
Lección 7 y 8

Para el 13 y 20 de Noviembre del 2004
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Introducción
Si usted estaba ansioso de sumergirse de nuevo en los
capítulos proféticos de Daniel, ahora ha llegado su oportunidad.
El mensaje fundamental de Daniel 7 es que Dios es nuestro
Amigo y que en el juicio todo hombre, toda mujer, todo niño y toda niña
que haya puesto su confianza en Jesucristo encontrará salvación plena y
gratuita. Pero además, hay muchas otras cosas importantes que aprender
de este capítulo. Daniel mismo ya no era joven, y su carrera tampoco era ya ascendente. Tenía unos setenta años, aunque evidentemente todavía no estaba jubilado (Daniel 8:27). La caída de Babilonia (capítulo 5) y su experiencia en el foso de los leones (capítulo 6) eran acontecimientos futuros, porque los capítulos del libro de Daniel no aparecen en orden cronológico. ¡De todas maneras habían transcurrido cincuenta años desde la visión de Daniel 2! Durante el reinado de Nabucodonosor, que se extendió por más de cuarenta años de esos cincuenta, Daniel verificó que Babilonia cumplía ampliamente el simbolismo de la cabeza de oro. Su edad de oro estaba pasando, y parecía que ya todo estaba maduro para que el pecho y los brazos de plata ocuparan su lugar. Era de noche. Daniel estaba soñando, tal vez después de un activo día de oración y estudio de las Escrituras y de la estatua profética. La mayor parte de lo que veía era agua: agua en movimiento, agitada por vientos que procedían de todas direcciones. De repente, mientras sus ojos recorrían las olas turbulentas, su mirada se detuvo para observar la milagrosa aparición de un león imponente, diferente de cualquiera que hubiera visto antes. ¡Tenía alas! Y mientras lo contemplaba, "le fueron arrancadas" las alas, y "se le dio un corazón de hombre", y se paró sobre sus patas traseras "como un hombre" (Daniel 7: 4). El león no se retiró, pero la atención de Daniel se desvió a un animal que parecía un oso, y que causaba la impresión de ser más alto de un lado que del otro. "Levantada de un costado", observó; y tenía tres costillas en su hocico (versículo 5). A este oso ladeado le siguió muy pronto un leopardo con cuatro alas y cuatro cabezas (versículo 6) y finalmente un monstruo espantoso capaz de desafiar toda clasificación de orden zoológico. Daniel no había visto nunca nada parecido. Lo describió como "terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte", "diferente de las bestias anteriores". Y añadió: "tenía diez cuernos". Este horrible animal, que evidentemente se hallaba en una franja de tierra, aparecía en la visión hiriendo todo con ánimo asesino con sus garras de bronce y sus dientes de hierro. "Comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas" (versículos 7 y 19). Mientras observaba asombrado esta bestia salvaje y brutal, su sorpresa creció cuando vio un undécimo cuerno, un "cuerno pequeño" que se abría paso hacia arriba entre los otros diez cuernos del animal, mientras tres de ellos se aflojaban y finalmente se desprendían para cederle su lugar. "Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes cosas" (versículo 8). En ese momento la atención de Daniel fue atraída misericordiosamente de las deprimentes escenas de esta tierra hacia el cielo, hacia un gran acontecimiento que se estaba desarrollando en las alturas. Allí vio al Anciano que presidía el juicio que se celebrará cerca del fin del tiempo. Vio cómo se daba muerte a la cuarta bestia, y que "se le dio el imperio, honor y reino" a Alguien "como un Hijo de hombre" (versículos 9 al 14). Tiene que haber experimentado un gran alivio. Sin duda fue así. Pero continuó profundamente preocupado por la cuarta bestia y sus diez cuernos, y especialmente por el "cuerno pequeño". Mientras anhelaba la presencia de alguien que le pudiera ayudar, se sintió complacido al descubrir a un personaje celestial, que presumimos era un ángel, y que estaba de pie cerca de allí. Pidió al ángel que le dijera "la verdad acerca de todo esto" (versículo 16). El ángel contestó lisa y llanamente: "Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que surgirán de la tierra". Y en seguida dirigió la atención de Daniel al feliz fin de la visión: "Los que han de recibir el reino son los santos del Altísimo, que poseerán el reino eternamente por los siglos de los siglos"(versículos 17 y 18). Daniel no se sintió satisfecho con un mero resumen. Rogó al ángel que le diera los detalles acerca de la cuarta bestia y de sus cuernos (versículos 1-22). Y éste asintió complacido (versículos 23-27). Nos alegramos de que haya asentido porque nosotros, como Daniel, quisiéramos saber tanto como fuera posible acerca de estos importantes asuntos. En los evangelios (S. Mateo 7: 7) Jesús promete: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá". Al reiniciar el ángel su explicación dijo a Daniel, y por su intermedio a todos nosotros: "La cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra" (versículo 23). De manera que la cuarta bestia es el cuarto reino. Antes (versículo 17) el ángel había dicho que las cuatro bestias eran cuatro reyes. Las dictaduras a menudo se confunden con los dictadores. Luis XIV se jactaba diciendo: "L'état c'est moi" (El estado soy yo). Al enteramos de que la cuarta bestia es el cuarto reino, en seguida nos damos cuenta de que estamos frente a la misma serie de potencias mundiales con las que nos encontramos al principio en la estatua de Nabucodonosor que aparece en Daniel 2, es a saber, los imperios babilonio, medopersa, griego y romano, seguidos a su tiempo por el reino de Dios. /~1 Babilonia, representada en la estatua por la cabeza de oro, aparece adecuadamente simbolizada aquí por un soberbio león, el rey de los animales. La gente que visita ahora las ruinas de Babilonia todavía puede ver los leones trabajados en alto relieve en los muros de ladrillo de la, antigua ciudad, y el gran-león-de piedra que después de 2.400 años todavía-se inclina sobre el cuerpo caído de una mujer de piedra. El Imperio Medopersa, simbolizado en la estatua por el pecho y los brazos de plata, puede ser distinguido fácilmente en el oso ladeado de Daniel 7. Nuestra identificación resultará confirmada cuando lleguemos a Daniel 8, donde explícitamente se identifican los dos cuernos desiguales de un camero con los reyes de los medos y los persas. El vientre y los muslos de la estatua representan a Grecia. Lo mismo ocurre con el leopardo en esta secuencia. En Daniel 8 el chivo que ataca al camero medopersa resulta identificado con "el rey o reino de Ya van" (el nombre que los hebreos daban a Grecia). Y las piernas de hierro que representan a Roma en Daniel 2 son reemplazadas aquí por la bestia terrible que escapa a toda clasificación. No puede haber duda en cuanto a la identificación de las cuatro bestias, y las aguas también resultan fácilmente identificables en las Escrituras. En Apocalipsis 17: 15 se nos dice que las aguas simbolizan "pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas". También se puede comparar esta declaración con las de Isaías 17: 12, 13, y Jeremías 46: 8; 47: 1, 2. Aun en nuestro lenguaje común a menudo nos referimos a una vasta multitud calificándola de "un mar de gente". El corazón de hombre representa el cambio que experimentó el carácter de Babilonia después de la muerte de Nabucodonosor. En las tres costillas que se hallaban en el hocico del oso podemos ver a Babilonia, Lidia y Egipto, las tres mayores conquistas del Imperio Medo-persa. Las alas adecuadamente representan velocidad. En Habacuc 1: 8 se describe a la caballería babilónica mientras lanza sus ataques con la celeridad del águila, y por su parte la velocidad desplegada por Alejandro en su conducción de los griegos ha despertado la admiración del mundo. Comenzando casi de la nada Alejandro unió a los pendencieros griegos y conquistó la poderosa Persia en doce fugaces años. ¡Venció a Persia y murió cuando tenía sólo treinta y dos años! Las cuatro cabezas del leopardo aparecen identificadas en Daniel 8: 22 como los "cuatro reinos" en que se dividiría el Imperio Helenístico después de la muerte de Alejandro. Este murió como consecuencia de una fiebre fulminante. Cuando sus fuerzas disminuyeron, sus generales desfilaron junto a su cama ofrendándole así un melancólico tributo. En respuesta Alejandro sólo pudo mover la cabeza. Ya no podía hablar. No nombró sucesor. Aun antes de sepultarlo sus generales comenzaron a discutir entre sí. Veintidós sangrientos años después, a partir de la notable batalla de Ipso en el año 301 AC, cuatro de esos generales ejercían su control sobre cuatro diferentes reinos helénicos:* "1) Casandro logró dominar Macedonia y Grecia; 2) Lisímaco tomó Tracia y buena parte del Asia Menor; 3) Tolomeo conservó Egipto, Cirenaica y Palestina; y 4) el resto de Asia es a saber. Siria y las tierras que Alejandro había conquistado hacia el oriente le tocó en suerte a Seleuco".' Pero todo esto es sólo un trasfondo, una introducción a los temas más importantes que encontramos en Daniel 7. Las actividades del "cuerno pequeño" y el curso que tomó el juicio celestial atrajeron principalmente la atención de Daniel, como asimismo la nuestra. Después que usted haya leído el capítulo por sí mismo, examinaremos lo que la Escritura dice acerca de Dios y de Cristo en el juicio, y acerca del cuerno que se lanzó a la guerra contra los santos.
El mensaje de Daniel 7 I. Dios y Cristo en el juicio
¿Se imaginaron sus hijos alguna vez a Dios como si fuera
un viejecito malhumorado? Ud. sabe, por cierto, que "Dios es amor"; pero, ¿cómo se siente en realidad frente a El cuando, digamos, Ud. se encuentra solo preguntándose por qué la gente nunca lo llama por teléfono ni le escribe cartas? ¿O cuando los miembros de la comisión directiva le rechazan todas sus ideas? ¿O cuando el gerente le da a otro el puesto que Ud. tanto deseaba ocupar? Resulta sorpresivo —y una sorpresa agradable, por otra parte— que en medio de un capítulo acerca de monstruos y cuernos Dios nos recuerde que se interesa, y de verdad, en su pueblo, y en la manera como los demás tienden a tratarlo. No menos de cuatro veces se nos enseña en este capítulo que Dios eliminará un día lo malo y recompensará lo bueno. En Daniel 7: 9-14; 7: 18; 7: 22 y 7: 26, 27 se repite con otras palabras el mismo mensaje: el tribunal sesionará, se le dará muerte a la bestia y el reino será entregado a los santos, v r "Dios es amor"; no hay duda acerca de esto (1 S. Juan 4: 8). Las Escrituras lo describen como "el Anciano" (Daniel. 7: 13), pero no se trata de un viejecito cascarrabias. Es el amante Padre celestial. En San Juan 3: 16 se nos dice que amó de tal manera al mundo que dio por él a su único Hijo. En Efesios 2: 4 se nos afirma que es "rico en misericordia". El Antiguo Testamento a lo menos treinta veces se refiere a su ' "misericordia". En Salmos 63: 3, dice que su misericordia, su amor, es "mejor que la vida". En Salmos 103: (4^ dice que Dios nos "corona" de misericordia, de amor, Y. en Jeremías 31: 3 Dios mismo nos dice: "Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia [misericordia] para ti". El trono del juicio de Dios. Dios es un amante dinámico. Los astrónomos nos / dicen que ha creado billones de galaxias. Salmos 18: 11 lo describe simbólicamente / mientras se traslada por el universo:
No nos resulta sorprendente, entonces, que la información que se nos da de la escena del juicio en Daniel 7: 9-14 comience con la observación de que "se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó"; o que el versículo 22 diga: "Vino el Anciano a hacer justicia". Cuando llega el momento de iniciar el juicio, se presenta a Dios trasladándose desde otra parte del cielo para dar comienzo a esta tarea definida. Este traslado resultara sumamente significativo cuando estudiemos Daniel 8: 14. El Hijo del hombre. Después de decimos que el Anciano tomó asiento y que el juicio comenzó, Daniel nos informa que se dio muerte a la bestia y que "en las visiones de la noche" vino "en las nubes del cielo" "un Hijo de hombre" y que "se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia" (Daniel 7: 17). ¿Quién es este "Hijo de hombre"? La respuesta es que más de cuarenta veces Jesús se aplicó este título a sí mismo. A los discípulos les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará" (S. Mateo 17: 22). A Zaqueo, el publicano de corta estatura, le dijo: "El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (S. Lucas 19: 10). A Judas le dijo: "¡Con un beso entregas al Hijo del hombre!" (S. Lucas 22: 48). Y al sumo sacerdote que presidía el juicio de Jesús, le dijo: "A partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo" (S. Mateo 26:64). ¡"Al Hijo del hombre. . . sobre las nubes del cielo"! Los comentaristas están de acuerdo en que mediante esta notable declaración Jesús se identificó sin lugar a dudas con el Hijo de hombre de Daniel 7. ¿Quién es el juez? En Daniel 7: 9-14, después de decir que "el juicio abrió sesión, y se abrieron los libros", y antes de decir que "venía como un Hijo de hombre" que compareció ante el Anciano, el profeta menciona que vio cómo se daba muerte a la bestia y se destruía su cuerpo. Por causa de esto es fácil quedar con la impresión de que el Hijo del hombre aparece en el tribunal sólo después que Dios ha completado su obra de juicio. Pero las Escrituras nos dicen en S. Juan 5: 22 que "el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo". ¿Cómo puede Dios ser el juez si no juzga a nadie? En Hechos 17: 30, 31 encontramos la solución de este aparente acertijo: "Dios. . . ha fijado el día en el que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos". De modo que Dios es el juez, peca como tal ha decidido delegar el juicio en su Hijo. Cuando se le pidió al presidente Jimmy Cárter en 1979 que conmutara la sentencia de Patty Hearst, dijo públicamente que adoptaría cualquier recomendación que proviniera de los jurisconsultos del Ministerio de Justicia de los Estados Unidos. El presidente Cárter era en última instancia el juez, pero decidió ejercer su responsabilidad judicial apoyándose en el juicio de otras personas. Jesús, nuestro Abogado y Juez. En 1 S. Juan 2: 1 se dice que Jesús es nuestro abogado. "Tenemos a uno que abogue ante el Padre". En 1 Timoteo 2: 5 se lo llama nuestro "mediador". En Hebreos 7: 25 se nos dice que El está "siempre vivo para interceder" por nosotros. Por lo tanto. Cristo está siempre listo para pleitear por nosotros ante el Padre como nuestro Abogado, Mediador e Intercesor. Sin embargo, por sorprendente que parezca. Jesús nos ha dicho que El no garantiza que va a interceder por nosotros. "Yo no os digo que rogaré al Padre por vosotros" (S. Juan 16: 26). ¿Qué quiso decir con esto?
Jesús se explica cuando dice: "Pues el Padre mismo os
quiere, porque me habéis querido a mí y habéis creído que salí de Dios"
(S. Juan 16: 27). Un "mediador" es alguien que ayuda a la gente a entenderse entre sí, y, si no son amigos, les ayuda a amistarse. Las palabras de Jesús que acabamos de citar de S. Juan 16: 27 nos proporcionan una hermosa vislumbre acerca del verdadero papel de Cristo como mediador (1 Timoteo 2: 5) entre Dios y el hombre: "El Padre mismo os quiere, porque me habéis querido a mí y habéis creído que salí de Dios". Una de las muchas maneras que Jesús emplea para servir como mediador entre ' Dios y el hombre es su revelación del carácter del Padre, puesto que nos resulta tan \ difícil amar a un Dios a quien nunca hemos visto. El Señor dio a su único Hijo y lo envió al mundo para que lo pudiéramos amar, y al amar al Hijo aprendiéramos a amar también al Padre. No hay duda de que Dios es el juez. El Señor "va a juzgar al mundo" (Hechos ^ 17: 31), pero lo hará "por medio" del Hombre a quien levantó de los muertos. Por eso leemos en Romanos 14: 10: "Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios", y en 2 Corintios 5: 10: "Porque es necesario que todos seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo". Al decidir que Cristo fuera juez, Dios hizo algo muy lindo. A este Hijo del hombre que "se hizo carne y puso su Morada entre nosotros" (S. Juan 1: 14) y que "tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos" y fue "probado" bajo la tentación (Hebreos 2: 17, 18), a este Hijo del hombre que vivió en la tierra y conoce las debilidades de nuestra humanidad, y cuánto duele la desilusión y la soledad y ser tratado con rudeza por los demás, a este Hijo del hombre que es también Hijo de Dios; a El, Dios el Padre, el Anciano, le dice: "Yo soy el Juez, pero mi sentencia será lo que Tú decidas". —,.... No, Dios no es un viejecito malhumorado. ¿Cómo podría ser más comprensivo? Por lo tanto, si Jesús desempeña en el juicio un doble papel, es a saber, el de nuestro Abogado y nuestro Juez, es evidente que debe entrar en escena antes que el juicio termine.
Quiere decir entonces que Daniel 7: 11, 12, que nos habla
acerca de la destrucción de la bestia, debe ir entre paréntesis. Se
adelanta el final feliz, como ocurre a menudo en este capítulo. En
realidad el orden correcto de los acontecimientos es el siguiente: 1) Se
instalan los tronos, 2) el Anciano toma asiento, 3) se le da la
bienvenida al Hijo del hombre, 4) se lleva a cabo el juicio, 5) se da la
recompensa al Hijo del hombre y a los santos, 6) se destruye a la
bestia. Ambos, por supuesto. Hebreos 1: 2 nos dice que Dios ha nombrado a Jesús "heredero de todo"; y Romanos 8: 15-17 nos dice a su vez que cuando llamamos Padre a Dios es evidente que "somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo''. Jesús recibe el reino, y acto seguido lo comparte con todos los que confían en El. ¡Coherederos de Cristo! Usted es coheredero. Y su esposa cristiana también lo es Se nos dice en 1 S. Pedro 3: 7: "Maridos. . . sed comprensivos con la mujer, tributándole honor como coherederas que son también de la gracia de Vida". Esposos cristianos: si Cristo está dispuesto a compartir su reino con su esposa ¿no podría usted compartir un poco de su tiempo con ella? Con un sentimiento di superioridad apenas disimulado, algunos esposos aplastan a sus mujeres a la hora de la cena con esta pregunta: "¿Qué hiciste todo el día, querida?" James Dobson, autor de la obra What Wives Wish Their Husbands Knew About Women [Lo que las esposa; quisieran que sus esposos supieran acerca de las mujeres],2 nos recuerda que "todo; debemos ser alguien para alguien, para poder ser alguien". Muchas esposas —nos dice—, especialmente las que se quedan en casa con hijos pequeños, y dedican toda' sus energías a la familia, a menudo experimentan profundas depresiones que no se manifiestan visiblemente, porque sus esposos causan la impresión de no apreciarlas. Por lo tanto, ¿qué tal si mañana de noche llevamos algunas flores a casa, y esta noche le ayudamos en las tareas hogareñas? ¡La persona a la que está honrando es su propia esposa! Ella es hija del Rey celestial. Es coheredera de Cristo. Es su reina. Y, ¿qué podemos decir acerca de los chicos? ¿Los ha llamado alguna vez Hermano Roberto y Hermana Susana para recordarse a sí mismo de que en Jesús son tan coherederos de la gracia de Dios y del reino eterno como usted? Merecen lo mejor de su tiempo. Merecen que usted dedique tiempo para hablarles de las cosas de Dios, y e) costo de una educación cristiana. Cuando el Padre y el Hijo se sienten en juicio y la bestia sea destruida y los santos reciban el reino, su esposa y sus hijos, tan preciosos, juntamente con Ud., serán felices, muy felices de haber dado juntos a las cosas de Dios la primera prioridad.
II. La base del juicio divino A los empleados les gusta que la empresa ponga sus reglamentos en lugar visible para poder leerlos. A los niños les gusta conocer las reglas antes que se los acuse de que las están quebrantando. En las sociedades libres se insiste en que hasta a los criminales se les dé el derecho de recibir los cargos por escrito y sobre la base de evidencias sólidas.
¿Qué clase de evidencias y sobre qué fundamento legal se
basará Dios en el juicio?
Por lo tanto hay tres clases de libros: uno, que contiene el registro de
nuestras acciones; otro, que contiene una selección de las buenas obras
llevadas a cabo por los que aman a Dios; y un tercero que contiene una
lista de los nombres de todos los cristianos verdaderos y que viven en
comunión con Cristo. Pero conviene preguntamos por qué lleva Dios esos libros. Posiblemente no los necesita para que le ayuden a recordar cosas. No, lo hace por causa de nosotros, por supuesto. Pero atrae nuestra atención la gran asamblea que se reúne alrededor del trono:
En Apocalipsis 5: 11 la expresión "miríadas de miríadas" se aplica a los ángeles. ¿No será, acaso, que estos registros también se llevan en beneficio de ellos? Evidentemente sí, por lo menos en parte. En 1 Corintios 4: 9 San Pablo nos dice que somos "espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres". La palabra "espectáculo" ha sido traducida de la palabra griega theatron, de la cual deriva nuestra palabra "teatro". "Todo el mundo es un escenario", dijo el dramaturgo, con mucha más exactitud de la que se imaginaba. El espacio exterior está habitado por seres inteligentes, y ellos están profundamente interesados en el drama que se está desarrollando en el planeta Tierra. Por lo tanto, los registros se llevan también por causa de ellos. Dios quiere que tanto ellos como nosotros estemos al tanto de la evidencia sobre la cual se decidirán nuestros casos. Es indudable que los ángeles están mucho más implicados en esta dramática luche entre el bien y el mal de lo que la mayoría de nosotros nos damos cuenta. El Apocalipsis 12 se nos habla definidamente de una guerra en el cielo. Hablaremos más acerca de esto más adelante.
Mientras tanto, cuan placentero resulta considerar la tierna alegría de
Jesús cuan do abre el libro de memorias en presencia de los ángeles del
cielo. Casi podemos oí su voz: "Permítanme presentarles el sacrificio
que hizo Luis Mansilla para ayudar a mantener el hogar de ancianos;. . .
y la hermosa actividad de Juanita González a hablar tan bondadosamente a
esa señora que se llevó exactamente el mismo articule que ella quería, y
que era el último que quedaba en la tienda . . .y las cosas linda que
Santiaguito López hizo y dijo cuando su madre le pidió que limpiara la
cocina porque ella sufría de un fuerte dolor de cabeza". Este es el remedio que necesitamos. Admitamos lo que hemos sospechado toda 1a, vida: somos pecadores egoístas. Admitamos el mal que hemos hecho y digámosle; Dios sinceramente que lo sentimos mucho. Y entonces a la luz que proviene de la cruz regocijémonos porque "la sangre de su Hijo Jesús, nos purifica de todo pecado' (1 S. Juan 1: 7).
La base legal de Dios. Acabamos de mencionar el pecado. Este nos da la
clave de la base legal del juicio; porque en 1 S. Juan 3: 4 se lo define
como "quebranta miento" o "ilegalidad", es decir, vivir y obrar sin el
debido respeto a la ley. Las Escrituras dicen: "Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es-se hombre cabal. Porque toda obra la emplazará Dios ajuicio, también todo lo oculto, ver si es bueno o malo" (Eclesiastés 12: 13, 14). Cuando Jesús vivía en la tierra, un doctor de la ley le preguntó cuál era e mandamiento más grande, en su opinión. La respuesta del Señor se ha hecho famosa "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda su alma, y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Y a continuación añadió: "De estos do mandamientos penden toda la Ley y los Profetas" (S. Mateo 22: 37-40). Jesús no dijo: "Si guardáis estos dos mandamientos (el del amor a Dios y a hombre) podéis desentenderos de todos los otros". Dijo que todas las otras leyes ' todos los mensajes de los profetas del Antiguo Testamento dependen, es decir, está fundados sobre estos dos principios. En otras palabras, no arroje por ahí su ejemplar del Antiguo Testamento. No descarte los Diez Mandamientos. En lugar de ello examínelos con los ojos del amor. Comprenda que fueron dados por Dios para explicar, confirmar e ilustrar en qué consiste el verdadero amor. Casi todos nosotros creemos que sabemos lo que es el amor, pero sin las Escrituras es sorprendentemente fácil interpretarlo erróneamente. Muchísima gente en la actualidad cree que el amor es hacer el amor con cualquiera que los atraiga en ese momento, estén casados con esa persona o no. Y cuánto daño produce esto a menudo. Cuan bueno es que la Ley de Dios nos recuerde la fidelidad del verdadero amor con estas palabras: "No cometerás adulterio". Hay gente que cree realmente que una forma de amor consiste en llevarle de regalo a la gente lo que robaron en la tienda. Por supuesto que esta actitud no revela mucho amor por los tenderos. La mayor parte de nosotros estará de acuerdo en que los Diez Mandamientos revelan mejor el amor al decir: "No robarás". Muchos hombres creen que amar a sus familiares consiste en trabajar siete días por semana para poder pagar todos los placeres y las comodidades del siglo XX. Pero al explicar el amor por la familia el cuarto mandamiento dice: "Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yahvéh, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva" (Éxodo 20: 8-10). El mandamiento relativo al día de reposo revela el amor por los miembros de la familia porque implica a todos en su observancia, que es a la vez descanso y adoración. Y también pone de manifiesto nuestro amor a Dios cuando guardamos el día que El separó con este fin. Unos veinte años después de la cruz San Pablo se quejaba de que "el misterio de la impiedad" ya estaba "actuando" (2 Tesalonicenses 2: 7). Tenía in mente la actitud de algunos cristianos que creían que porque Jesús había muerto por ellos ya no necesitaban guardar la ley de Dios. ¡Qué trágico es pensar que hay quienes creen que Jesús vino aquí para convertimos en quebrantadores de la ley! Incluso mientras El vivía algunos de los que lo escuchaban creían que ha venido a socavar los Diez Mandamientos. Hizo lo posible para aclarar el asunto. " No penséis —dijo— que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o un ápice de la Ley sin que todo se haya cumplido" (S. Mateo 5: 17, 18) Mientras leen estas palabras permítanme preguntarles algo. ¿Sigue la tierra con misma solidez de siempre debajo de su silla? ¿Está todavía el cielo sobre su cabeza? Entonces, en las palabras de Cristo mismo "ni una i o un ápice" han pasado de la todavía. El Apocalipsis nos presenta un "ángel" que vuela simbólicamente en el cielo justo antes del día del juicio y que dice en alta voz: "Temed a Dios y dadle gloria porque ha llegado la hora de su Juicio". Poco después de este ángel aparece otro que anuncia: "Aquí se requiere la paciencia en el sufrimiento de los santos, de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14: 7, 12). Estos dos ángeles de Apocalipsis vinculan sólidamente dos asuntos que hemos estado estudiando aquí acerca de la escena del juicio de Daniel 7 y la importancia los Diez Mandamientos. Los santos del Altísimo que reciben el reino en la visión Daniel aparecen en el Apocalipsis como la gente que por fe en Jesús guarda 1os mandamientos de Dios. Esos cristianos llenos de fe tienen sus nombres anotados en libro de la vida y no necesitan temer de nada en el juicio.
III. El cuerno que hizo guerra contra los santos El aspecto de Daniel 7 que más le interesaba al ángel era la escena del juicio pero lo que más fascinaba a Daniel era la cuarta bestia y el "cuerno pequeño" que creció en su cabeza y que hizo guerra contra los santos.
En vista de la importancia de este cuerno pequeño dedicaremos más
espacio esta sección, y dividiremos su presentación en dos subsecciones:
a) "Cuatro principios" y b) "Ocho señales identificatorias".
Hay algunos cristianos en nuestros días (llamados " preterístas") que afirman que el anticristo apareció hace ya mucho tiempo. Otros (los "futuristas") dicen que todavía no ha aparecido. Y otros (los "historicistas") dicen que el anticristo ha estado actuando a lo largo de la historia de la iglesia, manifestándose en forma muy especial hasta ahora, en la iglesia cristiana medieval. En un sentido o en otro todos podrían tener razón.
La palabra "anticristo" aparece en las Escrituras sólo en las epístolas
de San Juan. Allí se nos dice que el anticristo "niega al Padre y al
Hijo" (1 S. Juan 2: 22) y "no confiesan que Jesucristo ha venido en
carne" (2 S. Juan 7), y también que el espíritu del anticristo ya
-alrededor del año 90 DC- "está en el mundo" (1 S. Juan 4: 3). También
se nos dice (1 S. Juan 2: 18) que "muchos anticristos han aparecido" y
que "salieron de entre nosotros" (versículo 19). Pero en el lenguaje común la palabra "anticristo" ha sido aplicada por siglos a otros enemigos de Dios además de los anticristos del siglo primero. Por ejemplo, muchos autores cristianos han visto al anticristo en "el Impío" u "Hombre impío" de 2 Tesalonicenses 2: 7, 8 a quien, según las Escrituras "el Señor destruirá. . . con la manifestación de su Venida". He aquí un anticristo del futuro. Y, a través de los siglos, varios representantes del catolicismo han creído que el papa —ya sea el actual, o el papado en su conjunto (todos los papas)— constituían el anticristo. Por ejemplo, en una época de profunda decadencia religiosa, Amulfo, Obispo de Orleans, se quejaba de que los papas eran "monstruos de iniquidad" y declaró en un concilio convocado por el rey de Francia en el año 991 que el pontífice, revestido de púrpura y oro, era "el Anticristo, que se sienta en el templo de Dios como si fuera Dios ".3 Eberardo II, arzobispo de Saizburgo (1200-1246), declaró con aprobación en un sínodo de obispos celebrado en Regensburgo en 1240 (algunos eruditos dicen que fue en 1241) que la gente de su tiempo estaba "acostumbrada" a llamar anticristo al papa.4 Cuando la iglesia occidental se dividió por cerca de cuarenta años con dos papas rivales a la cabeza, uno en Roma y el otro en Aviñón, Francia, cada papa calificó al otro de anticristo. Y Juan Wiclef, un famoso religioso de la época, según se dice afirmaba que tenían razón. "Son las dos mitades del Anticristo —decía— que entre los dos constituyen el perfecto Hombre de Pecado".5 Martín Lutero, monje agustino de la Universidad de Wittenberg, llegó muy a su pesar a creer que "el papa es en verdad. . . el mismo Anticristo"; pero más tarde, y de este modo dejó un buen ejemplo para los protestantes, estuvo dispuesto a exceptuar a algunos papas de esta calificación. Incluso dedicó su mejor tratado. Con respecto a la libertad cristiana, al papa León X sobre la base de que este papa merecía haber reinado en tiempos mejores.6 Puesto que las Escrituras hablan de "muchos" anticristos (1 S. Juan 2: 18) y puesto que la palabra "anticristo" ha sido usada por los cristianos con significados más amplios que los que le dan los textos sagrados, no vale la pena discutir si este o aquel fenómeno es el anticristo, o si hay más de uno. De todos modos el propósito de este capítulo no consiste en identificar al "anticristo" como tal, sino en identificar al cuerno pequeño.
Todos sabemos que los romanos persiguieron realmente, pero seguramente será una sorpresa para muchos enterarse de que, relativamente hablando, dieron muerte a pocos cristianos.
Es verdad que Nerón convirtió a muchos cristianos en postes de
alumbrado, y los quemó vivos, bajo la acusación de que habían incendiado
Roma. Durante el gobierno del emperador Domiciano el apóstol San Juan
fue exiliado en la isla de Patmos. En Cartago (hoy Túnez), alrededor del
ano 202 DC, Perpetua y Felicitas encargaron sus hijitos al cuidado de
otras personas y avanzaron valientemente por la arena del circo para ser
devoradas por animales salvajes.7 Las persecuciones lo suficientemente intensas como para producir mártires eran por lo general de naturaleza local y de poca duración. El emperador Cómodo (180-192) incluso ordenó que muchos cristianos fueran traídos del exilio. Muchos gobernadores romanos preferían vanagloriarse cuando regresaban a Roma de que durante sus servicios en las provincias su espada no se había manchado con la sangre de nadie, incluso de criminales.8 Se nombraba a los gobernadores para que conservaran la paz romana; mientras hubiera paz, cualquiera podía creer casi cualquier cosa. Si para neutralizar un tumulto promovido por los paganos contra los cristianos era necesario que alguien muriera, un solo cristiano o un puñado de ellos a lo más eran ejecutados y a los demás se los dejaba tranquilos. Cuando Cipriano, obispo de Cartago, fue sometido al martirio en el año 258, los miembros de su iglesia vinieron a presenciar su ejecución —algunos trepados en las ramas de los árboles para ver mejor— y los funcionarios romanos no detuvieron a ninguno de ellos.9 Hubo sólo dos períodos de persecución seria y metódica: uno corto durante el gobierno del emperador Decio en el año 250, y otro relacionado con el emperador Diocleciano que duró aproximadamente una década, del año 303 al 313 DC. Durante la persecución lanzada por Diocleciano un testigo presencial informó que en Egipto se dio muerte a tantos cristianos que las hachas de los verdugos perdieron su filo y tuvieron que ser reemplazadas, y que los verdugos se cansaban hasta el punto que tenían que realizar su tarea por tumos.10Sobre la base de la evidencia obtenida y analizada por el profesor W. H. C. Frend, de la Universidad de Cambridge, llegamos a la conclusión de que el total de mártires durante la era de la Roma pagana no pasa de los cinco mil, una cifra insignificante al lado de los millones que algunas personas han imaginado." Las cantidades presentadas por el profesor Frend, que concuerdan con los resultados de mis propias investigaciones, no relatan, por cierto, toda la historia. Sólo toman en cuenta a los mártires cristianos, a los creyentes que realmente fueron llevados a la muerte por su fe. No dicen nada acerca del miedo subyacente a la persecución que prevaleció por siglos, con mayor o menor intensidad, en el seno de la iglesia. La persecución física fue mayormente esporádica; se producía de vez en cuando aquí y allá. Pero podía producirse en cualquier momento y lugar, y los cristianos lo sabían. El temor a la persecución es en sí mismo una clase de persecución, y puede ser muy perjudicial. La persecución de Decio en el año 250 DC, que acabamos de mencionar, produjo pocos martirios, pero como consecuencia del miedo causó innumerables apostasías. La cifra de cinco mil mártires que da Prend se limita también al período que va desde el Pentecostés (31 DC) hasta el fin de la persecución de Diocleciano (313 DC). Pasa por alto la cantidad desconocida, pero aparentemente alta, de muertes que ocurrieron durante el siglo IV cuando el Imperio, nominalmente cristiano, persiguió a los cristianos clasificados oficialmente como herejes. La razón por la cual nos referimos a las cifras del profesor Frend es porque queremos poner en evidencia que Roma no necesitaba dar muerte a vastas multitudes de cristianos para que la profecía la presentara como una bestia "terrible y temible". Roma, en efecto, en muchos sentidos fue buena. Incluso fue "constituida por Dios" (Romanos 13: 1). A pesar de su brutalidad y de la inmoralidad de su sociedad mantuvo en gran medida la paz y el orden, e hizo posible la predicación del Evangelio a millones de personas. Pero en Daniel 7 Dios presenta a propósito la potencia romana como indescriptiblemente horrible para enseñamos cuánto le disgustan los perseguidores. ¿No les parece que esto es algo que todos debemos recordar? Las familias necesitan que se las dirija con autoridad; pero, ¿acaso no es usted un emperador (o emperatriz) romano en su casa, que provee a las necesidades de todos y multitud de comodidades, pero que al mismo tiempo insiste como dictador en que todos se sometan a su voluntad?
Como miembro de la iglesia cristiana primitiva San Pablo seguramente sabía lo que significaba ser perseguido. Fue azotado, golpeado y apedreado a lo menos nueve veces, y fue preso en muchas ocasiones (2 Corintios 11). Es asombroso que haya vivido hasta su decapitación. Al echar mano de su propia experiencia como ilustración, San Pablo le dio a su joven colaborador Timoteo una advertencia profética que tiene que ver con todo el futuro de la iglesia cristiana. Dijo así: "Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones" (2 Timoteo 3: 12). Jesús se refirió a lo mismo en su famosa declaración acerca de nuestras cruces: Si alguno quiere venir en pos de mí —dijo—. . . tome su cruz y sígame" (S. Mateo 16: 24). Quiere decir entonces que tanto el Nuevo Testamento, como el Antiguo, predicen tiempos difíciles para los verdaderos cristianos.
A medida que la iglesia cristiana avanzaba desde los días de San Pablo hacia su experiencia más amplia en el seno del Imperio Romano, su profecía acerca de la apostasía fue hallando permanente cumplimiento. En realidad, la velocidad con la cual los primitivos cristianos se deslizaron rumbo a la apostasía nos quita el aliento. Por ejemplo, antes del fin del primer siglo "unos pocos" miembros de la Iglesia de Sardis quedaron sin que sus "vestidos" estuvieran "manchados" (Apocalipsis 3: 4). Los cristianos de Tiatira probablemente estaban cometiendo a la vez adulterio físico y espiritual (Apocalipsis 2: 20-22). Los falsos maestros viajaban por todos lados, para visitar las casas de los creyentes con el fin de minar su fe, y llevaron a muchas familias por caminos extraviados (2 Timoteo 2: 18; Tito 1: 11).
En el segundo siglo el gnosticismo marcionita arrasó la iglesia de este
a oeste con su doctrina de que el Dios del Antiguo Testamento es
diferente del Dios del Nuevo, y que no debe ser obedecido. Otros tipos
de gnosticismo florecieron también, y cada una de esas sectas ostentaba
el nombre de sus diversos dirigentes: Basilides, Valentino, Cerinto y
así sucesivamente. Los elcasitas se vanagloriaban de poseer una nueva
fórmula bautismal, tan potente, que incluso era eficaz para
contrarrestar los efectos de la mordedura de un perro.'2 Los cristianos
"católicos" (como comenzó a llamarse el grupo más numeroso de los
creyentes) escribieron documentos urgentes para advertirse mutuamente
acerca de estas herejías, y para aconsejar a los viajeros cristianos que
no fueran a rendir culto en el seno de cualquier congregación cristiana
de la ciudad, sino que averiguaran dónde se reunían los verdaderos
cristianos. Al tener en vista estos cuatro principios: 1) de que hay más de un anticristo, y de que no estamos tratando de identificar "al" anticristo sino sólo al cuerno pequeño; 2) de que en Daniel 7 Dios presenta a propósito una descripción exagerada de Roma como una bestia terrible con el fin de manifestar su desagrado por la persecución; 3) que el Nuevo Testamento, lo mismo que el Antiguo, predice la persecución de la iglesia; y 4) que el Nuevo Testamento también predice una grave apostasía en el seno de la iglesia, estamos en condiciones de proceder a descubrir las ocho marcas identificatorias del cuerno pequeño.
Las ocho marcas identificatorias Daniel 7 nos proporciona ocho marcas por medio de las cuales podemos identificar al cuerno pequeño. Se las puede enumerar de la siguiente manera:
Hay sólo una entidad en la cual se manifiestan estas ocho marcas
identificatorias, es a saber, la iglesia cristiana que se elevó a la
prominencia política y religiosa durante la decadencia del Imperio
Romano, y que ejerció una influencia especial sobre las mentes de los
hombres entre los siglos VI y XVIII. Y muy a menudo fue para bien, por supuesto. Las universidades católicas alimentaron la antorcha del saber en cuanto a leyes, medicina y teología. La mayor parte de los monasterios católicos sostenían hospitales, que eran prácticamente los únicos que existían, y también atendían a los huérfanos y a los ancianos. El latín eclesiástico era la lengua común de la diplomacia y el comercio, y las escuelas católicas proporcionaban educación para los diplomáticos y los funcionarios públicos. Los monjes cistercienses mejoraron en gran medida en Gran Bretaña el comercio de la lana, vital para el país. Más importante aún, los misioneros católicos cristianizaron grandes zonas de Europa occidental y proporcionaron a la vez atención pastoral. Las famosas palabras de Chaucer acerca del pastor rural del siglo XIV se podrían aplicar a muchos sacerdotes de cualquier siglo:
Amplia era su parroquia; las casas distantes entre sí, Los lectores protestantes no necesitan sentirse incómodos si le damos a esa cristiandad el nombre de "católica y romana". El profesor John L. McKenzie, de la Universidad de Notre Dame, en su obra The Román Catholic Church [La Iglesia Católica Romana],'4 dice en nombre de por lo menos la mayor parte de sus correligionarios que "los católicos romanos creen que su romanismo es un reflejo del auténtico cristianismo de su iglesia".'5 El profesor McKenzie reconoce que "esta creencia [en la importancia del 'romanismo'} puede producir algunos malentendidos, pero —insiste—, es imposible discutir el catolicismo romano sin admitir que los católicos aceptan su romanismo".'6 El profesor McKenzie, un jesuita, nos ha proporcionado una obra tan reveladora que vamos a tener la oportunidad de citarla varias veces. En cuanto a las fallas históricas de su iglesia ha escrito con tanta buena fe, que sería descortés de parte de cualquiera aprovecharse de sus escritos para explotarlos en beneficio propio. La mayor parte de los cristianos de los siglos I y II fueron conocidos entre sus miembros como "católicos". El término apareció por primera vez ya por el año 115 DC en una carta escrita por el obispo Ignacio de Antioquía a los miembros de la Iglesia de Esmima. Significaba "universal" y "ortodoxa" (enseñanza correcta), en contraste con lo sectario o herético. El advenimiento de los "diez cuernos". La evolución de la iglesia de simplemente "católica" a "católica romana" se produjo en la época de la decadencia del Imperio y cuando éste se hallaba sufriendo la invasión de una serie de tribus germánicas. Constantino, el primer emperador cristiano (306-337), gobernó en una época cuando una inflación incontenible, los altos impuestos, una moral decadente y la insistente presión militar en los límites del Imperio causaron la impresión de que sería conveniente trasladar la capital de Roma a Constantinopla (hoy Estambul). Este traslado dejó al obispo de Roma prácticamente solo en Italia y contribuyó en gran medida a elevar su estatura. En el año 376 una multitud de visigodos incivilizados recibió permiso oficial para trasponer el Danubio y entrar en el territorio del Imperio. "Cruzaban el río día y noche, sin cesar, y las multitudes se embarcaban en botes y balsas, y en canoas hechas con troncos huecos de árboles". "Quien hubiera querido contarlos —escribió el historiador contemporáneo Amiano Marcelino, al citar a Virgilio—, también. . . podría haber intentado contar las olas del Mar Africano, o los granos de arena llevados de aquí para allá por los vientos".'7 Por un siglo más, más o menos, los visigodos fueron seguidos por tal vez una veintena de tribus diversas, algunas numerosas, otras muy pequeñas, que constituyeron el fundamento de las naciones europeas de la actualidad.18 Entre éstas las más notables, además de los visigodos, eran los ostrogodos, los vándalos, los burgundios, los lombardos, los anglosajones, los francos, los alamanis, los hérulos y los suevos. Estos son los "diez cuernos" de Daniel. Tres cuernos desaparecen. Algunas de estas tribus habían sido cristianizadas antes que invadieran el Imperio, pero su cristianismo no era católico. Era una especie de arrianismo. Es decir, a diferencia de los católicos, estas tribus creían que aunque Jesús es muy importante, no es "Dios" en esencia sino un ser creado. Por causa de la diferencia que existía en sus creencias los católicos y los amaños se oponían mutuamente. Cuando los ostrogodos amaños bajo la conducción de Teodorico tomaron Italia en el año 493, limitaron considerablemente el poder del papa de Roma. Alrededor de año 523 Teodorico incluso envió urgentemente al papa rumbo a Constantinopla con instrucciones de que persuadiera al emperador católico que se hallaba allí de que dejara de perseguir a los arríanos en lo que quedaba del Imperio Romano. Poco después envió al papa a la cárcel, donde éste murió.'9 Pero los emperadores católicos del Imperio Oriental descubrieron la manera de ayudar al papa mediante la eliminación de tres de las tribus amanas. El emperador católico Zenón (474-491) hizo un tratado con los ostrogodos en el año 487 que resulte en la erradicación del reino de los hérulos amaños en el año 493. Y el emperador católico Justiniano (527-565) exterminó a los vándalos amaños en el año 534 y reduje en forma significativa el poder de los ostrogodos amaños en el año 538. De esta manera los tres cuernos de Daniel: los hérulos, los vándalos y los ostrogodos, fueron "arrancados". (Para mayor referencia consúltese las páginas 145-147). "Por un tiempo y por tiempos y por medio tiempo". Recuerde el año 538 cuando los ostrogodos fueron aplastados. Ocurrió que en el año 1798, 1.260 años más tarde, el general francés Berthier, bajo la dirección del gobierno revolucionario de Francia, detuvo al papa Pío VI mientras celebraba el aniversario de su coronación en la capilla Sixtina en Roma. Francia arrestó y exilió al papa con la expresa intención de destruir no sólo al papa mismo sino al conjunto de la Iglesia Católica Romana. (Pare más información acerca de estos acontecimientos vea los comentarios sobre Apocalipsis 13 en el segundo tomo de esta obra). La profecía de Daniel establecía que se le concederían prerrogativas especiales al cuerno pequeño por "un tiempo y por tiempos y por medio tiempo". En Apocalipsis 13: 5 este período se presenta como 42 meses, y en Apocalipsis 12: 6 como 1.260 días.
Estamos analizando símbolos. Las Escrituras nos dicen que las cuatro
bestias simbolizan cuatro reyes o reinos, que los cuernos también
representan reinos y que las aguas simbolizan multitudes. También nos
dicen que en la profecía simbólica los días representan años. De modo que el Imperio Romano fue reemplazado por la Iglesia Romana; o como solían decirlo los autores del siglo XIX, Roma pagana tuvo como sucesora a la Roma papal. Y el poder del papa, con sus pretensiones religiosas y políticas, creció por siglos. En 1076 el papa Gregorio VII informó a los súbditos de Enrique IV, emperador de Alemania, que si éste no se arrepentía de sus pecados no necesitaban obedecerle más. Enrique era el más poderoso monarca de Europa en ese tiempo, y sin embargo tuvo que hacer un peregrinaje a Canosa, en los Alpes, donde el papa estaba residiendo, y allí esperó tres penosos días, descalzo en la nieve, hasta que el papa Gregorio lo quiso perdonar. Siguiendo el ejemplo de Gregorio VII, el papa Pío V en 1570, mediante la bula (o decreto) Regnans in excelsis (Reina en las alturas) afirmó que la reina protestante de Inglaterra, Isabel I (1558-1603), era una maldita hereje que de allí en adelante no tenía derecho a gobernar y que a todos sus ciudadanos, por autoridad papal, les estaba prohibido obedecerle. El profesor McKenzie reconoce generosamente que "la autoridad magisterial de la Iglesia Romana se concede en cualquier momento a hombres que no son todos iguales por su virtud o su competencia". Continúa: "[El papa] Pío V era y es respetado como hombre santo y erudito, pero su decisión con respecto a Isabel I de Inglaterra se reconoce como uno de los grandes errores de la historia del papado".21 El reconocimiento de que "la autoridad magisterial de la Iglesia Romana" se dispensa a hombres de desigual virtud y competencia contrasta con la afirmación formulada tan recientemente como es el año 1890 por el papa León XIII. En una carta encíclica titulada "Acerca de los principales deberes de los cristianos como ciudadanos", fechada el 10 de enero de 1890, León XIII afirmaba que "el maestro supremo en la iglesia es el romano pontífice. La unidad de criterio, por lo tanto, requiere. . . completa sumisión y obediencia a la voluntad de la Iglesia y del romano pontífice, como si fuera Dios mismo". El 20 de junio de 1894 en "La reunión de la cristiandad", León afirmó inclusive que "nosotros (es decir él y los demás papas) ocupamos en esta tierra el lugar de Dios todopoderoso". Por más exageradas que aparezcan estas pretensiones en la actualidad, no se acercan a la exaltación que se le atribuyó al papa Julio II en ocasión del Quinto Concilio de Letrán, celebrado en el año 1512, cuando Cristóbal Marcelo le dijo al papa —y éste no lo reprendió por ello— "Tú eres el Pastor, tú eres el Médico, tú eres el Gobernante, tú eres el Esposo, finalmente tú eres otro Dios en la tierra". (Tengo la versión latina aquí en mi escritorio: Tu enim pastor. . . tu denique alter Deus in terrís).22 Estas palabras resultan particularmente inadecuadas tomando en cuenta las circunstancias, porque a Julio II lo describen los libros de historia cuando dicen que era "principalmente un estadista y un jefe militar"2? "un papa armado. . . que condujo sus propias tropas para tomar Bolonia",24 y también dicen que era "un jefe mal hablado de los ejércitos papales".25 Desde el momento cuando el papa Juan XXIII inauguró la puesta al día (aggiornamento) de la Iglesia Católica, muchos modernos miembros de la iglesia se han llegado a enterar demasiado bien de que su magisterio ha sido conferido a hombres que han sido mucho menos que "otro Dios en la tierra". Esos católicos están luchando fervientemente en medio de una crisis de identidad y con el mismo problema básico de la autoridad eclesiástica. Los católicos de la actualidad necesitan y merecen las fervientes oraciones de todos los demás cristianos, que por su parte, del mismo modo, a menudo tienen que hacer frente al problema de la autoridad en sus propias organizaciones religiosas. Mencionamos estas cosas aquí únicamente porque hace ya mucho tiempo que Dios le mostró a Daniel que el "cuerno pequeño" crecería más que los otros y que tendría "una boca que decía grandes cosas". "Pondrá a prueba a los santos". El aspecto del catolicismo histórico que más afecta probablemente a los protestantes es el hecho de que haya sido un poder perseguidor. Aunque comprensiblemente muchos autores católicos modernos tratan de aminorar los aspectos más salientes de la opresión religiosa llevada a cabo por su iglesia, no la niegan. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia [Nueva enciclopedia católica} reconoce que, "si la juzgamos sobre la base de normas contemporáneas, la Inquisición, especialmente en la forma como funcionó en España hacia fines de la Edad Media, sólo puede ser clasificada como uno de los capítulos oscuros de la historia de la Iglesia". Reconoce la ejecución de dos mil protestantes en el espacio de cincuenta años en Holanda, y admite la muerte de tal vez tres a cuatro mil hugonotes franceses en la masacre de San Bartolomé, que comenzó en la noche del 23 de agosto de 1572.26 Estas cifras son modestas. Pasan por alto las vigorosas cruzadas lanzadas por la Iglesia Católica contra los albigenses y los valdenses. También omite numerosos casos aislados de opresión religiosa, y nada dice acerca de la devastadora Guerra de los Treinta Años (1618-1648), conflicto que fue en buena medida religioso, y cuyas bajas, según se calcula, tanto militares como civiles, tanto protestantes como católicas, sobrepasan los ocho millones. Los estudios llevados a cabo por gente no católica proporcionan cifras que superan los dos mil por aquí y los tres o cuatro mil por allá. Pero recordemos que al Imperio Romano se lo llamó "temible y terrible" cuando llevó a la muerte a unos cinco mil cristianos. Y ese Imperio era pagano. ¡Cuan perturbado se tiene que haber sentido Dios al ver que los cristianos daban muerte a sus hermanos cristianos, no importa en qué cantidad! "Ni uno de ellos [gorrión} caerá en tierra sin el conocimiento de vuestro Padre" (S. Mateo 10: 29). ¡Dios está preocupado por tí! No importa qué nos digan las estadísticas, los números nos dicen poco acerca de la angustia personal, como la sufrida por el inglés John Brown a quien le asaron los pies antes de llevarlo al cadalso; y la de Helen Stark, que fue sentenciada a ser introducida en una bolsa con su bebé para ser ahogada; y la de Billy Fetty, de sólo ocho años, que fue muerto a palos por simpatizar con su padre, a quien por dos semanas mantuvieron colgado de un brazo y de una pierna.27 Tampoco las estadísticas nos pueden decir nada acerca del penetrante dolor causado por la tortura legal. ¿Puede Ud. concebir el sufrimiento que produce el hecho de tener las manos atadas detrás de la espalda, y levantadas lentamente hacia atrás y hacia arriba, al punto de que se descoyuntan los hombros, mientras se siguen levantando los brazos hasta que todo su cuerpo cuelga finalmente de las muñecas, al tiempo que el inquisidor le dice en nombre de Jesucristo y de la Santa Iglesia, una y otra vez: "¿Te retractas? ¿Te retractas?".
No podemos menos que preguntamos cómo pudieron los cristianos ser tan
crueles. Nos acordamos también que los protestantes a su vez
persiguieron a los católicos. E incluso nos acordamos de que algunos
evangélicos que se consideran "nacidos de nuevo" pueden ser capaces de
formular comentarios incisivos acerca de otros creyentes, y pueden
destruir con satisfacción la reputación ajena echando a circular
infundios. ¡Qué Dios nos ayude a todos! n los tribunales del Imperio Romano los jueces a menudo presumían, de acuerdo con la ley romana, que lo más probable era que el acusado fuera culpable. Por lo tanto echaban mano de la tortura en forma rutinaria para obligar a la persona a confesar su crimen, y la consideran parte apropiada del castigo correspondiente. Los cristianos perseguidos a menudo sufrían más dolor a manos de los funcionarios de los tribunales romanos que como consecuencia de la ejecución misma. Cuando las tribus germánicas tomaron posesión del territorio del Imperio Romano, la tortura legal cesó en gran medida. Cuando alrededor del año 850 un tribunal eclesiástico sometió a tortura a un monje llamado Gottschalk, que tenía algunas ideas sobre la predestinación que no concordaban con la enseñanza católica, los habitantes de la ciudad de Lyon, Francia, organizaron una vigorosa protesta. Le recordaron a su obispo28 que San Pablo dice en las Escrituras: "Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado" (Calatas 6: 1). Pero en el siglo XII alguien descubrió unos libros antiguos que contenían las leyes del Imperio Romano. Este descubrimiento estimuló un gran reavivamiento de la legislación romana y junto con ello un resurgimiento de la costumbre romana de aplicar la tortura legal. Citamos de nuevo de la New Catholic Enciclopedia [Nueva enciclopedia católica]:29 Bajo la influencia de las costumbres y los conceptos germánicos, se usó muy poco la tortura desde el siglo IX hasta el XII, pero con el resurgimiento de la legislación romana esa costumbre se reestableció en el siglo XII. . . En 1252 [el papa} Inocencio IV sancionó la aplicación de tortura por parte de las autoridades civiles a los herejes, y la tortura llegó a ocupar un lugar reconocido en el procedimiento de los tribunales de la Inquisición. ¡Qué cumplimiento asombroso de la profecía de las Escrituras! En el más brutal y anticristiano de los aspectos de su actividad medieval, la Iglesia Católica aparece como una descendiente directa y dinámica del Imperio Romano. El cuerno pequeño surgió sin lugar a dudas de la cabeza de la bestia terrible. "Tratará de cambiar los tiempos y la ley". Hasta ahora hemos examinado la evidencia de que las profecías de San Pablo acerca de la apostasía y la persecución se cumplieron demasiado tristemente en la historia de la iglesia cristiana. No hemos tratado de demostrar que la Iglesia Católica medieval era "el" anticristo, pero hemos presentado cierta información que confirma su identidad histórica con el cuerno pequeño. Hemos recordado que la profecía en este caso puso énfasis a propósito en ciertos elementos negativos, y pasó por alto la gran contribución positiva del catolicismo con relación al conocimiento cristiano y al bienestar humano. Hay otra señal identificatoria acerca de la cual no hemos hablado mucho, es a saber, el proyectado intento del cuerno pequeño de "cambiar los tiempos y la ley". La liberación por parte del papa Pío V al pueblo inglés de su fidelidad a la reina Isabel podría considerarse el cumplimiento de esta profecía si no fuera porque hay otro ejemplo más notable que se ofrece a nuestra consideración. Alrededor del año 1400 Pedro de Ancharano formuló una declaración en el sentido de que "el papa puede modificar la ley divina, puesto que su poder no es del hombre, sino de Dios, y obra en lugar de Dios en la tierra, con plenos poderes para atar y desatar a sus ovejas".30 Esta asombrosa afirmación dio sus frutos prácticos durante la Reforma. Lutero declaró que su conciencia estaba sometida sólo a la Santa Escritura. Sola Scriptura era su lema, es decir, "las Escrituras y sólo las Escrituras". No iba a permitir que ninguna tradición eclesiástica guiara su vida. Pero cierto día se le ocurrió a Johann Eck y a otros clérigos católicos someter a prueba a Lulero con respecto a su observancia del domingo y no del sábado de las Escrituras. "La Escritura enseña: 'Acuérdate de santificar el sábado; seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es sábado para el Señor Dios tuyo', etc. No obstante —insistió Eck—, la iglesia cambió la santidad del sábado al domingo por SU propia autoridad, y para esto tú [Lutero] no tienes base en la Escritura" .31 En el gran Concilio de Trento (1545-1563), convocado por el papa para detener los avances del protestantismo, Gaspare del Fosso, arzobispo de Reggio, Italia, en su alocución del 18 de enero de 1562, puso de nuevo sobre el tapete el tema. "La autoridad de la iglesia —dijo— resulta ilustrada muy claramente por las Escrituras; porque mientras ella [la iglesia} las recomienda, declara que son divinas, [y] nos las ofrece para que las leamos. . . por otra parte, los preceptos legales de las Escrituras enseñados por el Señor han caducado por virtud de la misma autoridad [de la iglesia}. El sábado, el más glorioso día de la Ley, ha sido cambiado al día del Señor. . . Estos y otros asuntos similares no han cesado por virtud de las enseñanzas de Cristo (porque El dijo que había venido a cumplir la ley, y no a destruirla), sino que han sido cambiados por la autoridad de la iglesia".32 Este desafío al protestantismo no ha sido olvidado. En la edición de 1957 de The Convert's Catechism of Catholic Doctrine [Catecismo de doctrina católica para los conversos], se enseña a los que ingresan a la Iglesia Católica esta serie de preguntas:
La edición de 1958 del Catechism of the Council of Trent for Parish
Priests [Catecismo del Concilio de Trento para los sacerdotes de las
parroquias] declara que "la Iglesia de Dios ha considerado conveniente
transferir la celebración y la observancia del sábado al domingo".34
Pocos protestantes, por cierto, podrán sentirse contentos de aceptar este desafío con humildad. Pero el surgimiento del así llamado día de reposo cristiano es de tan vital importancia para Ud. y su familia, que le vamos a dedicar una sección especial.
IV. Amor a Cristo y al día de reposo cristiano Cuando vaya a la iglesia el próximo fin de semana sin duda Ud. va a querer saber, para su propia satisfacción, si los eruditos católicos están en lo cierto cuando afirman que su iglesia -y no las Escrituras— cambiaron el día de reposo del sábado al domingo. Algunas cosas sorprendentes que dijo Lulero acerca de los Diez Mandamientos las va a encontrar Ud. en "Respuestas a sus preguntas", en las páginas 145, 146. Mientras tanto vamos a decir, para comenzar, que los católicos tienen a lo menos un fundamento. Ellos promulgaron bien al principio algunas leyes dominicales. El emperador Constantino promulgó la primera ley dominical el 7 de marzo del año 321. Pero aunque se conoce a Constantino como el primer emperador cristiano, su primera ley dominical era básicamente secular. No estableció un "día de reposo cristiano". El domingo era popular entre sus súbditos paganos, adoradores del sol, y aparentemente él deseaba hacer de ese día una fiesta que fuera apreciada por paganos y cristianos por igual, y que ayudara a unir a la población en apoyo a su administración. Su ley estaba redactada en un lenguaje no cristiano. "En el venerable día del sol —comenzaba— descansen los magistrados y el pueblo que reside en las ciudades, y cierren todos los talleres". Los agricultores, sin embargo, estaban exentos del descanso dominical sobre la base de que las actividades agrícolas debían atenderse en "el momento debido".36 En cambio, la primera ley dominical religiosa de Europa occidental fue una iniciativa católica. Y por razones más bien obvias era bastante más estricta que la de Constantino; puesto que insistía en que en "domingo. . . todas las labores agrícolas deben quedar de lado a fin de que la gente no tenga impedimentos para asistir a la iglesia".37 Esta significativa disposición se conoce como el canon [ley eclesiástica] 28 del Tercer Concilio de Orleans, Francia. Este concilio se reunió en el año 538, el mismo año cuando se quebrantó el poder de los ostrogodos y comenzaron los 1.260 años de la profecía. En el siglo VIII (doscientos años más tarde) comenzaron a "descubrirse" extraños documentos que se afirmaba eran muy antiguos y que enseñaban que Jesús mismo había trasladado la santidad del sábado, séptimo día, al domingo, primer día. (Uno de ellos, conocido como "Carta del cielo", enseñaba que Jesús mismo había advertido que si una mujer trabajaba en domingo, serpientes aladas volarían hacia ella para arrancarle los pechos).38 De manera que cuando los católicos afirmaban en los días de Lutero y en el Concilio de Trento que ellos habían cambiado la obligación del sábado al domingo, tenían razón. Los católicos han intentado de esta manera cambiar los Diez Mandamientos, abierta y honestamente, en la creencia de que Dios los había autorizado a hacerlo. Pero la observancia voluntaria del domingo como día de culto cristiano no comenzó en el Tercer Concilio de Orleans ni con la ley dominical de Constantino. Por eso estamos curiosos por saber cómo y por qué se originó esta costumbre voluntaria. Los Diez Mandamientos dicen que hay que honrar el séptimo día como día de reposo, pero la mayor parte de los cristianos ha resuelto honrar el primer día. El comiendo de la observancia voluntaria del domingo. La observancia voluntaria del domingo como día de culto cristiano (aunque no como día de reposo) parece haber estado bien difundida antes de mediados del siglo II, y aparentemente tuvo como motivo un sincero amor por Jesús. Alrededor del año 160 DC Justino Mártir pudo escribir: "El domingo es el día cuando todos nosotros celebramos nuestra asamblea común'' .40 Justino viajaba mucho y estaba bien informado. Cuando dijo: "Todos nosotros" se estaba refiriendo a la mayor parte de los creyentes de su época. Resulta evidente que Justino, el autor de este informe, tiene que haber amado al Señor profundamente. Alrededor del año 165 voluntariamente entregó su vida por causa de Cristo y fue decapitado por las autoridades romanas. Poco antes de su detención, pero cuando ya sabía que su vida estaba en peligro, publicó un tratado en el cual escribió: "Proclamo que soy cristiano, y con todo mi corazón quisiera que se descubriera que lo soy".41 Justino era un activo laico cristiano. Enseñaba la profecía de las Escrituras a paganos y judíos, y parece que ganó una considerable cantidad de personas para la iglesia. ¿Qué razones definidas dio Justino para que los cristianos se reunieran en domingo? Son tres las principales: 1) Jesús resucitó el domingo, 2) Dios creó la luz en domingo, y 3) el domingo es el "octavo día", que sigue al séptimo y en el ciclo de la semana vuelve a ser el primero.42 No vamos a ocupar tiempo para analizar esta idea del "octavo día". Muchos autores cristianos de los primeros tiempos vieron un paralelismo entre el rito de la circuncisión del Antiguo Testamento, realizado en el octavo día de la vida del niño, y el nuevo culto cristiano, llevado a cabo en el "octavo día" de cada semana (el día que seguía al séptimo). El "octavo día" era, por supuesto, el "primer día". Los primitivos cristianos creían que al adorar a Dios en el octavo día de la semana de alguna manera llegaban a ser herederos de las promesas del pacto dadas por el Señor a los israelitas circuncidados. Bernabé, otro autor cristiano, nos dice (alrededor del año 130 DC) que los cristianos celebraban el octavo día "con alegría".43 Bernabé, al igual que Justino, también dice que los cristianos adoraban a Dios en domingo porque "en ese día Jesús se levantó de entre los muertos". Los primitivos cristianos presentaron muchos argumentos "cristocéntricos" en favor de la observancia del domingo. Cristo era la Nueva Ley; Cristo trajo el Nuevo Pacto; Cristo, después de su segunda venida, proporcionaría un descanso celestial durante el "octavo día" de la eternidad que seguiría al sábado del "milenio".44 Reconocían que Jesús había guardad |