Cuando los reyes van a la guerra

Para el 18 de Diciembre del 2004

[Se cita Daniel 10:12,13]. Por esto comprendemos que los instrumentos celestiales tienen que luchar con obstáculos antes de que a su tiempo se cumpla el propósito de Dios. El rey de Persia estaba dominado por el más poderoso de todos los ángeles malos. Como Faraón, rehusaba obedecer la palabra del Señor. Gabriel declaró: "Se me opuso durante veintiún días", mediante sus acusaciones contra los judíos. Pero Miguel vino en su ayuda, y entonces permaneció con los reyes de Persia, manteniendo dominados los poderes, dando buenos consejos en oposición a los malos consejos. Los ángeles buenos y malos tienen una parte en los planes de Dios para su reino terrenal. El propósito de Dios es llevar adelante su obra dentro de pautas correctas, mediante formas que redunden para su gloria. Pero Satanás siempre procura contrarrestar el propósito de Dios. Los siervos de Dios pueden hacer adelantar su obra sólo si se humillan delante del Señor. Nunca deben depender para el éxito de sus propios esfuerzos ni de una exhibición ostentosa.
En la Palabra de Dios tenemos, delante de nosotros, ejemplos de agentes celestiales que influían en la mente de reyes y gobernantes, mientras que al mismo tiempo también los instrumentos satánicos estaban influyendo sobre sus mentes. Ninguna elocuencia humana, mediante opiniones vigorosamente presentadas, puede cambiar la obra de los instrumentos satánicos. Satanás continuamente procura obstruir el camino, de modo que la verdad sea trabada por las ideas humanas; y los que tienen luz y conocimiento están en un peligro mayor, a menos que continuamente se consagren a Dios humillando el yo y comprendiendo el peligro de la hora. Seres celestiales están destinados para responder a las oraciones de los que están trabajando desinteresadamente para promover la causa de Dios. Los ángeles más excelsos de las cortes celestiales están designados para que tengan eficacia las oraciones que ascienden a Dios para el adelanto de la causa del Señor. Cada ángel tiene su puesto particular del deber, del cual no se le permite que se aleje para ir a otro lugar. Si se alejara, los poderes de las tinieblas obtendrían una ventaja (Comentario bíblico adventista, t. 4, pp. 1194, 1195).
Domingo 12 de diciembre: Daniel en visión
En esa ocasión [la visión de Daniel 8 y 9] el ángel Gabriel le dio a Daniel toda la instrucción que el profeta estaba en condiciones de recibir. Sin embargo unos pocos años más tarde, Daniel deseaba saber más acerca de algunos asuntos que no habían sido totalmente explicados por el ángel, y nuevamente buscó luz y sabiduría de Dios. "En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas, no comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento... Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud" (Daniel 10:2-6). Esta descripción es similar a la que expresa el apóstol Juan cuando Cristo se le reveló en la isla de Patmos. Era el mismo Hijo de Dios quien se presentó ante Daniel, acompañado de otro mensajero celestial, para darle a conocer lo que ocurriría en los últimos días.
Las grandes verdades reveladas por el Redentor del mundo son para aquellos que buscan la verdad como a un tesoro escondido. Daniel ya era un anciano que había pasado su vida en medio de la fascinación de cortes paganas, ocupado en los asuntos de grandes imperios. Sin embargo dejaba de lado todo eso para afligir su alma delante de Dios y pedir un mayor conocimiento de los propósitos del Altísimo. En respuesta a sus súplicas, le fue dada luz para aquellos que habrían de vivir en los últimos días. Con qué fervor, entonces, deberíamos buscar al Señor para que pueda abrir nuestro entendimiento para comprender las verdades que han sido reveladas por el cielo...
Aquellos que estén verdaderamente santificados tendrán una experiencia similar a la de Daniel. Cuanto más clara su visión acerca de la grandeza, la gloria y la perfección de Cristo, tanto más vivida será la visión de su propia debilidad e imperfección. No harán alarde de un carácter perfecto, porque lo que parecía recto ante sus ojos, al tener una visión de la pureza y la gloria de Cristo, parecerá indigno y corruptible. Cuando los seres humanos se separan de Dios y pierden de vista la perfección de Cristo, entonces comienzan a decir: "soy impecable"; "estoy santificado" (The Sanctífied Life, pp. 49-51).
Nada menos que un personaje como el Hijo de Dios se apareció a Daniel. Esta descripción es similar a la que presenta Juan cuando Cristo se le reveló en la isla de Patmos. Ahora viene nuestro Señor con otro mensajero celestial para enseñarle a Daniel lo que sucedería en los últimos días. Este conocimiento le fue dado a Daniel y ha sido registrado por la Inspiración para nosotros, a quienes han alcanzado los fines' de los siglos (Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 1194).
Lunes 13 de diciembre: Los postreros días
Mientras los hombres le honraban confiándole las responsabilidades del estado y los secretos de reinos que ejercían dominio universal, Daniel fue honrado por Dios como su embajador, y le fueron dadas muchas revelaciones de los misterios referentes a los siglos venideros. Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete al doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que "hasta el tiempo del fin", en el plazo final de la historia de este mundo, se le permitiría ocupar otra vez su lugar. No le fue dado comprender todo lo que Dios había revelado acerca del propósito divino, sino que se le ordenó acerca de sus escritos profetices: "Tú empero, Daniel, cierra las palabras y sella el libro", pues esos escritos debían quedar sellados "hasta el tiempo del fin". Las indicaciones adicionales que el ángel dio al fiel mensajero de Jehová fueron:
"Anda, Daniel, que estas palabras están cerradas y selladas, hasta el tiempo del cumplimiento... Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días" (Daniel 12:4, 9, 13).
A medida que nos acercamos al término de la historia de este mundo, las profecías registradas por Daniel exigen nuestra atención especial, puesto que se relacionan con el tiempo mismo en que estamos viviendo. Con ellas deben vincularse las enseñanzas del último libro del Nuevo Testamento. Satanás ha inducido a muchos a creer que las porciones proféticas de los escritos de Daniel y de Juan el revelador no pueden comprenderse. Pero se ha prometido claramente que una bendición especial acompañará el estudio de esas profecías. "Entenderán los entendidos" (Daniel 12:10), fue dicho acerca de las visiones de Daniel cuyo
sello iba a ser quitado en los últimos días; y acerca de la revelación que Cristo dio a su siervo Juan para guiar al pueblo de Dios a través de los siglos, se prometió: "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas" (Apocalipsis 1:3).
Del nacimiento y de la caída de las naciones, según resaltan en los libros de Daniel y Apocalipsis, necesitamos aprender cuan vana es la gloria y pompa mundanal. Babilonia, con todo su poder y magnificencia, cuyo parangón nuestro mundo no ha vuelto a contemplar —un poder y una magnificencia que la gente de aquel tiempo creía estables y duraderos— se desvaneció y ¡cuan completamente ¡Pereció "como la flor de la hierba" (Santiago 1:10). Así perecieron el reino medo-persa, y los imperios de Grecia y de Roma. Y así perece todo lo que no está fundado en Dios. Sólo puede perdurar lo que se vincula con su propósito y expresa su carácter. Sus principios son lo único firme que conoce nuestro mundo (Profetas y reyes, pp. 401-403).
Martes 14 de diciembre: La gran controversia
Durante los primeros años del trabajo de restauración por parte de los judíos que habían regresado de Babilonia, los samaritanos fueron incansables opositores. Intimidaban al pueblo de Judá, y lo atemorizaban para que no edificara. "Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro, rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia" (Esdras 4:4, 5). Sus informes falsos despertaban suspicacia en esas mentes que sospechaban fácilmente, y hubo tiempos en que parecía que los que estaban en autoridad trabajaban en contra de los propósitos de Dios. Sin embargo, las influencias malignas fueron sujetadas por muchos años para que el pueblo de Dios pudiera continuar su trabajo.
Durante estos años, el mismo Satanás trató de influir sobre los potentados del imperio medo-persa para que no favorecieran al pueblo de Dios. También fue Satanás quien influyó sobre los samaritanos para que se opusieran. Pero los ángeles de Dios obraban en favor de los que habían retornado y todo el cielo estaba interesado en el conflicto. En el capítulo 10 de Daniel se nos presenta una vislumbre de esta tremenda controversia entre las fuerzas del bien y del mal que duró muchos años.
En esta visión, el ángel Gabriel declaró: "Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia" (Daniel 10:13). Durante tres semanas el ángel Gabriel había estado enfrentando los poderes de las tinieblas tratando de contrarrestar su influencia en la mente del rey Ciro. Y Cristo mismo vino en ayuda de Gabriel para participar del conflicto. Todo lo que el cielo podía hacer en favor del pueblo de Dios se hizo, y la victoria fue finalmente ganada. Las fuerzas del enemigo fueron sujetadas por los siete años del reinado de Ciro y todo el tiempo del reinado de su hijo Cambises.
Fue un tiempo de oportunidades maravillosas para los judíos. Las personalidades más altas del cielo obraban sobre los corazones de los reyes, y al pueblo de Dios le tocaba trabajar con la máxima actividad para cumplir el decreto de Ciro. No debiera haber escatimado esfuerzo para restaurar el templo y sus servicios, ni para restablecerse en sus hogares de Judea. Pero mientras se manifestaba el poder de Dios, muchos carecieron de buena voluntad...
Los israelitas no tenían excusa para detener el trabajo de restauración del templo. El tiempo de mayor oposición era, en verdad, el tiempo en que deberían haber perseverado en la construcción. Pero muchos de ellos despertaron mayor oposición de sus enemigos al mostrar su disgusto por tener que enfrentar el peligro. No tenían esa fe que es "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Dudaban en avanzar por fe confiando en las providencias de Dios, porque no podían ver el fin desde el principio. Y cuando comenzaron a enfrentar dificultades, simplemente abandonaron el trabajo (Review and Herald, diciembre 5, 1907).
Miércoles 15 de diciembre:. Los reyes del norte y del sur
... El complicado juego de los acontecimientos humanos se halla bajo el control divino. En medio de las disensiones y el tumulto de las naciones, el que está sentado más arriba que; los querubines sigue guiando los asuntos de esta tierra.
La historia de las naciones nos habla a nosotros hoy. Dios asignó a cada nación e individuo un lugar en su gran plan. Hoy los hombres y las naciones son probados por la plomada que está en la mano de Aquel que no comete error. Por su propia elección, cada uno decide su destino, y Dios lo rige todo para cumplir sus propósitos.
Al unir un eslabón con otro en la cadena de los acontecimientos, desde la eternidad pasada a la eternidad futura, las profecías que el gran YO SOY dio en su Palabra nos dicen dónde estamos hoy en la procesión de los siglos y lo que puede esperarse en el tiempo futuro. Todo lo que la profecía predijo como habiendo de acontecer hasta el momento actual, se lee cumplido en las páginas de la historia, y podemos tener la seguridad de que todo lo que falta por cumplir se realizará en su orden.
Hoy las señales de los tiempos declaran que estamos en el umbral de acontecimientos grandes y solemnes. En nuestro mundo, todo está en agitación. Ante nuestros ojos se cumple la profecía por la cual el Salvador anunció los acontecimientos que habían de preceder su venida: "Y oiréis guerras, y rumores de guerras... Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares" (S. Mateo 24:6, 7).
El momento actual es de interés abrumador para todos los que viven. Los gobernantes y los estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y mujeres pensadores de todas las clases, tienen la atención fija en los acontecimientos que se producen en derredor nuestro. Observan las relaciones que existen entre las naciones. Observan la intensidad que se apodera de todo elemento terrenal, y reconocen que algo grande y decisivo está por acontecer, que el mundo se encuentra en vísperas de una crisis espectacular.
La Biblia, y tan sólo la Biblia, presentan una visión correcta de estas cosas. En ella se revelan las grandes escenas finales de la historia de nuestro mundo, acontecimientos que ya se anuncian, y cuya aproximación hace temblar la tierra y desfallecer de temor los corazones de los hombres (Profetas y reyes, pp. 393, 394).
En los anales de la historia humana, el crecimiento de las naciones, el levantamiento y la caída de los imperios, parecen depender de la voluntad y proezas del hombre. Los sucesos parecen ser determinados, en gran parte, por su poder, ambición, o capricho. Pero en la Palabra de Dios se descorre el velo, y contemplamos detrás, encima, y entre la trama y urdimbre de los intereses, las pasiones y el poder de los hombres, los agentes del Ser misericordioso, que ejecuta silenciosa y pacientemente los consejos de su propia voluntad...
En medio de la lucha y el tumulto de las naciones, Aquel que se sienta por encima de los querubines, dirige aún los asuntos terrenales... Dios ha asignado un lugar en su gran plan a toda nación y a todo individuo de hoy día. Hoy, los hombres y las naciones son medidos por el nivel que tiene en la mano Aquel que no se equivoca. Todos deciden su destino por propia elección, y Dios dirige todo para la ejecución de sus propósitos.
La historia que el gran YO SOY ha trazado en su Palabra, uniendo eslabón con eslabón en la cadena profética, de la eternidad pasada a la eternidad futura, nos dice dónde estamos hoy en el transcurso de los siglos y qué es lo que se puede esperar en lo futuro (La fe por la cual vivo, p. 170).
Jueves 16 de diciembre: La abominación desoladora
EL apóstol Pablo, en su segunda carta a los Tesalonicenses, predijo la gran apostasía que había de resultar en el establecimiento del poder papal. Declaró, respecto al día de Cristo: "Ese día no puede venir, sin que venga primero la apostasía, y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición; el cual se opone a Dios, y se ensalza sobre todo lo que se llama Dios, o que es objeto de culto; de modo que se siente en el templo de Dios, ostentando que él es Dios" (2 Tesalonicenses 2:3, 4, V M). Y además el apóstol advierte a sus hermanos que "el misterio de iniquidad está ya obrando". Ya en aquella época veía él que se introducían en la iglesia errores que prepararían el camino para el desarrollo del papado.
Poco a poco, primero solapadamente y a hurtadillas, y después con más desembozo, conforme iba cobrando fuerza y dominio sobre los espíritus de los hombres, "el misterio de iniquidad" hizo progresar su obra engañosa y blasfema. De un modo casi imperceptible las costumbres del paganismo penetraron en la iglesia cristiana. El espíritu de avenencia y de transacción fue coartado por algún tiempo por las terribles persecuciones que sufriera la iglesia bajo el régimen del paganismo. Mas habiendo cesado la persecución y habiendo penetrado el cristianismo en las cortes y palacios, la iglesia dejó a un lado la humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles por la pompa y el orgullo de los sacerdotes y gobernantes paganos, y substituyó los requerimientos de Dios por las teorías y tradiciones de los hombres. La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto, causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces la obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supersticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de Cristo.
Esta avenencia entre el paganismo y el cristianismo dio por resultado el desarrollo del "hombre de pecado" predicho en la profecía como oponiéndose a Dios y ensalzándose a sí mismo sobre Dios. Ese gigantesco sistema de falsa religión es obra maestra del poder de Satanás, un monumento de sus esfuerzos para sentarse él en el trono y reinar sobre la tierra según su voluntad. (El conflicto de los siglos, pp. 53, 54).
Viernes 17 de diciembre: Para estudiar y meditar
La edificación del carácter, p. 59-67.