
Cuando los Reyes Van a la GuerraAbominación Desoladora Segunda Parte
Lección 12 Para el 18 de Diciembre del 2004 |
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En el libro de Daniel hay dos expresiones cúlticas que trataré de interpretar de acuerdo al contexto en que aparecen. La primera es la "abominación desoladora" (shiqqusim meshomem, hashshiqqus meshomem y shiqqus shomem) de Daniel 9:27; 11:31 y 12:11. La segunda es 'el continuo' (tamid) que se encuentra en Daniel 8:11-13; 11:31 y 12:11. [esta ultima será analizada la semana que viene --Los Editores] La abominación desoladora. Con estos pensamientos en mente comencemos nuestro estudio tratando de entender, en primer lugar, la expresión "abominación desoladora". Pero antes de continuar desearía que quedara bien claro que esta interpretación es tentativa. La presento con el ardiente deseo de estimular la investigación y el estudio de la Palabra de Dios que es la antorcha que alumbra en la oscuridad, hasta que el día amanezca. Lo primero que quiero hacer notar es que nuestro Señor Jesucristo hizo referencia a la "abominación desoladora" anunciada por el profeta Daniel, en su sermón escatológico (Mal. 24:15; Mar. 13:14; cf. Luc. 21:20), que tenía que ver con el fin de la nación judía como pueblo de Dios, incluyendo a la ciudad de Jerusalén y el santuario, y que también tiene que ver con el fin del mundo. En otras palabras, el sermón del Señor Jesús en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 tiene un doble cumplimiento. El primero ya tuvo lugar en los eventos que culminaron con la destrucción de Jerusalén y del santuario en el año 70 d. C. El segundo tendrá lugar en los eventos que van a culminar con la destrucción del mundo. Estas dos grandes crisis fueron predichas por nuestro Señor Jesús para contestar las dos preguntas que le hicieron sus discípulos. La primera tenía que ver con el tiempo de la destrucción del templo: "¿Cuándo sucederán estas cosas?" Y la segunda tiene que ver con eventos indicadores de la segunda venida de Jesús: "¿Cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?" La señora White, al comentar sobre el sermón escatológico del Señor Jesús, declaró: "La profecía del Señor entrañaba un doble significado; al par que anunciaba la ruina de Jerusalén, presagiaba también los horrores del gran día final" (CS., pág. 28). La misma autora, en otro de sus libros, escribió: "En su amonestación a sus discípulos, Jesús no consideró por separado la destrucción de Jerusalén y el gran día de su venida. Combinó la descripción de estos dos acontecimientos. Si hubiese revelado a sus discípulos los acontecimientos futuros como los contemplaba él, no habrían podido soportar la visión. Por misericordia hacia ellos, fusionó la descripción de las dos grandes crisis, dejando a los discípulos estudiar por sí mismos el significado. Cuando se refirió a la destrucción de Jerusalén, sus palabras proféticas llegaron más allá de este acontecimiento hasta la conflagración final de aquel día en que el Señor se levantará de su lugar para castigar al mundo por su impiedad, cuando la tierra revelará sus sangres y no encubrirá más sus muertos. Este discurso entero no fue dado solamente para los discípulos, sino también para aquellos que iban a vivir en medio de las últimas escenas de la historia de esta tierra" (El Deseado de todas las gentes, págs. 581, 582). Está claro, pues, que el sermón profético tiene doble cumplimiento. Ahora tratemos de ver cuál es el significado de la expresión "abominación desoladora" de Daniel 9:27, a la cual se refirió nuestro Señor Jesús en su sermón escatológico. Para lograr este objetivo debemos descubrir primero cómo utilizaron los autores del Antiguo Testamento o la Biblia Hebrea, la palabra "abominación" (shiqqus). Aquí cabe mencionar que en el idioma hebreo hay tres palabras que se traducen al español como "abominación". La primera de ellas es ebah, que se utiliza en el área de la ética moral. La segunda es sheqes que, por lo general, se usa en relación a las comidas no limpias o inmundas (Lev. 11:13, 20, 23; 41, 42. La tercera y última es shiqqus que siempre se utiliza en conexión con prácticas idolátricas, ya sea que se refiera al ídolo en sí (Jer. 16:18) o a alguna otra cosa relacionada con el ritual idolátrico. De estas tres palabras hebreas que se traducen como "abominación", la que más nos interesa comprender es shiqqus, porque ese es el término que se utiliza en los versículos de Daniel 9:27; 11:31; 12:11. Para confirmar este punto de vista veamos algunos ejemplos del uso del término shiqqus en el Antiguo Testamento. En 1 Reyes 1 1:5 dice: "Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable (shiqqus) de los amonitas". También. en el versículo 7 dice: "Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable (shiqqus) de los hijos de Amón" (véase también 2 Rey. 23:13). Es muy claro en estos dos pasajes que shiqqus tiene que ver con un ídolo pagano. En Ezequiel 11:18 la misma palabra, aunque en plural, se relaciona con la idolatría: "Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones" (shiqqusim). Lo mismo ocurre en 11:21: "Mas aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus idolatrías y de sus abominaciones, yo traigo su camino sobre sus propias cabezas, dice Jehová el Señor". A la luz de estos ejemplos se puede ver que las palabras "abominación" shiqqus y "abominaciones" shiqqusim están ligadas a un ídolo o ídolos u otra cosa relacionada con el ritual idolátrico. Ahora surge la pregunta, ¿qué es entonces la "abominación desoladora" de Daniel 9:27, referida por nuestro Señor en su sermón escatológico? La respuesta no puede ser otra que esa "abominación" tiene que referirse a los ídolos de Roma o a algún otro elemento de Roma relacionado con el culto idolátrico. Si alguno pregunta, ¿por qué Roma? Respondemos, porque ese es el poder que destruye el santuario en Daniel 8 y 9. Esta respuesta concuerda con el siguiente comentario de la señora White: "Y el Salvador advirtió a sus discípulos: 'Por tanto, cuando viereis la abominación del asolamiento, que fue dicha por Daniel, profeta, que estará en el lugar santo (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes' (Mat. 24:15, 16; Luc. 21:20). Tan pronto como los estandartes del ejército romano idólatra fuesen clavados en el suelo sagrado, que se extendía varios estadios más allá de los muros, los creyentes en Cristo debían huir a un lugar seguro. Al ver la señal preventiva, todos los que quisieran escapar debían hacerlo sin tardar" (CS., págs. 28, 29). Queda establecido, entonces, que la "abominación desoladora", de la cual habló nuestro Señor Jesús tiene que ver, en su primer cumplimiento, con "los estandartes idolátricos del ejército romano" clavados en el suelo sagrado alrededor de la ciudad de Jerusalén. Pero, ¿qué haremos con la interpretación de san Lucas que intercambia la expresión "abominación desoladora" por "un ejército"? (Luc. 21:20). El problema se resuelve si tomamos en cuenta que ese ejército tenía estandartes idolátricos que eran el símbolo de la autoridad romana. Esta interpretación está en armonía con el uso de la palabra shiqqus (abominación) en el Antiguo Testamento. Antes de ver qué será la "abominación desoladora" del segundo cumplimiento o del tiempo del fin, tratemos de descubrir el significado probable de la palabra 'continuo'. La abominación desoladora del tiempo del fin Ahora veamos el significado de la "abominación desoladora" del tiempo del fin o de los últimos días. Comenzamos nuestra argumentación diciendo que nuestro Señor Jesús hizo referencia a la "abominación desoladora" en su sermón escatológico. También dijimos que dicho sermón tiene doble cumplimiento. Que el primero tuvo lugar en el pasado y que el segundo lo tendrá en el futuro. Vimos también que la "abominación desoladora" del primer cumplimiento tuvo que ver con los estandartes idolátricos del ejército romano que eran el símbolo de la autoridad del imperio romano pagano. Ahora nos toca investigar el significado de la "abominación desoladora" del tiempo del fin. Todo estudioso sincero y diligente del libro de Daniel encontrará en las profecías de dicho libro que Dios reveló al profeta toda la historia de nuestro mundo, desde su tiempo hasta la venida de nuestro Señor en gloria y majestad. También encontrará en dichas profecías que en el transcurso de esa historia se levantarían cuatro grandes imperios: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma (Dan. 2). Hallará, además, que el cuarto o último imperio sería dividido y que de ese reino saldría un "cuerno pequeño" que dominaría por "tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (Dan. 7:25). Según la interpretación de la mayoría de nuestros eruditos, ese "cuerno pequeño" simboliza a la Roma papal que, en una forma u otra, impuso su poder sobre los "santos del Altísimo" desde el año 538 hasta 1798 d. C. Este mismo poder, a nuestra manera de ver, está representado por el "rey" de Daniel 1 1:36-45, por el "hombre de pecado" de 2 Tesalonicenses 2:1-12 y por la "bestia" que sube del mar de Apocalipsis 13:1-10. Es en el capitulo 13 de Apocalipsis donde encontramos que esa potencia recibiría una herida de muerte, pero que ésta se curaría (Apoc. 13:3). Este simbolismo de herida y sanamiento nos indica que aunque ese poder recibió una herida de muerte en 1798, cuando le quitaron su poderío, también resur-giría de nuevo con el mismo poder, o aún mayor, a tal punto que los habitantes de la tierra, maravilla-dos, le rendirían culto (Apoc. 13:3, 4). Si esta interpretación es correcta, entonces ese poder polítco-religioso que está representado por el "cuerno pequeño" de Daniel 7:24-26 y por el "rey" de Daniel 11:36-45 existirá cuando se levante Miguel y el mundo sea sumido en una angustia tal que jamás hombre alguno haya conocido (Dan. 12:1). En otras palabras, ese poder político-religioso estará activo en el "tiempo del fin" (et qes) o en la última parte de la historia de nuestro mundo. Según Daniel 11:40-45, es en el "tiempo del fin" cuando ese poder entraría "a la tierra gloriosa". Es en ese tiempo cuando se apoderaría "de los tesoros de oro y plata". Es en ese tiempo cuando "noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos". Es en ese tiempo cuando "plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo". Es también en ese "tiempo del fin" cuando Miguel se levantará, cuando ocurrirá el tiempo de angustia y la resurrección especial (Dan. 12:1-3). De paso, es esta porción de Daniel 11:40 al 12:3 que se le dijo al profeta que sellara hasta el "tiempo del fin" (et qes, Dan. 12:4). La expresión temporal "tiempo del fin" (et qes), es exclusiva del libro de Daniel (Dan. 8:17; 11.-35, 40; 12:4, g). Sin embargo, la palabra qes (fin) por sí sola aparece en otros libros del Antiguo Testamento; y por el uso que se le da en esa sección de la Biblia, se puede concluir que ese término tiene un significado escatológico. Por ejemplo, en Amós 8:2 qes indica el fin del reino de Israel del norte; y en Ezequiel 7:2, 6 qes indica el fin del reino de Judá (véase también Habacuc 2:3). En base a estos ejemplos, y al contexto de la visión de Daniel 8, me inclino a pensar que en Daniel 8:17 la expresión "tiempo del fin" puede referirse al fin de la nación judía como pueblo de Dios y también al período final de la historia de nuestro mundo. En cambio, en otros contextos la expresión "tiempo del fin" no puede referirse más que al período final de la historia humana que ha sido determinado por Dios (Dan. 11:40-12:4). De acuerdo a la señora White "el tiempo del fin" de Daniel 12:4 comenzó en 1798. Notemos sus palabras: "Pero la parte de su profecía que se refería a los últimos días, debía Daniel cerrarla y sellarla 'hasta el tiempo del fin'" (C&, págs. 404, 405). Y pocas líneas más adelante, añadió: "Pero desde 1798 el libro de Daniel ha sido desfilado, la ciencia de las profecías ha aumentado y muchos han proclamado el solemne mensaje del juicio cercano" (Ibíd). Al llegar a esta parte de nuestro estudio es muy importante notar que el profeta Daniel, antes de concluir su libro, nos comenta que oyó a uno que estaba en la orilla del río preguntarle "al varón vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin (qes) de estas maravillas?" (Dan. 12:6). A lo cual respondió el "varón vestido de lino" que será "por tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (Dan. 12:7). La pregunta del ángel dirigida al "varón vestido de lino" se puede entender de dos maneras. Dependiendo del contexto, la expresión hebrea ad matay puede significar "hasta cuándo" o "cuánto tiempo". Por la forma gramatical de la respuesta que le dio "el varón vestido de lino" al ángel, me parece que la pregunta de éste fue la siguiente: ¿Cuánto tiempo será el fin de estas maravillas?, y la respuesta del "varón vestido de lino" fue: "Por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo" (Dan. 12:7). Si mi interpretación es correcta, las maravillas de la pregunta del ángel son las maravillas de "el fin" (qes) del "tiempo del fin" (et qes). Sin embargo, Daniel declara que él oyó pero no entendió. De allí que él mismo se atrevió a preguntar: "¿Cuál será el fin (aharit) de estas cosas?" (Dan. 12.8). En otras palabras, ¿qué evento ocurrirá en la "parte final" (aharit) correspondiente a las maravillas? A pesar de que le dijeron a Daniel que estas cosas estaban cerradas y selladas hasta el tiempo del fin" (Dan. 12:9), le dieron una respuesta: "Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados..." (Dan. 12:10). Además, siendo que Daniel preguntó por un evento, el "varón vestido de lino" añadió: "Desde el momento que sea quitado el continuo (tamid) y se establezca la abominación desoladora (shiqqus shomem) habrá mil doscientos noventa días" (Dan. 12:11). Es en este contexto de la visión de la historia que debemos entender la "abominación desoladora" y el "continuo" de Daniel 12:11. En otras palabras, este "continuo" y esta "abominación desoladora" todavía van a tener su cumplimiento en la "parte final" (aharit) del "tiempo del fin" (et qes). Como ya hemos comentado anteriormente, la palabra "abominación" (shiqqus) tiene que ver con la idolatría, ya sea que se refiera a los ídolos o a alguna otra cosa ligada con el culto pagano. Por lo tanto, la "abominación desoladora" de Daniel 12:11 también tiene que referirse a un ídolo o ídolos o a alguna otra cosa ligada con el culto idolátrico. Por lo tanto, la "abominación desoladora" de Daniel 12:11 también tiene que referirse a un ídolo o ídolos o alguna otra cosa relacionada con la idolatría. Por el contexto de la visión, es muy probable que esta "abominación" de Daniel 12:11 tenga algo o mucho que ver con el "rey" de Daniel 11:40-45, que es el mismo poder de Apocalipsis 13. Si esto es así, entonces la "abominación" de Daniel 12:11 se refiere a un día que está relacionado con la idolatría, o sea el día domingo, que es el signo o marca de la autoridad de la Roma Papal. Esta conclusión concuerda con la siguiente declaración de la señora White: "Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción del poder de parte de nuestra nación, con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas" (Servicio cristiano, pág. 200). Conclusión En resumen, propongo tentativamente que Daniel 12:11 predice que cuando se ponga a un lado el culto del Dios verdadero, representado en el sábado como "parte del fundamento mismo del culto divino" para establecer el signo de la autoridad papal o el día domingo, que es un día relacionado con el culto idolátrico, "habrá 1,290 días" (Dan. 12:1 l). "Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días" (Dan. 12:12). Estos días, en el contexto de la visión y de la historia, no pueden ser otra cosa que días literales. Con esta interpretación de Daniel 12:11 en mente, reflexionemos en las siguientes dos citas de la señora Elena G. de White: "Durante seis mil años, la obra de la rebelión de Satanás 'hizo temblar la tierra. El convirtió el mundo en un desierto, y destruyó sus ciudades; y a sus prisioneros nunca los soltaba para que volviesen a casa. Durante seis mil años, su prisión (la tumba) ha recibido al pueblo de Dios, y lo habría tenido cautivo para siempre, si Cristo no hubiese roto sus cadenas y libertado a los que tenía presos" (Id., págs. 717, 718). "La obra de destrucción de Satanás ha terminado para siempre. Durante seis mil años obró a su gusto, llenando la tierra de dolor y causando penas por todo el universo. Toda la tierra gimió y sufrió en angustia. Ahora las criaturas de Dios han sido libradas para siempre de su presencia y de sus tentaciones" (Id., págs. 731, 732). Si la interpretación de Daniel 12:11 que hemos presentado es correcta, y las últimas dos citas de la señora White señalan el tiempo que Dios ha determinado para toda la historia de la humanidad, entonces el tiempo disponible que tiene la iglesia del Dios vivo para prepararse y predicar el Evangelio antes del decreto dominical, es corto. Quiera el Dios del cielo ayudamos a entender en -qué momento de la historia nos encontramos. Ojalá que en esta etapa crucial de la historia no caigamos en el legalismo del pueblo judío que pretenda amar la ley de Dios pero rechazó al Mesías. Ojalá que tampoco caigamos en el libertinaje del pueblo "cristiano" que pretende amar al Señor Jesús pero pisotea la santa ley de Dios. Recordemos: "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apoc. 14:12). Nota: Las conclusiones de este artículo no reflejan necesariamente la posición tradicional de la iglesia en cuanto a la interpretación de este aspecto particular del texto. Tampoco representa la posición de esta revista. Lo publicamos para que, como el autor mismo espera, sirva de estímulo a mayores reflexiones y estudios que, a su vez, puedan conducirnos a una mayor comprensión de la brevedad del tiempo.
Doctor Samuel Núñez La Revista Ministerio Adventista Septiembre-Octubre de 1992.
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