Dr Mario Pereyra

Up Domingo 19 Lunes 20 Martes 21 Miércoles 22 Jueves 23 Viernes 24 Lección Juvenil Material Maestro Notas de Elena White White y Daniel Testimonios Ministros Gerhard Pfandl Urias Smith G. Arthur Keough G.A.K. Epílogo CBA Daniel 12 Dr Alberto Timm Dr A Rodriguez Dr Samuel Nuñez Unión Australiana Unión Italiana Dr Carlos E Espinosa PowerPoint MPM Pr Alejandro Bullón Prof Sikberto Marks Mervin Maxwell Dr Mario Pereyra Dr Lester Bannett Michael Fracker UNASP Dr Alberto Treiyer Creative Ministries Walla Walla College Pr Carlos Capote

 


El Tiempo del Fin

Lección 12

Para el 25 de Diciembre del 2004

 

 

 

“Yo oí, pero no entendí. Y pregunté: ‘Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?’
El respondió: ‘Anda, Daniel, estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.
Muchos serán limpiados, emblanquecidos y purificados. Los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá. Pero los sabios entenderán.’”

Daniel 12:8-10

 

El FIN DEL LIBRO

"Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin.
Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará."

Daniel 12: 4

El libro de Daniel concluye describiendo “aquel tiempo” cuando “se levantará Miguel” (12:1), quien liberará al pueblo de los redimidos, ejecutando el prodigio más fantástico de la historia, la resurrección de los justos y los impíos, “unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”(12:2). “Algunos sostienen que estas palabras aluden a la frase be'eth qets ‘Al [o en el] tiempo del fin’ (cap. 11: 40); es decir que los acontecimientos que se han de narrar ocurren dentro de ese período general” (4CBA, 903). En otros términos se refiere a la Parusía, a la Segunda Venida de Cristo y los acontecimientos que precederán el fin de la historia humana.

Entre los sucesos previos se anuncia que “será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente” (12:1), que será una época acelerada donde la gente andará corriendo de “aquí para allá” (12:4), probablemente prediciendo una característica del fin, el desarrollo descomunal de los de medios de transporte y la multiplicación de viajes. También se profetiza el acrecentamiento de la ciencia, relacionada con la comprensión de las profecías escatológicas (vers.4) e incluso se anuncia que ocurrirá una resurrección previa, de justos e impíos, bastante numerosa, ya que “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados” (vers.2).

Los textos finales del libro destaca el rol de los “entendidos” o “sabios” en la comprensión de estas enseñanzas. Según explica el Comentario Bíblico Adventista, el vocablo “entendido”, proviende del hebreo “hammañkilim, del verbo; ñakal "ser prudente". “Esta forma puede entenderse en un sentido simple, como ‘los que son prudentes’, o ‘los que tienen discernimiento’; o en un sentido causativo: ‘los que hacen que haya discernimiento’, es decir, ‘los que enseñan’. El que verdaderamente tiene discernimiento de las cosas de Dios se da cuenta de que, en virtud de ese mismo hecho, esas cosas deben compartirse con otros. La sabiduría divina lo guía para que sea maestro de esa sabiduría para otros” (4CBA, 904).

Con respecto a la comprensión de las profecías de Daniel, comenta EGW: “Sus admirables profecías, como las registradas en los capítulos siete a doce del libro que lleva su nombre, no fueron comprendidas plenamente ni siquiera por el profeta mismo; pero antes que terminaran las labores de su vida, recibió la bienaventurada promesa de que en ‘el tiempo del fin’ ?en el plazo final de la historia de este mundo? se le permitiría ocupar otra vez su lugar... Podremos, como Daniel y sus compañeros, vivir por lo que es verdadero, noble y perdurable. Y al aprender en esta vida a reconocer los principios del reino de nuestro Señor y Salvador... podemos ser preparados para entrar con él a poseerlo cuando venga” (Profetas y Reyes, págs. 401-403).

Las últimas palabras del libro presentan un fin de esperanza, con una bienaventuranza para los que “esperan” el fin glorioso que Dios tiene reservado para su pueblo. Esa esperanza se le confió a Daniel y, por extensión, a todos los “entendidos” que crean en El. Hay quienes niegan la idea del fin, en tanto otros creen en el fin, pero sin esperanza. La bienaventuranza es creer en el fin con la esperanza depositada en Dios, como enseña Daniel.


LA NEGACIÓN DEL FIN

“El fin del siglo nos sorprende a oscuras y la evanescente claridad que aún nos queda,
parece indicar que estamos rodeados de sombras...
Náufrago en las tinieblas el hombre avanza hacia el próximo milenio
con la incertidumbre de quien avizora el abismo”

Ernesto Sábato (1998, 115)

Poco tiempo antes del año 2000 se vivió una exaltación de las postrimerías y cierta exacerbación de la conciencia del fin. En muchas grandes ciudades, bajo la leyenda “Faltan para el año 2000...”, habían instalados tableros electrónicos que contaban los días, horas, minutos, segundos y aún décimas de segundos que restaban para la culminación de lo que se creía era el fin del milenio. En Orlando, Florida, USA, por ejemplo, un gigantesco reloj de arena invertido volcaba su hilo de granitos, junto a un cartel que anticipaba que al descender el último grano expiraría el milenio. Aunque esa fiebre del fin ha cedido ha medida que transitamos por el nuevo siglo es cierto que estamos en la cuenta regresiva, en un devenir que aceleradamente se dirige hacia el fin, hacia la consumación final de la historia.

Los mensajes que emite nuestra sociedad sobre el fin, muchas veces vienen acompañados de clamores alarmistas, que hacen resonar las trompetas apocalípticas con ficciones de todo tipo, equívocos, temores e incertidumbres. Estos discursos estremecedores, por lo general, carecen de fundamentos y arrojan a la gente a una búsqueda infructuosa de significado. Por eso, estimamos pertinente considerar algunas de las formulaciones actuales acerca de los tiempos venideros. Así, escogimos tres actitudes privilegiados en el pensamiento presente, que esclarecen estos horizontes de perplejidad y ofrecen orientaciones que procuran ser útiles. Los planteamientos propuestos son: 1) la negación del fin; 2) el fin fatalista; y 3) un fin con esperanza.

En contraste con los promotores del límite último, el filósofo francés Baudrillard, sostiene una tesis insólita, pregona el fin del fin o un fin sin fin, lo que denomina la “Ilusión del fin”. Declara este pensa¬dor que: “En algún momento de la década de los ochenta del siglo XX, la historia ha tomado la curva girando en dirección opuesta” (pág.23). La irrupción de la tecnología “tele” (TV, teléfono, redes telemáticas) ha impuesto la cultura de la imagen y la sociedad del espectáculo, donde todo es simulación y show, aún las guerras se exhiben por televisión como la guerra del golfo o de Irak. Es la construcción de un nuevo escenario donde la representación y lo virtual han sustituido los hechos y la realidad. Los “acontecimientos están de huelga”, agrega Baudrillard. Ya no hay forma de acertar con lo real. Las figuras y signos de las pantallas son la nueva existencia. La historia se ha disparado y con ella la noción del tiempo lineal, de algo que transcurre hacia su culminación. Se ha perdido todo sentido y dirección. De esta manera habría desaparecido la idea de fin, de acuerdo con el filósofo francés.

Hay muchos otros que sin hacer especulaciones posmodernas tan complejas llegan a las mismas conclusiones. Piensan que la historia es eterna, producto de un tiempo infinito; todo es un devenir sin límites, como un río que fluye sin cesar sin jamás agotar su cause. Aún están quienes, sin argumento o filosofía, quizá por el temor a un desenlace trágico, resisten la idea de un término, rechazando cualquier pensamiento de algo semejante. Así, de una u otra manera, se niega el fin, consolándose con la idea que “todo seguirá así, como desde el principio”.

¿Es correcto creer en el fin? ¿Hay razones para pensar en un epílogo del tiempo? Quizá el primer libro que demostró científicamente que el fin es verosímil y un hecho incontrastable, fue la obra del pastor inglés Thomas Malthus, quien en 1798 publicó, Ensayo sobre el principio de la población en cuanto afecta el progreso futuro de la sociedad. Su tesis central es que mientras los recursos del planeta crecen en proporción aritmética (1,2,3,4...), la población crece en proporción geométrica (1,2,4,8...). Eso significa que en algún momento ocurrirá una catástrofe. En efecto, en el 2000 la población del mundo llegó a los 6.000 millones de habitantes, el doble que en 1960 y casi la misma cantidad de personas que vivieron en el planeta desde la aparición del hombre hasta comienzos del siglo XX. Aunque los recursos han crecido la amenaza del desbalance continúa, ahora acentuada por la desigualdad entre pobres y ricos.

A partir de los 60, el Club de Roma, un conjunto de expertos de todo el mundo, estudió cada uno de los recursos del planeta, pronosticando su agotamiento futuro. Se fue acentuando la idea que si hubo un big bang en los comienzos del universo, habrá un crash bang en el final. Ahora, pues, ante la perspectiva ineludible del fin, la pregunta es, ¿cuál fin? ¿De qué tipo? ¿Cómo será el tal?


UN FIN SIN ESPERANZA



“Pienso en la corrupción, la impunidad, en el grosero despilfarro
y en la opulencia amoral de unos cuantos individuos,
y tengo la sensación de que estamos en el hundimiento de un mundo donde a la vez
que cunde la desesperación, aumenta el egoísmo, el ‘sálvese quien pueda’”.

E. Sábado (1998, 124)

 

Eugène Ionesco, fue el creador de una célebre corriente dramática, conocida como el “teatro del absurdo”. Floreció en los años de posguerra, y apuntó sus dardos certeros a la miseria y la desesperanza del hombre en el mundo moderno, la confusión de un universo en el que la comunicación se hace cada vez más difícil, las trampas del lenguaje y la ausencia de un orden religioso superior que de sentido a nuestras vidas. Uno de los más notables representantes de esa tendencia fue Samuel Beckett, premio Nobel de Literatura en 1969, quien utilizó la ironía, el cinismo y un humor ácido como únicas armas para que sus personajes enfrentaran un mundo dominado por la sinrazón. El modo crudo en que Beckett expuso la desolación del hombre actual revela la hondura de su sensibilidad, los aspectos sórdidos de la vida y la desesperanza ante el porvenir. Su obra maestra, de acuerdo a sus críticos, fue, Esperando a Godot, en donde los protagonistas, dos seres que esperan, sin saber muy bien qué o a quién, para quienes, paradójicamente, esa espera defraudada una y otra vez es lo único que da sentido a sus vidas. Podríamos considerar esa representación dramática y patética de la espera, como lo ilustra la figura que aparece más arriba (donde los actores Stefan Wigger y Horst Bollmann interpretan a Vladímir y a Estragon, los dos personajes que esperan a Godot), la metáfora de la espera sin esperanza que caracteriza la existencia de una parte importante de los habitantes de este mundo.

El gran escritor argentino, Ernesto Sábato, cuando tenía 86 años, percibiendo la inminencia de su muerte y la declinación de este mundo, escribió en 1998, un libro muy sugestivo, titulado, “Antes del fin”. Allí narra del “mundo que parece marchar hacia su desintegración” o al “abismo” (pág.115). En una de los capítulos que denomina "Quizá sea el fin", hace una aguda lectura de la realidad actual. Reconoce que "atravesamos una crisis total y planetaria". Se refiere, entre otros temas, al "absolutismo económico... erigido en poder”, que destruye “los proyectos de los jóvenes y el descanso de nuestros ancianos”, excluyendo a los pobres. Se horroriza ante “la corrupción, la impunidad, el grosero despilfarro y la opulencia amoral de unos cuantos individuos”, para agregar, “tengo la sensación de que estamos en el hundimiento de un mundo donde a la vez que cunde la desesperación, aumenta el egoísmo, el "sálvese quien pueda"” (pág.124). Es otra voz que trasmite esa visión desesperanzada del fin como se avecina como una catástrofe.

Los futurólogos, en su mayoría, también son pesimistas. Aunque la amenaza del hongo atómico parece haberse desvanecido, se elevan multitudes de voces de alarma que advierten, por ejemplo, contra el proceso de destrucción del planeta, que envenena el aire, el agua, los peces, los árboles y hace desaparecer especies enteras. Algunos pronostican una crisis energética global, el derrumbe del sistema financiero mundial, el caos causado por la violencia generalizada, la destrucción de la capa de ozono, el descontrol de la epidemia del sida, terremotos, inundaciones, superpoblación, desocupación masiva, desertificación o deforestación, etc., etc. Otros presagios nefastos hablan del choque con un meteorito o una invasión de extraterrestres. Pregonan “caminos que llevan hasta el fin de la noche -como dice el poeta-, de donde cuelgan nuestros días”.

Quizá una expresión exótica de esta idea sombría de la consumación final constituya una profecía del célebre Nostradamus. Ella establece: “En el año mil novecientos noventa y nueve, en el séptimo mes, del cielo vendrá un gran Rey terrorífico”, agregando misteriosamente, “el diablo liberado después de mil años de cadenas”. Según el libro “Nostradamus historien et prophète”, escrito por Jean-Charles de Fontbrune, se prevee para julio de 1999, guerras que preceden la venida del Anticristo y el hundimiento de la civilización occidental.
Esta es la visión de un fin desesperanzado. Es producto de la mentalidad fatalista, erróneamente llamada “apocalíptica”. El libro de Daniel como el Apocalipsis, constituyen la “revelación” de Dios (Ap.1:1), que si bien contiene ideas cargadas de angustia y sucesos conmovedores, referidas al fin del mundo, pero jamás desprovistas de esperanza. Son mensajes solemnes para ser oídos (Ap.2:7,11,17,29; 3:6,13,22), llamados al arrepentimiento (Ap.2:5,16,21; 3:3,19) para alcanzar la salvación eterna (Ap.2:7,10,28; 3:5,12,21). El catastrofismo de los brujos, horoscoperos, profetas de ocasión o científicos naturalistas generan desesperación y terror, porque predican un cataclismo sin redención posible.

 

UN FIN CON ESPERANZA

“Bienaventurado el que espere…
Y tú irás hasta el fin, y reposarás,
Y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.”

Daniel 12: 12-13

 

En oposición a los pronósticos agoreros mencionados, el libro de Daniel y en general todas las Sagradas Escrituras describen un fin saturado por la gloriosa esperanza de la promesa de Dios de restaurar el mundo actual, creando un nuevo sistema de vida, puro, santo y feliz. Así, por ejemplo, relata el Evangelio que una vez le preguntaron a Jesús acerca del “fin del mundo” (Mat.24:3), contestando con un notable discurso (Mat.24:4-25:46), donde indicó una serie de señales predecesoras y describió el acontecimiento culminante de la historia: su segunda venida en gloria y majestad. Ese episodio decisivo y definitorio -identificado teológicamente como la Parusía-, marcará el inicio de la nueva era renovada. Las escrituras lo describen con términos estremecedores, precedido de acontecimientos que conmoverán toda la tierra, los océanos, mares, atmósfera y, por supuesto, toda la población del planeta.

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mat.24:30-31). Los que lamentarán son los que desoyeron este mensaje y no se prepararon para recibir a Jesucristo; pero aquellos que lo estén esperando, como los fallecidos con esta esperanza que serán resucitados (1 Cor.15:52-54; 1 Tes.4:13-16), darán gloria a Dios, alabaron su nombre y gozarán de la bienaventuranza eterna (Ap.7:9-17).

Ahora, ¿la esperanza en una resolución beatífica de la historia no es mera utopía? ¿Tiene sentido esperar este tipo de fin? La utopía es por definición el reino de lo imposible. Postula un "ideal concebido como deseable pero reconocido como irrealizable" (Ferrater Mora, 1965). Al contrario, la esperanza es la convicción de algo posible y realizable. Pero, ¿podemos esperar realmente el advenimiento de Cristo, la resurrección de los muertos y la restauración total de esta tierra para construir un mundo nuevo y mejor? ¿Puede ser tal cosa posible? Varias veces los Evangelios repiten: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc.18:27; ver Mt.19:26, Mr.10:27; 14:36). En esta dirección, la Biblia avanza a un punto insólito, cuando declara: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mr.9:23). Así, la categoría de lo posible, en la revelación bíblica, aparece supeditada a la fe. La única condición es “creer”. Cuando se pronuncia la palabra de la fe estallan todas las fronteras, se aniquilan todos los imposibles y fronteras. No hay tumba que detenga, "Sorbida es la muerte con victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? -exclama Pablo triunfante-, ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?" (1 Cor.1¬5:55).

Está concepción del fin, que el libro de Daniel da como un hecho indiscutible, alumbra con el aliento bienhechor de la esperanza el futuro, concediéndonos la paz interior, un dulce consuelo y el coraje para internarnos en el riesgo creciente de los días que se avecinan. Es que la certidumbre de la fe no está depositada en las especulaciones, teorías o filosofías ni en las actividades humanas sino en las promesas del Todopoderoso, que maneja los destinos de las naciones y la historia de acuerdo con sus inescrutables designios providentes. Por tanto, conociendo su voluntad anticipada por las profecías de Daniel, sólo nos queda reforzar la confianza y actualizar la dispensación de la gracia divina con la esperanza del florecimiento eterno, mirando anticipadamente la fiesta sin fin, de la alegría exultante de la eternidad venidera, donde todos los males habrán quedado definitivamente superados en un pasado irreversible.

 


 

Referencias bibliográficas

 

  • Baudrillard J. (1997). La ilusión del fin. La huelga de los acontecimientos. Edit.Anagrama, 3era.edición, Barcelona.

  • De Fontbrune J-C. (1980). Nostradamus historien et prophète. Editions du Rocher, Paris.

  • Ferrater Mora J. (1958). Diccionario de filosofía. Edit.Sudamericana, 2 tomos, Bs. As.

  • Sabato E. (1998). Antes del fin. Editorial Seix Barral, Bs.As.

 

  

El doctor Mario Pereyra ha autorizado a Ministerios PM a publicar sus comentarios de la Escuela Sabática en Ministerios PM

 

 

[Acerca de Nosotros]  [Centro Internacional de la Escuela Sabática]  [Ministerios de Iglesia][Ministerio de la Salud] [Ministerio de la Palabra]  [Ministerio Profético] [ Ministerios Apologético] [Ministerios de Música]  [Ministerios Audio-Visual [Centro White MPM]  [Centro de investigación]  [Centro de Noticias MPM] [Historia IASD]  [Iglesias ASD en la Red]  [Escríbenos]  [Conozca a Marissa]  [Conozca al Dr. Martínez]  [Foto-Album  Familia Martínez]   [Home]

Usted es el Visitante    FastCounter by LinkExchange