
Lección 11

Para el 11 de Diciembre del 2004
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Simetrías y complementosDesde una perspectiva estructuralista, el libro de Daniel, puede dividirse en dos grandes secciones, los primeros seis capítulos, que presentan episodios reales (con algunos símbolos) y los últimos seis que exponen, predominantemente, contenidos simbólicos (con algunas experiencias reales). Ambas secciones pueden homologarse en forma de estructuras paralelas, de modo tal, que el capítulo 2 se relaciona con el 7, así como el 3 puede ser analizado como paralelo del 8, según estudiamos la semana pasada. Siguiendo este criterio, también el capítulo 9 puede considerarse como paralelo del capítulo 4. Esta alternativa de estudio presenta algunos contrastes y complementos que enriquece la reflexión. Hay una clara simetría en los temas de los capítulos paralelos. Así, por ejemplo, el capítulo 2 se corresponde con el 7 en la descripción de los imperios futuros, aunque utilicen figuras diferentes. Los capítulos 3 y 8, son una continuación de su respectivo capítulo anterior y coinciden en desarrollar el mismo tema de la adoración; el 3, expone el modelo de adoración narcisista de Nabucodonosor que sucumbe ante a la adoración verdadera de los tres hebreos y el capítulo 8, el sistema de adoración perverso del "cuerno pequeño", que tergiversa el sistema auténtico del Santuario. Este poder sutil y maquiavélico triunfo durante mucho tiempo, hasta que es derrotado por el Príncipe del Ejército. Con respecto al capítulo 4, describe el sueño que presagia el castigo a la soberbia del rey (el árbol imponente que llegó hasta el cielo pero que es talado). Ese sueño premonitorio genera un profundo impacto en el ánimo de Daniel (4:19), motivando al profeta para aconsejarle un cambio profundo en el comportamiento del monarca arrogante (4:27), con el propósito de si tal actitud diferente logra suspender la sanción que pende sobre él. Encontramos al profeta intercediendo a favor de Nabucodonosor para lograr la absolución de su condena. En el capítulo 9 aparece la sublime y conmovedora oración intercesora de Daniel a favor de su pueblo, suplicando humildemente el perdón por que termine el castigo de Dios sobre el pueblo impío que está sufriendo el castigo del exilio. La segunda parte del capítulo 9, trae el texto de las setenta semanas que incluye la primera Venida del Mesías a la tierra, como una respuesta a la oración del profeta, que recibe el mensaje consolador del perdón multiplicado por "70 veces 7" y la promesa de que al final de ese largo período de misericordia, vendría el Mesías, a redimir al pueblo y a toda la humanidad. Este capítulo, al igual que los dos anteriores (el 7 y el 8), tienen una estructura dual o dicotómica, ya que la narración incluye acontecimientos terrestres y otros de carácter celestial. Este aspecto es diferentes de los capítulos simétricos, 2, 3 y 4, que configuran una estructura homogénea o unitaria, donde el relato no aparece cortado por la ingerencia de sucesos de otro orden de realidad. Otra característica que refuerza la simetría es que la tríada 2, 3 y 4, tienen una secuencia progresiva, donde la continuidad de la historia avanza hasta llegar al momento cumbre de la con versión del rey y su testimonio de reconocimiento del Dios verdadero. Desde el sueño de la estatua que impacta al monarca con el conocimiento del Dios Todopoderoso que "pone y quita reyes" y gobierna el universo, pasando por el testimonio portentoso de los tres hebreos, donde pudo observar personalmente el cuidado providente de Dios, hasta la experiencia avasalladora de ser echado por tierra durante siete años, el rey atraviesa por un proceso espiritual que finalmente concluye con la conversión. Es como si a través de esos tres capítulos fuera madurando el desarrollo de la fe en Nabucodonosor hasta su consumación feliz en la entrega de la vida a Dios. Por su parte, la tríada de los capítulos 7, 8 y 9, también revela una secuencia progresiva de desarrollo en la concentración de los temas del futuro relacionados con la iglesia, profundizando el saber profético, hasta concluir en su punto más excelso y trascendente, la Venida del Mesías. Analizaremos más en detalles la temática de los capítulos 4 y 9 --la intercesión--, y particularmente el rol que juega el Mesías en ambas manifestaciones de intercesión.
Diferentes modelos de intercesiónAmbos capítulos de estudio –el 4 y el 9--, como hemos señalado más arriba, trasmiten sendos modelos de intercesión. En los dos casos, Daniel es el sujeto activo, el productor de la acción mediadora de ayuda , la diferencia radica en los beneficiados por esa asistencia y en el procedimiento de llevarlo a cabo. En el primer caso es Nabucodonosor el favorecido por la intercesión de Daniel, en el segundo, es el pueblo de Israel. La diferencia fundamental está en el tipo de intercesión que aparece en cada uno de los textos en cuestión, que constituye sendos modelos intercesores. En el capítulo 4, la intervención de Daniel se da a través de un consejo que le dirige al monarca ÿ"Por tanto, oh rey, acepta mi consejo", le dijo (Dn. 4:27)ÿ, para que éste tome conciencia de su actitud desatinada y busque el perdón de Dios, que lo sustraiga de recibir el castigo profetizado. La segunda es una oración dirigida a Dios, a quien le ruega que perdone los pecados del pue blo y finalice con el castigo del destierro. Esta súplica tiene la característica de ser vicaria, ya que el profeta asume la representación del pueblo, con manifestaciones de reconocimiento del pecado, expresiones de arrepentimiento y ruego de perdón. Por tal motivo, llamamos a este modelo de intercesión vicario, en contraste con el anterior, que asume la forma del aconsejamiento. En el modelo del aconsejamiento, el consejero habla desde el saber de su experiencia, conocimiento o, como en el caso del profeta, desde la revelación que Dios le permite interpretar del futuro. Es una forma de apelar a la razón para lograr un cambio de conducta, de actitud o de estilo de vida. Se advierte cuales son los problemas y perturbaciones que traen aparejado la forma de comportamiento inconveniente que lleva a cabo el aconsejado, como era el caso de la actitud presuntuosa y soberbia del monarca. Luego de advertir los riesgos de la conducta cuestionada, viene la recomendación de lo conveniente hacer, que constituye el consejo en sí mismo. "Tus pecados redime con justicia ÿle exhorta Daniel a Nabucodonosor, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad"(Íbid). Luego queda a decisión del aconsejado aceptar o rechazar el consejo, haciéndose responsable de su resolución. En el modelo de la oración vicaria, según el capítulo 9, Daniel asume la representación del pueblo de Israel, por quien está intercediendo. Consiste en ejercer el rol específico y distintivo de Cristo, que desempeñó a lo largo de su ministerio terrenal y particularmente en la cruz, y despliega actualmente en el Santuario celestial como abogado del pecador (Heb. 7: 25); es una función que antiguamente ejercían los sacerdotes al oficiar los actos de expiación. Un hecho relevante de este modelo es que el destinatario de la intercesión recibe el beneficio como una gracia, a diferencia del aconsejamiento que requiere un ejercicio decisivo de la voluntad para lograr el resultado buscado. El perdón no es un logro que se conquista es una dádiva que se recibe. Es una oración de fe, intensa, agónica, que apela a la misericordia con gran fervor, ya que Dios está dispuesto a perdonar a los que acuden a él con corazón contrito. Contraste fuertemente la compasión de Dios con la pecaminosidad humana. Al comparar los dos modelos encontramos que el aconsejamiento suele aplicarse antes de que el mal ocurra, tiene un carácter preventivo, en tanto, la oración intercesora vicaria, por lo general, se utiliza cuando el mal está presente, tiene un carácter correctivo. Así ocurrió con Abraham al interceder por las ciudades condenadas a la destrucción, de Sodoma y Gomorra. También Moisés abogó a favor del pueblo luego del pecado de adoración del becerro de oro, para que las maldiciones no lo destruyera totalmente. La oración vicaria paradigmática es, sin duda, la de Jesucristo en la cruz, pidiéndole al Padre que perdone a sus verdugos del mal que se habían hecho acreedores. En los dos casos de intercesión se busca el perdón de Dios, en el primero para impedir el mal futuro (ver Dn. 4), en el segundo para terminar con el mal presente (ver Dn.9). Por supuesto, que el modelo perfecto y superior es la intercesión vicaria, ya que no podemos por sí mismo lograr cambiar nuestra naturaleza pecaminosa ni alcanzar la salvación eterna, si no fuera por la acción transformadora del Espíritu Santo y la obra redentora de Cristo, que viene en nuestro auxilio.
La "venida del Mesías"¿Cómo opera Cristo en ambos modelos? ¿De qué manera interviene Dios en la intercesión a través del aconsejamiento? Actúa a través del consejero, dando palabras y razones que ayuden a motivar el cambio y actúa en el mismo aconsejado, despertando la conciencia y promoviendo el deseo del bien. En el ejemplo que se narra en el capítulo 4, Dios intervino prosperando a Babilonia y sus dirigentes, hasta llegar a una altura de riqueza y poder inigualados. El árbol gigantesco, cuya copa se elevaba hasta los cielos, y sus ramas se extendían hasta los confines de la tierra, que Nabucodonosor vio en su sueño, representaba esa prosperidad. Pero el rey no reconocía el poder que lo había encumbrado. Allí "viene el Mesías" para advertirle en el mensaje nocturno y en la palabra del profeta que sería castigado por su orgullo. "Habiendo interpretado fielmente el sueño, Daniel rogó al orgulloso monarca que se arrepintiese y se volviese a Dios, para que haciendo el bien evitase la calamidad que le amenazaba. Suplicó el profeta: "Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad" (4:27). Durante un año el consejo fue escuchado y funcionó. Progresivamente fue perdiéndose su influencia hasta que un día, mientras Nabucodonosor andaba en su palacio y pensaba con orgullo en su poder y sus éxitos, exclamó: "¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza?" (Dn. 4:30). Estando aún en los labios la pregunta presuntuosa, una voz del cielo anunció la llegada del castigo. El Mesías vino para el monarca a través de las palabras: "Rey Nabucodonosor, a ti se te dice: El reino es traspasado de ti. De entre los hombres te echan, vivirás con las bestias del campo y como a los bueyes te apacentarán. Y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y a quien él quiere lo da" (4:31-32). Perdió la razón, padeciendo durante siete años un cuadro sicótico con un delirio semejante a la licantropía, en el cual el paciente se identifica con un lobo. La "venida del Mesías" para el rey enfermo, posteriormente se manifestó con la recuperación de su salud mental y espiritual, reconociendo la insensatez de su actitud y humillándose delante de Dios. Comprendió la misericordia y grandeza del Altísimo. Dios intervino por medio de la técnica de "hacer tocar fondo", como dicen los Alcohólicos Anónimos, un procedimiento extremo, de permitir que la crisis abata a una persona hasta los límites de su tolerancia para lograr por este medio recuperar la reflexión y la conciencia de lo divino. Así ocurrió con el "hijo pródigo" que recién "volvió en sí" cuando llegó a la miseria, el hambre y al chiquero, el lugar más indigno para un judío. También Sansón y muchos otros personajes padecieron situaciones semejantes donde el Mesías llegó a ellos en los momentos más oscuros de la crisis. ¿Cómo se produce la "Venida del Mesías" en la súplica vicaria de Daniel 9? Ocurre como respuesta inmediata a la oración, en la aparición del ángel Gabriel anunciando una profecía prodigiosa, que extiende notablemente la misericordia de Dios al plazo privilegiado de 490 años, el límite máximo del perdón (Mat.18: 21), llegando hasta la presencia del mismo Mesías encarnado en la figura sublime de Jesús de Nazareth. Aquí el Mesías no viene a través de una experiencia de vida, como en el aconsejamiento, sino en persona, directamente. Su presencia hace "cesar" cualquier otro procedimiento sustitutivos, como eran antiguamente los "sacrificios y ofrendas". Él es quien pone fin a "la prevaricación", y "el pecado", "expiando la iniquidad" y trayendo "justicia perdurable" (9:24). El Mesías es el don supremo de salvación, como gracia presente y gloria futura. Ahora sólo tenemos la primera, cuando venga por segunda vez, tendremos la última y más perfecta. Sólo nos queda esperar "hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador" (9:27). Dr. Mario Pereyra
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