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Dios y el foso de los leones

Lección 6

Para el 6 de Noviembre del 2004


Introducción

La historia de Daniel en el foso de los leones es uno de los relatos más conocidos de las Escrituras. Hemos titulado este capítulo "Dios y el foso de los leones" para recordar que el Dios que libró a Daniel de esas circunstancias todavía vive para rescatamos de las perplejidades de la vida.

La proclamación del rey Darío, que aparece al final de esta historia, resume todo el mensaje de Daniel:

El es el Dios vivo, que subsiste por siempre, -su reino no será destruido, y su imperio durará hasta el fin- el que salva y libera, obra señales y milagros en los cielos y en la tierra; el que ha salvado a Daniel del poder de los leones (Daniel 6: 27, 28).

La aplicación de esta historia a nuestras necesidades actuales aparece en la siguiente amonestación de San Pedro;

"Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 S. Pedro 5: 8). La persona que ponga su fe en Dios puede estar tan segura de no caer en las tentaciones de Satanás como Daniel frente a los leones, porque el mismo Dios de aquel entonces sigue viviendo. Nuestro Dios es "el Dios vivo, que subsiste por siempre".

¿Está ansioso de leer la historia? Hagamos unas pocas observaciones de antemano, no obstante, para ayudarle a comprenderla.

En Daniel 6 se nos indica que Darío, el nuevo rey de Babilonia, nombró un conjunto de 120 sátrapas (gobernadores) y tres presidentes, de los cuales Daniel era el principal, para administrar los asuntos de la provincia. La historia parece implicar que los 120 sátrapas y sus otros dos presidentes espiaron a Daniel mientras oraba, y que los 122 fueron arrojados más tarde al foso de los leones, junto con todas sus esposas y todos sus hijos. Hay quienes no pueden concebir que tanta gente haya participado en cada una de las etapas del relato. Pero las Escrituras no dicen realmente que los 122 sátrapas y sus presidentes estaban directamente implicados en el complot. Los conspiradores simplemente pretendieron que los demás también participaban (Daniel 6: 7). En resumidas cuentas sólo los "hombres que habían acusado a Daniel" (Daniel 6: 25) y no los 122 con sus familiares fueron arrojados al foso.

Los conspiradores merecieron su castigo. Ya vimos que Baltasar fue justamente condenado porque pecó aunque estaba enterado de todo lo concerniente a la experiencia de Nabucodonosor (Daniel 5:

22). Los hombres que trataron de dar muerte a Daniel lo hicieron aunque estaban perfectamente al tanto de su inocencia y de su excelente foja de servicios acumulada por un espacio de casi setenta años. Como Baltasar y mucha gente que vive en la actualidad, no aceptaron ' 'el amor de la verdad" (2 Tesalonicenses 2: 10).

Lamentamos muchísimo el destino de sus familiares; pero es posible que ellos tampoco merecieran vivir. Cuando estos hombres hablaron acerca de Daniel en sus hogares, probablemente sus esposas e hijos se hicieron eco de su hostilidad y los fortalecieron en su intento. De esa manera cada miembro de la familia contribuyó para que el padre cometiera ese crimen. Del mismo modo Zeres, la esposa de Aman, lo animó en su complot para dar muerte a Mardoqueo (Ester 5: 14). En la actualidad también ocurre lo mismo: muchas familias se animan mutuamente para deshacer la imagen pública de los demás.

El Nuevo Testamento dice que la lengua de una persona calumniadora es "un mal turbulento lleno de veneno mortífero (Santiago 3:8). Podemos pensar que hablar de la gente es un deporte hogareño inofensivo, pero Jesús dijo: "Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado" (S. Mateo 12: 36, 37).

Nos parece extraño que un rey promulgue un decreto ordenando a todos que por treinta días sólo eleven plegarias a él, pero en la antigüedad frecuentemente a los reyes se los trataba como dioses. Este decreto en especial probablemente pareció bastante razonable a mucha gente, que lo interpretó como una prueba de lealtad que tenía como fin unir a todos bajo la égida del nuevo gobernante. Nos acordamos de la dedicación de la estatua de oro de Nabucodonosor que aparece en Daniel 3. Sin embargo, no necesitamos suponer que el decreto de Darío alcanzó a todas las provincias del imperio. Darío era rey de Babilonia, y éste -"toda la tierra" para Darío (Daniel 6: 26) — era ahora sólo un reino subalterno. Ciro el Grande era el gobernante del vasto Imperio Medopersa.

La colección de animales salvajes era tan interesante en aquella época como en la actualidad. Los leones abundaban en Mesopotamia. Un rey asirio pretendía haber dado muerte a 970 de ellos en una sola cacería.' Los leones aparecen más de cien veces en las Escrituras (véase especialmente Jueces 14 y 1 Reyes 13). Se conocían procedimientos para cazarlos vivos. Es claro que no se usaban los modernos tranquilizantes, pero se les arrojaban flechas de punta roma, que los debilitaban o los ponían mera de combate por tiempo suficiente como para que algunos hombres valientes los pudieran atar.2 A los demás animales se los cazaba en fosos profundos. Y, como se sabe, los leones se reproducen fácilmente en cautividad. No resulta difícil imaginarse un grupo de leones cautivos y hambrientos.

Pero, ¿cómo se imagina usted el foso de los leones? El hierro era escaso en Babilonia y no es concebible que haya habido barras de hierro para las jaulas de los leones. Pero un foso lo suficientemente profundo para impedir que los animales salieran saltando parece algo razonable, parecido tal vez al foso de los osos de Berna, Suiza.

Hasta ahora las excavaciones no han descubierto un foso de leones como éste en Babilonia. El nivel de las aguas ha subido muchísimo en Mesopotamia a lo largo de los siglos, de manera que cualquier foso profundo, como el de esta historia, tiene que haber desaparecido hace muchísimo tiempo. Pero en Marruecos un viajero observó durante el siglo XIX un foso semejante al que nos estamos refiriendo.3 El pozo cavado en el suelo era grande y cuadrado, con un muro de poca altura alrededor de su borde a manera de protección. Una pared medianera con una puerta dividía al foso en dos sectores. El guardián arrojaba comida en uno de los sectores, abría la puerta desde arriba, esperaba hasta que los leones se trasladaran para comer, cerraba la puerta, y procedía a hacer la limpieza en el otro.

Esa disposición concuerda perfectamente con los detalles que se nos dan en Daniel 6, el relato histórico de "Dios, y el foso de los leones".

 


El mensaje de Daniel 6

I. Dios ama a los ancianos

Daniel tenía unos 84 años cuando Dios lo libró de los leones hambrientos. El Señor tenía tanto interés en él en su ancianidad, como lo había tenido cuando era joven. Perderíamos algo valioso si no nos detuviéramos por unos instantes a considerar este hecho. Dios ama a los ancianos.

Precisamente con relación a este mundo el profeta Isaías hizo algunas notables comparaciones entre el Señor y los ídolos de Babilonia. Cada primavera, como culminación de las populares celebraciones de Año Nuevo, Bel y Nebó eran llevados a lomo de animales a lo largo de la Avenida de las Procesiones hacia la Esagila, el gran templo. Los indefensos ídolos tenían que ser atados a los animales, y se movían de un lado al otro y se inclinaban al influjo de los movimientos de éstos:

Bel se desploma, Nebó se derrumba, sus ídolos van sobre animales y bestias de carga. . . Se derrumbaron, se desplomaron todos.

Cuan diferente es el verdadero Dios, señala Isaías, quien en lugar de ser llevado a lomo de animales, en realidad nos lleva mientras vivimos.

Escuchadme, casa de Jacob, y todos los supervivientes de la casa de Israel, los que habéis sido transportados desde el seno, llevados desde el vientre materno. Hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os llevaré. Yo lo tengo hecho, yo me encargaré, yo me encargo de ello, yo os salvaré (Isaías 46: 1-4).

Una y otra vez, al considerar estas celebraciones anuales, Daniel tiene que haber reflexionado acerca de estas palabras de Isaías. Al avanzar en edad, la promesa tiene que haber sido cada vez más rica: "Hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os llevaré". Durante los diez años en que el rey Nabonido vivió en Tema, no se celebró la festividad de Año Nuevo en Babilonia. Bel y Nebó, totalmente desvalidos, eran incapaces de participar en la procesión, incluso a lomo de animales. Pero Dios lleva a todos los que creen en El cada año de su vida, desde la infancia hasta la vejez.

Es maravilloso que lo haga, porque todos nosotros, por más jóvenes que seamos, envejecemos inexorablemente. Ciertos artículos nos informan acerca de las investigaciones practicadas para determinar las causas del envejecimiento y su cura también. Leemos acerca de mecanismos neuroendócrinos, de disfunciones del sistema inmunológico, de teorías acerca de vinculaciones cruzadas, algunas leerías de radicales libres, y de las proporciones entre calorías y proteínas. Y nos sentimos impulsados a interesarnos, porque la timosina, la L-dopa, el triptófano, el ácido ribonucleico sintético, y las enzimas proteolíticas del suelo, que actualmente se están sometiendo a prueba como cura de la senectud, todo lo que se puede esperar que hagan es sólo posponer la edad provecta. Sólo la intervención directa de Dios podrá eliminarla finalmente.

El Señor no nos ha prometido salud eterna en esta vida. Pero ha prometido estar a nuestro lado en nuestra ancianidad, y damos confianza, dar sentido a nuestra existencia, equilibrio, fe, valor y hasta "gozo inefable", no importa qué pase.

Daniel probó todo esto y mucho más al pasar por la experiencia del foso de los leones.

Cuando estudiemos el Apocalipsis, descubriremos que el apóstol San Juan era un anciano exiliado, en cierto modo parecido a Daniel, cuando recibió sus visiones. Pero aunque parecía que estaba solo y aislado en la isla de Patmos, ciertamente Dios también estaba con él (Apocalipsis 1).

"Pero las cosas reveladas nos atañen a nosotros y a nuestros hijos" (Deuteronomio 29: 28).

Si Dios honra a los ancianos, se deduce que probablemente también desea que todos los honren, incluso los jóvenes. Y así es. En Levítico 19: 32 nos lo enseña:

"Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano; teme a tu Dios. Yo, Yahvéh".

La expresión "las canas" se usa con referencia a una persona de cabellos blancos o grises. En las Escrituras se nos dice que "las canas son el ornato de los viejos", no su desgracia (Proverbios 20: 29). Jesús se presenta a sí mismo con cabellos blancos en Apocalipsis 1.

La instrucción que se nos da en Levítico 19: 32 es enfática. Dios la firma mediante esta frase: "Yo, Yahvéh". Es su manera de llamar la atención a algo sumamente importante.

El quinto mandamiento dice: "Honra a tu padre y a tu madre" (Éxodo 20: 12). Este mandato impone una seria responsabilidad sobre todos los padres y maestros. Si los niños han de honrar a los adultos, éstos deben enseñarles a hacerlo. No significa que tienen que gritarles para obligarlos a obedecer a la fuerza. Los niños criados a gritos y golpes parece que obedecen, pero interiormente no están honrando a sus padres: los odian. Enseñar a los niños a honrar a sus padres implica tratarlos de tal manera que lleguen a amar y a respetar a sus padres y tengan el deseo de obedecerles como buenos cristianos.

El quinto mandamiento no fija límites de edad. No dice: "Niños, honren a sus padres hasta los 16 años, o hasta los 20, o hasta los 35". Dice en cambio: "Honra a tu padre y a tu madre". Esta obligación y privilegio dura toda la vida. De acuerdo con las Escrituras los hijos e hijas deben honrar a sus padres incluso en la edad madura y hasta su propia ancianidad.

Tampoco dice el mandamiento: "Honren a sus padres si son simpáticos o si tienen mucho dinero". Sólo nos ordena honrarlos. Aparentemente los hijos de todas las edades deben vivir para honrar constantemente a sus padres. Jesús, mientras moría en la cruz transido de tremendos dolores, se acordó de hacer arreglos con su discípulo Juan para que cuidara a su madre por el resto de su vida (S. Juan 19: 26, 27).

Dios quiere que honremos a todos los ancianos, no sólo a nuestros padres. "Al anciano no le reprendas", dice en 1 Timoteo 5: 1. "Honra al anciano", leímos hace un momento; es decir, debemos ser corteses con los ancianos.

¡Felices los padres que pueden mostrar a los niños, con su propio ejemplo, cómo honrar a los ancianos! Cuando envejezcan, van a descubrir que sus hijos los van a tratar con el mismo respeto. "Instruye al joven al empezar su camino, que luego, de viejo, no se apartara de él" (Proverbios 22: 6).

Uno de los mensajes del libro de Daniel es que Dios ama a los ancianos. Es evidente que El quiere que todos los amen y que también enseñen a sus familiares a hacerlo.

II. Daniel dio gracias a Dios

Cuando Daniel oyó hablar acerca del decreto que le prohibía orar al verdadero Dios, hizo algo notable. "Tres veces al día se ponía él de rodillas, orando y alabando [dando gracias} a su Dios; así lo había hecho siempre" (Daniel 6: 11).

El hecho de que Daniel haya orado en semejantes circunstancias es digno de mención, pero lo que más nos impresiona es que daba gracias tres veces al día como lo había hecho siempre.

Frente al foso de los leones, con la perspectiva de poderosas fauces y dientes agudos, Daniel daba gracias. ¿Ya pensó usted en esto? ¿Por qué le parece que habrá dado gracias?

Se puede pensar en muchas cosas- Daniel conocía muchas de las promesas de Dios. "Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto" (Salmos 46: 2). "Acampa el ángel de Yahvéh en tomo a los que le temen y los libra" (Salmos 34: 8).

Además Daniel podía recordar toda una vida llena de incidentes animadores y oraciones respondidas. Podía agradecerle por haberlo acompañado por más de ochenta años. Podía agradecerle por haberle ayudado en su juventud a mantenerse fiel a los principios y al mismo tiempo a llegar a ser el mejor alumno de su clase. Podía agradecerle por haberle dado esa visión acerca del futuro que el rey pronto olvidó, y porque de esa manera pudo salvar su propia vida y la de los sabios. Podía agradecer a Dios por haber salvado a sus compañeros del homo ardiente. Tal vez, la mejor razón para agradecerle haya sido que el Señor lo usó como instrumento a fin de conducir al poderoso Nabucodonosor para que se humillara delante de Dios.

Yo presumo que la oración más ferviente de Daniel en ese momento tiene que haber sido que, pasara lo que pasare. Dios le ayudara a representarlo tan dignamente delante de Darío, que en su ancianidad lo usara de nuevo como instrumento para conducir a otro rey a que aceptara al Señor.

De paso, Daniel 7: 1 nos indica que el profeta tuvo la visión que detalla en ese capítulo varios años antes de hacer frente a los leones en e) foso. Mediante esa visión tuvo la seguridad de que Dios puede vencer "bestias" tan crueles y temibles que en comparación los leones parecen gatitos. También tenía plena confianza en el día de la resurrección (Daniel 12: 1, 2). Si los leones lo hubieran devorado, no le habría importado; volvería a vivir.

Cuando oramos, deberíamos hacer como Daniel, y dar gracias. Es mejor no comenzar contando a Dios nuestros problemas. Cuando lo hacemos, éstos crecen y nuestra fe casi se desvanece. En lugar de ello deberíamos recordar algunas de las promesas de Dios y añadir: "¡Señor, te creo!" Después sería bueno recordar oraciones contestadas y decir: "¡Señor, te doy gracias!" Después de hablar de esa manera por cierto tiempo, podemos presentar nuestros problemas con seguridad, porque entonces nuestra fe se habrá fortalecido y nuestros problemas parecerán más manejables; podemos orar con fe y no llenos de dudas. Dios escucha la oración de fe y la responde gloriosamente.

Si usted quisiera leer una magnífica oración de este tipo, que se halla en el Antiguo Testamento, lea 2 Crónicas 20.

De manera que Daniel dio gracias. Este era uno de sus secretos. Dio gracias como "lo había hecho siempre". Era su hábito, uno de los grandes hábitos de su grandiosa vida.

La gente se pregunta cómo fue posible que el apóstol San Pablo fuera capaz de hacer tanto y perseverar en ello cuando todo parecía estar contra él. Dios libró a San Pablo de muchas pruebas, tal como lo hizo con Daniel, pero también permitió que pasara por muchas otras. San Pablo pudo decir: "Cinco veces recibí. . . cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en el mar" (2 Corintios 11'. 24-26). Y mucho más.

El secreto del optimismo de San Pablo era el mismo del de Daniel. Preso en una húmeda mazmorra pudo escribir a sus hermanos en la fe: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. . . El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañada de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses 4: 4-7).

Por años me impresionó un pasaje paralelo de San Pablo: "En todo dad gracias" (1 Tesalonicenses 5: 18). Llegué a comprender que ninguna situación podía ser tan mala como para no poder encontrar en ella alguna razón para dar gracias a Dios. Después descubrí Efesios 5: 20 donde San Pablo dice: "Dando gracias. . . por todo a Dios". Para orar de esa manera la persona tiene que creer firmemente que Dios hará todo, absolutamente todo, de manera que resulte para nuestro bien y para su gloria. Y eso es precisamente lo que nos promete en Romanos 8: 28.

La religión cristiana es una religión feliz. Dios se describe a sí mismo cantando por causa de su pueblo, que lo ama, así como el novio canta por causa de su novia (Isaías 62: 5). Nos promete que los redimidos vendrán a Sión (la Jerusalén celestial) con canciones e himnos y que habrá "alegría eterna sobre sus cabezas" (Isaías 51: 11). Se siente feliz si nosotros mismos comenzamos a ser felices en el lugar donde nos encontramos.

Jesús también nos enseñó que no deberíamos estar ansiosos, que no deberíamos preocupamos indebidamente por las cosas que suceden. En cambio, deberíamos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y a continuación confiar plenamente en que El se encargará de todo (S. Mateo 6; 25-34).


 

Respuestas a sus preguntas

 

1. ¿Quién era Darío el Medo? Los críticos de la Biblia han destacado el hecho de que Darío el Medo (Daniel 6: 1) es desconocido fuera de la Biblia. Por consiguiente, han llegado a la conclusión de que Darío el Medo jamás existió. De la misma manera, como sin duda usted lo recuerda, hace años llegaron a la conclusión errónea de que Baltasar nunca había existido porque su nombre todavía no había sido encontrado fuera de la Biblia.

Ya que los críticos se equivocaron con respecto a Baltasar, parece razonable creer que también lo están con relación a Darío. En los últimos años hemos recibido muchísima información que nos anima a creer plenamente lo que las Escrituras dicen con respecto a Darío el Medo.

a. Las tablillas de arcilla conocidas como la Crónica de Nabonido4 nos dicen que el comandante militar que atacó Babilonia el 12 de octubre del año 539 AC se llamaba Gubaru. (Su ataque ocurrió unas dos semanas y media antes que Ciro hiciera su entrada triunfal, lo que aconteció el 29 de octubre.) Jenofonte, el anti¬guo historiador-novelista, nos cuenta acerca de la ayuda especial que recibió Ciro para conquistar Babilonia, de parte de una persona llamada Gobryas.5 Gobryas es el equivalente griego de Gubaru.

b. En la Crónica de Nabonido Gubaru (Gobryas) aparece como el gobernador de Gutium. Jenofonte también dice que era gobernador.6 Gutium era una provincia en Media. De modo que Gubaru, como es el caso de Darío en las Escrituras, puede recibir el calificativo de Medo con mucha propiedad.

c. La Crónica de Nabonido especifica que Gubaru "nombró gobernadores en Babilonia". Esta información concuerda con el nombramiento de sátrapas y ministros por parte de Darío (Daniel 6: 2).

d. Gubaru gobernó Babilonia un año entero. La Crónica de Nabonido nos dice que Gubaru conquistó Babilonia para Ciro en el mes de Tashritu (aproximadamente nuestro octubre) y que murió en el mes de Arahsamnu (más o menos nuestro noviembre). Al leer esto, muchos autores han llegado a la conclusión de que Gubaru murió un mes después de tomar Babilonia.

No obstante, William H. Shea7 ha demostrado en forma convincente que esto es una equivocación. Los registros históricos de Babilonia estaban virtualmente ordenados en estricta secuencia cronológica. En el presente caso la Crónica primeramente da la fecha de la conquista de Babilonia y después dice que Gubaru devolvió a sus respectivas ciudades los dioses que Nabonido había traído a Babilonia, y dice que lo hizo "desde el mes de Kislimu hasta el mes de Addaru" (aproximadamente de diciembre a marzo). Sólo después de proporcionar esa información la Crónica añade que "en el mes de Arahsamnu. . . Gubaru (aquí aparece como Ugbaru) falleció". Resulta claro entonces que el otoño (primavera en el hemisferio sur) en el cual Gubaru falleció es a lo menos un año después de su conquista de Babilonia.

e. Gubaru sirvió como rey de Babilonia. El título "rey de Babilonia" se aplicó tanto cuando Babilonia era la capital de su propio imperio, como cuando llegó a ser un reino dependiente del Imperio Asirio y, por un tiempo, del Imperio Medopersa. Por ejemplo, cuando Babilonia formaba parte del Imperio Asirlo, Teglat-falasar (Tiglatpileser) III (745-727) decidió que se lo nombrara no sólo emperador de Asirla sino también "rey de Babilonia". En el otoño (primavera) del año 538 AC, un año después de la caída de Babilonia, Ciro, el emperador medopersa, añadió el título de "rey de Babilonia" a su título imperial de "rey de las Tierras". De este modo se convirtió en Ciro, el rey de Babilonia, rey de las Tierras.

Tal como el profesor Shea lo demostró, el hecho de que Ciro haya tomado el título de rey de Babilonia en la última parte del otoño del año 538, coincide con la muerte de Gubaru en noviembre de ese año. Ciro no asumió el título de rey de Babilonia hasta después de la muerte de Gubaru. Esta evidencia implica que Gubaru era rey de Babilonia. Otra evidencia de que era rey es el hecho de que su fallecimiento haya sido registrado. Shea ha descubierto que los cronistas oficiales de Babilonia casi nunca registraron los fallecimientos de nadie, excepto de los miembros de las familias reales. La Crónica de Nabonido no sólo registra el fallecimiento de Gubaru, sino que menciona que pocos días más tarde "la esposa del rey" también falleció. Por un proceso de eliminación llegamos a la conclusión de que esta dama era seguramente la esposa de Gubaru. El único otro rey que los escribas pudieron haber tenido en su memoria era el rey Ciro; pero no se menciona en absoluto que Ciro haya asistido al funeral como habría sido el caso si su esposa hubiera fallecido.

f. Cuando los reyes de Asiría se llamaban a sí mismos reyes de Babilonia, a veces adoptaban "nombres reales" diferentes a los verdaderos. Tiglatpileser, el emperador asirio al que nos referimos hace un momento, se dio a sí mismo el nombre de Pul como rey de Babilonia. Salmanasar V (727-722) AC, otro emperador de Asiría, se dio el nombre de Ulalai cuando llegó a ser rey de Babilonia.

Estamos familiarizados con una analogía moderna. Cuando los cardenales llegan a ser papas, asumen nombres papales. Angelo Giuseppe Roncalli llegó a ser el papa Juan XXIII y Karol Wojtyla, Juan Pablo II.

Conclusión. La evidencia de que disponemos nos induce razonablemente a concluir que Darío el Medo y Gubaru e Cutiano eran la misma persona, y que gobernó Babilonia, como parte del Imperio Medopersa, en su calidad de rey local (Daniel 6: 6), desde el otoño de! año 539 AC hasta el otoño del año 538 de la misma era.


Lectura adicional

Arturo S. Maxweil, Las bellas historias de la Biblia, tomo 6:

"Una noche con los leones", comienza en la página 55. Elena G. de White, Profetas y reyes:

"En el foso de los leones", comienza en la página 396. Las hermosas enseñanzas de la Biblia:

El capítulo 133, titulado "La alabanza y la acción de gracias"


 

Referencias

1. Robert Dick Wiison, Studies in the Book of Daniel: A Discussion of the Histórica! Questions [Estudios del libro de Daniel: una discusión acerca de los asuntos históricos] (Nueva York, G. P. Putnam's Sons, The Knickerbocker Press, 1917), págs. 316, 317. 2. Contenau, Everyday Ufe. . ., pág. 62.

3. Consultar C. F. Keil y F. Delitzsch, Biblical Commentury on the Oíd Testament [Comentario bíblico acerca del Antiguo Testamento], 27 tomos (Grand Rapids. Michigan, Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1959), C. F. Keil, Biblical Commentary on the Book of Daniel [Comentario bíblico acerca del libro de Daniel], traducido al inglés por M. G. Bastón, 25:216.

4. Pritchard, Texts [Textos], pág. 306. En la Crónica el nombre "Gubaru" aparece dos veces como "Ugbaru", aparentemente como resultado de la transposición de las dos primeras letras.

5. Jenofonte, Cyropaedia, 7. 5.

6. Ibíd., 4.6.2.

7. William H. Shea, "An Unrecognized Vassal King of Babylon in the Early Achaemenid Period" [Un rey vasallo de Babilonia no reconocido en el primitivo periodo Aqueménico], 4 partes. Andrews University Seminary Studies 9, 10 (enero 1971 a julio 1972). Consulte también William H. Shea, "Darius the Mede and Daniel His Govemor" [Darío el Medo y Daniel su gobernador] (trabajo de investigación, Andrews University, 1978).


 


 

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