|
Mientras enseñaba teología en el seminario adventista de Francia,
tuve una discusión con un pastor adventista italiano sobre la
actitud negativa de toda Europa contra los militares en Argentina.
Era en plena época de guerra sucia. Yo creía en ese tiempo que los
europeos juzgaban el cuadro en forma unilateral. Ese pastor, sin
embargo, entendió mi punto pero me abrió los ojos de la siguiente
manera. Me dijo, en esencia, que “el mundo aceptaría aun a
regañadientes que los militares argentinos llevasen al pelotón de
fusilamiento a sus opositores, a condición de que los juicios fuesen
abiertos y verificables”.
Nuestra pregunta hoy es la siguiente.
-
Si el mundo no acepta que desaparezcan personas sin poder saber
por qué los condenaron, ¿aceptaría el universo algo diferente de
Dios? ¿Podría descansar la creación celestial en paz con un Dios
que hace y deshace sin explicación alguna, basándose simple y
puramente en su Omniciencia y Sapiencia infinitas?
En Dan 7 asistimos a una obra de crimen terrible por parte del
“cuerno pequeño” contra “los santos del Altísimo” que se cumplió
durante la Edad Media de una manera asombrosa y al mismo tiempo
espantosa. Lo que procuraron hacer los militares argentinos durante
la guerra sucia fue repetir lo que durante más de mil años hizo el
papado romano en su peor fase mediante los tribunales de la
Inquisición. Juzgaron en secreto a millones de inocentes, los
torturaron y condenaron sin darles posibilidad alguna de defenderse,
en una farsa religiosa aparatosa que ultrajó al “Hijo del Hombre” y
a toda su intercesión celestial.
La hora debía llegar, sin embargo, en que los papeles se
invirtiesen. Los seguidores del Cordero que murieron “por causa de
la Palabra de Dios y el testimonio que tenían” recibirían
vindicación (Apoc 6:9-10). La corte celestial les asigna al final
las ropas blancas, ya antes de su resurrección, puesto que deben
esperar en la tumba (“descansando”), hasta que se complete el juicio
de los vivos en la última generación, la de los 144,000 (Apoc 6:11;
7:3-8; véase 14:13). Al ser vindicados “los santos del Altísimo”
delante del universo en la corte celestial, queda claro que el
“cuerno” malvado y opresor, el anticristo mismo, no debe prevalecer,
y es destruido en la Segunda Venida de Cristo.
1. Problemas de algunos para aceptar la doctrina bíblica del juicio
investigador
Hasta el presente, la única iglesia en el mundo que predica la
existencia de un juicio investigador es el pueblo de Dios previo a
la Segunda Venida de Cristo es la Iglesia Adventista del Séptimo
Día. Tal doctrina bíblica ha sido atacada por varios motivos que
desconocen la razón o propósito de tal juicio en el universo, y se
basan en falsos conceptos acerca de lo que realmente creemos los
adventistas. La doctrina del juicio investigador que Dios confió a
la Iglesia Adventista está destinada, al mismo tiempo, a corregir
falsos conceptos acerca de la justificación por la fe que imperan
especialmente en los medios evangélicos. ¿Cuáles son esos conceptos
falsos que hay en el mundo cristiano y que deben ser confrontados
con el juicio investigador? Consideremos, en primer lugar, dos
puntos básicos.
a) La presunción de creer que “una vez salvo, se es siempre
salvo”. De esta manera, muchos cristianos evangélicos pretenden
que el juicio final debe darse únicamente sobre los impíos que nunca
se convirtieron.
-
Respuesta:
-
Eze 33:12-13: “La justicia del justo no
lo librará el día que se rebelare...; el justo no podrá vivir
por su justicia el día que pecare. Cuando yo dijere al justo, de
cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad,
todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su
iniquidad que hizo”.
-
Los que proclaman que al convertirse al Señor ya son salvos
y siempre salvos, caen en una presunción arriezgada que Dios
a través de Ezequiel define con el término “confiado” y que
en la expresión popular se expresa como “dormirse en los
laureles”.
-
Jesús en el Apocalipsis advierte contra esa tendencia al
repetir a cada iglesia su promesa de compartir su herencia,
en términos condicionales e individuales: “Al que venza...”
Jesús no se está refiriendo a los que nunca se convirtieron,
sino a las siete iglesias, dando a entender que no todos sus
miembros se salvarán, y que habrá un juicio de los que
forman parte del pueblo de Dios para determinar quiénes
recibirán la herencia prometida (Apoc 2:7,11,17,26;
3:5,12,21; 21:7).
-
Lo mismo podemos decir de la parábola del que entró en la
boda sin vestido adecuado y al que, por consiguiente, se
expulsó para ser destruido en medio del lloro y crujir de
dientes.
-
Sal 7:8: “Juzga, oh Eterno, a los pueblos; júzgame conforme a mi
justicia y a mi integridad”.
-
David no consideraba que por haber arreglado sus cuentas con
Dios, iba a quedar libre del juicio investigador celestial.
Con un criterio semejante Pablo entendió que “todos hemos de
comparecer ante el tribunal de Cristo..., de manera que cada
uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí” (Rom 14:10-12; Heb
4:13). Pablo no se está refiriendo a los impíos que nunca se
convirtieron, sino a los destinatarios de su carta
juntamente con él.
-
Ecl 12:14: “Dios traerá toda obra a juicio, todo lo escondido,
sea bueno o malo”.
-
No sólo las obras malas sino también las buenas deben ser
revisadas en juicio. Esto lo confirmó el apóstol Pablo en 2
Cor 5:10: “Porque todos debemos comparecer ante el tribunal
de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho
cuando estuvo en el cuerpo, sea bueno o malo.”
-
“Porque en este día... seréis limpios de todos vuestros
pecados delante del Eterno” (Lev 16:30).
-
Mat 12:36-37: “Os digo que en el día del juicio, los hombres
darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen. Porque por tus
palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.
b) Pretender que no estamos seguros de nuestra salvación y que
nos justificamos por las obras
-
Respuesta:
-
Mentira. Porque “el justo vivirá por la fe” (Rom
1:17), esto es, no confiado en sus justicias, sino en las
promesas de salvación de Aquel que es fiel, y que cumplirá lo
que prometió (Heb 10:23). El negarlo es caer en la presunción de
creer que no podemos caer, es dormirse en un campo de batalla (Ef
6:10-18), es desconocer la naturaleza humana y la lucha entre el
espíritu y la carne que tendremos hasta que venga el Señor (Rom
8; 1 Cor 15:50-58), es ignorar el proceso de santificación que
acompaña al de justificación y culmina en la glorificación final
(1 Cor 1:30; 1 Tes 4:3; Heb 12:10), etc.
2. El propósito del juicio investigador de Dan 7:9-10,13-14
En un intento de volver a Egipto, a la presunción, a una esclavitud
que presume ser mejor que la verdadera libertad que otorga el Señor,
Desmond Ford intentó en la década de los 80 reafirmar el error
evangélico que busca eliminar toda idea de juicio y negar la verdad
adventista que advierte sobre el juicio y la importancia de guardar
la ley de Dios. Recientemente un hijo espiritual inesperado suyo,
Carlos Espinosa, está intentando vindicar a Ford y vindicar la
presunción de los evangélicos sobre la justificación, en algunos
comentarios que está haciendo a las lecciones de la Escuela Sabática
que en este trimestre estudian el libro de Daniel. Convendrá ahora,
por consiguiente, que expongamos la unilateralidad de su mensaje, ya
que volverá a ser crucial al momento de estudiar el capítulo 8 de
Daniel.
-
Lo que corresponde considerar aquí es si el juicio celestial de
Dan 7 tiene que ver con la vindicación de los santos mediante
una investigación de sus vidas registradas en los libros del
cielo, o la condenación del “cuerno” opresor sin que intervenga
un análisis de la vida de los que serán vindicados. Lo que
corresponderá considerar en Dan 8 es si lo que contamina el
santuario que debe ser purificado y/o vindicado son los pecados
confesados del pueblo de Dios o los pecados blasfemos del cuerno
que ataca el santuario.
a) El juicio de Dan 7 vindica al “Hijo del Hombre”
Dan 7:13-14: El “Hijo del Hombre” no viene a la tierra en esta
visión, sino que comparece ante la corte celestial delante del Juez
del Universo, para recibir “dominio, y gloria y reino”, de tal
manera que “todos los pueblos, naciones y lenguas” le sirvan.
-
Si la cuarta bestia de Dan 7 se refiere al imperio romano, el
“cuerno pequeño” que se hace más grande que sus compañeros (los
diez de las naciones europeas), entonces la escena de juicio que
aquí se describe no puede referirse a la ascensión de Cristo en
la inauguración del santuario celestial. Para negar el juicio
investigador final, Desmond Ford y Carlos Espinosa se vieron y
ven obligados a adoptar la propuesta pagana de Porfirio con la
cual combatió el cristianismo de los primeros siglos, y de los
intérpretes liberales y escépticos de los tiempos modernos que
parten de la base de que toda profecía es “vaticinia post-eventum”,
es decir, que no existen profecías sobre el futuro.
-
El mundo apóstata de hoy, que prefirió creer que nuestros
antepasados fueron el mono o el gorila para poder desterrar de
la mente la idea de comparecer ante un Padre celestial en una
corte final de juicio, busca desterrar además, con diferentes
interpretaciones, la idea de tener que comparecer delate del
Juez de todo el universo para rendirle cuentas sobre lo que
hicieron en este mundo.
-
Los cristianos que
terminaron entrando en esa perspectiva apóstata, tratan de negar
igualmente la advertencia bíblica del juicio investigador que
Dios encomendó al último remanente, pretendiendo que por aceptar
a Cristo no necesitan que se les revise la autenticidad de esa
profesión de fe. De esa manera le niegan también al Hijo del
Hombre y a su Padre el derecho y el privilegio de ser vindicados
delante del Universo, no solamente por la obra de Creación (Rev
4), sino también por la obra de Redención (Rev 5). No se dan
cuenta que no alcanza con destruir al diablo y a los malvados
dirigentes judíos y a los soldados romanos por lo que le
hicieron al Hijo de Dios, sino que también debe vindicarse la
labor admirable de intercesión que el Cordero de Dios estuvo
llevando a cabo durante siglos en el santuario celestial (véase
Rom 3:4; 8:33-34; Ef 2:6-7; 3:10; 1 Ped 1:12). [Mientras que el
diablo quiere probar ante el universo que el sacrificio e
intercesión del Hijo de Dios no sirvieron para nada (Zac 3:3;
Apoc 12:10), la corte celestial debe verificar si sus
acusaciones tienen valor o no, y cuán honorable es la obra de
salvación del Hijo de Dios].
b) El juicio de Dan 7 vindica a “los santos del Altísimo”
Dan 7:11,22,26-27: “El tribunal se sentó en juicio, y los libros
fueron abiertos... y pronunció juicio en favor de los santos del
Altísimo. Y vino el tiempo, y los santos poseyeron el reino... Y el
reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el
cielo, serán dados al pueblo de los santos el Altísimo, cuyo reino
es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”.
-
La comparecencia del Hijo del Hombre—alguien que así como se
identificó en la tierra como el Hijo de Dios ante la mayor corte
terrenal de entonces (Dan 3:25), se identifica ahora con nuestra
especie humana ante la mayor corte del universo—tiene como
propósito también vindicar a los que lo confiesan en la tierra,
y negar a los que lo niegan por temor al peligro o por cualquier
presunción que fuese (Mat 10:32-33; Apoc 3:5).
-
Los que niegan que los libros que son abiertos contienen todos
los hechos del pueblo de Dios, buenos o malos, sino sólo los
pecados del “cuerno” blasfemo y opresor, ignoran no solamente la
teología del sacrificio y del santuario en el Antiguo
Testamento, sino también los numerosos pasajes que describen los
libros del cielo con los pecados del pueblo de Dios, y la
necesidad de que sean borrados por la corte final de juicio.
Véase A. R. Treiyer, The Day of Atonement and the Heavenly
Judgment. From the Pentateuch to Revelation (Siloam Springs,
1992), cap. 5; Las Promesas Gloriosas del Santuario (lecciones
1-10), 1994; Los Cumplimientos Gloriosos del Santuario
(lecciones 1-10), 1997.
-
La vindicación de los
santos oprimidos no se da únicamente por la ejecución de los
opresores. Numerosos pasajes bíblicos muestran que primero viene
la vindicación de la justicia de los hijos de Dios y, como
consecuencia, se castiga al imperio terrenal que los condenó.
-
¿Qué es lo que
pretenden los que quieren negar un análisis justo y fehaciente
del pueblo de Dios en una corte final y celestial? ¿Pretenden
dar a los justos condenados por la Inquisición Romana el
beneficio de la duda? ¿No abriría eso las puertas para que los
que los condenaron requieran también delante del universo el
beneficio de la duda por lo que les hicieron, debido a que no se
probó la inocencia de los santos? ¡No! Dios prometió que sacará
a luz las justicias de su pueblo, y nadie tendrá dudas sobre su
fidelidad e integridad delante de Dios y del universo entero
(Sal 7:8). El universo quedará libre de toda duda con respecto a
Dios, su Hijo, su pueblo y los que se perderán. Por eso dijo
Pedro que el juicio debe comenzar “por la casa de Dios; y si
primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que
no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Ped 4:17).
-
Zac 3:1-5: Al vindicar al pueblo de Dios en la persona de su
Sumo Sacerdote, la corte celestial condena a Satanás y a toda su
cohorte terrenal y celestial. Como resultado, la maldad que le
es quitada se la envía al imperio opresor, Babilonia, como lo
hacía el macho cabrío por Azazel después que los pecados del
pueblo de Dios habían sido quitados del santuario terrenal (Lev
16:20ss; Zac 5:5-11). Los malhechores de entre el pueblo de Dios
que no participaron del cambio de ropas de su sumo sacerdote (de
la purificación del santuario), son también destruidos como los
que no participaron del espíritu de humillación del Día de la
Expiación (Lev 23:29-30; Zac 5:1-4).
-
Miq 7:8-10: La vindicación del pueblo de Dios que se levanta de
su pecado y del castigo consiguiente que debió sufrir por él
viene primero. La destrucción de sus enemigos se da como
resultado de esa vindicación divina. En la vindicación del
pueblo de Dios, Dios juzga a su pueblo, saca a luz sus justicias
y le hace justicia. El Señor vuelve a compadecerse en la corte
final desterrando su pecado como en el Día de la Expiación y en
la visión de Zacarías (Miq 7:18-29).
-
Mal 3:16-18: Se escribe “un libro de memoria ante él (Dios) en
favor de los que temen al Eterno”. Como resultado, se puede ver
la diferencia entre el justo que es vindicado, y el malo que es
condenado. La corte celestial no halla “mentira en sus bocas”
(Apoc 14:5), ya que “guardan los mandamientos de Dios y tienen
la fe de Jesús” (v. 12; véase 1 Jn 2:4).
-
Primero viene el
juicio investigador que tiene como propósito vindicar a los
santos del Altísimo. Luego viene la recompensa que consiste
en recibir el reino (Dan 7:18,22,26-27). Al probarse la
inocencia de los santos que fueron condenados por los
tribunales humanos apóstatas y corrompidos de la tierra, el
imperio opresor es condenado y destruido (v. 26). ¿No
resulta ridículo pensar que Dios va a juzgar a los jueces
que condenaron a los santos, sin juzgar primero a los santos
y demostrar su inocencia, para entonces juzgar a los
criminales de su pueblo?
-
Los afligidos y
condenados injustamente por causa de la Palabra de Dios y el
testimonio de Jesús, se sentarán finalmente en juicio con el
Señor en esa corte celestial para juzgar a sus jueces y
verdugos terrenales durante el milenio, y determinar la
medida exacta de su castigo según sus obras (Apoc
20:4,12-15). Serán “reyes”, porque el pecado no se
enseñoreará más de ellos, ni tendrán que sufrir la
condenación y opresión de un poder blasfemo y cruel que “los
vencía”. Por el contrario, ellos reinarán sobre los que
pretendieron ser reyes sobre ellos, y los condenarán.
Conclusión
El mensaje y advertencia del
juicio investigador celestial y final está destinado a corregir la
creencia de que los mandamientos de Dios no están más en vigencia, y
la noción expresada en una canción popular de burla francesa: “No
importa lo que hagas, total, todos iremos al paraíso”. El problema
del adulterio no se resuelve negando el juicio final por el hecho de
haberse convertido al Señor, sino confesando la falta, apartándose
de ella, y confiando en la fidelidad divina de volver a tener
misericordia a la hora del juicio (Miq 7:18-19). En lugar de
ilusionarse con salvarse a toda costa porque alguna vez se recibió
el evangelio, haríamos bien en meditar en pasajes como los que Pablo
y Pedro dirigieron no pura y simplemente a los incrédulos, sino al
mismo pueblo de Dios.
-
Gál 6:7-10: “No os engañéis, nadie puede burlarse de Dios. Todo
lo que el hombre siembre, eso también segará. El que siembra
para su carne, de la carne segará corrupción. Pero el que
siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No
nos cansemos, pues, de hacer el bien, que a su tiempo segaremos,
si no desfallecemos. Así, según tengamos oportunidad, hagamos el
bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe”.
-
1 Cor 6:9-10: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino
de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni
los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los
ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes,
ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.
-
1 Ped 2:19-22: “Les prometen libertad, cuando ellos mismos son
esclavos de la corrupción... Si después de haberse alejado de
las impurezas del mundo, por el conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo, se enredan de nuevo en ellas, y son
vencidos, su último estado viene a ser peor que el primero.
Mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la
justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del
santo Mandamiento que les fue dado. Les sucede lo del proverbio
tan cierto: ‘El perro se volvió a su vómito, y la puerca lavada
a revolcarse en el lodo’”.
|