Introducción
La historia de Daniel en el foso
de los leones es uno de los relatos más conocidos de las Escrituras.
Hemos titulado este capítulo "Dios y el foso de los leones" para
recordar que el Dios que libró a Daniel de esas circunstancias
todavía vive para rescatamos de las perplejidades de la vida.
La proclamación del rey Darío,
que aparece al final de esta historia, resume todo el mensaje de
Daniel:
El es el Dios vivo, que subsiste
por siempre, -su reino no será destruido, y su imperio durará hasta
el fin- el que salva y libera, obra señales y milagros en los cielos
y en la tierra; el que ha salvado a Daniel del poder de los leones
(Daniel 6: 27, 28).
La aplicación de esta historia a
nuestras necesidades actuales aparece en la siguiente amonestación
de San Pedro;
"Vuestro adversario, el Diablo,
ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 S. Pedro 5:
8). La persona que ponga su fe en Dios puede estar tan segura de no
caer en las tentaciones de Satanás como Daniel frente a los leones,
porque el mismo Dios de aquel entonces sigue viviendo. Nuestro Dios
es "el Dios vivo, que subsiste por siempre".
¿Está ansioso de leer la
historia? Hagamos unas pocas observaciones de antemano, no obstante,
para ayudarle a comprenderla.
En Daniel 6 se nos indica que
Darío, el nuevo rey de Babilonia, nombró un conjunto de 120 sátrapas
(gobernadores) y tres presidentes, de los cuales Daniel era el
principal, para administrar los asuntos de la provincia. La historia
parece implicar que los 120 sátrapas y sus otros dos presidentes
espiaron a Daniel mientras oraba, y que los 122 fueron arrojados más
tarde al foso de los leones, junto con todas sus esposas y todos sus
hijos. Hay quienes no pueden concebir que tanta gente haya
participado en cada una de las etapas del relato. Pero las
Escrituras no dicen realmente que los 122 sátrapas y sus presidentes
estaban directamente implicados en el complot. Los conspiradores
simplemente pretendieron que los demás también participaban (Daniel
6: 7). En resumidas cuentas sólo los "hombres que habían acusado a
Daniel" (Daniel 6: 25) y no los 122 con sus familiares fueron
arrojados al foso.
Los conspiradores merecieron su
castigo. Ya vimos que Baltasar fue justamente condenado porque pecó
aunque estaba enterado de todo lo concerniente a la experiencia de
Nabucodonosor (Daniel 5:
22). Los hombres que trataron de
dar muerte a Daniel lo hicieron aunque estaban perfectamente al
tanto de su inocencia y de su excelente foja de servicios acumulada
por un espacio de casi setenta años. Como Baltasar y mucha gente que
vive en la actualidad, no aceptaron ' 'el amor de la verdad" (2
Tesalonicenses 2: 10).
Lamentamos muchísimo el destino
de sus familiares; pero es posible que ellos tampoco merecieran
vivir. Cuando estos hombres hablaron acerca de Daniel en sus
hogares, probablemente sus esposas e hijos se hicieron eco de su
hostilidad y los fortalecieron en su intento. De esa manera cada
miembro de la familia contribuyó para que el padre cometiera ese
crimen. Del mismo modo Zeres, la esposa de Aman, lo animó en su
complot para dar muerte a Mardoqueo (Ester 5: 14). En la actualidad
también ocurre lo mismo: muchas familias se animan mutuamente para
deshacer la imagen pública de los demás.
El Nuevo Testamento dice que la
lengua de una persona calumniadora es "un mal turbulento lleno de
veneno mortífero (Santiago 3:8). Podemos pensar que hablar de la
gente es un deporte hogareño inofensivo, pero Jesús dijo: "Os digo
que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el
día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por
tus palabras serás condenado" (S. Mateo 12: 36, 37).
Nos parece extraño que un rey
promulgue un decreto ordenando a todos que por treinta días sólo
eleven plegarias a él, pero en la antigüedad frecuentemente a los
reyes se los trataba como dioses. Este decreto en especial
probablemente pareció bastante razonable a mucha gente, que lo
interpretó como una prueba de lealtad que tenía como fin unir a
todos bajo la égida del nuevo gobernante. Nos acordamos de la
dedicación de la estatua de oro de Nabucodonosor que aparece en
Daniel 3. Sin embargo, no necesitamos suponer que el decreto de
Darío alcanzó a todas las provincias del imperio. Darío era rey de
Babilonia, y éste -"toda la tierra" para Darío (Daniel 6: 26) — era
ahora sólo un reino subalterno. Ciro el Grande era el gobernante del
vasto Imperio Medopersa.
La colección de animales
salvajes era tan interesante en aquella época como en la actualidad.
Los leones abundaban en Mesopotamia. Un rey asirio pretendía haber
dado muerte a 970 de ellos en una sola cacería.' Los leones aparecen
más de cien veces en las Escrituras (véase especialmente Jueces 14 y
1 Reyes 13). Se conocían procedimientos para cazarlos vivos. Es
claro que no se usaban los modernos tranquilizantes, pero se les
arrojaban flechas de punta roma, que los debilitaban o los ponían
mera de combate por tiempo suficiente como para que algunos hombres
valientes los pudieran atar.2 A los demás animales se los cazaba en
fosos profundos. Y, como se sabe, los leones se reproducen
fácilmente en cautividad. No resulta difícil imaginarse un grupo de
leones cautivos y hambrientos.
Pero, ¿cómo se imagina usted el
foso de los leones? El hierro era escaso en Babilonia y no es
concebible que haya habido barras de hierro para las jaulas de los
leones. Pero un foso lo suficientemente profundo para impedir que
los animales salieran saltando parece algo razonable, parecido tal
vez al foso de los osos de Berna, Suiza.
Hasta ahora las excavaciones no
han descubierto un foso de leones como éste en Babilonia. El nivel
de las aguas ha subido muchísimo en Mesopotamia a lo largo de los
siglos, de manera que cualquier foso profundo, como el de esta
historia, tiene que haber desaparecido hace muchísimo tiempo. Pero
en Marruecos un viajero observó durante el siglo XIX un foso
semejante al que nos estamos refiriendo.3 El pozo cavado en el suelo
era grande y cuadrado, con un muro de poca altura alrededor de su
borde a manera de protección. Una pared medianera con una puerta
dividía al foso en dos sectores. El guardián arrojaba comida en uno
de los sectores, abría la puerta desde arriba, esperaba hasta que
los leones se trasladaran para comer, cerraba la puerta, y procedía
a hacer la limpieza en el otro.
Esa disposición concuerda
perfectamente con los detalles que se nos dan en Daniel 6, el relato
histórico de "Dios, y el foso de los leones".
El mensaje de Daniel 6
I. Dios ama a los ancianos
Daniel tenía unos 84 años cuando
Dios lo libró de los leones hambrientos. El Señor tenía tanto
interés en él en su ancianidad, como lo había tenido cuando era
joven. Perderíamos algo valioso si no nos detuviéramos por unos
instantes a considerar este hecho. Dios ama a los ancianos.
Precisamente con relación a este
mundo el profeta Isaías hizo algunas notables comparaciones entre el
Señor y los ídolos de Babilonia. Cada primavera, como culminación de
las populares celebraciones de Año Nuevo, Bel y Nebó eran llevados a
lomo de animales a lo largo de la Avenida de las Procesiones hacia
la Esagila, el gran templo. Los indefensos ídolos tenían que ser
atados a los animales, y se movían de un lado al otro y se
inclinaban al influjo de los movimientos de éstos:
Bel se desploma, Nebó se
derrumba, sus ídolos van sobre animales y bestias de carga. . . Se
derrumbaron, se desplomaron todos.
Cuan diferente es el verdadero
Dios, señala Isaías, quien en lugar de ser llevado a lomo de
animales, en realidad nos lleva mientras vivimos.
Escuchadme, casa de Jacob, y
todos los supervivientes de la casa de Israel, los que habéis sido
transportados desde el seno, llevados desde el vientre materno.
Hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, hasta que se os vuelva el
pelo blanco, yo os llevaré. Yo lo tengo hecho, yo me encargaré, yo
me encargo de ello, yo os salvaré (Isaías 46: 1-4).
Una y otra vez, al considerar
estas celebraciones anuales, Daniel tiene que haber reflexionado
acerca de estas palabras de Isaías. Al avanzar en edad, la promesa
tiene que haber sido cada vez más rica: "Hasta vuestra vejez, yo
seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os
llevaré". Durante los diez años en que el rey Nabonido vivió en
Tema, no se celebró la festividad de Año Nuevo en Babilonia. Bel y
Nebó, totalmente desvalidos, eran incapaces de participar en la
procesión, incluso a lomo de animales. Pero Dios lleva a todos los
que creen en El cada año de su vida, desde la infancia hasta la
vejez.
Es maravilloso que lo haga,
porque todos nosotros, por más jóvenes que seamos, envejecemos
inexorablemente. Ciertos artículos nos informan acerca de las
investigaciones practicadas para determinar las causas del
envejecimiento y su cura también. Leemos acerca de mecanismos
neuroendócrinos, de disfunciones del sistema inmunológico, de
teorías acerca de vinculaciones cruzadas, algunas leerías de
radicales libres, y de las proporciones entre calorías y proteínas.
Y nos sentimos impulsados a interesarnos, porque la timosina, la
L-dopa, el triptófano, el ácido ribonucleico sintético, y las
enzimas proteolíticas del suelo, que actualmente se están sometiendo
a prueba como cura de la senectud, todo lo que se puede esperar que
hagan es sólo posponer la edad provecta. Sólo la intervención
directa de Dios podrá eliminarla finalmente.
El Señor no nos ha prometido
salud eterna en esta vida. Pero ha prometido estar a nuestro lado en
nuestra ancianidad, y damos confianza, dar sentido a nuestra
existencia, equilibrio, fe, valor y hasta "gozo inefable", no
importa qué pase.
Daniel probó todo esto y mucho
más al pasar por la experiencia del foso de los leones.
Cuando estudiemos el
Apocalipsis, descubriremos que el apóstol San Juan era un anciano
exiliado, en cierto modo parecido a Daniel, cuando recibió sus
visiones. Pero aunque parecía que estaba solo y aislado en la isla
de Patmos, ciertamente Dios también estaba con él (Apocalipsis 1).
"Pero las cosas reveladas nos
atañen a nosotros y a nuestros hijos" (Deuteronomio 29: 28).
Si Dios honra a los ancianos, se
deduce que probablemente también desea que todos los honren, incluso
los jóvenes. Y así es. En Levítico 19: 32 nos lo enseña:
"Ponte en pie ante las canas y
honra el rostro del anciano; teme a tu Dios. Yo, Yahvéh".
La expresión "las canas" se usa
con referencia a una persona de cabellos blancos o grises. En las
Escrituras se nos dice que "las canas son el ornato de los viejos",
no su desgracia (Proverbios 20: 29). Jesús se presenta a sí mismo
con cabellos blancos en Apocalipsis 1.
La instrucción que se nos da en
Levítico 19: 32 es enfática. Dios la firma mediante esta frase: "Yo,
Yahvéh". Es su manera de llamar la atención a algo sumamente
importante.
El quinto mandamiento dice:
"Honra a tu padre y a tu madre" (Éxodo 20: 12). Este mandato impone
una seria responsabilidad sobre todos los padres y maestros. Si los
niños han de honrar a los adultos, éstos deben enseñarles a hacerlo.
No significa que tienen que gritarles para obligarlos a obedecer a
la fuerza. Los niños criados a gritos y golpes parece que obedecen,
pero interiormente no están honrando a sus padres: los odian.
Enseñar a los niños a honrar a sus padres implica tratarlos de tal
manera que lleguen a amar y a respetar a sus padres y tengan el
deseo de obedecerles como buenos cristianos.
El quinto mandamiento no fija
límites de edad. No dice: "Niños, honren a sus padres hasta los 16
años, o hasta los 20, o hasta los 35". Dice en cambio: "Honra a tu
padre y a tu madre". Esta obligación y privilegio dura toda la vida.
De acuerdo con las Escrituras los hijos e hijas deben honrar a sus
padres incluso en la edad madura y hasta su propia ancianidad.
Tampoco dice el mandamiento:
"Honren a sus padres si son simpáticos o si tienen mucho dinero".
Sólo nos ordena honrarlos. Aparentemente los hijos de todas las
edades deben vivir para honrar constantemente a sus padres. Jesús,
mientras moría en la cruz transido de tremendos dolores, se acordó
de hacer arreglos con su discípulo Juan para que cuidara a su madre
por el resto de su vida (S. Juan 19: 26, 27).
Dios quiere que honremos a todos
los ancianos, no sólo a nuestros padres. "Al anciano no le
reprendas", dice en 1 Timoteo 5: 1. "Honra al anciano", leímos hace
un momento; es decir, debemos ser corteses con los ancianos.
¡Felices los padres que pueden
mostrar a los niños, con su propio ejemplo, cómo honrar a los
ancianos! Cuando envejezcan, van a descubrir que sus hijos los van a
tratar con el mismo respeto. "Instruye al joven al empezar su
camino, que luego, de viejo, no se apartara de él" (Proverbios 22:
6).
Uno de los mensajes del libro de
Daniel es que Dios ama a los ancianos. Es evidente que El quiere que
todos los amen y que también enseñen a sus familiares a hacerlo.
II. Daniel dio gracias a
Dios
Cuando Daniel oyó hablar acerca
del decreto que le prohibía orar al verdadero Dios, hizo algo
notable. "Tres veces al día se ponía él de rodillas, orando y
alabando [dando gracias} a su Dios; así lo había hecho siempre"
(Daniel 6: 11).
El hecho de que Daniel haya
orado en semejantes circunstancias es digno de mención, pero lo que
más nos impresiona es que daba gracias tres veces al día como lo
había hecho siempre.
Frente al foso de los leones,
con la perspectiva de poderosas fauces y dientes agudos, Daniel daba
gracias. ¿Ya pensó usted en esto? ¿Por qué le parece que habrá dado
gracias?
Se puede pensar en muchas cosas-
Daniel conocía muchas de las promesas de Dios. "Dios es para
nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a
punto" (Salmos 46: 2). "Acampa el ángel de Yahvéh en tomo a los que
le temen y los libra" (Salmos 34: 8).
Además Daniel podía recordar
toda una vida llena de incidentes animadores y oraciones
respondidas. Podía agradecerle por haberlo acompañado por más de
ochenta años. Podía agradecerle por haberle ayudado en su juventud a
mantenerse fiel a los principios y al mismo tiempo a llegar a ser el
mejor alumno de su clase. Podía agradecerle por haberle dado esa
visión acerca del futuro que el rey pronto olvidó, y porque de esa
manera pudo salvar su propia vida y la de los sabios. Podía
agradecer a Dios por haber salvado a sus compañeros del homo
ardiente. Tal vez, la mejor razón para agradecerle haya sido que el
Señor lo usó como instrumento a fin de conducir al poderoso
Nabucodonosor para que se humillara delante de Dios.
Yo presumo que la oración más
ferviente de Daniel en ese momento tiene que haber sido que, pasara
lo que pasare. Dios le ayudara a representarlo tan dignamente
delante de Darío, que en su ancianidad lo usara de nuevo como
instrumento para conducir a otro rey a que aceptara al Señor.
De paso, Daniel 7: 1 nos indica
que el profeta tuvo la visión que detalla en ese capítulo varios
años antes de hacer frente a los leones en e) foso. Mediante esa
visión tuvo la seguridad de que Dios puede vencer "bestias" tan
crueles y temibles que en comparación los leones parecen gatitos.
También tenía plena confianza en el día de la resurrección (Daniel
12: 1, 2). Si los leones lo hubieran devorado, no le habría
importado; volvería a vivir.
Cuando oramos, deberíamos hacer
como Daniel, y dar gracias. Es mejor no comenzar contando a Dios
nuestros problemas. Cuando lo hacemos, éstos crecen y nuestra fe
casi se desvanece. En lugar de ello deberíamos recordar algunas de
las promesas de Dios y añadir: "¡Señor, te creo!" Después sería
bueno recordar oraciones contestadas y decir: "¡Señor, te doy
gracias!" Después de hablar de esa manera por cierto tiempo, podemos
presentar nuestros problemas con seguridad, porque entonces nuestra
fe se habrá fortalecido y nuestros problemas parecerán más
manejables; podemos orar con fe y no llenos de dudas. Dios escucha
la oración de fe y la responde gloriosamente.
Si usted quisiera leer una
magnífica oración de este tipo, que se halla en el Antiguo
Testamento, lea 2 Crónicas 20.
De manera que Daniel dio
gracias. Este era uno de sus secretos. Dio gracias como "lo había
hecho siempre". Era su hábito, uno de los grandes hábitos de su
grandiosa vida.
La gente se pregunta cómo fue
posible que el apóstol San Pablo fuera capaz de hacer tanto y
perseverar en ello cuando todo parecía estar contra él. Dios libró a
San Pablo de muchas pruebas, tal como lo hizo con Daniel, pero
también permitió que pasara por muchas otras. San Pablo pudo decir:
"Cinco veces recibí. . . cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui
azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y
una noche pasé náufrago en el mar" (2 Corintios 11'. 24-26). Y mucho
más.
El secreto del optimismo de San
Pablo era el mismo del de Daniel. Preso en una húmeda mazmorra pudo
escribir a sus hermanos en la fe: "Estad siempre alegres en el
Señor; os lo repito, estad alegres. . .
El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien,
en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la
oración y la súplica, acompañada de la acción de gracias. Y la paz
de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones
y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses 4: 4-7).
Por años me impresionó un pasaje
paralelo de San Pablo: "En todo dad gracias" (1 Tesalonicenses 5:
18). Llegué a comprender que ninguna situación podía ser tan mala
como para no poder encontrar en ella alguna razón para dar gracias a
Dios. Después descubrí Efesios 5: 20 donde San Pablo dice: "Dando
gracias. . . por todo a Dios". Para orar de esa manera la persona
tiene que creer firmemente que Dios hará todo, absolutamente todo,
de manera que resulte para nuestro bien y para su gloria. Y eso es
precisamente lo que nos promete en Romanos 8: 28.
La religión cristiana es una
religión feliz. Dios se describe a sí mismo cantando por causa de su
pueblo, que lo ama, así como el novio canta por causa de su novia
(Isaías 62: 5). Nos promete que los redimidos vendrán a Sión (la
Jerusalén celestial) con canciones e himnos y que habrá "alegría
eterna sobre sus cabezas" (Isaías 51: 11). Se siente feliz si
nosotros mismos comenzamos a ser felices en el lugar donde nos
encontramos.
Jesús también nos enseñó que no
deberíamos estar ansiosos, que no deberíamos preocupamos
indebidamente por las cosas que suceden. En cambio, deberíamos
buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y a continuación
confiar plenamente en que El se encargará de todo (S. Mateo 6;
25-34).
Respuestas a sus preguntas
1. ¿Quién era Darío el Medo? Los
críticos de la Biblia han destacado el hecho de que Darío el Medo
(Daniel 6: 1) es desconocido fuera de la Biblia. Por consiguiente,
han llegado a la conclusión de que Darío el Medo jamás existió. De
la misma manera, como sin duda usted lo recuerda, hace años llegaron
a la conclusión errónea de que Baltasar nunca había existido porque
su nombre todavía no había sido encontrado fuera de la Biblia.
Ya que los críticos se
equivocaron con respecto a Baltasar, parece razonable creer que
también lo están con relación a Darío. En los últimos años hemos
recibido muchísima información que nos anima a creer plenamente lo
que las Escrituras dicen con respecto a Darío el Medo.
a. Las tablillas de arcilla
conocidas como la Crónica de Nabonido4 nos dicen que el comandante
militar que atacó Babilonia el 12 de octubre del año 539 AC se
llamaba Gubaru. (Su ataque ocurrió unas dos semanas y media antes
que Ciro hiciera su entrada triunfal, lo que aconteció el 29 de
octubre.) Jenofonte, el anti¬guo historiador-novelista, nos cuenta
acerca de la ayuda especial que recibió Ciro para conquistar
Babilonia, de parte de una persona llamada Gobryas.5 Gobryas es el
equivalente griego de Gubaru.
b. En la Crónica de Nabonido
Gubaru (Gobryas) aparece como el gobernador de Gutium. Jenofonte
también dice que era gobernador.6 Gutium era una provincia en Media.
De modo que Gubaru, como es el caso de Darío en las Escrituras,
puede recibir el calificativo de Medo con mucha propiedad.
c. La Crónica de Nabonido
especifica que Gubaru "nombró gobernadores en Babilonia". Esta
información concuerda con el nombramiento de sátrapas y ministros
por parte de Darío (Daniel 6: 2).
d. Gubaru gobernó Babilonia un
año entero. La Crónica de Nabonido nos dice que Gubaru conquistó
Babilonia para Ciro en el mes de Tashritu (aproximadamente nuestro
octubre) y que murió en el mes de Arahsamnu (más o menos nuestro
noviembre). Al leer esto, muchos autores han llegado a la conclusión
de que Gubaru murió un mes después de tomar Babilonia.
No obstante, William H. Shea7 ha
demostrado en forma convincente que esto es una equivocación. Los
registros históricos de Babilonia estaban virtualmente ordenados en
estricta secuencia cronológica. En el presente caso la Crónica
primeramente da la fecha de la conquista de Babilonia y después dice
que Gubaru devolvió a sus respectivas ciudades los dioses que
Nabonido había traído a Babilonia, y dice que lo hizo "desde el mes
de Kislimu hasta el mes de Addaru" (aproximadamente de diciembre a
marzo). Sólo después de proporcionar esa información la Crónica
añade que "en el mes de Arahsamnu. . . Gubaru (aquí aparece como
Ugbaru) falleció". Resulta claro entonces que el otoño (primavera en
el hemisferio sur) en el cual Gubaru falleció es a lo menos un año
después de su conquista de Babilonia.
e. Gubaru sirvió como rey de
Babilonia. El título "rey de Babilonia" se aplicó tanto cuando
Babilonia era la capital de su propio imperio, como cuando llegó a
ser un reino dependiente del Imperio Asirio y, por un tiempo, del
Imperio Medopersa. Por ejemplo, cuando Babilonia formaba parte del
Imperio Asirlo, Teglat-falasar (Tiglatpileser) III (745-727) decidió
que se lo nombrara no sólo emperador
de Asirla sino también "rey de
Babilonia". En el otoño (primavera) del año 538 AC, un año después
de la caída de Babilonia, Ciro, el emperador medopersa, añadió el
título de "rey de Babilonia" a su título imperial de "rey de las
Tierras". De este modo se convirtió en Ciro, el rey de Babilonia,
rey de las Tierras.
Tal como el profesor Shea lo
demostró, el hecho de que Ciro haya tomado el título de rey de
Babilonia en la última parte del otoño del año 538, coincide con la
muerte de Gubaru en noviembre de ese año. Ciro no asumió el título
de rey de Babilonia hasta después de la muerte de Gubaru. Esta
evidencia implica que Gubaru era rey de Babilonia. Otra evidencia de
que era rey es el hecho de que su fallecimiento haya sido
registrado. Shea ha descubierto que los cronistas oficiales de
Babilonia casi nunca registraron los fallecimientos de nadie,
excepto de los miembros de las familias reales. La Crónica de
Nabonido no sólo registra el fallecimiento de Gubaru, sino que
menciona que pocos días más tarde "la esposa del rey" también
falleció. Por un proceso de eliminación llegamos a la conclusión de
que esta dama era seguramente la esposa de Gubaru. El único otro rey
que los escribas pudieron haber tenido en su memoria era el rey
Ciro; pero no se menciona en absoluto que Ciro haya asistido al
funeral como habría sido el caso si su esposa hubiera fallecido.
f. Cuando los reyes de Asiría se
llamaban a sí mismos reyes de Babilonia, a veces adoptaban "nombres
reales" diferentes a los verdaderos. Tiglatpileser, el emperador
asirio al que nos referimos hace un momento, se dio a sí mismo el
nombre de Pul como rey de Babilonia. Salmanasar V (727-722) AC, otro
emperador de Asiría, se dio el nombre de Ulalai cuando llegó a ser
rey de Babilonia.
Estamos familiarizados con una
analogía moderna. Cuando los cardenales llegan a ser papas, asumen
nombres papales. Angelo Giuseppe Roncalli llegó a ser el papa Juan
XXIII y Karol Wojtyla, Juan Pablo II.
Conclusión. La evidencia de que
disponemos nos induce razonablemente a concluir que Darío el Medo y
Gubaru e Cutiano eran la misma persona, y que gobernó Babilonia,
como parte del Imperio Medopersa, en su calidad de rey local (Daniel
6: 6), desde el otoño de! año 539 AC hasta el otoño del año 538 de
la misma era.
Lectura adicional
Arturo S. Maxweil, Las bellas
historias de la Biblia, tomo 6:
"Una noche con los leones",
comienza en la página 55. Elena G. de White, Profetas y reyes:
"En el foso de los leones",
comienza en la página 396. Las hermosas enseñanzas de la Biblia:
El capítulo 133, titulado "La
alabanza y la acción de gracias"
Referencias
1. Robert Dick Wiison, Studies
in the Book of Daniel: A Discussion of the Histórica! Questions
[Estudios del libro de Daniel: una discusión acerca de los asuntos
históricos] (Nueva York, G. P. Putnam's Sons, The Knickerbocker
Press, 1917), págs. 316, 317. 2. Contenau, Everyday Ufe. . ., pág.
62.
3. Consultar C. F. Keil y F.
Delitzsch, Biblical Commentury on the Oíd Testament [Comentario
bíblico acerca del Antiguo Testamento], 27 tomos (Grand Rapids.
Michigan, Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1959), C. F. Keil,
Biblical Commentary on the Book of Daniel [Comentario bíblico acerca
del libro de Daniel], traducido al inglés por M. G. Bastón, 25:216.
4. Pritchard, Texts [Textos],
pág. 306. En la Crónica el nombre "Gubaru" aparece dos veces como "Ugbaru",
aparentemente como resultado de la transposición de las dos primeras
letras.
5. Jenofonte, Cyropaedia, 7. 5.
6. Ibíd., 4.6.2.
7. William H. Shea, "An
Unrecognized Vassal King of Babylon in the Early Achaemenid Period"
[Un rey vasallo de Babilonia no reconocido en el primitivo periodo
Aqueménico], 4 partes. Andrews University Seminary Studies 9, 10
(enero 1971 a julio 1972). Consulte también William H. Shea, "Darius
the Mede and Daniel His Govemor" [Darío el Medo y Daniel su
gobernador] (trabajo de investigación, Andrews University, 1978).