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Cuando los reyes van a la
guerra |
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Para el 18 de Diciembre de 2004 |
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Material Auxiliar |
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Texto Clave: Números 12:6 |
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Objetivos para el Maestro
Bosquejo de la Lección
Resumen Dos adventistas estaban discutiendo acerca de qué modo trabaja Satanás, mediante las personas de la iglesia, para obtener el poder y el control a fin de comprometer la verdad y la justicia. Uno levantó su Biblia y dijo: “Revisé el último capítulo y la última página de mi Biblia. ¡Nosotros ganamos!”. Comentario I. ¿Libertad de elección o determinismo? A diferencia de la postura de ciertas teologías que sugieren que Dios predestina a los seres humanos ya sea a la salvación o a la condenación, los adventistas del séptimo día generalmente creen que Dios nos ha dado libertad para decidir si obedeceremos a él y viviremos, o desobedeceremos y moriremos.
De hecho, la idea de la gran controversia
involucra los esfuerzos de Dios para persuadir a sus criaturas a
obedecerlo porque así lo eligen. Es importante que nos demos
cuenta de que, aunque somos seres libres, sin Dios esa libertad
tiene poco valor o ninguno para nosotros. Dios anhelaba que
tuviéramos compañerismo con él; pero, en ausencia de ese
compañerismo, buscamos otras cosas para llenar el vacío, cosas
que son inadecuadas o peligrosas; aun las cosas que son
inofensivas en sí mismas pueden llegar a ser amos crueles de
nuestra voluntad si les permitimos que tomen el lugar de Dios en
nuestras vidas. No servir a Dios es rebelarse contra su voluntad y, por omisión, nos pone en armonía con la voluntad de Satanás. Después de todo, ¿cómo comenzó Satanás su escalada rebelde? “Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isa. 14:14). Satanás quería ser su propio dios y verse libre del Dios verdadero. Al principio, esto debe de haber parecido bastante inocente, así como le parece a mucha gente hoy. Satanás ni siquiera dijo que él quería reemplazar a Dios; meramente quería ser semejante a Dios, controlar su propio destino. Y él hizo precisamente eso, para su daño personal y el nuestro. Realmente teníamos el control sobre nuestro propio destino, pero teníamos la posibilidad de alcanzarlo en el marco de una sociedad amante con Dios. II. Citas útiles acerca de la libertad de elección. “Daniel no ve problema ni contradicción entre la actividad de Dios en la historia y la libertad humana. Su voluntad ordenada de antemano no desplaza la libertad humana; la persona es libre para tomar decisiones. Pero, cualquier decisión se hace en el contexto del desarrollo inevitable de los eventos. Los hombres pueden elegir servir a la voluntad divina dentro del curso de los eventos determinados por el Soberano divino”.–Arthur Ferch, Symposium on Daniel, p. 66. “Las profecías apocalípticas describen el plan universal de Dios para la raza humana y para su pueblo y, por lo tanto, son incondicionales. El soberano Señor de la historia la conduce, sin violar la elección humana o su libre albedrío, hacia una meta específica: el establecimiento de su Reino eterno sobre la tierra. En consecuencia, la profecía apocalíptica tiene un elemento de determinismo basado en el hecho de que el plan de Dios triunfará a pesar de cualquier oposición”.–Ángel Manuel Rodríguez, Future Glory, p. 12. “Pero el hecho de que Dios sepa lo que los individuos harán no estorba su elección más de lo que el conocimiento que un historiador tiene de lo que la gente hizo en el pasado estorba sus acciones. Tal como una cámara registra una escena sin cambiarla, la presciencia divina contempla el futuro sin alterarlo. El conocimiento anticipado de que disfruta la Deidad nunca viola la libertad del hombre”.–Creencias de los adventistas del séptimo día, p. 29. “Desde una filosofía bíblica de la historia, por lo tanto, la libertad humana debe estar en tensión con la soberanía divina. Negar lo primero es hacer que la historia sea determinista; repudiar (negar) lo segundo es hacerla caótica, incierta y sin sentido”.–William Johnsson, en Frank B. Holbrook, ed., The Seventy Weeks, Leviticus, and the Nature of Prophecy, p. 284. III. Lo que dice la Biblia acerca de la libertad de elección. “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días” (Deut. 30:19, 20). “Escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). “Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él” (1 Rey. 18:21). “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:24, 25).
El amor de Dios por nosotros eclipsa cualquier amor humano; su amor es tan profundo como el océano y tan ancho como el cielo; su amor consume todo y abarca todo. ¿Cómo podemos estar seguros de que Dios nos ama tanto? Considera algunas de las maneras en que él nos muestra su amor:
“La naturaleza y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios. Nuestro Padre celestial es la fuente de vida, de sabiduría y de gozo. Mira las maravillas y las bellezas de la naturaleza. Piensa en su prodigiosa adaptación a las necesidades y a la felicidad, no solamente del hombre, sino también de todas las criaturas vivientes. El sol y la lluvia que alegran y refrescan la tierra; los montes, los mares y los valles, todos nos hablan del amor del Creador. Es Dios quien suple las necesidades diarias de todas sus criaturas. Ya el salmista lo dijo en las bellas palabras siguientes: ‘¡Los ojos de todos miran a ti, y tú les das su alimento a su tiempo. Abres tu mano, y satisfaces el deseo de todo ser viviente’ (Sal. 145:15, 16)” (CC 7). Comparte con otros, en cada oportunidad que tengas, estas manifestaciones del amor expansivo de Dios por sus hijos, de modo que quienes te rodean comprendan cuánto los aprecia Dios a cada uno de ellos. Añade cada día a tu lista un nuevo ejemplo de su amor. Guarda la lista contigo, o colócala en tu Biblia, de modo que puedas referirte a ella con frecuencia, especialmente cuando necesites un recordativo de ese amor grande y perfecto.
Rompamos el Hielo: Piensa en cómo las pruebas y las tristezas a las que has sobrevivido en el pasado te han fortalecido. Tal vez no te diste cuenta de ello en ese entonces; pero, más tarde, cuando enfrentabas un nuevo desafío, te sentías mejor preparado para la experiencia que tenías por delante, a causa de la prueba anterior. Los que han afrontado enfermedades que amenazaban su vida, a menudo manifiestan que son personas mejores por causa de esa experiencia. ¿Por qué piensas que eso es verdad?. Preguntas para Reflexionar:
Preguntas de aplicación:
Cortesía de la Iglesia Adventista de Santa Clara, Cuba
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