
Daniel
por
por G. Arthur Keough

CAPITULO 6
LA ESCRITURA EN LA
PARED: LAS CONSECUENCIAS DE PERSISTIR EN EL MAL
"La historia de las naciones nos habla a nosotros hoy. Dios asignó a cada nación e individuo un lugar en su gran plan. Hoy los hombres y las naciones son probados por la plomada que está en la mano de Aquel que no comete error. Por su propia elección, cada uno decide su destino, y Dios lo rige todo para cumplir sus propósitos" (Profetas y reyes, pág. 393).
El capítulo 5 de Daniel relata un incidente que ha llegado a ser tan conocido, que la expresión "ver la escritura en la pared" —reconocer las señales de un desastre o desgracia inminente— ha pasado a ser parte de diversos idiomas. Los dos últimos versículos de Daniel 5 nos dicen cuándo sucedió este incidente; fue durante la fatídica noche final del imperio neo-babilónico, cuando las fuerzas de Medo-Persia se apoderaron del imperio. Los historiadores han determinado que la fecha corresponde al 12 de octubre del año 539 AC.
¿Cuánto tiempo transcurrió desde que Nabucodonosor tuvo el sueño que registra el capítulo anterior? Según los estudiosos de la cronología, unos 33 años. Nabucodonosor murió en el año 562 AC. Su hijo Amel Marduk, llamado en la Biblia Evil-merodac (2 Re. 25:27; Jer. 52:31), y quizás recordando el aprecio que su padre sentía Por Daniel, mostró favor para con Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de a cárcel. Le concedió un puesto de honor por sobre otros reyes Prisioneros que había en Babilonia, y proveyó para él alimentos del palacio real por el resto de su vida. Desgraciadamente, Amel arduk no reinó mucho tiempo, porque dos años después, su uñado Neriglisar lo mató y reinó en su lugar. Neriglisar gobernó rante cuatro años y si bien después de su muerte su hijo fue colocado en el trono como rey, cierto noble de Babilonia llamado Nabunaid (Nabonido), con la ayuda de algunos cortesanos, se deshizo de él y se apoderó del trono.
Aparentemente, Nabonido —cuya madre era una sacerdotisa del templo de la luna que se hallaba en Harán— era un devoto adorador de Sin, la divinidad lunar. Cuando procuró introducir cambios en la vida religiosa de Babilonia, provocó resistencia, perdió popularidad, y decidió que "confiaría el reino" a su hijo mayor (SDA Bible Commentary, tomo 4, pág. 801), mientras él se dedicaba a otros asuntos. Condujo campañas en Siria y el norte de Arabia, y pasó unos diez años en Teman, asumiendo el gobierno local.
Es fácil ver que, debido a todos estos desarrollos, el Imperio Neo-Babilónico se estaba debilitando rápidamente. Gracias a los siervos leales, el gobierno funcionaba aún, pero con los rápidos cambios de dirigentes y sin que nadie pudiese proveer un liderazgo dinámico, el imperio se vio sujeto a divisiones, e impotente para hacer frente a un ataque bien organizado. ¿Qué habrá pensado Daniel de todo esto? No lo dice en su libro, pero podemos estar seguros de que no había olvidado el primer sueño de Nabucodonosor, y de que estaría vigilando con gran interés para ver cómo se cumpliría la profecía.
Belsasar
Belsasar era el hijo mayor de Nabonido; a él se le confió el gobierno de Babilonia. Comenzó la co-regencia con su padre alrededor del año 553 AC. Esto sugiere que había reinado unos trece años cuando sucedió el incidente que relata el capítulo 5. Daniel habrá tenido algo más de ochenta años, siendo todavía capaz de desempeñar un cargo público, pero estando aparentemente marginado del gobierno en esa época. Es muy posible que Belsasar nunca se haya sentido cómodo en presencia de Daniel, y que haya decidido no buscar consejo de quien había estado tan cerca del gran Nabucodonosor.
La gran fiesta
No era raro que los reyes de la antigüedad celebrasen fiestas magníficas. En Ester 1:3-12 leemos de una de ellas. Pero celebrar un banquete en Babilonia bajo las circunstancias que imperaban, demostraba una incomprensible falta de juicio. Sipar, una ciudad ubicada a pocos kilómetros al norte, ya había caído en manos de los invasores de Media. Sin embargo, Belsasar aparentemente se sentía perfectamente seguro tras las murallas protectoras de Babilonia. Si acaso sentía algún temor, quizás creyó que podría ahogarlo en vino y orgías. Como quiera que sea, la organización de un banquete en esa ocasión sugiere una irresponsabilidad temeraria.
El hecho de que hubiese tantos nobles dispuestos a asistir, indica que muchos de ellos compartían la despreocupación del rey. El momento que vivían requería planeamiento serio y preparación acelerada. Pero en la mente de Belsasar y sus compañeros no cabían tales pensamientos. En vista de esta situación, el desenlace no puede sorprendernos.
Lo que sí resulta sorprendente es el atrevimiento del rey al ordenar que los vasos sagrados del templo de Jerusalén fuesen llevados al lugar del banquete para ser usados en la borrachera y la orgía. Aun en su calidad de pagano, el rey debía haber manifestado mayor respeto. Nabucodonosor había guardado la vajilla sagrada en los templos de sus dioses, demostrando así que los consideraba como objetos diferentes de las cosas comunes.
Aun cuando Jerusalén era una ciudad conquistada, y sus habitantes habían sido tomados cautivos, la gente de honor reconocería, que los objetos religiosos y los lugares de culto son dignos de respeto. Podemos no estar de acuerdo con las formas de culto que otros practican, y no creer en sus enseñanzas religiosas, pero debemos respetar indefectiblemente sus convicciones íntimas. Cualquier forma de profanación es repulsiva. El acto de beber en vasos consagrados a propósitos religiosos es ya un gesto malvado; pero el añadir a esto la alabanza a dioses falsos constituye una perversión intolerable.
La respuesta divina
"En aquella misma hora". La reacción divina no se hizo esperar. En ciertas circunstancias Dios es bondadoso y perdonador. Puede demorar su intervención hasta cuando las personas se den cuenta de lo que están haciendo. Pero hay ocasiones en que no se gana nada con esperar. Dios puede ver cuándo los que obran maldad lo hacen deliberadamente, estando conscientes de su mal proceder. Si su acto implica un insulto, no se arredran, sino que insisten en llevarlo a cabo. En casos así, la reacción de Dios puede muy bien ser inmediata. La fiesta de Belsasar representaba un caso deliberado de blasfemia.
De pronto, el rey vio que en la pared opuesta al trono, aparecían los dedos de una mano que escribía. El rey, reconociendo que un Ser de gran autoridad se dirigía a él, se sintió embargado por el terror. Su cuerpo temblaba sin control. Sus pensamientos se confundieron en un torbellino de imágenes y sentimientos aplastantes, su ánimo se deprimió y su rostro se desfiguró en agonía. A gritos pidió que se trajese a los sabios del reino para que lo aliviasen de su desesperación.
Es fácil imaginar la confusión que se habrá desarrollado a continuación. Por fin, los sabios y consejeros fueron llegando, a medida que se los ubicaba. Presa de un sentimiento de urgencia, el rey prometió que si alguno podía leer la inscripción y descifrarla, seria vestido de púrpura, se le pondría un collar de oro, y sería el tercer señor en el reino. Pronto se habían reunido todos los sabios, pero ninguno de ellos pudo resolver el misterio.
El silencio sobrecogió a la asamblea mientras los sabios se concentraban en su tarea. El rey y sus nobles escudriñaban la expresión en el rostro de los consejeros, en procura de un destello de esperanza. La ansiedad aumentó en el corazón del rey hasta que "se turbó sobremanera, y palideció, y sus príncipes estaban perplejos" (vers. 9). ¿Dónde habían quedado los festejos y la algazara? ¿Qué había sucedido con la sensación de temeraria seguridad? Todo se ha desvanecido sin dejar rastros. Sólo queda una sensación de peligro inminente, de ruina próxima a caer sobre ellos.
Se presenta la reina madre
Pronto la noticia se había esparcido por todo el palacio, y sin duda, por toda la ciudad. Cuando el suceso llegó a oídos de la reina madre, ésta se apresuró a ir al salón del banquete, preocupada por la seguridad de su hijo. Por la gran influencia que ejercía en la corte, tenía la esperanza de poder ayudar en esa emergencia.
Al entrar en presencia del rey sin haber sido llamada, había quebrantado las reglas de la etiqueta del palacio, pero en ese momento nadie se preocupaba del protocolo. De inmediato se dio cuenta que la escritura en la pared había confundido irremediablemente a los sabios, y recordó las otras ocasiones en que algo semejante había sucedido y en las cuales su padre, Nabucodonosor, había convocado a los sabios de la corte sin que pudiesen resolver el misterio.
Pero había un hombre que tuvo éxito donde los demás fracasaron. Su nombre era Daniel, ex-presidente de la asociación de sabios, ahora retirado del servicio activo, no por incapacidad, sino porque sus ideas acerca de ¡a fuente de la verdadera sabiduría no eran populares. En él residía el espíritu de los dioses santos, expresión que refleja la alta estima en que lo tenía la madre del rey. "Llámese, pues ahora a Daniel", aconsejó la reina.
Sin duda el rey habría preferido llamar a cualquier otro, y no a Daniel. Pero ahora, la situación era crítica. Dominando su orgullo, el rey mandó buscar al profeta. Que llamen a Daniel. Que se le permita expresarse.
A su debido tiempo, pero que al rey le habrá parecido sumamente largo, los siervos aparecieron escoltando al profeta. De una ojeada se hizo cargo de la situación. No se sorprendió de la escena, pero sin duda le disgustó profundamente. Era evidente que Dios, actuando de manera notable, había puesto fin a la orgía y los excesos de la noche. En perfecta calma, esperó cortésmente que el rey expresara su deseo.
Muy a su pesar, el monarca debió reconocer que Daniel no era desconocido para él. Le dijo: "¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de 1a cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea?" Luego admití que había oído que en él estaba el espíritu de los dioses santos (ver. 14). En su descripción del fracaso de los magos y adivinos, Belsasar se vio obligado a reconocer la sabiduría superior de Daniel. "He oído de ti que puedes dar interpretaciones y resolver dificultades" (vers. 16). A continuación, expresó un residuo de duda: "Si ahora puedes leer esta escritura. . . ". Aparentemente no estaba del todo convencido del talento del anciano consejero; sin embargo, repitió la descripción de la recompensa ofrecida antes a los sabios.
El profeta no se molestó en responder a la introducción y la oferta del rey. "Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros". Peí condescendió a interpretar la escritura.
Lo que sigue constituye tanto una lección de historia como un punzante reproche. La lección de historia le recordó a Belsasar lo que "el Altísimo Dios" había hecho con su abuelo, Nabucodonosor. Le concedió poder sin restricciones, y cuando el orgulloso monarca se exaltó en su arrogancia. Dios lo humilló hasta el polvo, pero sin destruirlo. El reproche, por su parte, se refería a que Belsasar conocía todo esto, pero no había querido aprender la lección. Se había ensoberbecido "contra el Señor del cielo" (vers. 23), al profanar los vasos sagrados del templo de Jerusalén. Por eso había aparecido la escritura en la pared.
El mensaje fue breve» pero trágico. Dios había decidido que el reinado de Belsasar había llegado a su fin. El monarca babilónico había sido pesado en las balanzas de la justicia, y hallado falto de 1as cualidades morales que Dios requiere de todo gobernante. El reino se quebrantaría, y sería quitado de su mano para dárselo a los medos y persas. Tres palabras fatídicas: Mene, Tekel, Peres.
¿Cómo se sentiría Belsasar? ¿Estaría demasiado ebrio como para comprender el significado de la revelación? De todos modos, se las arregló para ordenar que Daniel recibiera la honra que se le había prometido. Pero su tardío reconocimiento del profeta no tuvo ninguna trascendencia. "La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos", y otro imperio asumió el poder.
Principios de vida
De nuestro estudio de Daniel 5, se desprenden las siguientes conclusiones. ¿Estamos de acuerdo con ellas?
1. Los gobernantes tienen la solemne obligación de aprender las lecciones de la historia.
2. Toda persona que ocupa una posición de responsabilidad, la cual afecta las vidas de los demás, debe hacer lo que es correcto, y no simplemente lo que le parece cómodo o agradable.
3. Dios nos permite hacer lo que deseamos, pero debemos recordar que cosecharemos las consecuencias.
4. Dios no permite que nadie permanezca sin conocer sus requerimientos. Tiene mensajeros siempre disponibles en tiempos de necesidad.
5. No debemos olvidar que dependemos de Dios para todo.
Digno de notar
"El momento actual es de interés abrumador para todos los que viven. Los gobernantes y los estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y mujeres pensadores de todas las clases, tienen la atención fija en los acontecimientos que se producen en derredor nuestro. Observan la intensidad que se apodera de todo elemento terrenal, y reconocen que algo grande y decisivo está por acontecer, que el mundo se encuentra en víspera de una crisis estupenda.
"La Biblia, y tan sólo la Biblia, presenta una visión correcta de estas cosas. En ella se revelan las grandes escenas finales de la historia de nuestro mundo, acontecimientos que ya se anuncian, y cuya aproximación hace temblar la tierra y desfallecer de temor los corazones de los hombres" (Profetas y reyes, pag. 394).
|
|
|
Usted es el Visitante |