
Daniel
por
por G. Arthur Keough

CAPITULO 13
"ENTONCES VENDRÁ EL
FIN"
"De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está
tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también
vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas"
(Mat. 24:32, 33).
Con el capítulo 12 de Daniel, este libro extraordinario llega a
su fin. No es de extrañarse, entonces, que en él se nos presente una visión de
los acontecimientos que han de suceder al fin del tiempo. Ya hemos notado que
los capítulos 10a! 12 abarcan una sola visión. Las divisiones de capítulos son
convenientes para facilitar el estudio pero no siempre corresponden a la
división de los temas tratados. En nuestro caso, una porción de los versículos
del capítulo 11 pertenecen al tema del capítulo 12, porque representan
acontecimientos aún futuros.
¿Por qué Dios no ha anunciado la fecha exacta en que vendrá el
fin? La razón es evidente. Debido a nuestra naturaleza humana, muchos de
nosotros no nos prepararíamos, olvidando que para cada uno de nosotros el fin
del mundo llega a nuestra muerte. Dejaríamos de vigilar, creyendo que los
sucesos del momento no tienen trascendencia. Debemos mantenernos alerta, y
escudriñar constantemente la Palabra de Dios con el fin de preservar nuestra
experiencia cristiana.
Comienza el capítulo 12 con estas palabras: "En aquel tiempo se
levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo"
(vers. 1). Ya hemos notado que Miguel es Cristo. Solevanta para defender al
pueblo de Dios del poder mencionado en el capítulo anterior, el cual, con grande
ira, procura "destruir y matar a muchos". Entonces vendrá un tiempo de angustia
para los hijos de Dios. Se nos advierte que las dificultades que le esperan al
pueblo de Dios serán mayores que en cualquier período anterior de la historia.
Dios nunca ha perdido el control sobre los poderes maléficos.
Estos sólo pueden actuar dentro de los límites que se les prescriben. En el
relato de Job, vemos cómo el poder de Satanás tenía claras limitaciones; no
debía tocar la persona de Job (Job 1:12). Más tarde, Dios le permitió al enemigo
afligir físicamente a Job, pero le prohibió tocar su vida (2:6). Pero llegará el
tiempo en que cada uno haya hecho su decisión, ya sea de obedecer a Dios, o
rechazarlo. Cuando llegue ese momento, se terminará la obra de la expiación, los
justos serán sellados, y Dios le permite al diablo desahogar su ira como le
plazca. "Satanás. . . sumirá entonces a los habitantes de la tierra en una gran
tribulación final" (El conflicto de los siglos, pág. 672).
Satanás concentrará sus ataques en el pueblo de Dios. A su modo
de ver, ellos son los que han causado la crisis, y está decidido a
exterminarlos. Han sido leales a Dios, y han rehusado seguir Cualquier tradición
humana contraria a su santa ley. (Véase Mat. 15:6.) La estricta corrección de
sus vidas ha sido un constante reproche para los que siguen sus instintos
naturales sin respetar los principios de moralidad. Cuando Satanás se da cuenta
de que su tiempo es corto, intenta engañar a todos (Apoc. 12:12). Hace milagros,
y llega al punto de personificar a Cristo. Muchos serán engañados; no así los
hijos de Dios. Han estudiado con diligencia la Palabra de Dios, y distinguen con
claridad las trampas de Satanás. Pronto habrá sólo dos clases de personas en el
mundo; los que conocen la verdad, y los que se hayan dejado engañar.
Así como la hora más oscura es la que precede al alba, también el
tiempo de angustia precede a la liberación. "En aquel tiempo será libertado tu
pueblo —le dice el ángel a Daniel—, todos los que se hallen escritos en el
libro". Hemos visto que Dios mantiene registros, y que dichos registros forman
la base del juicio (Dan. 7:10). Pablo se refiere a personas que tienen sus
nombres escritos en el libro de la vida (Fil. 4:3). Por otra parte, hay
individuos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida (Apoc. 20:15).
Aparentemente, sus nombres tuvieron que ser borrados del libro de la vida (3:5).
¿Cómo será liberado el pueblo de Dios? El mensajero divino habla de una
resurrección (Dan. 12: 2). Multitudes duermen en el polvo, es decir, han muerto.
Dios le dijo a Adán: "Polvo eres, y al polvo volverás" (Gen. 3:19). Este sería
el resultado del pecado. Pero, ¿qué suerte correrán los que no hayan muerto
antes de la resurrección?
Pablo explica lo que sucederá en la resurrección: "Porque el
Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios,
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego
nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así
estaremos siempre con el Señor" (1 Tes. 4:16,17).
Notemos que Pablo declara que los que hayan muerto en Cristo,
"resucitarán primero", Juan el Revelador describe dos resurrecciones; una en el
momento de la venida de Cristo, y la otra al final de los mil años (Apoc.
20:4-6). Los que participan de la primera resurrección son bienaventurados,
porque la segunda muerte no tiene poder sobre ellos. En cuanto a los que vuelven
a la vida después de los mil años, Daniel declara que sufrirán "vergüenza y
confusión perpetua".
Es ahora, mientras gozamos de vida y tenemos la oportunidad de escoger, cuando
debemos decidir en qué grupo deseamos estar. El autor de la epístola a los
Hebreos cita el siguiente llamado del Espíritu Santo: "Por lo cual, como dice el
Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (Heb.
3:7, 8). "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de
incredulidad para apartarse del Dios vivo, antes exhortaos los unos a los otros
cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se
endurezca por el engaño del pecado" (12:13). El pecado es engañoso porque a
menudo parece correcto, y el profeta Jeremías advierte: "Engañoso es el corazón
más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jer. 17:9). Debemos
buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces podremos evaluar
todo lo demás desde la perspectiva correcta (Mat. 6:33).
Daniel continúa diciendo: "Los entendidos resplandecerán como el
resplandor del firmamento, y los que enseñan la justicia a la multitud, como las
estrellas a perpetua eternidad" (vers. 3). ¡Cuan dramático es el contraste entre
los sabios y los necios! El Señor Jesús relató una parábola acerca de diez
muchachas. Cinco de ellas fueron llamadas sabias o prudentes, porque hicieron
los preparativos necesarios para estar listas cuando viniera el esposo. Las
otras cinco fueron consideradas necias, porque no se alistaron. El conocimiento
del futuro no debe usarse para satisfacer nuestra curiosidad, sino para
permitirnos tomar hoy las decisiones correctas.
En el versículo 4, el ángel instruye a Daniel para que cierre las
palabras y selle el libro hasta el tiempo del fin. Muchas porciones de sus
profecías serían comprendidas sólo cuando se cumplieran. Hemos notado que
nuestra comprensión del libro de Daniel se ve grandemente facilitada por el
hecho de que vivimos 2.500 años más tarde que él. Podemos ver cómo la historia
ha confirmado la profecía, cómo el Mesías apareció en el momento predicho por la
profecía de las setenta semanas. El Nuevo Testamento nos ofrece muchos datos que
iluminan nuestra comprensión de diversos temas, como ser el de la resurrección.
Muchos aspectos de ella que están claros para nosotros, sin duda resultaban
oscuros para Daniel y sus contemporáneos. En verdad, en nuestro tiempo el
conocimiento, o "ciencia", se ha multiplicado, tanto en general como en lo que
se refiere a las profecías de Daniel.
El profeta describe a continuación a los personajes que vio junto
al río. El "varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río", nos
recuerda que todavía estamos en la visión que comenzó en el capítulo 10. Uno de
los seres pregunta: "¿Cuándo será el fin de todas estas mará villas?" ¿Podría
haberse imaginado Daniel que el tiempo fuese a durar otros 2.500 años?
¿Comprendía él que la guerra entre las fuerzas del mal y los hijos de luz
duraría tanto tiempo? Es difícil creerlo. Daniel anhelaba una solución rápida,
tal como los discípulos de Jesús esperaban que él volviera en sus días. Pablo
debió amonestar a algunos, que no esperaran el retorno de Jesús hasta que no se
cumplieran las profecías, particularmente la referente al hombre de pecado (2
Tes. 2:3-12).
Cada generación ha esperado que Cristo venga en sus días. Por
eso, existe el peligro de que nosotros digamos: "¿Dónde está la promesa de su
advenimiento?" (2 Ped. 3:4). Algunos hasta podrían unirse a los burladores. Pero
Pedro nos recuerda que para Dios, el tiempo no es un factor: "El Señor no
retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente
para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento" (vers. 9). Luego añade: "Pero el día del Señor vendrá como
ladrón en la noche". Debemos estar listos en cualquier momento. De hecho,
debemos procurar con todas nuestras fuerzas "ser hallados por él sin mancha e
irreprensibles, en paz" (vers. 10, 14).
A la pregunta "¿Cuándo será el fin. . . ?", el varón vestido de
lino responde con solemnidad: "será por tiempo, tiempos, y la mitad de un
tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas
cosas serán cumplidas" (Dan. 12:7). La visión del capítulo 7 ya había hecho
mención del tiempo profetice en el versículo 25. Vemos así que el libro de
Daniel es una sola unidad. Cada nueva sección provee confirmación y continuación
para las secciones previas. Si deseamos comprender cualquiera de sus partes,
debemos estudiar el conjunto.
Daniel confiesa que no comprendió la explicación, lo cual no debe
sorprendernos. El cumplimiento de esas escenas se hallaba a muchos siglos de
distancia. La Sagrada Escritura nos ha revelado que los profetas no siempre
comprendieron lo que Dios les había revelado (véase 1 Ped. 1:10-12). Aun la
hueste angélica contempla con interés absorbente los acontecimientos, para saber
qué ha de suceder.
Por eso oímos que Daniel mismo pregunta: "Señor mío, ¿cuál será
el fin de estas cosas?" El profeta anhelaba comprender, tal como nosotros
deseamos entender tanto como nos sea posible. Pero debió aceptar sus
limitaciones, tal como nosotros también debemos hacer. El ángel le dijo: "Anda,
Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin"
(vers. 9).
La profecía menciona dos períodos profetices adicionales: 1.290 y
1.335 días. Algunos estudiosos relacionan los 1.290 días con el período de 1.260
días, y suponen que ambos terminaron en 1798. Si los 1.335 días representasen
una extensión de este período, se llegaría al año 1843, fecha en torno a la cual
el mundo cristiano experimentó el renacimiento del interés en las profecías de
Daniel. Esa época se caracterizó por la investigación y el estudio de la
Escritura, lo cual reveló muchos datos de importancia para nuestra generación.
En nuestros días, sin duda Dios nos revelará con claridad los diversos aspectos
de la profecía que aun se ocultan a nuestra comprensión. No nos cansemos de orar
en procura de luz.
Principios de vida
Del estudio de este capítulo, surgen los siguientes
principios:
1. Mientras el mundo exista, perdurarán los malvados y los
justos, y entre ambos grupos nunca habrá armonía.
2. A medida que nos acerquemos al fin del tiempo, el conflicto
entre el bien y el mal se intensificará.
3. El destino final de los justos y los impíos nunca ha estado en
duda. Los malvados serán destruidos, y los justos gozarán de la vida eterna.
4. La sabiduría consiste en comprender el significado de la
existencia, y hacer preparaciones adecuadas para el futuro.
5. Para tener fe en Dios, no necesitamos comprender todas las
cosas. Basta con que conozcamos y aceptemos lo que Dios nos ha revelado.
6. El cristiano sabio es aquel que mantiene un ojo en las
profecías y el otro en el mundo, de modo que pueda reconocer cómo Dios controla
los acontecimientos y provoca el cumplimiento de sus propósitos.
7. El cristiano no necesita temer ninguna eventualidad futura,
porque sabe que Cristo es su Salvador y Protector.
8. A fin de cuentas, lo que mayor gozo nos produce no es lo que
hayamos logrado en la vida, sino el saber que nuestros nombres están escritos en
el libro de la vida. Lo importante no es lo que nosotros hayamos hecho, sino lo
que Dios ha hecho en favor nuestro.
9. No tenemos nada que temer por lo que nos pueda hacer el
hombre. El mayor daño que nos pueda causar es la destrucción del cuerpo, pero no
nos puede separar del amor de Dios.
Digno de notar
"Al libro de Daniel se le quita el sello en la revelación que se
le hace a Juan, lo cual nos permite avanzar hasta las últimas escenas de la
historia de este mundo" (Testimonios para los ministros, pág. 115).
"Si aquellos por quienes tanto ha hecho el Señor caminan en la
luz, su conocimiento de Cristo y de las profecías que con él se relacionan
aumentará notablemente a medida que se acerquen al fin de la historia de este
mundo" (E. G. de White, SDA Bible Commentary, tomo 4, pág. 1174).
"Cuando los hombres no le dan a Dios el primero, el último y el
mejor lugar en todo, cuando no se entregan a él para la ejecución de sus
propósitos, Satanás entra y usa para su propio servicio las mentes que, si se
hubieran puesto en las manos de Dios, podrían haber producido mucho bien"
(Ibíd.).
"Los que tienen luz y conocimiento corren el mayor peligro, a
menos que se consagren constantemente a Dios, humillando el yo y adquiriendo
conciencia de los peligros de esta época" (Id., pág. 1173).
"Como pueblo, no comprendemos como debiéramos el gran conflicto
que se está librando entre agencias invisibles, la controversia entre los
ángeles leales y los desleales. . . Orad, hermanos, orad como nunca habéis orado
antes. No estamos preparados para a venida del Señor. Necesitamos hacer una obra
completa para la eternidad" (Ibíd.).
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