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La lección de historia de Daniel

Para el 13 de Noviembre del 2004


Daniel 7

 

EN DANIEL 7, que es un capítulo de transición, nos volvemos, de los recuentos históricos de la vida del profeta, a sus visiones. El uso del idioma arameo y su paralelismo con el capítulo 2 lo conectan con los capítulos precedentes a la vez que los temas que presenta lo vinculan con lo que sigue. El extenso panorama profético que describe se le reveló a Daniel en al año 553 a.C., el primer año de la corregencia de Belsasar con su padre Nabonido (Dan. 7:1).

El capítulo se concentra en el poder representado por el símbolo del cuerno pequeño. Siete de los 28 versículos tratan de sus actividades. Cuatro bestias salvajes simbólicas que son paralelas a los cuatro imperios de metal de la imagen que vio Nabucodonosor en un sueño en Daniel 2 preceden su aparición. Ambos capítulos concluyen con la aparición del reino de Dios.

Información

Animales simbólicos—Las Escrituras emplean símbolos de animales para representar varios gobiernos a lo largo de la historia. Jeremías emplea tanto el león como el águila para representar a Nabucodonosor (Jer. 49:19-22). En otros lugares, las Escrituras comparan a Egipto con una becerra (Jer. 46:20), un león (Eze. 32:2), y un cocodrilo o dragón (Eze. 29:3). La iconografía egipcia simboliza al rey como un león en varios sellos y escarabajos. Y gran cantidad de monedas persas del siglo IV a.C. representan al rey persa victorioso sobre un feroz león. "Uno no puede escapar a la tentación de considerar estas imágenes particulares como una referencia vigorosa a la derrota de los babilonios de parte del imperio persa que los sucedió".'

El surgimiento del papado—Los primeros emperadores cristianos se consideraban a sí mismos como los verdaderos gobernantes de la iglesia en lugar del obispo de Roma. Los emperadores Constantino el Grande y Teodosio convocaron los Concilios Ecuménicos primero y segundo de obispos cristianos en Nicea (325 d.C.) y Constantinopla (381 d.C.) sin tomar en cuenta al obispo de Roma. Para contrarrestar la influencia de los emperadores, el papa Siriaco (384-399) formuló la primera proclamación del derecho y deber del obispo de Roma de gobernar sobre todo el cristianismo: "Nosotros (los sucesores de Pedro), llevamos sobre nuestros hombros las cargas de todos los que están abrumados —escribió—. De hecho, en nuestra persona el bendito apóstol Pedro mismo lleva estas cargas, quien nos considera herederos de su administración... Ningún sacerdote del Señor tiene la libertad de ignorar la decisión del trono apostólico".2

En los dos siglos subsiguientes los papas de Roma se volvieron cada vez más firmes en su insistencia de que ellos, y no los emperadores, debían ser los árbitros definitivos en asuntos de la iglesia. Cuando Atila, el huno, amenazó a Roma León I (440-461) confrontó al "Azote de Dios" y prevaleció. De alguna manera persuadió a Atila a abandonar su propósito de conquistar la Ciudad Eterna, hecho que aumentó enormemente el prestigio del obispo de Roma. La historia registra que fue León el Grande quien puso el fundamento del poder político de los papas. A principios del mismo siglo, el ilustre Agustín, obispo de Hipona, al norte de África, había pronunciado las famosas palabras: "Roma locuta, causa finita" (Roma ha hablado; se cierra el caso)". La doctrina de que Cristo había otorgado poder papal a Pedro y que éste lo había pasado a sus sucesores en Roma, comenzó a echar raíces firmes. La creación del Estado papal en el siglo VIII y el hecho de que los musulmanes conquistaron los centros cristianos de Alejandría, Jerusalén y Antioquía, lo que redujo su influencia, aumentó aun más la estatura e importancia del obispo de Roma.

El poder del papado alcanzó su apogeo con Gregorio VII (1073-85), quien aplicó primero la teoría de que el papa podía deponer reyes, y con Inocencio III (1198-1216) quien se declaró soberano absoluto de Italia, y requirió que todos los funcionarios de Roma le jurasen lealtad.

El principio de día por año

A través de la mayor parte de la historia de la iglesia, se han interpretado las profecías apocalípticas de tiempo según el método historicista de interpretación. Sólo en los últimos 200 años han surgido otros sistemas, como el preterismo y el futurismo, que han reemplazado al historicismo como el método dominante en la interpretación de los libros de Daniel y Apocalipsis. Los adventistas del séptimo día, no obstante, han persistido en este sistema de interpretación, y continúan empleando el principio de día por año que constituye la espina dorsal del historicismo. Podemos resumir los puntos principales para apoyarlo, como sigue:3

1. Siendo que las visiones de Daniel 7 y 8 son mayormente simbólicas, con varias bestias diferentes que representan imperios históricos importantes (Dan. 7:3-7; 8:3-5,20, 21), los períodos de tiempo (7:25; 8:14) también debieran considerarse como simbólicos.

2. El hecho de que las visiones tratan del surgimiento y caída de imperios conocidos de la historia que existieron durante cientos de años indica que los períodos profetices también deben cubrir largas épocas.

3. La manera peculiar como Daniel expresa los períodos de tiempo ("tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo") (Dan. 7:25; 12:7), indica que no debiéramos tomarlos literalmente.

4. En Daniel 7 el gobierno del cuerno pequeño sigue a las cuatro bestias que juntas representan un reinado de por lo menos mil años. El cuerno es el tema central de la visión ya que se encuentra en abierta oposición a Dios. Asignar tres años y medio literales a la lucha entre el cuerno pequeño y el Altísimo no guarda proporción con la extensión abarcante de la historia de la salvación representada en la visión entera.

5. Según el contexto, las expresiones "tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo" (Dan. 7:25; 12:7; Apoc. 12:14), "cuarenta y dos meses" (Apoc. 11:2; 13:5), y "mil doscientos sesenta días" (Apoc. 11:3; 12:6) se aplican todas al mismo lapso, pero la expresión natural "tres años y seis meses" no aparece siquiera una vez. "Es como si el Espíritu Santo, de alguna manera, empleara todas las frases que podrían usarse para expresar el intervalo, pero excluyendo siempre la forma particular que se utilizaría naturalmente en la escritura común, y que se usa invariablemente en otras ocasiones para denotar el período literal. Esta variación es muy significativa, si aceptamos el sistema de día por año, pero totalmente inexplicable si tomamos la otra posición".4

6. Las profecías en Daniel 7, 8, 10 y 12 conducen hasta el "tiempo del fin" (8:17; 11:35, 40; 12:4, 9) que es seguido de la resurrección (12:2) y el establecimiento del reino eterno de Dios (7:27). "En el desarrollo de la historia descrito por estas profecías que se extiende desde el profeta en el siglo VI a.C. hasta nuestros tiempos y más allá, los períodos literales de tiempo de apenas 32 y 62 años distan mucho de alcanzar esta fase del tiempo del fin. Por lo tanto, estos períodos profetices deben verse como simbólicos y representativos de períodos considerablemente más largos del tiempo histórico real que se extienden hasta el tiempo del fin".5

7. La única medida común del tiempo que no se utiliza en las profecías de Daniel y Apocalipsis es el año. Hay referencias a días, semanas y meses, pero no a la unidad de tiempo "año". La explicación más obvia es que el "año" es la unidad simbolizada en todas estas profecías.

8. En Números 14:34 y Ezequiel 4:6 Dios deliberadamente empleó el principio de día por año como un recurso pedagógico.

9. En Daniel 9:24-27, la profecía de las 70 semanas encontró su cumplimiento en el momento exacto, si empleamos el principio de día por año para interpretarla. Muchos intérpretes, que en otros pasajes apocalípticos no emplean el principio de día por año, reconocen que las 70 semanas son en efecto "semanas de años" que van desde el período persa hasta el tiempo de Cristo. Por lo tanto la prueba pragmática de Daniel 9 confirma la validez del principio de día por año.

Explicación

La visión de las cuatro bestias (Dan. 7:1-7)—Los símbolos en esta visión son conocidos por todo estudiante de la Biblia. Los vientos representan guerras y conquistas (Jer. 25:31-33; 49:36, 37; Zac. 7:14; Apoc. 7:1), y el mar o las aguas generalmente se refiere a pueblos y naciones (Isa. 17:12,13; 57:20; Jer. 46:6-8; Apoc. 17:15). El cuadro sugiere que el surgimiento y caída de los imperios resulta de revoluciones y guerras.

Según Daniel 7:17, las cuatro bestias representan cuatro reyes o reinos "que se levantarán en la tierra". Excepto por el detalle añadido del cuerno pequeño en Daniel 7, las visiones de Daniel 2 y 7 presentan la misma secuencia de reinos y eventos históricos.6

 

 

Daniel 2

Daniel 7

 

Babilonia

Cabeza de oro

León alado

 

Medo-Persia

Pecho y brazos de plata

Oso

 

Grecia

Vientre y muslos de bronce

Leopardo con cuatro cabezas

Roma

Piernas de hierro

Bestia espantosa   

Europa dividida

Pies de hierro y barro

Diez cuernos

Papado

 

Cuerno pequeño

Segunda venida

Piedra cortada no por mano

Los santos reciben el reino

 

 

Babilonia: El león alado era un símbolo particularmente apropiado de Babilonia. Hay leones esculpidos en los muros de la gran calzada procesional hacia la puerta de Ishtar, al igual que en la puerta misma. También pueden verse en la pared exterior del salón del trono en Babilonia. En la visión, Daniel vio que sus alas fueron arrancadas" (Dan. 7:4). Esto indica que luego que Nabucodonosor hubo completado su vasto plan de conquista y reconstrucción, sus sucesores se dedicaron, siguiendo la tendencia típica del corazón humano, a disfrutar de las riquezas y el lujo que habían heredado.

Medo-Persia: El oso inclinado hacia un lado, con tres costillas en las fauces representa el Imperio Medo-Persa y su conquista de Lidia (547), Babilonia (539) y Egipto (525) bajo el liderazgo de Ciro y Cambises. Bajo Darío y Artajerjes, el Imperio Persa intentó conquistar Grecia, pero los griegos los vencieron en la batalla de Maratón (490) y nuevamente en Salamis (480) y Platea (479).

Grecia: El leopardo tiene la reputación de ser rápido y ágil. Las cuatro alas son un símbolo apropiado para la velocidad característica del joven Alejandro, quien salió en 334 a.C. con 35.000 hombres y quien en diez años estableció el imperio más grande en la historia del Cercano Oriente hasta ese momento. El leopardo, según informó Daniel, tenía cuatro cabezas, que en las Escrituras representan gobernantes o gobiernos (Dan. 2:38; Isa. 7:8, 9). Daniel predijo aquí que el Imperio Griego se fragmentaría en cuatro reinos. La historia nos dice que cuando Alejandro murió, sus generales comenzaron a pelear entre sí. De este conflicto surgieron en 301 a.C. cuatro reinos: Seleuco tomó Asia, desde Frigia hasta la India; Lisímaco tomó la parte occidental de Asia Menor y Tracia;

Ptolomeo se convirtió en rey de Egipto, y Casandro se colocó a sí mismo sobre el trono de Grecia y Macedonia.

Roma: El cuarto reino, Roma, fue diferente de todos los demás en que éstos fueron monarquías, mientras que Roma comenzó con un gobierno no monárquico. Fundada en el año 753 a.C., la ciudad de Roma desde sus comienzos se convirtió en república, y durante la era helenística, primero conquistó toda Italia y luego comenzó a participar en los asuntos helenísticos. Se convirtió en el poder gobernante cuando en 168 a.C., en la batalla de Pidna, el general romano Emilio Paulo ganó una victoria total sobre Perseo de Macedonia.

La cuarta bestia tenía diez cuernos (Dan. 7:7). En correspondencia con la Mezcla del hierro con el barro en los pies y dedos de la imagen, representan las naciones que surgieron del Imperio Romano y que en gran medida mantuvieron su civilización. Aunque muchos intérpretes han intentado identificar exactamente diez pueblos y reinos que descendieron de estos grupos, es mejor tomar el número diez como una expresión de conjunto (ver Gen. 31:7; Núm. 14:22. 1 Sam. 1:8; etc.), que indica que se trata de una multiplicidad de países en contraste con el Imperio Romano.

El cuerno pequeño (Dan, 7:8) - Hasta aquí hemos visto que la cuarta bestia es Roma y que los diez cuernos simbolizan la división del Imperio Romano en muchas naciones distintas. ¿Pero cuál de estas representa el cuerno pequeño? La historia de la iglesia indica que hay un sólo poder en la historia que concuerda con la descripción del cuerno pequeño: la Iglesia Católica Romana. "De las ruinas de la Roma política, se levantó el gran imperio moral en la 'forma gigantesca' de la Iglesia Romana".7

El gran historiador alemán de la iglesia, Adolf von Harnack, explica que "la Iglesia Romana de esta manera sagazmente se colocó en lugar del Imperio Romano, del cual es la continuación real; el imperio no ha muerto, sino que ha sufrido una transformación... la Iglesia Romana es el viejo Imperio Romano consagrado por el Evangelio".8

Los tres cuernos que fueron "arrancados" fueron los pueblos arríanos de los hérulos, los vándalos y los ostrogodos. Arrio, un sacerdote de Alejandría, enseñaba que Cristo era un ser creado. Aunque el Concilio de Nicea (325 d.C.) condenó tal enseñanza, la doctrina se propagó, y cuando los invasores germánicos se convirtieron al cristianismo, adoptaron mayormente la forma arriana. El obispo de Roma, por su parte, era un trinitario que aceptaba la divinidad de Cristo. Daniel 7:8 indica que estos poderes serían arrancados de manera que el papado pudiese desarrollarse y afianzarse. Los ostrogodos vencieron a los hérulos en Italia en 493. A su vez éstos sucumbieron ante los ejércitos de Justiniano, el emperador de Constantinopla, en 538, y fueron totalmente destruidos en 554. Justiniano venció al tercer pueblo, los vándalos, en 534. "Fue así como las tres naciones arrianas que se negaron a renunciar a sus creencias heréticas fueron arrancadas o vencidas, y los otros pueblos arríanos se tornaron ortodoxos, lo que dejó al obispo de Roma como el gobernador indisputable de las naciones y el corrector de los herejes".9

Podemos ilustrar las "grandes cosas" que dice el cuerno pequeño con algunas de las declaraciones y aseveraciones de los papas y los concilios de la Iglesia Católica Romana. En 1894, época relativamente reciente, el papa León XIII (1878-1903) aseguró en su encíclica "La reunión del cristianismo" que "nosotros [los papas] ocupamos sobre esta tierra el lugar del Dios Todopoderoso".10

La visión interpretada (Dan. 7:15-25)—Cuando un personaje celestial interpreta la visión, le dice a Daniel que los santos caerán en las manos del cuerno pequeño durante tres tiempos y medio, y que el cuerno pequeño intentará cambiar los tiempos y la ley (vers. 25).

La persecución de los cristianos fieles de parte de dirigentes eclesiásticos a través de la Edad Media es bien conocida en la historia. Decenas de miles de cristianos inocentes murieron por causa de la Inquisición. En el Día de San Bartolomé en 1572, miles de hugonotes murieron en Francia. Esto hizo que el papa Gregorio XIII diera solemnes gracias al cielo.

Aunque nadie puede en verdad cambiar los tiempos y las leyes de Dios, ocurrió un cambio en el día semanal de adoración en el transcurso de los primeros cuatro siglos de la historia de la iglesia. Para distanciarse del judaísmo, los cristianos substituyeron las observancias características de la religión judía tales como la Pascua y el sábado con el Domingo de la Resurrección y el domingo semanal. El Concilio de Laodicea (entre 343 y 381), el primer concibo de la iglesia que apoyó la observancia del domingo, dijo en el Canon 29 que "los cristianos no han de judaizar y descansar en sábado, sino que trabajarán en dicho día; pero honrarán especialmente el día del Señor [domingo], y por ser cristianos, no deberán, si es posible, trabajar en ese día. Si, no obstante, se los encuentra judaizando, serán separados [en griego, anathema] de Cristo"." Desde entonces surgieron muchas otras leyes dominicales.

Daniel 12:7 nuevamente menciona el período de tres tiempos y medio, o tres años y medio proféticos, y el libro de Apocalipsis se refiere a esto de varias maneras:

Dan. 7:25        

tiempo, y tiempos, y medio tiempo

Dan. 12:7         

tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo

Apoc. 11:2         

cuarenta y dos meses

Apoc. 11:3         

mil doscientos sesenta días

Apoc. 12:6         

mil doscientos sesenta días

Apoc. 12:14       

un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo

Apoc. 13:5        

cuarenta y dos meses

 

Una comparación de los textos precedentes muestra que un año profetice tiene 360 días, por lo cual, tres años y medio equivalen a 1.260 días profetices o 42 meses profetices. Según el principio de día por año de interpretación profética, los tres años y medio profetices o 1.260 días se refieren al período de dominio papal desde el siglo sexto hasta el fin del siglo XVIII, específicamente al Periodo desde 538 hasta 1798

En 533, el emperador Justiniano, quien residía en Constantinopla, reconoció al obispo de Roma como la cabeza de todas las iglesias de oriente y occidente antes que al patriarca de Constantinopla —quien por estar tan cerca le causaba cierta molestia. Cinco años más tarde, en 538, el general Belisario liberó a Roma del sitio de los ostrogodos. Por esto, el reconocimiento formal del obispo de Roma como "la cabeza de todas las santas iglesias'"2 en términos prácticos no fue efectivo sino hasta 538. De allí en adelante, comenzando con los francos, las otras tribus germánicas se tornaron católicas y reemplazaron al emperador del oriente como el apoyo político del papado.

En noviembre 9, 1793, la Revolución Francesa abolió el cristianismo y lo reemplazó con la adoración de la razón. Cerca de cinco años más tarde, el 10 de febrero de 1798, Berthier, general de Napoleón, entró a Roma y tomó preso al papa Pío VI. Aunque el papado continuó, su poder había decaído, y nunca más ha vuelto a ejercer el mismo tipo o medida de autoridad que la que tuvo durante los 1.260 días profetices. Aunque durante la Revolución Francesa el papa perdió los Estados papales, el Congreso de Viena (1815) restauró su poder secular o político. Luego, en 1860, los ejércitos de Víctor Manuel se apoderaron de los Estados papales (con la excepción de la ciudad de Roma) y los anexaron a Italia. Diez años más tarde, el 20 de septiembre de 1870, las fuerzas de Víctor Manuel II entraron a Roma y un año más tarde Roma llegó a ser la capital del reino unido de Italia. El poder secular y político que el papado había ejercido formalmente durante más de mil años llegó a su fin, y el papa voluntariamente se tomó en "el prisionero del Vaticano" hasta que recobró su poder temporal al celebrar un concordato con Mussolini en 1929.

Aplicación

Aunque algunos han sufrido pesadillas por causa de la visión de las cuatro bestias y el cuerno pequeño, este panorama bíblico encierra algunas lecciones vitales para el pueblo de Dios que vive en el tiempo del fin:

1. La profecía es el fundamento de nuestra fe—El apóstol Pedro escribió que "tenemos... la palabra profética más segura" (2 Ped. 1:19). El cumplimiento de las profecías mesiánicas en la vida de Cristo proveyó un fundamento inconmovible para la fe cristiana. De modo similar, el cumplimiento de las profecías de Daniel 7 en la historia del mundo desde Nabucodonosor confirma para todo creyente la veracidad de la Palabra de Dios. Por lo tanto, no nos atrevemos a ignorarlo. Elena G. de White amonesta a cada ministro a "presentar la segura palabra profética como fundamento de la fe de los adventistas del séptimo día"."

2. La importancia de la palabra profética—El hecho de que Daniel 7 repite la profecía de los cuatro imperios mundiales y el reino de Dios que aparece en Daniel 2, pero con símbolos diferentes, indica que Dios vio su mensaje como algo sumamente importante para su pueblo. Somos un movimiento profético, y según Elena G. de White: "Se ha de educar a la gente para que lea la segura palabra profética a la luz de los oráculos vivos. Necesita saber que se están cumpliendo las señales de los tiempos".'4

3. Dios controla la historia—El capítulo 7 también nos enseña que a pesar del caos que reina en nuestro mundo, Dios todavía controla la historia. Daniel predijo cuatro imperios mundiales, las actividades del cuerno pequeño y el reino de los santos. El cumplimiento de los dos primeros elementos de la profecía indica que tenía conocimiento previo de los acontecimientos. Por eso podemos confiar en que el tercer evento predicho, la entrega del reino a los santos, también ocurrirá. La segura palabra profética nos provee la esperanza de cosas buenas en el futuro: un reino eterno en el que Cristo reinará supremo.


Referencias

l. Jurg Eggler, "Iconographic Motifs from Palestine/Israel and Daniel 7:2-14"  [Temas iconográficos de Palestina/Israel y Daniel 7:2-14), tesis inédita (Universidad de Stellenbosch, junio 1988), p. 292.

2. Denzinger Schonmeter, Definitionum et Declarationum (Roma: Herder, 1965), p. 72, citado en Ian Guthridge, The Rise and Decline of the Christian Empire [Surgimiento y decadencia del imperio cristiano] (Middle Park, Victoria, Australia: Medici School / Publications), p. 78.

3. Para este resumen, el autor se valió del apéndice F en D. Ford, Daniel (Nashville: Southern Pub. Assn., 1978), pp. 300-305.

4. Thomas R. Birks, First Elements of Sacred Prophecy [Elementos básicos de la profecía sagrada] (Londres: William E. Painter, 1843), p.352.

5. William H. Shea, Selected Studies on Prophetic Interpretation [Estudios selectos sobre la interpretación bíblica], edición revisada, DARCOM, (Silver Spring, Maryland; Biblical Research Institute, 1992), 1.1, p. 73.

6. La identificación de las cuatro bestias con Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma se remonta a los padres de la iglesia (ver Hipólito, Treatise on Christ and Antichrist [Tratado sobre Cristo y Anticristo], 23-28 [ANF 5:209, 210] ;Jerome's Commentary on Daniel, traducido por G. L. Archer (Grand Rapids: Baker Book House, 1958), pp. 73-75.

7. Alexander C. Flick, The Rise of the Medioeval Church [El surgimiento de la iglesia medieval] (Nueva York: Burt Franklin, 1959), p. 150.

8. Adolf von Hamack, What is Christianity? [¿Qué es el cristianismo?], trad. por Thomas B. Saunders (Nueva York: Putnam, 1901), p,270.

9. Taylor G. Bunch, The Book of Daniel [El libro de Daniel] (reimpresión; Payson, Arizona: Leaves of Autumn Books, 1991), P.101.

10. The Great Encyclical letters of Pope Leo XIII [Las grandes encíclicas del papa León XIII] (Nueva Cork: Benzinger, 1903), P. 304.

11. Joseph Hefele, A History of the Chrtstian Councils [Una historia de los concilios cristianos] ,12, traducido y editado por H. N. Oxenham (Edinburgh: T. &T. Clark, 1896), p. 316.

12. Código de Justiniano, libro 1, título 1,8; titulado 1,4 en P. Scott, The Civil Law, 1.12 (Cincinnati; The Central Trust Company, 1932), p. 12, citado en el Seventh-Day Adventist Bible Student’s Handbook (Washington, D. C.: Review and Herald, 1962), p. 1.134.

13- Elena G. de White, El Evangelismo, p- 147.

14. Elena G, de White, Joyas de los testimonios, t. 3, p. 158.

 

 
 

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