


Para el 6 de Noviembre del 2004
Daniel 6
EL JOVEN tutsi Phodidas Ndamyumugabe, tenía 24 años cuando comenzó el genocidio del pueblo mandes en 1994. Como miles de otros, se había ocultado entre los matorrales cuando la milicia hutu lo encontró. Luego de un corto interrogatorio decidieron matarlo, pero primero le ordenaron que cavara su propia tumba. Mientras cavaba, Phodidas oró, y Dios escuchó su oración. Al terminar, la milicia decidió utilizarlo, ordenándole que cavara otra fosa para alguien más a quien habían matado. Antes de comenzar de nuevo, Phodidas preguntó: "¿Podrían, por favor, entregarme mi Biblia, para poder decir algo antes de cavar mi tumba?" Cuando el líder de la milicia le dio el permiso, Phodidas comenzó a predicarles acerca del gran conflicto. "Ésta no es una guerra de hutus contra tutsis o de tutsis contra hutus" explicó, "Porque hay muchos tutsis y hutus que no participan de ella. Esto guerra es entre Jesucristo y Satanás". Su sermón de 20 minutos dejó a los oyentes con lágrimas en los ojos. Al final le pidieron que orara por ellos, y lo dejaron ir. Como resultado, Phodidas pudo registrar su saga de 36 días de milagro tras milagro en el libro Ruanda: Más allá de la más salvaje imaginación.' Al igual que Daniel, Phodidas enfrentó un decreto de muerte, y también Dios lo libró de la mano de sus verdugos.
Información
Darío el Medo—Al final del capítulo cinco encontramos a Darío el medo como rey de Babilonia. Hasta el día de hoy no se ha encontrado mención alguna de ese nombre en ningún documento histórico. Los eruditos liberales han concluido que Darío me un invento del autor, que al escribir en el segundo siglo a.C., no estaba muy familiarizado con la historia babilónica del siglo sexto. Los eruditos conservadores han propuesto varias identificaciones, pero hasta ahora no han alcanzado ningún consenso. Los principales aspirantes a ocupar este puesto son: (1) Gubaru/Gobryas, primer gobernador de Babilonia, y (2) Ciro el Grande. Otros dicen que Darío era el nombre con que Ciro reinó.
A favor de Gubaru se encuentra el hecho que, de acuerdo con las Crónicas de Nabonido, Ciro nombró a Gubaru como gobernador de Babilonia. Las Crónicas de Nabonido también reportan que Gubaru instauró sub-gobernadores en Babilonia (Dan 6:2). Daniel 5:31 dice literalmente: "Y Darío de Media tomó el reino". El pasaje puede dar a entender que Darío recibió el reinado de una persona superior, por ejemplo de Ciro; tal como lo hizo Gubaru, gobernador de Babilonia. Y finalmente, Darío tenía 62 años de edad (Dan. 5:31). Sabemos por Xenofonte que Gubaru era "bien avanzado en años".2
A favor de Ciro tenemos el hecho que los títulos dobles no eran poco comunes en los tiempos antiguos.3 Darío pudo haber sido el nombre medo con que Ciro reinó. Las traducciones antiguas judías (LXX y Teodosiana) apoyan esta identificación al usar el nombre Ciro en vez de Darío en Daniel 11:1. Así, D. J. Wiseman traduce Daniel 6:28 como "Daniel prosperó en el reinado de Darío, es decir (a saber, o que es) el reinado de Ciro el Persa".4 El año 539 a.C. Ciro tendría cerca de 62 años: El nombre de su padre era Cambyses. El nombre Asuero en la cita "Darío hijo de Asuero" (Dan. 9:1), se entiende más como un título real antiguo que como el verdadero nombre del padre de Ciro. Puesto que la evidencia no es definitiva para ninguno de los casos, esperamos el descubrimiento de nuevos datos históricos que clarificarán este asunto.
Sátrapas—El término persa "sátrapa", que significa "protector del reino", podía referirse a los gobernantes o reyes provincianos, así como a oficiales reales de menor rango. De acuerdo a la inscripción de Behistún, de la época de Darío I (521-486), el imperio se dividió en 23 satrapías.5 La quinta satrapía incluía a Fenicia, Palestina, y Chipre.6 Puesto que en Daniel 6 Darío el Medo gobernaba únicamente sobre el reino de Babilonia, es muy probable que los 120 sátrapas fueran oficiales reales a cargo de divisiones más pequeñas en el reino.
Las leyes de los medos y los persas—Ester 1:9 y 8:8 menciona la inmutabilidad de "la ley de los medos y los persas", y Diodoro de Sicilia (17:30) parece referirse a ella cuando comenta que "Darío III no podía derogar una sentencia de muerte dictada sobre un hombre inocente".7
Explicación
El complot contra Daniel (Dan. 6:1-9)—Daniel no sólo sobrevivió a la caída de Babilonia, sino que Darío lo colocó en una elevada posición de su nuevo gobierno. La Escritura no nos dice cómo supo Darío acerca de Daniel, pero su servicio a Nabucodonosor y el episodio de la escritura en la pared debe haber llamado la atención del rey medo. Al reconocer las extraordinarias habilidades administrativas de Daniel, Darío determinó colocarlo como su primer ministro.
Sin duda el rey actuó con la mejor intención en lo que concernía a los intereses del Estado, pero cometió un error al no tomar en cuenta los celos que se producirían entre sus eminentes oficiales. Colocar a un antiguo primer ministro de la derrotada Babilonia en una posición que de acuerdo a sus expectativas debería ser de ellos, era demasiado. Los políticos, por lo tanto, ordenaron a sus sabuesos legales que "olfatearan" a fondo en busca de fallas en el carácter de Daniel. Sin embargo, no pudieron encontrar nada, porque Daniel era fiel "en lo relacionado al reino" (Dan. 6:4). Acusar y calumniar a otros ha sido desde tiempos antiguos uno de los métodos preferidos para destruir a los adversarios.
Como no lograron descubrir ninguna falla en el carácter de Daniel ni en sus actividades profesionales que pudiesen usar para desacreditarlo ante el rey Darío, los gobernadores y sátrapas se volvieron entonces hacia su religión. Como la vida religiosa de Daniel y la realización de sus deberes no entraban en conflicto, tendrían que inventar algo. Sabiendo que Daniel era un monoteísta estricto que oraba a su Dios tres veces al día, le armaron una trampa.
La afirmación hecha a Darío de que todos los gobernadores, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes se habían reunido para consultar y ponerse de acuerdo era tremendamente exagerada. La mayoría de ellos probablemente estaba esparcida en todo el reino, y ni siquiera sabían lo que estaba pasando. Pero la adulación logró su propósito y el rey mordió el anzuelo.
El decreto prohibía al pueblo "demandar petición de cualquier dios u hombre por treinta días fuera del rey". Los enemigos de Daniel sabían que treinta días serían suficientes para atraparlo, y él no los defraudó.
La fidelidad de Daniel (Dan. 6:10-18)—Los enemigos se aseguraron de que Daniel estuviera al tanto de la nueva ley pero él decidió firmemente continuar con su hábito de orar tres veces al día "como lo solía hacer antes". ¿Consideró Daniel las alternativas? Cerrar las ventanas y orar en secreto, o dejar de orar por 30 días y ser más fisto que sus acusadores. Después de todo, ¿no serviría mejor a su pueblo estando vivo? ¿Para qué crearse un problema por sólo dejarse ver orando? No sabemos si pasó algún tiempo considerando las alternativas. Lo que sí sabemos es que cualquier cosa era aceptable para él, menos tener que abandonar su habitual costumbre. Esto implicaría la pérdida de su testimonio público de su fe en el Dios de Israel.
La oración de Salomón en la dedicación del templo (1 Reyes 8:35,38,44,48) menciona repetidamente la oración con el rostro hacia Jerusalén y el templo. La Escritura no prescribe a orar tres veces al día, pero sabemos por Salmo 55:17 que David oraba "tarde y mañana y a mediodía". Ignoramos cuan extendida podía estar esta costumbre en los tiempos del Antiguo Testamento, pero de acuerdo a la Didache, la iglesia primitiva la practicaba.8
Cuando quedó claro que Daniel no estaba obedeciendo el decreto del rey, sus acusadores corrieron a acusarlo. Conocedores de la simpatía del rey por Daniel se aseguraron primero que el monarca entendiera claramente la ley que había firmado antes de darle la noticia. El enojo de Darío me inmenso al darse cuenta que había sido manipulado. Puesto que la ley no podía ser derogada, tuvo que condenar a Daniel al foso de los leones, pero hizo todo lo posible por salvar a su anciano consejero.
Cuando llegó el momento, el rey acompañó a Daniel personalmente al foso de los leones, lamentando su propia estupidez. Su única esperanza ahora era que el Dios del prisionero interviniera y liberara a su siervo, como lo había hecho con sus tres amigos en el horno de fuego. Los soldados aseguraron la piedra que cubría la abertura superior del foso, y el rey y sus príncipes la sellaron con sus anillos reales para que nadie pudiese alterar el acuerdo, ya sea rescatando a Daniel o haciéndole daño en caso de que los leones decidieran ayunar.
El rescate de Daniel (Dan. 6:19-24)—El rey se dirigió al foso lo más temprano posible al amanecer. Lacocque sugiere que "quizá deberíamos ver el apresurado regreso del rey a la mañana siguiente (y. 20) porque existía la antigua costumbre babilónica de que la víctima era perdonada si no había muerto al siguiente día de ser torturada".1' En cualquier caso, Darío debe haber albergado alguna leve esperanza aquella noche de que Daniel podría sobrevivir. Al llegar a la entrada del foso llamó a Daniel con angustia y esperanza, y podemos estar seguros que la alegría fue mayor cuando escuchó la voz de su siervo fiel decirle: "Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones". El ángel desempeña aquí el mismo papel del "cuarto hombre" en el horno de fuego del capítulo 3.
Si alguien se pregunta: ¿estaban aquellos leones hambrientos y fistos para matar?, el versículo 24 disipa toda duda. Cuando los guardias echaron al foso a los acusadores de Daniel con sus familias, los leones se abalanzaron sobre ellos antes de que tocasen el fondo, triturando sus huesos. Así, quedó fuera de toda duda que la liberación de Daniel se trató de un evento milagroso.
Reaccionamos con horror al leer que mujeres y niños alimentaron a los leones, pero el rey actuó a la manera típica de los déspotas de su época. Heródoto dice que condenar a muerte a familias enteras junto a los condenados estaba de acuerdo con las costumbres persas. "[Darío] aprehendió a Intaphrenes con sus lujos y toda su familia, pues sospechaba que estaba tramando una rebelión con ellos... [Con las excepciones de su esposa, su hijo mayor y su hermano] condenó a todos a muerte".'°
Aplicación
Lo que capta nuestra atención en este capítulo es la firmeza y la lealtad de Daniel al enfrentar la muerte. Se había mantenido firme en sus principios durante su adolescencia (Dan. 1), y se negó a rendirse ante las amenazas en su vejez. Algunas de las cualidades que distinguieron a Daniel fueron:
1. Sabiduría: Daniel y sus tres amigos recibieron sabiduría en su juventud de parte de Dios (Dan. 1;17). Daniel usó muy bien este don. La reina lo describe en el capítulo 5 como poseedor de un discernimiento "como sabiduría de los dioses".
2. Altruismo: En los primeros seis capítulos encontramos repetidamente a Daniel mostrando consideración por los demás. A fin de proteger al jefe de los eunucos, Daniel le pidió una prueba de sólo 10 días (Dan. 1:10-13). Estaba preocupado por los sabios de Babilonia (Dan. 2:24) y por el rey Nabucodonosor (Dan. 4:19).
3. Integridad: Tanto Nabucodonosor como Darío reconocieron que podían confiar en Daniel, a quien ni la raza, ni el rango, ni la riqueza podían apartarlo de su fidelidad a Dios (Dan. 2:48; 5:29; 6:3). En todo momento procuró ser justo, bondadoso y misericordioso.
4. Educación: Daniel no sólo estaba instruido en los asuntos de su propio pueblo, sino que había recibido una educación completa en la universidad de Babilonia. Hablaba el idioma de los medos y persas, y aquellos que entraban en contacto con él podían confiar que dominaba su trabajo.
5. Experiencia: En el tiempo en que ocurrieron los sucesos del capítulo 6 Daniel ya tenía más de 80 años de edad. Su vida de servicio fiel en una corte pagana, había demostrado que su experiencia como estadista y como hombre que había caminado muy cerca de su Dios, era inestimable.
La experiencia de Daniel en el capítulo 6 nos recuerda que un decreto gubernamental futuro requerirá que toda la humanidad adore a "la bestia y su imagen" (Apoc. 13:11-15). La presión gubernamental en los días finales de la historia de este mundo para conformarse con las leyes humanas contrarias a las leyes de Dios, revelará la fortaleza de carácter de los cristianos profesos. Muchos cederán y se unirán a aquellos que transitan por la autopista de la destrucción eterna mientras que otros permanecerán firmes como Daniel y brillarán como las estrellas en el firmamento celestial.
"Del relato de cómo fue librado Daniel, podemos aprender que en los momentos de prueba y lobreguez, los hijos de Dios deben ser precisamente lo que eran cuando las perspectivas eran halagüeñas y cuanto los rodeaba era todo lo que podían desear. En el foso de los leones Daniel fue el mismo que cuando actuaba delante del rey como presidente de los ministros de Estado y como profeta del Altísimo. Un hombre cuyo corazón se apoya en Dios será en la hora de su prueba el mismo que en la prosperidad, cuando sobre él resplandecen la luz y el favor de Dios y de los hombres"."
Referencias
1. Phodidas Ndamyumugabe, Rwanda: Beyond Wildest Imagination [Ruanda: Más allá de la imaginación más descabellada] (Berrien Springs, Mich.; Lesley Books, 2000), pp. 101-118.
2. Xenofonte, Crypaedia [Ciropedia], 4.6.1, Biblioteca Clásica Loeb, p. 391.
3. Por ejemplo, en 2 Reyes 15:19 Pul es el nombre babilónico del trono para el rey asirio Tiglat-pileser III (745-727 A.C), Cf. 1 Crónicas 5:26.
4. D. J. Wiseman, Notes on Same Problems in the Book of Daniel [Notas acerca de algunos problemas en el libro de Daniel] (Londres: Tyndale, 1970), p. 12. Él considera que la expresión admirativa es explicativa ("eso es") como se ve claramente en 1 Crónicas 5:26.
5. Andre Lacocquc, The Book of Daniel [El libro de Daniel] (Atlanta: John Knox Press, 1979), p. 109. De acuerdo con Ester 1:1, Jerjes (485-465) organizó su imperio en 127 provincias.
6. Heródoto, iii. 91, Biblioteca Clásica Loeb, 2:119.
7. Ernest C, Lucas, Daniel, Apollos Old Testament Commentary [Daniel, comentario Apollos del Antiguo Testamento] (Downer's Grove, 111: Inter-Varsity Press, 2002), p. 150.
8. Didache 8.3 citado en Edgar J. Goodspeed, The Apostolic Fathers [Los padres apostólicos] (London; Independent Press, Ltd., 1950), p- 15. Los Padres de la Iglesia valoraron grandemente "The Teaching (Gr. Didache) of the Twelve Apostles" [La enseñanza (Gr. didache) de los doce apóstoles] escrita probablemente en el segundo siglo D, C.
9. Lacocque, p, 118,
10. Heródoto, iii, 119,120, Biblioteca Clásica Loeb, 2:147-149.
11. Elena G.de White, Profetas y reyes (Bolse, Idaho: Pacific Press Pub.Assn., 1943), p. 400.
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