
El tiempo del finLA PROFECIA DEL VARON VESTIDO DE LINO DANIEL 12: 5-13
Para el 25 de Diciembre del 2004
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Uno de los mensajes más intrigantes del libro de Daniel es la profecía de Daniel 12:5-13. Esta sección es el epílogo del libro de Daniel y contiene una profecía del “varón vestido de lino”. En ella se presenta una advertencia y una promesa para el pueblo de Dios que vive en el “tiempo del fin”. Lamentablemente, este discurso profético del “varón vestido de lino” no ha sido bien entendido en su contexto inmediato y por lo tanto requiere que se lo estudie con sumo cuidado y sin descuidar este elemento importante de interpretación. En este escrito trataré de presentar un estudio exegético de esta profecía singular a la luz de su contexto inmediato y de las visiones anteriores. Sin embargo, antes de ofrecer esta exégesis de Daniel 12:5-13, trataré primero de hacer un análisis literario de esta sección bíblica con el propósito de descubrir su género, su estructura y su función dentro del cuadro de la última visión (10-12) y de todo el libro de Daniel. Espero que este análisis literario, además de que ayude a descubrir la estructura y la función literaria de esta sección, también ayude a revelar cuál es la relación lingüística, temática o genérica que existe entre esta sección (12:5-13), la sección que le antecede (10:10-12:4) y las otras visiones del libro de Daniel (Cap. 2, 7, 8, 9). Sin embargo, antes de hacer este análisis de Daniel 12:5-13, con el propósito de descubrir el tipo de relación que existe entre esta sección (12:5-13) y la sección que le antecede (10:10-12:4), es necesario que primero se haga un análisis de la estructura general de la última visión (10-12) y del contenido temático de cada una de sus secciones.
LA ESTRUCTURA GENERAL DE DANIEL 10-12 Un análisis literario de la visión de Daniel 10-12 revela que esta visión tiene una estructura general de tres partes o secciones que a su vez pueden dividirse en sub-secciones más específicas.
Esta primera sección podría titularse: “La Visión del Varón Vestido de Lino en el Río Hidekel” (10:1-9).
Los marcadores divisorios o estructurales de la última visión, que permiten segmentarla de la manera presentada arriba, son lingüísticos y temáticos. Uno de los marcadores lingüísticos que permite separar a una sección de la otra es la palabra hebrea “hinné” (he aquí). Daniel utilizó este término hebreo para introducir a la segunda sección que comienza en Daniel 10:10 y para introducir a la tercera sección que comienza en Daniel 12:5. Otro de los marcadores divisorios de la última visión es de carácter temático y se observa al comienzo de la segunda sección (10:10) y al comienzo de la tercera sección (12:5). No hay lugar a dudas de que el tema de la primera sección termina con el relato de la experiencia de Daniel cuando él contempló al “varón vestido de lino” (10:9) y que el tema de la segunda sección se inicia con la intervención del ángel Gabriel en la recuperación de Daniel (10:10). De la misma manera, el tema de la segunda sección termina con la conclusión del discurso del ángel Gabriel (12:4) y el nuevo tema se inicia con la introducción de los dos ángeles y el “varón vestido de lino” que estaban en el río Hidekel (12:5). Esta estructura general de Daniel 10-12, que consta de tres secciones, es de simetría concéntrica.
Cada una de estas secciones generales pueden ser subdivididas también, pero por el momento no tocaremos este asunto, sino que pasaremos a ver cual es la estructura literaria y el contenido de las otras visiones, con el propósito de descubrir la estructura general del libro de Daniel y las conexiones linguísticas o temáticas que puedan existir entre Daniel 12:5-13 y las otras visones de ese libro.
LA ESTRUCTURA GENERAL DEL LIBRO DE DANIEL Y EL CONTENIDO DE CADA VISIÓN
Así como es muy importante que se conozca la
estructura general de la última visión y su contenido, con el propósito de
establecer la relación genérica, lingüística o temática que pueda existir
entre Daniel 12:5-13 y la sección que le antecede (10:10-12:4); así también
es imprescindible que se haga un análisis de la estructura general y del
contenido de cada una de las cuatro visiones de largo alcance (Cap. 2, 7, 8,
10-12), sin olvidarnos de la visión de corto alcance (Cap. 9), con el
propósito de establecer la estructura general del libro de Daniel y la
relación lingüística, temática o genérica que pueda existir entre la última
visión (Cap. 10-12) y las visiones que le anteceden (Cap. 2, 7, 8, 9). La introducción de Daniel 2 informa que el rey Nabucodonosor tuvo un sueño en el segundo año de su reinado y que él intentó conocer la interpretación de su sueño llamando a sus sabios (2:1, 2). Luego se presenta el diálogo de Nabucodonosor con sus sabios, en donde se percibe la preocupación de Nabucodonosor por conocer su sueño y la impotencia de sus sabios en dárselo a conocer (2:3-11). Enseguida se relata la reacción del rey a causa de la impotencia de sus sabios de revelar el sueño y la intervención de Daniel para que los sabios de Babilonia no fueran muertos (2:12-16). Luego, en el centro de la estructura del capítulo 2 se narra que Daniel fue a su casa, comunicó el problema a sus compañeros para que ellos suplicaran a Dios sobre el misterio del sueño, la forma maravillosa en que Dios le reveló el sueño a Daniel y la expresión de gratitud y alabanza de Daniel hacia Dios por la revelación del sueño (2:17-23). Después se relata que Daniel buscó a Arioc, intervino a favor de los sabios y pidió que lo llevaran delante del rey (2:24-25). Luego se presenta el diálogo de Nabucodonosor con Daniel, en donde Daniel revela el sueño y la interpretación del sueño (2:26-45). Por último se relata la reacción favorable de Nabucodonosor hacia Daniel y sus compañeros por la razón de que Daniel le reveló su sueño (2:46-49). El sueño de Nabucodonosor, descrito en Daniel 2, debería catalogarse como un sueño simbólico. La razón es que los elementos gráficos del sueño no tienen una función literal, sino que son representaciones de otra realidad que se dan a conocer en la interpretación del sueño. De acuerdo a la interpretación de Daniel (Daniel 2:37-45), los “pies simbólicos” de la estatua serían golpeados por una piedra que “fue cortada, no con mano” humana. Esa “piedra simbólica,” en contraste con los “metales simbólicos” de la estatua, representa al Reino de Dios que pondrá fin a los reinos de la tierra. De la interpretación de Daniel, se puede deducir que la estatua simbólica del sueño de Nabucodonosor representa a toda la historia de la humanidad, desde el reino de Babilonia hasta el fin del “cuarto reino” de la tierra. Además, se puede deducir que la historia de la humanidad llegará a su fin tan solo cuando la piedra simbólica o el reino de Dios se manifieste o se haga presente en el planeta tierra. En Daniel 2:37-45 también se observa que Daniel le declaró al rey Nabucodonosor el significado de cada uno de los metales de la estatua. Daniel le dijo a Nabucodonosor: “Tú eres aquella cabeza de oro” (2:38). Luego, Daniel continuó diciéndole al rey que el segundo metal de plata sería “otro reino,” el tercer metal de bronce “un tercer reino” y el cuarto metal de hierro “un cuarto reino” de la tierra (2:39, 40). En base a esta explicación de Daniel y a las visiones subsecuentes de su libro se puede afirmar que cada metal de la estatua representa un reino o imperio de la tierra. El cuarto reino, según la naturaleza del metal que lo representa, sería un reino fuerte y desmenuzador (2:40). Sin embargo, en la etapa final de su dominio se dividiría y así permanecería hasta el final de su existencia (2:41-43). En otras palabras, el cuarto reino, una vez que se dividiera, no podría recuperar su unidad perdida. Además, durante la etapa final de su dominio dividido, cuando sus reyes o gobernantes estarían intentando recuperar su unidad perdida, la piedra simbólica golpearía los pies de la imagen y la destruiría totalmente (2:44, 45). Por último, Daniel le explicó a Nabucodonosor que la piedra simbólica o el reino de Dios llegará a ocupar todo el territorio del planeta tierra y ejercerá su dominio eternamente (2:44-45). Esto es, en síntesis, la estructura general de Daniel 2 y el contenido de la primera visión del libro de Daniel. La segunda visión del libro de Daniel se encuentra en el capítulo 7. Allí encontramos que los símbolos zoológicos que intervinieron en esta visión representan los mismos cuatro reinos mundiales de Daniel 2 y cubren el mismo período de la historia humana. La visión de Daniel 7, a diferencia del sueño de Daniel 2, utilizó nuevos símbolos y presenta nuevos detalles que no se habían revelado anteriormente. Al leer la visión de Daniel 7, uno observa que los símbolos metálicos de la estatua de Daniel 2 (oro, plata, bronce y hierro) fueron reemplazados por otros símbolos tomados del reino animal: Un león, un oso, un leopardo y una bestia indescriptible. También se observa que la visión de Daniel 7, aunque confirma la secuencia de los cuatro reinos mundiales que ya se habían revelado en la visión anterior (Cap. 2), introduce dos nuevos elementos simbólicos que aún no se habían revelado. Daniel 7, desde el punto de vista estructural, es el último eslabón de la primera parte estructural del libro de Daniel. El contenido de este capítulo se puede resumir de la siguiente manera. Primero se presenta en la introducción la fecha de la visión (7:1). Luego se describen las cuatro bestias simbólicas (7:2-8), la escena del juicio en el cielo (7:9-10), los resultados del juicio (7:11-14), la interpretación de los símbolos de la visión (7:15-27) y la reacción de Daniel ante la visión (7:28). Esta segunda visión, aunque revela una vez más los cuatro reinos de la tierra y cubre el mismo período histórico de la visión anterior, ofrece por lo menos dos elementos completamente nuevos que no fueron tocados en la primera visión. Los dos elementos nuevos son: (1) el símbolo del “cuerno pequeño” que surge después de la aparición de los 10 cuernos de la cuarta bestia (7:8, 20-21, 24-25) y (2) la escena del juicio que se celebra en el cielo (7:9-10, 22, 26-27). El tema de la división del cuarto reino, que ya se había presentado en el sueño de Daniel 2, se vuelve a reafirmar en esta visión de Daniel 7. Y es precisamente en este contexto de la división del cuarto reino en que se presenta el levantamiento del “cuerno pequeño” o del “reino político-religioso” que le haría la guerra a Dios, al pueblo de Dios y a la ley de Dios (7:24, 25). Además, en esta visión se especifica que el “cuerno pequeño” lucharía contra el pueblo de Dios durante “un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” (7:25). Luego, después de dicho período, se realizaría un juicio en el cielo en donde se dictaminaría la destrucción completa del cuerno pequeño y la vindicación de los “santos del Altísimo” (7:26). Una vez que el “cuerno pequeño” se hubiere enjuiciado y destruido, los santos del Altísimo recibirán el reino de la tierra y se dedicarán al servicio de Dios (7:26, 27). Esta visión de Daniel 7, al igual que la visión del capítulo 2, es mayormente simbólica, ya que los elementos que allí se presentan no son literales, sino representaciones de otra realidad. La tercera visión del libro de Daniel se encuentra en el capítulo 8. El contenido de este capítulo se puede sintetizar de la siguiente manera. En la introducción se presenta la fecha y el lugar de la visión (8:1-2). Luego aparece la descripción de la visión-audición (8:3-14), la orden dada a Gabriel de enseñar la visión (8:15-16), la exhortación a Daniel de entender que la visión llegará hasta el tiempo del fin (8:17), la promesa de Gabriel de enseñar la visión (8:18-19), la interpretación de la visión-audición (8:20-26) y la reacción de Daniel ante la visión (8:27). Esta tercera visión del libro de Daniel difiere de las dos visiones anteriores en varios aspectos. En primer lugar, esta visión ya no cubre el mismo período de las dos visiones anteriores, ni ofrece la misma cantidad de símbolos que correspondan a los cuatro reinos de la tierra. Aquí ya no se encuentra ningún símbolo que represente al reino de Babilonia. Tan sólo aparecen tres símbolos zoológicos (un carnero, un macho cabrío y un cuerno pequeño) que representan a los tres últimos reinos de la tierra, que ya habían sido revelados en las dos visiones anteriores. Esta visión de Daniel 8 parece ser más específica que las dos visiones anteriores a ella (Cap. 2 y 7), ya que aquí se identifica al segundo y al tercer reino de la tierra por su respectivo nombre. Encontramos en esta visión que allí se explica que los dos primeros símbolos zoológicos se refieren a Medo-Persia (8:20) y a Grecia (8:21-22). Dos reinos que, de acuerdo a las visiones anteriores, ocupan el segundo y el tercer lugar en el esquema de los cuatro reinos mundiales. La visión del capítulo 8, además de identificar por nombre a estos dos reinos, también presenta un nuevo período profético (8:14, 26) y concede un enfoque particular sobre la actividad del “cuerno pequeño” (8:9-12, 23-25) y la naturaleza del “juicio divino” (8:13, 14, 26), que ya se habían presentado en la segunda visión (7:8-10). Al comparar las características y las actividades del “cuerno pequeño” de Daniel 8 con las características y actividades del “cuerno pequeño” simbólico de Daniel 7, se percibe que estos dos símbolos están estrechamente relacionados el uno con el otro y que ambos actúan durante el mismo período de tiempo. Esta tercera visión de Daniel 8, al igual que las dos visiones anteriores, se puede clasificar como una profecía simbólica, ya que sus componentes no son la realidad sino representaciones de otra realidad que se dan a conocer en la explicación de la visión. La visión del capítulo 9 difiere también de las otras visiones en varios sentidos. En primer lugar, la visión de Daniel 9 no sigue el parámetro de las visiones anteriores que usualmente describen primero los símbolos de la visión y luego presentan la explicación de los símbolos. En esta visión ya no aparece ningún símbolo que represente la secuencia de los cuatro reinos de la tierra, ni ofrece ninguna explicación de ellos. El contenido y el contexto de esta visión indican que la función o propósito de ella es la de ofrecer una explicación del período profético de las 2300 tardes-mañanas, que quedó sin ser explicado en la visión anterior (8:14, 26-27). Un estudio cuidadoso de todo el capítulo 9 revela que la visión que allí se describe (9:24-27) no es una visión de largo alcance, como las visiones anteriores (Cap. 2, 7, 8), sino que es una visión de corto alcance. Esta visión cubre un período relativamente corto que comienza con el decreto de la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén y termina con la expiración de las 70 semanas proféticas. Este período de las 70 semanas está estrechamente relacionado con el período de las 2300 tardes-mañanas que se menciona en la visión del capítulo 8, pero que en dicha visión no se explicó. Por eso fue necesario que Daniel recibiera esta visión del capítulo 9, para que él pudiera entender cuándo se iniciaría el período de los 2300 días (8:14, 26) y qué eventos sucederían durante los primeros 490 días de aquellos 2300 días proféticos. Esta conclusión sobre el propósito de la visión de Daniel 9, que tiene que ver con la relación de las 70 semanas y las 2300 tardes-mañanas, se percibe claramente al estudiar los últimos versículos del capítulo 8, donde se presenta la preocupación de Daniel por entender la visión de los 2300 tardes-mañanas (8:26, 27), y al estudiar también los primeros versículos del capítulo 9, donde Daniel indica que él miró atentamente en los libros de los profetas sobre la duración de la desolación de Jerusalén (9:1-2) y elevó su oración a Dios a favor del santuario de Jerusalén y del pueblo de Israel en el exilio (9:3-19). Luego, como resultado del interés de Daniel por comprender la visión de los 2300 días y el significado de la purificación del santuario, Gabriel acudió a Daniel para explicarle lo referente a ese período profético que él no había podido entender y acerca de la naturaleza de la purificación del santuario (9:20-27). La información que el ángel Gabriel le dio a Daniel sobre el inicio de las 70 semanas y la llegada del Mesías Príncipe (9:24-27) es clave para establecer el punto de partida de los 2300 días y la ubicación de los eventos de las 70 semanas en la historia. La información de Daniel 9:24-27 es también clave para comprender la teología de la “purificación del santuario” y la obra del Mesías Príncipe. No está por demás añadir que los datos referidos en Daniel 9:24-27 son de suma importancia para establecer el tiempo de la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén, las circunstancias de su reconstrucción, el tiempo de la manifestación del Mesías-Príncipe y el tiempo que se le concedió al pueblo de Israel para que decidiera si continuaba o no como el pueblo del pacto. Como se puede observar, la función de la visión de Daniel 9 no está limitada solamente a la explicación del inicio del período simbólico de los 2300 días, sino que también revela el tiempo en que aparecería el Mesías, la duración de su ministerio, el tiempo de su muerte, la futura destrucción de Jerusalén y la naturaleza de la purificación del santuario o del juicio divino. La última visión de Daniel está descripta en los capítulos 10-12. Esta visión, al igual que la visión del capítulo 9, está estrechamente relacionada con la visión del capítulo 8. La primera evidencia de esta conclusión se observa en el hecho de que tan sólo la visión de Daniel 8 y la visión de Daniel 10-12 mencionan el período del “tiempo del fin” (8:17; 11:35, 40; 12:4, 9). La segunda evidencia es que Daniel 10-12, al igual que Daniel 8, se refieren tan sólo a los tres últimos reinos universales de la secuencia de los cuatro. Al estudiar la introducción de la última visión se observa que Daniel estaba en aflicción (10:2-3). ¿Porqué razón? Daniel no lo expresa. La realidad es que dicha aflicción motivó a Daniel a buscar a Dios y como resultado de la búsqueda de Dios, a través del ayuno y de la oración, Daniel experimentó la visión del “varón vestido de lino” (10:5) y del ser “con semejanza de hijo de hombre” (10:16). Esta última visión de Daniel le fue dada con el propósito de brindarle cierta paz y seguridad, cuando el recibiera la explicación del ángel sobre “lo que está escrito en el libro de la verdad” (10:21). Al analizar la explicación del ángel (11:2-12:4) se percibe que ese discurso contiene más información específica sobre los reinos de Medo-Persia (11:2), Grecia (11:3-20,[21-34?]) y Roma ([21-34?]35-45) que no se habían dado en las visiones anteriores. La información más específica que el ángel le ofreció a Daniel, sobre el cuarto reino de Roma, está estrechamente relacionado con la descripción del “cuerno pequeño” de Daniel 8 (8:9-12, 23-25) y con la descripción del “cuerno pequeño” de Daniel 7 (7:8, 21, 25-26). La diferencia informativa que se percibe en la descripción del “rey del norte” en Daniel 11:40-45 y la descripción del “cuerno pequeño” en las dos visiones anteriores (Cap. 7 y 8), se debe a que Daniel 11:40-45 tiene la función de mostrar la actuación de esta “potencia” durante el “tiempo del fin” (11:40), mientras que Daniel 7 y Daniel 8 tienen mayormente la función de mostrar la actuación de la misma potencia antes del “tiempo del fin”. Esta realidad del contenido y de la forma literaria de la última visión nos permite decir que la información de Daniel 11:40-45 no es repetitiva, sino que es más bien de un carácter progresivo y novedoso. Además se observa claramente que la figura que se utiliza en Daniel 11: 40-45 no es zoológica sino humana, al igual que en la visión de Daniel 2. La figura que Daniel 11:40-45 presenta ya no es más “un cuerno pequeño,” como en los capítulos 7 y 8, sino que es más bien la figura de un “rey”. Es interesante notar que en la visión de Daniel 8 el ángel Gabriel identificó el símbolo del “cuerno pequeño” (8:9-12) con un “rey” (8:23). Esta dualidad literaria, que primero presenta el símbolo del cuerno pequeño y luego lo identifica con un rey, es aprovechado por Daniel para conectar por un lado al cuerno pequeño de Daniel 8 con el “cuerno pequeño” de Daniel 7 y para conectar por el otro lado el término “rey” de Daniel 8 con el término “rey del norte” de Daniel 11:40-45. De esta manera Daniel, el receptor de la visión del capítulo 8, utilizó la figura del “cuerno pequeño” para unir por un lado a la visión de Daniel 8 con la visión del capítulo 7 y luego utilizó el significado del cuerno pequeño o el “rey” para unir por el otro lado a la visión de Daniel 8 con la visión de Daniel 10-12. De esta manera quedaron las tres visiones entrelazadas, por medio de la figura de “un cuerno pequeño” y del término “rey”. Este genio literario del profeta Daniel, de utilizar los símbolos y los términos linguísticos para dar a conocer a los actores de la etapa final de la historia de nuestro mundo, está en perfecta armonía con el carácter enigmático y revelador del mensaje de todo el libro. Si el estudiante analiza con cuidado cada una de las figuras y de las explicaciones de las distintas visiones notará que existen muchos puntos de conexión entre una visión y la otra, que hacen posible la identificación de los actores del drama, aunque se presenten bajo diferentes símbolos o disfraces.
En el libro de Daniel se observa que el
símbolo del “cuerno pequeño” de Daniel 7, la figura del “cuerno pequeño-rey”
de Daniel 8 y la figura del “rey del norte” de Daniel 11:36-45 se refieren a
la misma “institución” o “poderío,” que ha de actuar en la última escena del
drama mundial. Esta conclusión se puede entender mejor si se hace una
comparación de todas las características y actividades del “cuerno pequeño”
de Daniel 7 con las características y actividades del “cuerno pequeño-rey”
de Daniel 8. A continuación se hace una comparación de estos dos símbolos:
Esta comparación de las características y actividades del “cuerno pequeño” de Daniel 7 con las características y actividades del “cuerno pequeño-rey” de Daniel 8 demuestra que estos dos símbolos comparten la misma naturaleza y tienen el mismo objetivo. Por lo tanto estos dos símbolos tienen que referirse al mismo “poder” o a la misma “institución”. Además se observa en el libro de Daniel que estas mismas características y actividades del cuerno pequeño-rey de Daniel 8 y del cuerno pequeño de Daniel 7 son las mismas características y actividades del “rey del norte” de Daniel 11:36-45. Esta conclusión se puede confirmar al comparar las siguientes características y actividades de estos tres elementos simbólicos del libro de Daniel.
Como se puede observar en la lista de características y actividades que se presentó arriba, el “cuerno pequeño” de Daniel 7, “el cuerno pequeño-rey” de Daniel 8 y el “rey del norte” de Daniel 11:36-45 comparten las mismas características, realizan las mismas actividades y tienen el mismo fin. Aunque el capítulo 11 no expresa explícitamente quien destruye al “rey del norte,” se puede inferir por los versículos posteriores que Miguel lo destruye (12:1), ya que Miguel se levanta en el “tiempo del fin” para libertar a su pueblo de este enemigo mortal (12:1). No está por demás aclarar que estas tres figuras, aunque se refieren al mismo “poder” o “institución,” operan de manera específica durante diferentes períodos de la historia humana. El “cuerno pequeño” de Daniel 7 y el “cuerno pequeño-rey” de Daniel 8 actúan de manera específica antes del “tiempo del fin,” mientras que el “rey del norte” de Daniel 11:36-45 actúa durante el “tiempo del fin”. Hasta aquí se ha logrado ver que la estructura individual de las tres primeras visiones es de correspondencia temática alternada. Esto es, la descripción de las visiones y las respectivas explicaciones de los símbolos siguen el mismo orden progresivo de principio a fin. La posición de las visiones en la estructura general del libro de Daniel sigue un orden cronológico y temático-estructural. También se observa que cada visión, desde la primera de ellas (Cap. 2) hasta la última (Cap. 10-12), ofrece progresivamente más información detallada o específica. La primera visión del libro de Daniel (Cap. 2) es más general que la última visión de ese libro (Cap. 10-12). Este hecho se percibe en forma clara cuando se comparan las cuatro visiones de largo alcance, que llegan hasta el fin de la historia (Cap. 2, 7, 8, 10-12). Al comparar estas cuatro visiones se puede observar que la primera de ellas (Cap. 2) presenta una información más general que la segunda visión (Cap. 7); la segunda visión a su vez presenta una información más general que la tercera visión (Cap. 8); y la tercera visión presenta una información más general que la cuarta visión (Cap. 10-12). Además, al comparar el tiempo que cada una de estas visiones abarca, se nota que la primera (Cap. 2) y la segunda visión (Cap. 7) cubren el mismo período de tiempo, que abarca desde el reino de Babilonia hasta el fin del cuarto reino de Roma. Mientras que la tercera (Cap. 8) y la cuarta visión de largo alcance (Cap. 10-12) cubren un período histórico más corto que las dos primeras visiones, ya que el período que ellas cubren abarca desde el reino de Persia hasta la destrucción del cuerno pequeño o la destrucción del rey del norte que opera durante el cuarto reino de Roma. Tan sólo la visión del capítulo 9, que tiene la función específica de mostrar el inicio de los 2300 días y la gran obra del Mesías-Príncipe, no presenta ningún símbolo de la secuencia de los cuatro reinos, ni cubre el mismo período histórico de las visones de largo alcance. Alguien podría preguntar, ¿De que manera es la última visión (Cap. 10-12) más específica que las visiones anteriores? En primer lugar se puede señalar que la última visión concede más información detallada sobre el reino de Medo-Persia, Grecia y Roma. Por ejemplo, en la última visión se menciona que después del reinado de Ciro se levantarían cuatro reyes más en el reino de Medo-Persia (11:2), detalle que no se había mencionado en ninguna de las visiones anteriores. Otro detalle de la última visión es que por primera vez se presenta en ella el encuentro bélico entre los reyes del norte y del sur, durante la etapa de la división del tercer reino de Grecia (11:5-20, [21-34?]), que tampoco se había mencionado en ninguna de las visiones anteriores. De manera especial se puede destacar que el ángel le ofreció a Daniel más información específica concerniente a los nuevos eventos que se desarrollarían durante el período final del cuarto reino, conocido como “el tiempo del fin” (11:40-12:13). Además, el análisis literario de las cuatro visiones de largo alcance demuestra que así como la visión del capítulo 7 presenta nuevos elementos e información más específica que la primera visión (Cap. 2), así también la visión del capítulo 8 revela nuevos elementos y da información más específica que la segunda visión (Cap. 7). La última visión (Cap. 10-12), por supuesto, sigue la misma trayectoria de las visiones anteriores y presenta nuevos elementos e información más específica que Daniel 8. Algunos de los puntos más específicos de esta última visión, que no se habían mencionado en las visiones anteriores, son: La información detallada de la actividad del “rey del norte” durante el tiempo del fin (11:40-45), el tiempo de angustia cual nunca había existido (12:1), la liberación del pueblo de Dios (12:1), la resurrección de los muertos y la glorificación de los “entendidos” (12:3). Por último, se debería señalar que la cuarta visión de largo alcance es más específica que las visiones anteriores porque esta visión es la única visión que presenta el momento específico en que se inicia el “tiempo del fin” (12:7). En resumen se puede decir que el libro de Daniel es una obra histórica-profética que tiene una estructura de simetría concéntrica. La estructura de simetría concéntrica idiomática de este libro se puede ilustrar de la siguiente manera:
Como se puede observar en el esquema de arriba, el profeta Daniel utilizó el idioma Hebreo al principio y al fin de su libro y utilizó en el centro el idioma Arameo. Este arreglo estructural es conocido como estructura de simetría concéntrica. Además de esta estructura idiomática, el libro de Daniel tiene dos divisiones estructurales de orden genérico y temático. La primera división abarca los capítulos del 2-7 y la segunda corresponde a los capítulos del 8-12. La primera división ofrece una estructura de “simetría concéntrica” genérica y se puede ilustrar de la siguiente manera:
Se ha dicho que la estructura literaria de la primera parte del libro de Daniel es de “simetría concéntrica” por el simple hecho de que los primeros dos capítulos de ese libro (2-3) tienen correspondencia genérica y temática con los últimos dos capítulos de la primera división (6-7). Esto es, el capítulo 2 hace un paralelismo genérico y temático con el capítulo 7; el capítulo 3 con el capítulo 6; y en el centro se encuentra un paralelismo genérico y temático de los capítulos 4 y 5. El capítulo uno, que no aparece en la estructura de arriba, tiene la función de ser la introducción de todo el libro de Daniel. El centro de la estructura “concéntrica,” de la primera parte del libro de Daniel, presenta el juicio de Dios en contra de los reyes y del reino de Babilonia. Como es bien conocido, el centro de la estructura concéntrica hace resaltar el contenido o mensaje que allí se presenta. En este caso, el centro de la estructura resalta el tema del juicio divino que pone de manifiesto la autoridad y el poder de Dios para enjuiciar a los reyes y al reino de Babilonia. Este tema del juicio divino es de crucial importancia en la teología de la primera parte del libro de Daniel, ya que este mensaje se presenta una vez más en el capítulo 7 de Daniel. Este mensaje del juicio de Dios en contra de Babilonia le da confianza al lector de todos los tiempos de que así como Dios intervino para determinar el fin del reino de Babilonia, así también él intervendrá para poner fin a la arrogancia del “cuerno pequeño” o del “rey del norte” y por último establecer su propio reino en la tierra. Este mensaje de los capítulos 4 y 5 está en armonía con el mensaje de todas las demás visiones, de que el establecimiento del reino de Dios no puede llegar a ser una realidad sin que primero lleguen a su fin los cuatro reinos de la tierra. Así que el mensaje del juicio de Dios en contra de Babilonia, que pone fin a dicho reino, es un mensaje de aliento para el lector de todas las edades, de que las profecías del libro de Daniel son verdaderas y que se van a cumplir al pie de la letra. Este mismo mensaje del juicio le asegura al lector de que así como se cumplió la profecía sobre Babilonia, así también se cumplirán las otras profecías sobre los otros reinos restantes y por consecuencia el reino de Dios llegará a ser una realidad. La segunda parte del libro de Daniel abarca los capítulos del 8-12. Esta segunda parte, al igual que la primera, tiene una estructura de “simetría concéntrica”. A continuación se presenta la estructura de simetría concéntrica genérica de la segunda parte del libro de Daniel:
Así como la segunda parte del libro de Daniel tiene una estructura concéntrica genérica, así también la segunda parte tiene una estructura concéntrica temática:
En los esquemas de arriba se puede percibir que la visión del capítulo 8 y la visión de los capítulos 10-12 forman un paralelismo genérico y temático. De la misma manera se observa un paralelismo entre Daniel 9:1-23 y Daniel 10:1-9. Luego, en el centro de la estructura concéntrica, aparese la profecía de las 70 semanas donde se revela la llegada, el ministerio y la muerte del MESIAS-PRINCIPE. Este tema del Mesías es de suma importancia para la teología de la segunda parte del libro de Daniel. El cumplimiento de esta profecía le da credibilidad al mensaje de la segunda parte del libro de Daniel y le sirve como un sello que garantiza y asegura al lector que todas las profecías de la segunda parte del libro de Daniel son verdaderas y se cumplirán al pie de la letra. Algunas de las profecías de la segunda parte del libro de Daniel, que están en proceso de cumplimiento o que muy pronto se cumplirán, son: La purificación del santuario de Daniel 8:14, la intervención de Miguel a favor de su pueblo (12:1-3), el tiempo de angustia (12:1), la destrucción del cuerno pequeño-rey (8:25) o el rey del norte (11:45), la resurrección de los muertos (12:2) y la glorificación de los entendidos que brillarán como el resplandor del firmamento (12:3).
No hay lugar a dudas de que la estructura
literaria del libro de Daniel demuestra un plan bien definido y una unidad
de composición. De manera personal estoy convencido de que vale la pena
estudiar este libro con esmero y dedicación para saborear su contenido y
conocer el tiempo en que estamos viviendo de acuerdo al calendario
profético. El GENERO Y LA ESTRUCTURA DE DANIEL 12:5-13 Un análisis literario de Daniel 12:5-13 demuestra que esta sección no es independiente de la sección que le antecede (11:2-12:4). La realidad es que Daniel 12:5-13 está estrechamente relacionado con Daniel 12:1-4 y con Daniel 11:40-45. Un análisis de la última visión demuestra que Daniel 12:1-4 es la conclusión del discurso del ángel que confortó a Daniel (11:2-12:4) y está estrechamente relacionado con Daniel 12:5-13. Además, el análisis revela que la sección de Daniel 12:5-13 es la conclusión de la segunda parte del libro de Daniel (8:1-12:4) y de todo el libro en general. La profecía de Daniel 12:5-13 está conectada con la sección que le antecede (11:2-12:4) por la cláusula verbal “Entonces yo Daniel vi” y la palabra hebrea “hinné”. Esta palabra “hinné” tiene varias funciones literarias:
Esta llamada de atención, por medio de la palabra “hinné,” le indica al lector que la frase o el relato que sigue es de suma importancia y por lo tanto le debe prestar atención. Esta palabra “hinné” aparece diez veces en el libro de Daniel. Siete de ellas se encuentran en la última visión; cinco veces en el capitulo 10 (10:5, 10, 13, 16, 20), una vez en el capítulo 11 (11:2) y una vez en el capítulo 12 (12:5). Las otras tres veces restantes están en la visión del capítulo 8 (8:3, 5, 15). Un análisis literario de Daniel 12:5-13 revela que esta sección es un diálogo doble, en forma poética o semi-poética, que se realizó a orillas del río Hidekel (12:5; 10:4). La estructura del poema revela a su vez que Daniel 12:5-13 está ligado a la sub-sección poética que le antecede (12:1-4) y que ambas partes forman un poema de estructura “concéntrica”. Esto es, la primera estrofa del poema tiene una conexión lingüística o temática con la última estrofa; la segunda estrofa con la penúltima; la tercera con la antepenúltima y así sucesivamente. Este capítulo 12 de Daniel, arreglado en la forma de un poema de trece estrofas, se presenta a continuación. La linea de cada estrofa del poema se ha establecido siguiendo el método de O’Connor que, según W. Holladay, es el mejor método. De acuerdo a W. Holladay, el método de O’Connor establece que la línea de la estrofa de un poema debe ajustarse al siguiente criterio:
Una característica de la poesía hebrea clásica es el paralelismo o un par de líneas (bi-cola) que tienen cierta correspondencia la una con la otra. El paralelismo se caracteriza porque tiene la función de repetir, contrastar o expandir el pensamiento del poeta. La poesía hebrea además de usar el paralelismo como su unidad básica estructural, puede también utilizar tres líneas (tri-cola), cuatro líneas (tetra-cola) o más líneas. La presencia de la tri-cola en el verso bíblico, de acuerdo a Watson, es un indicador (pointer) inequívoco de la poesía hebrea (W. Watson, Classical Hebrew Poetry, p. 53). Los versículos de Daniel 12:1-13, hasta donde se ha podido constatar, contienen la mayoría de los indicadores amplios, estructurales y fonéticos de la poesía hebrea que se conocen hasta este momento (Watson, pp. 46, 47) y ellos ofrecen un poema de trece estrofas con una estructura “concéntrica”. A continuación se ofrece el contenido de Daniel 12:5-13, arreglado en forma de poesía.
1. En aquel tiempo él se levantará, (3) La estructura “concéntrica” de Daniel 12:1-13 se observa a través de ciertas “palabras pares” que el escritor usó en cada estrofa y que forman un paralelismo distante entre la primera y la última estrofa, la segunda y la penúltima y así sucesivamente. Por ejemplo, la primera estrofa utiliza la palabra “tiempo” que forma una “palabra par” con la palabra “días” de la última estrofa. Las dos palabras idénticas (tiempo/días), que aparecen en la segunda estrofa y en la penúltima estrofa, forman un paralelismo distante entre ellas. Lo mismo sucede con la tercera estrofa y la antepenúltima estrofa. La cuarta estrofa tiene la palabra “entendidos” que forma un paralelismo distante con la palabra idéntica “entendidos” de la cuarta estrofa en orden inverso; esto es, contando desde la última estrofa hacia el centro del poema. Luego, la quinta estrofa utiliza la frase “tiempo del fin” que forma un paralelismo distante con la misma expresión de la quinta estrofa en orden inverso. La sexta estrofa utiliza la expresión “el fin de las maravillas” que forma un paralelismo distante con la expresión similar “fin de estas [maravillas]” de la sexta estrofa en orden inverso. Finalmente, en el centro de la estructura de simetría concéntrica se encuentra la expresión: Tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo. Esta estructura concéntrica de Daniel 12:5-13 se puede percibir mejor de una manera gráfica o visual. A continuación se presenta este esquema estructural que tiene como base el paralelismo distante de las palabras pares de cada estrofa.
La forma estructural de simetría concéntrica de Daniel 12:1-13 se puede percibir no solo en base a las palabras pares, sino también en base a los temas que allí se desarrollan. El esquema temático se puede presentar como sigue:
Esta estructura “concéntrica” de Daniel 12:1-13, que está basada en palabras pares y en temas que allí se desarrollan, demuestra que el período de un “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” ocupa un lugar central en el poema del capítulo 12. Este período profético es clave para determinar el punto exacto en que el “tiempo del fin” debe comenzar como también del inicio del proceso del cumplimiento profético que conduce al “fin de las maravillas”. Si no existiera este juramento del “varón vestido de lino” difícilmente se podría saber en que momento de la historia se iniciaría tanto el “tiempo del fin” como el proceso del cumplimiento de “las maravillas”. Sobre estos dos puntos se hablará mas adelante en la exégesis de este pasaje. Captar la estructura de “simetría concéntrica” de Daniel 12:1-13 es muy importante porque ayuda al estudiante de este poema a ubicar, dentro de la historia, los eventos que allí se describen. Si uno analiza la primera parte de la estructura “concéntrica,” desde la primera estrofa hasta la sexta, notará que los eventos que allí se mencionan son escatológicos y corresponden al período del “tiempo del fin” (12:1-6). Lo mismo se nota en la segunda parte de la misma estructura poética (12:8-13). Los eventos que allí se mencionan son también escatológicos y corresponden al “tiempo del fin”. Tan sólo el período de un “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo”; que aparece en el centro de la estructura “concéntrica”, está ubicado estructuralmente y exegéticamente antes del “tiempo del fin”. Este período de un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo es una referencia histórica que sirve para señalar el comienzo del “tiempo del fin” y del proceso profético que conduce al “fin de las maravillas” (12:6). Esta clasificación del tiempo, como “antes del tiempo del fin” y “tiempo del fin, se puede ilustrar de la siguiente manera:
No hay lugar a dudas que la estructura de Daniel 12:1-13 ayuda al lector a ubicar en la historia los eventos importantes que allí se mencionan. Además de esto, la estructura ayuda a percibir la relación linguística y temática que existe entre Daniel 12:5-13 y la sub-sección que le antecede (12:1-4). A través de la estructura del poema se nota claramente que Daniel 12:1-4 está estrechamente relacionado, de manera linguística y temática, con Daniel 12:5-13. El análisis literario que se hizo de la última visión (10:1-12:4) demostró que Daniel 12:1-4 no tan sólo está conectado con Daniel 12:5-13, sino que también lo está con Daniel 11:40-45. La conexión de Daniel 12:1-4 con Daniel 11:40-45 se realiza por medio de la frase “en aquel tiempo” de Daniel 12:1, que hace alusión a la expresión “tiempo del fin” de Daniel 11:40. Esta frase ‘tiempo del fin” es exclusiva de la segunda parte del libro de Daniel y se menciona dos veces en Daniel 11 (35, 40) y dos veces en el poema de Daniel 12 (12:4, 9). Estas referencias al “tiempo del fin,” que se mencionan en Daniel 11:40 y en Daniel 12:4, 9, muestran la relación linguística y temática que hay entre Daniel 11:40-45 y Daniel 12:1-13. El poema de Daniel 12:1-13 presenta un tema dominante que resalta en casi todas sus estrofas. Este hecho se puede observar en el uso de ciertos vocablos o frases (sustantivos, verbos y preposiciones) y en la frecuencia o cantidad de veces en que éstos términos son usados. Algunas de esas palabras son `et (tiempo), yomim (días), mo`ed (tiempo), le (hasta) y `ad (hasta). Los términos y la frecuencia de su uso subrayan el hecho de que el énfasis del poema es el “tiempo,” pero de manera específica el “tiempo del fin” (`et qes). El género literario de Daniel 12:5-13 se puede clasificar como profecía apocalíptica bíblica. Esta clasificación genérico-literaria se basa en la siguiente jerarquía:
En base a esta jerarquía literaria, Daniel 12:5-13 no puede ser clasificada de manera exclusiva como apocalíptico, ya que no cumple con todos los requisitos de la definición moderna de ese género. De igual manera, el libro de Daniel tampoco debería ser clasificado como un apocalipsis, ya que difícilmente se podría probar que esta obra es de carácter seudónimo y pseudo-profético, como lo es la literatura apocalíptica judía. Por lo tanto, ni el libro de Daniel ni la profecía de Daniel 12:5-13 deberían ser clasificados de esa manera. Sería mejor clasificar a esta sección del libro de Daniel como profecía apocalíptica bíblica, ya que Daniel 12:5-13 comparte con varias características de la profecía clásica bíblica y de la literatura apocalíptica judía. Ahora, sin más preliminares pasaremos a ofrecer una exégesis de Daniel 12:5-13.
UNA EXEGESIS DE DANIEL 12:5-13 Daniel 12:5-13, desde el punto de vista literario, contiene dos diálogos que expresan un mensaje profético-escatológico. En otras palabras, estos versículos presentan una información netamente escatológica que tiene que ver con el “tiempo del fin”. Esta sección cumple la función de ser el epílogo de la última visión de Daniel y de todo el libro que lleva su nombre. Aunque Daniel 12:5-13 es el epílogo de todo el libro, de ninguna manera es independiente de la última visión, sino que está estrechamente conectado con la sección que le antecede (11:2-12:4). Los dos diálogos de Daniel 12:5-13 son dos escenas de un mismo episodio que se desarrolló en las márgenes del río Hidekel. Los participantes de estos dos diálogos son: (1) Un ángel, (2) Daniel y (3) el “varón vestido de lino”. En estos diálogos el ángel y Daniel son los interrogadores o las personas que hacen las preguntas. El “varón vestido de lino” es el interrogado o la persona a quien se le hacen las preguntas y a su vez las responde. Los dos diálogos son relativamente cortos y se presentan en dos escenas. En la primera escena el ángel pregunta: “¿Hasta cuándo será el fin de las maravillas?” (12:6). Luego, el “varón vestido de lino” le responde:
“Ciertamente hasta un tiempo, tiempos y la
mitad de un tiempo; En la segunda escena Daniel hace su propia pregunta: “Señor mío, ¿Qué será el fin de estas [maravillas]?” (12:8). Luego, el “varón vestido de lino” le responde:
“Anda Daniel, Con esta respuesta del “varón vestido de lino,” a la pregunta de Daniel, se pone punto final a los dos diálogos (12:5-13), a la última visión (10:1-12:13), a la segunda parte del libro de Daniel (8:1-12:13) y a todo el libro de Daniel.(1:1-12:13). El presente estudio exegético de Daniel 12:5-13, tiene como objetivo entender el mensaje escatológico de esta sección. Por lo tanto se hará un análisis gramatical de la pregunta del ángel (12:6), de la pregunta de Daniel (12:8) y de las respectivas respuestas del “varón vestido de lino” (12:7, 9-13). Además, esta exégesis hará un estudio léxico-estadístico de ciertas palabras claves, que se utilizan en las preguntas y respuestas, con el propósito de conocer sus significados probables de acuerdo al uso que se les dio en el Antiguo Testamento. Además, esta exégesis de Daniel 12:5-13 hará un estudio sintáctico de las preguntas y respuestas que allí se encuentran, para que se pueda determinar con seguridad el significado apropiado de las palabras y en conformidad con la sintaxis o función gramatical que ellas ocupan. De manera especial se estudiará la frase interrogativa `ad matay (hasta cuándo) y los sustantivos qes (fin) y pelaot (maravillas) de la pregunta del ángel. También se estudiará la preposición le (por, hasta), la conjunción ke (cuando, tan pronto como), y las palabras mo`ed (tiempo), kalah (terminar) y tiklena (llegará a su fin) de la respuesta del “varón vestido de lino”. Luego se analizará la pregunta de Daniel, prestando atención especial a la partícula interrogativa mah (qué) y al sustantivo ’aharit (fin). Por último se dará consideración a la segunda respuesta del “varón vestido de lino,” especialmente a las frases o palabras `et qes (tiempo del fin), hattamid (la continuidad), shiqqus shomem (la abominación asoladora), “1290 días” y “1335 días”. Ahora pasemos a analizar la pregunta del ángel y a tratar de entender el significado de su pregunta.
Entonces uno preguntó al varón vestido de
lino, La pregunta del ángel, al “varón vestido de lino,” se inicia en el lenguaje hebreo con una frase compuesta por la preposición `ad (hasta) y el adverbio interrogativo temporal matay (cuándo). Esta frase interrogativa se ha traducido en algunos idiomas de tal manera que el énfasis semántico recae en la “duración del tiempo” en lugar de recaer en su “terminación”. Este fenómeno se nota en las Biblias donde se ha traducido la frase interrogativa `ad matai: ¿cuánto tiempo?, en lugar de ¿hasta cuándo?. La frase interrogativa `ad matay aparece 28 veces en el Antiguo Testamento. Un estudio estadístico del uso de esta frase en el Antiguo Testamento corrobora lo que ya se insinuó anteriormente, de que el énfasis de ad matay debe recaer en la “terminación” del tiempo y no en su “duración”. Esta conclusión se observa de manera clara en Daniel 8:13, donde también se usa la frase ad matay. Allí se puede notar que el énfasis de la frase interrogativa `ad matay no recae tanto en la “duración” del tiempo de la visión sino en su “terminación”. Esta interpretación de la frase interrogativa `ad matay encuentra apoyo también en la respuesta del ángel palmony (Dan 8:14). La respuesta fue: “Hasta 2300 días, entonces el santuario será purificado.” (Dan 8:14). Nótese bien que la respuesta del ángel se inicia con la preposición hebrea `ad (hasta). De acuerdo a la gramática hebrea, cuando esta preposición cumple una función temporal, como en este versículo, su significado es “hasta” y no “durante”. Además, el hecho de que el ángel haya utilizado en su respuesta la conjunción waw (entonces), después de la información temporal de los 2300 días, indica que el “ángel” entendió que el énfasis de la pregunta interrogativa `ad matay estaba en la “terminación” del tiempo y no en su “duración”. Estos dos elementos de la respuesta del “ángel,” el uso de la preposición `ad (hasta) y el uso de la conjunción waw (entonces), confirman la conclusión presentada arriba de que el énfasis de la frase interrogativa `ad matay debe recaer en la “terminación” del tiempo y no en su “duración”. Después de la frase interrogativa `ad matay le sigue el substantivo qes (fin). Este substantivo hebreo aparece 67 veces en el Antiguo Testamento. Unas quince veces, de las 67, aparece en el libro de Daniel. De acuerdo a su uso en el Antiguo Testamento, la palabra qes puede significar “fin” o “extremo final”. El sustantivo qes, dependiendo del contexto, puede referirse al “fin” de un territorio (2 Reyes 19:23, Isaías 37:24, Je 50:26, etc.), al “fin” de la vida humana (Gen. 6:13, Salmos 39:4, Dan. 11:45) al “fin” de un período (Gen. 8:6, Ex. 12:41, Dan. 1:15, 18), al “fin” o “destrucción” de una ciudad o reino (Lam. 4:18, Ez 7:3, Habacuc 2:3, Je 51:13, Dan 9:26) y al “fin” absoluto de la historia (Dan. 8:19, 12:6, 13). En todos estos versículos el substantivo qes tiene el significado de “fin”, “extinción” o “extremo final”. Sin embargo, el tipo o la clase de “fin” a la cual el escritor se refiere, es determinado mayormente por el contexto y no tan sólo por la palabra qes. En el caso de la pregunta del ángel (12:6), el contexto exige que el sustantivo qes tan sólo signifique el “fin” o el “extremo final” de “las maravillas,” que tendrán que cumplirse en el “tiempo del fin”. Las maravillas, de la pregunta del ángel, es la traducción del substantivo hebreo happelaot. ¿A que clase de “maravillas” se refiere el ángel en su pregunta? La concordancia hebrea registra este substantivo 13 veces en el Antiguo Testamento. Doce, de las trece veces, el substantivo pele’ (maravilla) está relacionado con los actos o la palabra de Dios. Diez veces fue utilizado de manera positiva (1) para referirse a los actos extraordinarios de Dios (Ex. 15:11, Sal. 77:12, 15; 78:12; 88:11, 13; 89:6; Isa. 25:1), (2) para referirse a su nombre (Isa. 9:6) y (3) para referirse a su testimonio (Sal. 119:129). Por el otro lado, el substantivo pele’ fue utilizado en dos ocasiones de manera negativa para referirse a un acto futuro (Isa 29:14) y a un acto pasado (Lam 1:9) de la destrucción de Jerusalén. Por lo tanto, de acuerdo al uso de esta palabra en el Antiguo Testamento, el substantivo pele’ de Daniel 12:6 puede tan sólo referirse a los “actos extraordinarios” de Dios en el “tiempo del fin”. Estas “maravillas” o “actos extraordinarios de Dios” pueden ser de un carácter positivo o de un carácter negativo. Esto es, las maravillas de la pregunta del ángel pueden referirse a actos de salvación o a actos de destrucción. Algunos de esos actos referidos en la pregunta del ángel podrían ser: La destrucción del “rey del norte” (11:45), la liberación del pueblo de Dios (12:1), la resurrección de los muertos (12:2) y la glorificación de los entendidos (12:3). En resumen, se puede decir que la frase interrogativa `ad matay (¿Hasta cuándo?) expresa el deseo del ángel de conocer más bien el punto final del cumplimiento de las maravillas o eventos escatológicos, que su duración. El sustantivo qes, de acuerdo a su uso en el Antiguo Testamento, tiene el significado de “fin,” “extremo final” o “extinción”. El “fin” puede estar relacionado con un objeto, un territorio, la vida, el tiempo o algún evento. Además, el substantivo “maravillas,” en el Antiguo Testamento, fue usado mayormente con Dios y en relación a eventos extraordinarios de carácter positivo o negativo, de salvación o destrucción. En otras palabras, la pregunta del ángel expresa el interés que este tenía de saber en que momento de la historia se terminarían o se cumplirían los hechos extraordinarios de Dios, que él mismo u otro ángel le habían dado a conocer a Daniel en la última visión (11:40-12:4). Algunos de esos hechos extraordinarios, de acuerdo al contexto de la pregunta, podrían ser la destrucción del “rey del norte” (11:45), el levantamiento de Miguel (12:1), la liberación del pueblo de Dios (12:1), la resurrección de los muertos (12:2), y la glorificación de los entendidos (12:3). Siendo que el ángel Gabriel ya le había revelado a Daniel los eventos finales de la historia, ahora le tocaba a él o a otro ángel preguntarle al “varón vestido de lino” en que momento de la historia se terminarían de cumplir.
La respuesta del “varón vestido de lino,”
a la pregunta del ángel, fue la siguiente: La respuesta del “varón vestido de lino,” a la pregunta del ángel, comienza en la Biblia Hebrea con la conjunción ki (12:7). Esta partícula gramatical tiene varias funciones en el lenguaje hebreo. Una de sus tantas funciones es la función “recitativa” que equivale a las “comillas” modernas. En esta función, la conjunción ki puede servir para citar o introducir una declaración directa. Otra de las funciones de la partícula ki es la función afirmativa. Si la función de la conjunción ki en este pasaje es recitativa, entonces esta conjunción no debería traducirse; pero si su función es afirmativa, entonces debería traducirse “ciertamente”. La mayoría de los eruditos se inclinan más en aceptar la función afirmativa de ki que en aceptar su función recitativa En el texto Hebreo, después de la conjunción ki aparece la preposición “le” (por, hasta) unida al substantivo mo`ed. La preposición le, al igual que las otras preposiciones del lenguaje hebreo, tiene varias funciones sintácticas y varios significados. De allí que es muy importante que se entienda bien la sintaxis y el uso de esta preposición en su contexto, para que no se malentienda su significado, ni se la traduzca de manera equivocada. En este pasaje la preposición “le” indica dirección y tiene la función sintáctica “terminativa” de un proceso; por lo tanto debería traducirse “hasta” (up to), como se la ha traducido correctamente en Daniel 12:13. Lamentablemente la mayoría de las versiones latinoamericanas de la Biblia traducen la preposición Hebrea le (Daniel 12:7) “por,” en lugar de la preposición correcta “hasta”, indicando de esta manera que el énfasis de la frase interrogativa `ad matay está en la duración del tiempo, y no en su terminación. Esta práctica, como ya se ha visto, está equivocada. La palabra hebrea mo`ed (tiempo), en la pregunta del ángel, está unida a la preposición “le” y aparece en el Antiguo Testamento 224 veces. Esta palabra fué utilizada frecuentemente en el Antiguo Testamento para “designar un lugar o determinar un tiempo”, sin considerar el propósito de la designación o determinación (TWOT, p. 388). La palabra mo`ed aparece en el Antiguo Testamento unas 145 veces en compañía de la palabra ‘ohel para referirse a la “tienda de reunión” del santuario terrenal. El resto de las veces, el término se utilizó para referirse al tiempo de las fiestas solemnes del pueblo de Israel (Lev. 23:2, 3, 4; Deut. 31:10), al tiempo del nacimiento de un niño (Gen 17:21; 21:2), al tiempo de la emigración de los pájaros (Je. 8:7), al tiempo en que caería una plaga (Ex. 9:5) y al tiempo en que se cumpliría una visión (Habacuc 2:3). La palabra mo`ed, en el caso de las fiestas anuales y de la migración de los pájaros, involucra la idea de un ciclo anual, pero esa idea no aparece en los otros usos de ese término. La palabra mo`ed, además de determinar un “tiempo” o designar un “lugar,” puede también determinar una “señal” (Jueces 20:38). Si esta idea está presente en la palabra mo`ed de Daniel 12:7, entonces el “varón vestido de lino” utilizó la expresión “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” no tan sólo para determinar un tiempo, sino también para determinar la señal del comienzo del “tiempo del fin” y del proceso de ese período profético que llegaría hasta el “fin de las maravillas” o el fin de la historia. En la Biblia Hebrea se observa que después de la expresión “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” aparece la conjunción hebrea waw (y, entonces). Esta conjunción, cuando se utiliza después de una información de tiempo, se debería traducir “entonces,” como en Daniel 8:14. Además, se observa en la Biblia Hebrea que después de la conjunción hebrea waw (y, entonces) le sigue la preposición hebrea ke (cuando, tan pronto como), la cual está unida al verbo infinitivo kalah (terminar). La preposición ke, en este versículo, tiene una función temporal y por lo tanto expresa un punto exacto de tiempo. Cuando esta preposición acompaña a un infinitivo, como en este caso, debería traducirse “tan pronto como”. El verbo infinitivo que acompaña a la preposición ke (tan pronto como), como ya se dijo anteriormente, es el término kalah. La raíz del verbo kalah aparece 207 veces en el Antiguo Testamento. La idea básica de esta raíz verbal es “terminar” o “traer un proceso a su fin”. Este verbo se utilizó en el Antiguo Testamento tanto en forma positiva como en forma negativa. Se dice que este verbo ha sido usado en forma positiva cuando tiene el significado de añadir hasta el punto de llenar un objeto o completar una acción. Por el otro lado, se dice que el verbo está empleado en forma negativa cuando tiene el propósito de indicar que a un objeto se le quitó hasta el punto que se consumió o no le quedó nada. El verbo kalah fue utilizado en el Antiguo Testamento en forma positiva para indicar que una casa se terminó o completó de edificar (2 Cron. 8:16). El mismo verbo se utilizó en forma positiva para indicar que una persona terminó de hablar (Gen 17:22), de comer (1 Reyes 1:41), de beber (Gen 24:19), etc. Por el otro lado, el verbo fue utilizado en forma negativa para indicar la destrucción de una persona o de un objeto (Isa 1:28; 29:20; Deut. 7:22; Je 16:4). El tiempo y la duración de la acción es determinado por la forma verbal y por la preposición que lo acompaña. En este caso particular, como ya se vio, el verbo kalah es un infinitivo que está precedido por la preposición ke, por lo tanto la acción del verbo es puntual y debería traducirse “tan pronto como se termine” o “tan pronto como se haya terminado”. La cláusula parentética de la respuesta del “varón vestido de lino,” que se inicia con la preposición ke (tan pronto como), sirve para aclarar que tan pronto como se hubiere terminado” la dispersión del pueblo de Dios, que sería provocada por la persecución del cuerno pequeño de Daniel 7:25, “todas estas [maravillas] llegarán a su fin” o se “cumplirán” (Dan 12:7). La frase “todas estas,” de la respuesta del “varón vestido de lino,” se refiere a “las maravillas” de la pregunta del ángel (12:6). La expresión “llegarán a su fin” (12:7) se refiere al tiempo en que “las maravillas,” que fueron predichas por el ángel (11:40-12:4), terminarían de cumplirse. La forma verbal tiklena (llegarán a su fin) es el futuro del verbo kalah. Este verbo, como ya se vió anteriormente, tiene el significado de “terminar” o “hacer que un proceso llegue a su fin”. La forma verbal del futuro, en el hebreo bíblico, también puede indicar la sucesión de acciones o eventos. En otras palabras, la expresión “llegarán a su fin” está indicando que los eventos o “las maravillas” que fueron referidas por la frase “todas estas,” son eventos posteriores a los “tres tiempos y medio” y a la cesación “del esparcimiento del poder del pueblo santo”. La respuesta del “varón vestido de lino,” desde el punto de vista sintáctico, es similar a la respuesta de Daniel 8:14: “Hasta 2300 días, entonces el santuario será purificado.” El uso de la preposición le (hasta) y de la conjunción waw (entonces) en la respuesta del “varón vestido de lino” (12:7) y en la respuesta del ángel palmony (8:14) tienen la función de indicar que tanto la purificación del santuario de Daniel 8:14 como el cumplimiento de las maravillas de Daniel 12:7 son un proceso que comienza con la terminación del período de tiempo que los introduce y “llegarán a su fin” o “terminarán de cumplirse” en el tiempo que Dios así lo determine o crea conveniente. Siendo que la pregunta del ángel fue: ¿Hasta cuándo será el fin de las maravillas? El “varón vestido de lino” respondió: “Ciertamente hasta un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo; entonces, tan pronto como se haya terminado de dispersar el poder del pueblo santo, todas estas [maravillas] llegarán a su fin” o “se cumplirán”. En otras palabras, la cláusula parentética de la respuesta del “varón vestido de lino” tiene la función de explicar que tanto la terminación de los tres tiempos y medio como la cesación de la dispersión del poder del pueblo santo son paralelos y terminan juntos; entonces, tan pronto como el período de los tres tiempos y medio y la cesación de la persecución hubieren terminado, comenzaría el proceso del cumplimiento de las maravillas hasta su total cumplimiento. Este período final de la historia de nuestro mundo, que comienza con la terminación de los “tres tiempos y medio” y durante el cual se cumplen todas las maravillas de la respuesta del “varón vestido de lino,” se conoce en el libro de Daniel como el “tiempo del fin” (8:17; 11:35, 40; 12:4, 9). Daniel indicó explícitamente que no entendió la respuesta del “varón vestido de lino”. De allí que él se atrevió a formular su propia pregunta. Esa pregunta de Daniel es la que nos toca analizar ahora.
Yo escuche, más no entendí.
Daniel 12:8 dice que Daniel escuchó la
respuesta del “varón vestido de lino,” pero que no la entendió. ¿Porqué
razón? No se expresa. Sea como fuere, Daniel se atrevió a formular su propia
pregunta. La pregunta de Daniel, al “varón vestido de lino,” comienza en la
Biblia Hebrea con la partícula interrogativa mah. Esta partícula puede
significar “¿qué?,”cuál? o ¿cómo?. En el Antiguo Testamento, esta partícula
fue utilizada para preguntar el nombre de alguien o para hacer preguntas que
tienen que ver con personas (Ex. 16:7-8; Num 16:11; Ez. 19:2), cosas o
eventos (Za. 1:9,19;4:4, 11). En el contexto de la pregunta de Daniel, mah
fue usado para preguntar por un evento o por las circunstancias de ese
evento. Inmediatamente después de la partícula interrogativa mah le sigue la palabra hebrea ’aharit (fin). El término ’aharit es un substantivo femenino singular y ha sido traducido “fin” en varias versiones de la Biblia. Esta palabra aparece 60 veces en el Antiguo Testamento. Como sustantivo puede significar “descendencia” (Salmos 37:38; Dan. 11:4), “remanente” (Amos |