329, 330).
Domingo 19 de diciembre: El tiempo del fin
"El derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir" (Isaías 59:14).
Estamos viviendo en el tiempo del fin. El presto cumplimiento de las señales de los tiempos proclama la inminencia de la venida de nuestro Señor. La época en que vivimos es importante y solemne. El Espíritu de Dios se está retirando gradual pero ciertamente de la tierra. Ya están cayendo juicios y plagas sobre los que menosprecian la gracia de Dios. Las calamidades en tierra y mar, la inestabilidad social, las amenazas de guerra, como portentosos presagios, anuncian la proximidad de acontecimientos de la mayor gravedad. Las agencias del mal se coligan y aúnan sus fuerzas para la gran crisis final. Grandes cambios están a punto de producirse en el mundo, y los movimientos finales serán rápidos.
El estado actual de las cosas muestra que tiempos de perturbación están por caer sobre nosotros. Los diarios están llenos de alusiones referentes a algún formidable conflicto que debe estallar dentro de poco. Son siempre más frecuentes los audaces atentados contra la propiedad. Las huelgas se han vuelto asunto común. Los robos y los homicidios se multiplican. Hombres dominados por espíritus de demonios quitan la vida a hombres, mujeres y niños. El vicio excita a los seres humanos y prevalece el mal en todas sus formas.
El enemigo ha alcanzado a pervertir la justicia y a llenar los corazones de un deseo de ganancias egoístas. "La justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir" (Isaías 59:14). Las grandes ciudades contienen multitudes indigentes, privadas casi por completo de alimentos, ropas y albergue, entretanto que en las mismas ciudades se encuentran personas que tienen más de lo que el corazón puede desear, que viven en el lujo, gastando su dinero en casas lujosamente amuebladas y en el adorno de sus personas, o lo que es peor aún, en golosinas, licores, tabaco y otras cosas que tienden a destruir las facultades intelectuales, perturban la mente y degradan el alma. Los gritos de las multitudes que mueren de inanición suben a Dios, mientras algunos hombres acumulan fortunas colosales por medio de toda clase de opresiones y extorsiones.
Las Escrituras describen la condición del mundo inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo. Pruebas terribles esperan al pueblo de Dios. El espíritu de guerra agita las naciones desde un cabo de la tierra hasta el otro. Mas a través del tiempo de angustia que se avecina, un tiempo de angustia como no lo hubo desde que existe nación, el pueblo de Dios permanecerá inconmovible. Satanás y su ejército no podrán destruirlo, porque ángeles poderosos lo protegerán (Exaltad a Jesús, p. 350).
Se me mostró que existe un terrible estado de cosas en nuestro mundo. El ángel de la misericordia está plegando sus alas, listo para retirarse. El poder refrenador del Señor se está retirando de la tierra, y Satanás está agitando a los líderes del mundo religioso para colocarlos bajo el entrenamiento del gran engañador que obra en los hijos de desobediencia. Los habitantes de la tierra ya están marchando bajo la dirección del príncipe de las tinieblas, y esto es sólo el principio del fin.
La ley de Dios es invalidada. Vemos y oímos acerca de confusión y perplejidad, miseria y hambre, terremotos e inundaciones. Terribles ultrajes serán cometidos por los hombres; la pasión, no la razón, es la que impera. La ira de Dios recae sobre los habitantes del mundo, que están corrompiéndose rápidamente como los habitantes de Sodoma y Gomorra. El fuego y la inundación ya están destruyendo miles de vidas y la propiedad que ha sido egoístamente acumulada oprimiendo a los pobres. El Señor pronto abreviará su obra y pondrá fin al pecado. ¡Oh, ojala impresionen profundamente las mentes de los profesos hijos de Dios las escenas que me han sido presentadas de las iniquidades cometidas en estos últimos días! {¡Maráñala: El Señor viene!, p. 135).
Lunes 20 de diciembre: Miguel, el Príncipe
Al aproximarnos a los peligros de los últimos días, las tentaciones del enemigo se tornan más fuertes y más decididas. Satanás ha descendido con gran poder, sabiendo que su tiempo es corto; y está obrando" con todo engaño de iniquidad para los que se pierden" (2 Tesalonicenses 2:10). Mediante la Palabra de Dios nos llega el aviso de que, si fuera posible, engañaría a los mismos elegidos.
Sucesos extraordinarios han de ocurrir pronto en el mundo. El fin de todas las cosas está cercano. El tiempo de angustia está por llegar para el pueblo de Dios. Será entonces cuando se promulgará el decreto prohibiendo comprar o vender a los que guardan el sábado del Señor, y que se los amenazará con castigos, y aun con la muerte, si no observan el primer día de la semana como día de reposo.
"En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca me desde que hubo gente hasta entonces, pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro" (Daniel 12:1). Por esto podemos ver la importancia de tener nuestros nombres escritos en el libro de la vida. Todos aquellos cuyos nombres estén registrados allí serán librados del poder de Satanás y Cristo ordenará que les sean quitados sus vestidos sucios y que sean vestidos con su justicia...
En el tiempo de angustia Satanás excita a los malvados y éstos rodean a los hijos de Dios para destruirlos. Pero no sabe que en los libros del cielo se ha escrito la palabra "perdón" frente a sus nombres. Tampoco sabe que se ha dado esta orden:
"Quitadle esas vestiduras viles... Pongan mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas" (Zacarías 3:4, 5) (En los lugares celestiales, p. 344).
"Y en aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue después que hubo gente hasta entonces: mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos en el libro" (Daniel 12:1).
Cuando termine el mensaje del tercer ángel la misericordia divina no intercederá más por los habitantes culpables de la tierra. El pueblo de Dios habrá cumplido su obra; habrá recibido "la lluvia tardía", el "refrigerio de la presencia del Señor", y estará preparado para la hora de prueba que le espera. Los ángeles se apuran, van y vienen de acá para allá en el cielo. Un ángel que regresa de la tierra anuncia que su obra está terminada; el mundo ha sido sometido a la prueba final, y todos los que han resultado fieles a los preceptos divinos han recibido "el sello del Dios vivo". Entonces Jesús dejará de interceder en el santuario celestial. Levantará sus manos y con gran voz dirá "Hecho es", y todas las huestes de los ángeles depositarán sus coronas mientras él anuncia en tono solemne: "¡El que es injusto, sea injusto aún; y el que es sucio, sea sucio aún; y el que es justo, sea justo aún; y el que es santo, sea aún santo!" (Apocalipsis 22:11, V. M.). Cada caso ha sido fallado para vida o para muerte. Cristo ha hecho propiciación por su pueblo y borrado sus pecados. El número de sus súbditos está completo; "el reino, y el señorío y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo" van a ser dados a los herederos de la salvación y Jesús va a reinar como Rey de reyes y Señor de señores (El conflicto de los siglos, p. 671).
Martes 21 de diciembre: La resurrección
"Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero" (1 Tesalonicenses 4:16).
En la primera resurrección el Dador de la vida llamará a la posesión que él ha comprado, y hasta esa hora de triunfo, en la cual resonará la trompeta final y el vasto ejército se adelantará para apropiarse de la victoria eterna, todo santo que duerme será salvaguardado y protegido como una joya preciosa, a la cual Dios conoce por nombre. Gracias al poder del Salvador que moraba en ellos mientras vivían, y debido a que fueron participantes de la naturaleza divina, serán levantados de entre los muertos.
Gloriosa será la victoria de los santos que duermen [en el Señor] en la mañana de la resurrección... El Dador de la vida coronará de inmortalidad a todos los que se levanten del sepulcro.
Allí estará la hueste que ha resucitado. Su último pensamiento se refería a la muerte y sus dolores. Sus pensamientos postreros fueron referentes al sepulcro y la muerte. Pero ahora proclaman: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" ...
Reciben el toque final de la inmortalidad y se adelantan para encontrar a su Señor en el aire... Del otro lado están las columnas de ángeles... entonces el coro angélico da la nota de victoria y los ángeles, en dos grupos, inician el himno, y la hueste de redimidos se les une como si ya sobre la tierra lo hubiesen entonado, y en realidad lo han hecho. ¡Oh, qué música! No hay una sola nota discordante. Toda voz proclama: "El Cordero que fue inmolado, es digno". Él, por su parte, contempla el trabajo de su alma y se siente saciado (Hijos e hijas de Dios, p. 361).
Cuando Cristo venga para reunir consigo a los que han sido fieles, resonará la última trompeta y toda la tierra la oirá, desde las cumbres de las más altas montañas hasta las más bajas depresiones de las minas más profundas. Los muertos justos oirán el sonido de la última trompeta, y saldrán de sus tumbas para ser revestidos de inmortalidad y para encontrarse con su Señor (Comentario bíblico adventista, t. 7,p. 921).
Miércoles 22 de diciembre: Se abre el libro sellado
El libro que fue sellado no fue el Apocalipsis, sino la porción de la profecía de Daniel que se refería a los últimos días. La Escritura dice: "Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará" (Daniel 12:4). Cuando se abrió el libro se proclamó: "El tiempo no será más" (Véase Apocalipsis 10:6). Ahora ha sido abierto el libro de Daniel, y la revelación hecha por Cristo a Juan debe llevarse a todos los habitantes de la tierra. Mediante el aumento del conocimiento debe prepararse a un pueblo para que resista en los últimos días (Mensajes selectos, t.2,p. 120). :
Mientras los hombres le honraban confiándole las responsabilidades del estado y los secretos de reinos que ejercían dominio universal, Daniel fue honrado por Dios como su embajador, y le fueron dadas muchas revelaciones de los misterios referentes a los siglos venideros. Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete al doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que "hasta el tiempo del fin", en el plazo final de la historia de este mundo, se le permitiría ocupar otra vez su lugar. No le fue dado comprender todo lo que Dios había revelado acerca del propósito divino, sino que se le ordenó acerca de sus escritos profetices: "Tú empero, Daniel, cierra las palabras y sella el libro", pues esos escritos debían quedar sellados "hasta el tiempo del fin". Las indicaciones adicionales que el ángel dio al fiel mensajero de Jehová fueron: "Anda, Daniel, que estas palabras están cerradas y selladas, hasta el tiempo del cumplimiento... Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días" (Daniel 12:4, 9,13).
A medida que nos acercamos al término de la historia de este mundo, las profecías registradas por Daniel exigen nuestra atención especial, puesto que se relacionan con el tiempo mismo en que estamos viviendo. Con ellas deben vincularse las enseñanzas del último libro del Nuevo Testamento. Satanás ha inducido a muchos a creer que las porciones proféticas de los escritos de Daniel y de Juan el revelador no pueden comprenderse. Pero se ha prometido claramente que una bendición especial acompañará el estudio de esas profecías. "Entenderán los entendidos" (Daniel 12;10), fue dicho acerca de las visiones de Daniel cuyo sello iba a ser quitado en los últimos días; y acerca de la revelación que Cristo dio a su siervo Juan para guiar al pueblo de Dios a través de los siglos, se prometió:
"Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas" (Apocalipsis 1:3) (Profetas y reyes, pp. 401, 402).
Jueves 23 de diciembre: "Bienaventurado el que espere"
Se ve una maravillosa conexión entre el universo del cielo y este mundo. Lo que le fue revelado a Daniel fue complementado más tarde por la revelación que se le hizo a Juan en la isla de Patmos. Estos dos libros deben ser cuidadosamente estudiados. Dos veces Daniel preguntó: ¿Cuándo será el fin del tiempo?...
Daniel cumplió su misión de dar su testimonio, el cual fue sellado hasta el tiempo del fin, cuando el mensaje del primer ángel debía ser proclamado a nuestro mundo. Estos asuntos son de infinita importancia en estos últimos días; pero aunque "muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados", "los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá". ¡Cuan cierto es esto! El pecado es la transgresión de la ley de Dios; y los que no acepten la luz con respecto a la ley de Dios no comprenderán la proclamación de los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Al libro de Daniel se le quita el sello en la revelación que se le hace a Juan, lo cual nos permite avanzar hasta las últimas escenas de la historia de este mundo. ¿Tendrán en cuenta nuestros hermanos que estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días? Leed el Apocalipsis en relación con Daniel. Enseñad estas cosas (Testimonios para los ministros, pp. 112, 113).
"Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración" (1 Pedro 4:7).
Las señales de los tiempos nos indican que el fin de todas las cosas se aproxima. Las profecías cumplidas se han convertido en hechos históricos que definen claramente nuestra posición. Estamos en el umbral del mundo eterno. Nuestro señor advirtió anticipadamente a su pueblo que la iniquidad abundaría en los días finales, y ejercería una influencia paralizadora sobre la verdadera piedad. La maldad se ve, se oye y se siente a nuestro alrededor. Parece que penetra la misma atmósfera y afecta la fe y el amor del profeso pueblo de Dios. Es difícil mantener la integridad cristiana. El hecho es que muchas de las cosas corrientes de nuestros días que ocurren en el cristianismo se deben a la ausencia de persecución. Cuando venga la prueba de las fieras persecuciones, una gran proporción de los que profesan la fe mostrarán que su religión no era más que un vacío formalismo...
Los días en que vivimos son peligrosos. En las vidas de muchos cristianos profesos se ven el descuido, la liviandad, el amor a los placeres y la complacencia egoísta. ¿Es éste un tiempo cuando los adventistas han de perder su fe y tornarse fríos y formales? ¡No lo permita Dios! ¿Nos haremos traidores en el preciso instante cuando Dios debería ser más glorificado por nuestra firme adhesión a los principios? ¿Nos alejaremos ahora de las atracciones celestiales, cuando casi podemos ver las glorias de la otra ribera? Vivimos en el período más importante de la historia terrena. Manteniendo nuestra lealtad a Dios, podemos dar el testimonio más noble por Cristo y la verdad.
El verdadero cristiano se aferrará a las promesas de Dios más firmemente ahora que nunca antes. Su corazón está donde ha puesto su tesoro: en el cielo. Cuando se desprecian y olvidan los principios rectos, entonces los fieles y leales manifiestan su gran celo y profundo amor; entonces permanecen firmemente por la verdad, aunque sea impopular (A fin de conocerle, p. 354).
Viernes 24 de diciembre: Para estudiar y meditar
Testimonios para los ministros, pp. 112-119.