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Daniel 11

Dios y la hostilidad humana

Lección 12

 

Para el 18 de Diciembre de 2004


 

Introducción

Uno de los pasajes más esclarecedores de todo el libro es Daniel 11: 6. De primera intención parece una ininteligible historia antigua. En realidad, contiene una cautivante historia de interés humano que revela muchísimo acerca de Dios.

Algunos años después concertarán una alianza, y la hija del rey del Mediodía [rey del sur] vendrá donde el rey del Norte para realizar el convenio. Pero no resistirá la fuerza de su brazo, ni subsistirá su descendencia: será entregada, ella y las personas de su séquito, así como su hijo, y el que era su apoyo.

¿Qué significa esto?

Veremos en la página 285 que en tomo del año 250 AC el rey Ptolomeo Filadelfo de Egipto y el rey Antíoco el Divino, de Siria, intentaron garantizar la paz entre sus dos países mediante el matrimonio del rey Antíoco con Berenice, la hija del rey Ptolomeo.

Antíoco ya tenía una esposa, que se llamaba Laodicea. Parte del trato era que tenía que divorciarse de ella.

De manera que el divorcio se consumó, se celebró el nuevo casamiento, y con el tiempo nació un niño que podía algún día ser el próximo rey. Desgraciadamente Antíoco pronto se dio cuenta de que Berenice no le terminaba de gustar. Continuamente hacía comparaciones entre ella y su primera esposa. Y cuando murió el padre de Berenice, el rey de Egipto, Antíoco se divorció de ella y se casó de nuevo con Laodicea.

Pero esta última dama estaba amargada. Tenía miedo, también, de lo que podría hacer a continuación su marido. De manera que echando mano de sus facultades reales en una forma muy común en aquellos días, hizo asesinar a Antíoco, a Berenice, al séquito de esta última y a su hijito también.

No es una linda historia. Pensemos en las lágrimas que derramaron esas mujeres. Pensemos en la alienación, la inseguridad y la hostilidad que sintieron.

Finalmente recordemos que el ángel le contó todo el asunto a Daniel casi trescientos años antes de que las cosas sucedieran.

"Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre" (Hebreos 13: 8).

Dios está enterado de todo corazón quebrantado y de todo hogar destruido. Conoce el dolor acuciante que produce la hostilidad humana. Y en los capítulos 10 al 12 de Daniel Jesús aparece como el principio y el fin de la profecía para enseñamos que si se lo permitimos nos consolará, nos animará y nos conducirá a través de toda tragedia personal.

La hostilidad de la raza humana. Pero Daniel 11 se refiere a algo más que a la tragedia personal. Planea sobre la historia como si el ángel que habla fuera una especie de locutor de televisión que repasa los titulares de los diarios para afirmar: "Así son las cosas"; o más bien, puesto que se trata de profecía:  "Así van a ser las cosas".

Y como los titulares del noticiero de la tarde, casi cada uno de los hechos que figuran en este capítulo es hostil. Cada uno de los actores aparece con mal aspecto, luchando o preparándose para luchar con alguien. Con la excepción de que, hacia el final, unos pocos "doctos" o sabios aparecieron, que se pusieron firmemente al lado de Dios a pesar de la fuerte provocación.

El Señor está al tanto de todo lo que nos concierne; y la mayor parte de ello no es bueno, porque "todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Romanos 3: 23). El pecado siempre se comete contra alguien, ya sea nuestro prójimo o el Señor. En este capítulo los hostiles seres humanos aparecen haciéndose trampas, atacándose y dándose muerte mutuamente, para finalmente dirigir su orgullo y su rabia contra Dios mismo.

En el contexto de tanta hostilidad humana, esta quinta visión de Daniel nos enseña que el Señor está siempre presente para atendemos cada vez que lo buscamos.

También nos enseña que Dios está siempre presente para ponerle punto final a nuestras malvadas contiendas. Los versículos 27, 29 y 31 se refieren a tiempos "fijados" o señalados. El apóstol San Pablo también estaba consciente de los límites establecidos por Dios cuando dijo en Hechos 17: 26, 27:

El [Dios] creó, de un solo principio [origen], todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros.

La manera de expresarse de Daniel II. Se dice que Daniel 11 se expresa "literalmente" en el sentido de que su presentación no es simbólica como la de los capítulos 2, 7 y 8. No hay imágenes complicadas, ni bestias ni cuernos. De todos modos su fraseología no es fácil de entender. Es enigmática como si estuviera escrita en clave. Cada declaración sintetiza una cantidad de información. Usa muchas metáforas. Muchos pronombres aparentemente no tienen antecedentes claros. El hebreo subyacente presenta algunos problemas.

Nuestra primera reacción consiste en desear que Dios hubiera relatado la historia con más claridad. Pero después reaccionamos y decimos que la contó de esa manera en nuestro beneficio. La profecía es para nosotros y El decidió manifestarla como lo hizo a sabiendas de que su manera sería la mejor.

Numerosas interpretaciones

El carácter enigmático de Daniel 11 ha conducido a numerosas interpretaciones.

Pero, al omitir a propósito los nombres de las personas y las fechas de los eventos más importantes. Dios nos anima a estudiar la historia y a comparar lo que dijo con lo que encontramos en ella. Para algunos cristianos comparar la historia con esta profecía se ha convertido en una diversión religiosa, incluso en un pasatiempo de toda la vida, más fascinante y más satisfactorio que jugar ajedrez o hacer palabras cruzadas.

La interpretación más popular siempre ha sido que la médula del capítulo (los versículos 21 al 39) se refiere a Antíoco Epífanes, de quien ya hemos oído algo antes (véase las páginas 190-192). Josefo, el famoso historiador judío, sostuvo esta interpretación en el primer siglo de nuestra era. Es posible que los discípulos de Cristo también creyeran lo mismo.

Si los discípulos sostenían esta opinión deben de haberse sorprendido bastante al oír decir a Jesús que "la abominación de la desolación" (S. Mateo 24: 15) "anunciada" por el profeta Daniel (en Daniel 8: 13 y 11: 31) recién se habría de cumplir en el futuro (véase la nota de pie de la página 248). Su sorpresa tiene que haber aumentado cuando le oyeron añadir lo siguiente: "El que lea [el libro de Daniel}, que lo entienda". "Entienda" es la palabra clave del libro de Daniel.

Jesús estaba presente cuando el ángel le dio a Daniel el contenido del capítulo 11. Es significativo el hecho de que El consideraba inadecuada la interpretación referente a Antíoco Epífanes.

No hay duda de que la interpretación que asigna los versículos 21 al 39 a Antíoco Epífanes es muy antigua. Pero, ¿le da validez esto? Al final de la visión el ángel le dijo a Daniel que sellara "el libro hasta el tiempo del Fin". Y otro ángel añadió este comentario: "Sólo los doctos comprenderán".

En otras palabras, las interpretaciones antiguas están destinadas a no ser correctas. Sólo las interpretaciones formuladas en tiempos relativamente recientes tienen alguna posibilidad de ser correctas. La visión debía estar sellada hasta el tiempo del fin.

No hay duda de que Dios debe de sentirse feliz de verlo a usted elaborando su propia interpretación de Daniel 11. Va a tener que leer libros de historia, orar fervientemente y consultar con otros cristianos estudiosos y dedicados a la oración. "Tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia" (2 S. Pedro 1: 20).

No permita tampoco que lo desvíe una determinada traducción ni un subtítulo ni una breve nota de pie de página de las que aparecen en algunas Biblias de estudio. Los eruditos que contendían con las dificultades lingüísticas implícitas, a veces han adaptado el hebreo y han elaborado sus traducciones para que concordaran con alguna interpretación preferida cuando no deberían haberlo hecho. Hace años el bien conocido Charles H. H. Wright advertía que "esos modernos intentos de corregir el texto de Daniel para ponerlo en más íntima armonía con los registros de la época de los Macabeos. . . son sumamente sospechosos. Si los autores patrísticos, medievales y posteriores a la Reforma torcieron las declaraciones de Daniel para que expresaran el significado que esos comentadores querían darle, todos ellos han sido superados por lejos en este aspecto en particular por los críticos modernos".'

Pautas para la interpretación. Antes de tratar de descubrir lo que el ángel le quiso decir a Daniel (y a nosotros) en el capítulo 11, será bueno que establezcamos algunas pautas para que nos ayuden mientras proseguimos en el estudio de estos pasajes.

Animo frente a los detalles. Daniel 11 contiene muchos detalles. Si no le gustan, tal vez prefiera seguir adelante y leer el capítulo después; pero no se desanime. A Dios le gustan los detalles.

Los hombres de ciencia nos dicen que cada gota de agua que cae durante una tormenta contiene cien billones de átomos. Y cada átomo a su vez está compuesto de protones, neutrones y electrones. Y que cada protón y neutrón posiblemente esté compuesto, a su vez, por tres partículas infinitesimalmente pequeñas, que giran rapidísimamente y que se llaman quarks [cuarcs].

Hay hoy más de cuatro mil quinientos millones de habitantes en nuestro mundo. Cada uno de ellos tiene sus propios problemas sociales, económicos y familiares. ¡Qué bueno es que el Dios de las gotas de lluvia está enterado de todo lo que hay que saber acerca de las preocupaciones de cada cual y de las hostilidades que generan, que ha estado enterando de ellas con siglos de anticipación, y que "no se encuentra lejos de cada uno de nosotros" (Hechos 17: 27)!

El hecho de que el hombre haya caminado en la luna no significa tanto, en efecto, como el hecho de que en un sentido sumamente práctico Dios camina sobre la tierra. Piense en esto al leer Daniel 11 y cobre ánimo.

 

 


 

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