CBA Daniel 7

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Comentario Bíblico Adventista

Daniel 7

Introducción  1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12


Bosquejo


Biblias Paralelas

Cortesía de Ministerios PM

El Comentario Bíblico Adventista está basado en la versión Reina – Valera (revisión de 1960)

_________________

 

Vs.

Reina Valera 1960 (RVR60)

Nueva Versión Internacional (NVI)

La Biblia de las Américas (LBA)

Reina Valera 1995 (RVR1995) Dios Habla Hoy (DHH)

1

1 EN   EL primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto.

       

2

2 Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar.

       

3

3 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar.

       

4

4 La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre.

       

5

5 Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne.

       
6

6 Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio.

       
7

7 Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos.

       
8

8 Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía Ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.

       
9

9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.

       
10

10 Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el juez se sentó, y los libros fueron abiertos.

       
11

11 Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego.

       
12

12 Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.

       
13

13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.

       
14

14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

       
15

15 Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.

       
16

16 Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas.

       
17

17 Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra.

       
18

18 Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre.

       
19

19 Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies;

       
20

20 Asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía Ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros.

       
21

21 Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,

       
22

22 Hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó 846  el tiempo, y los santos recibieron el reino.

       
23

23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará.

       
24

24 Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará.

       
25

25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.

       
26

26 Pero se sentará el juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin,

       
27

27 y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.

       
28 28 Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón.        

 

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Comentarios

 


Versículo 1.

Primer año de Belsasar.

Debiera advertirse que Daniel no presenta los materiales de su libro en estricto orden cronológico. Los acontecimientos de los cap. 5- 6 transcurrieron después de los que se registran en el cap. 7, pero sin duda por razones de continuidad se completa la narración histórica en los cap. 1- 6. Ver La Nota Adicional del cap. 5 en cuanto a la identidad y el lugar histórico ocupado por Belsasar.

Tuvo Daniel un sueño.

Literalmente, "vio un sueño". El Señor, mediante un sueño, dio a Daniel una vívida visión de la historia futura del mundo.

La profecía del cap. 7 cubre esencialmente el mismo lapso histórico que el sueño del cap. 2, y ambos abarcan desde los días del profeta hasta el establecimiento del reino de Dios. Nabucodonosor vio los poderes mundiales representados por una gran imagen de metal; Daniel los vio mediante el simbolismo de bestias y cuernos y vio también ciertos aspectos de la historia relacionados con las vicisitudes del pueblo de Dios y el cumplimiento de su plan. El tema del cap. 2 es esencialmente político. Fue dado, en primer lugar, para informar a Nabucodonosor y para conseguir su cooperación con el plan divino (ver com. cap. 2: 1). " relación del pueblo de Dios con las cambiantes escenas políticas no era el tema de esa profecía. La profecía del cap. 7, como las del resto del libro, fue dada especialmente para el pueblo de Dios, a fin de que éste entendiera su parte en el plan divino a través de todos los siglos. La inspirada profecía de los acontecimientos futuros fue dada teniendo el gran conflicto entre Cristo y Satanás como telón de fondo. Los esfuerzos del archienemigo de las almas para destruir a "los santos" fueron desenmascarados y la victoria final de la verdad fue asegurada.

Escribió.

Para que se pudiese conservar para las generaciones futuras.

Lo principal del asunto.

Las palabras arameas que así se traducen son especialmente difíciles de poner en castellano. La palabra que se traduce "principal" es re`sh, que significa "cabeza", o "comienzo". El griego de la LXX dice eis kefálaia lógon, que puede ser interpretado como "resumen". Evidentemente lo que significa esta expresión es que Daniel anotó e informó el contenido principal del sueño. Ehrlich traduce esta frase: "los detalles importantes".


Verso 2.

Vientos.

Del Arameo rúaj, equivalente al hebreo rúaj, que tiene una variedad de significados, tales como "aire" (Jer. 2: 24, donde se ha traducido "viento"), "aliento" (Job 19: 17), "espíritu" humano (Sal. 32: 2), "Espíritu" divino (Sal. 51: 12) y "viento" (Exo. 10: 13). Metafóricamente la palabra se usa también para referirse a cosas vacías o vanas (Jer. 5: 13). Cuando se la usa en una visión simbólica, como aquí, la palabra parece indicar actividad o alguna forma de energía, determinándose su naturaleza exacta por el contexto. Por ejemplo, los "vientos" de la visión simbólica de Ezequiel, que hicieron revivir los esqueletos secos, representaban la energía divina que hacía revivir a la muerta nación de Israel (Eze. 37: 9-14). Los "vientos" de Daniel que combatían en el gran mar, haciendo surgir cuatro bestias -o imperios- representaban a aquellos movimientos -diplomáticos, bélicos, políticos o de otra índole- que habrían de determinar la historia de ese período.

Los "cuatro vientos" provenientes de los cuatro puntos cardinales, representaban sin 847 duda la actividad política en diversas partes del mundo (Jer. 49: 36; cf. Dan. 8: 8; 11: 4; Zac. 2: 6; 6: 5).

Combatían.

Arameo guaj, que significa "agitar". La forma del verbo sugiere acción continuada.

El gran mar.

No se especifica ningún cuerpo de agua, tal como el mar Mediterráneo. El mar es aquí un símbolo de las naciones del mundo, el "gran mar" de la humanidad en todos los siglos (Apoc. 17: 15; cf. Isa. 17: 12; Jer. 46: 7)


Verso 3.

Cuatro bestias.

No se deja librada a la especulación la aplicación del símbolo. Según el vers. 17, las cuatro bestias representan "cuatro reyes que se levantarán en la tierra". En vez de "reyes" la LXX, Teodoción y la Vulgata dicen "reinos". La cuarta bestia es llamada específicamente "un cuarto reino" (vers. 23) que sigue a los "otros reinos". Por lo general se acepta que estas cuatro bestias representan los mismos cuatro poderes simbolizados por la imagen metálica del cap. 2.

Diferentes.

La diferencia de la cual se habla aquí había sido ilustrada por los diferentes metales presentados (cap. 2: 38-40).

Subían.

Las potencias mundiales que se representaban no ejercieron su poder en forma simultánea, sino sucesiva.


Verso 4.

León... alas de águila.

Un símbolo muy adecuado para representar a Babilonia. El león alado se halla en las obras de arte babilónico. Era común la combinación de león y águila: generalmente un león con alas de águila, a veces con garras o pico; otra combinación parecida era el águila con cabeza de león. El león alado es una de las formas de ese animal-símbolo que a menudo se representa combatiendo junto a Marduk, el dios patrono de Babilonia. Respecto a estas combinaciones de león y águila, ver S. H. Langdon, Semitic Mythology ("The Mythology of All Races", t. 13), pp. 118, 277-282, y la fig. 51 frente a p. 106 (león alado), y pp. 116-117, (águila con cabeza de león); ver también las ilustraciones de varias bestias mixtas en L. E. Froom, Prophetic Faith of Our Fathers, t. I, pp. 50, 52.

Otros profetas se refirieron al rey Nabucodonosor por medio de figuras semejantes (Jer. 4: 7; 50: 17, 44; Lam. 4:19; Eze. 17: 3, 12; Hab. 1: 8). El león como rey de las fieras y el águila como reina de las aves representaban adecuadamente al Imperio de Babilonia en el apogeo de su gloria. El león se destaca por su fuerza, mientras que el águila es famosa por el vigor y el alcance de sus vuelos. El poder de Nabucodonosor se sintió no sólo en Babilonia, sino desde el Mediterráneo hasta el golfo Pérsico, y desde el Asia Menor hasta Egipto. Por eso es adecuado representar el alcance del poder de Babilonia con un león dotado de alas de águila.

Arrancadas.

El león ya no podía volar como águila para alcanzar su presa. Esto se refiere indudablemente al tiempo cuando reyes menos poderosos siguieron a Nabucodonosor en el trono de Babilonia, gobernantes durante cuya administración Babilonia perdió gloria y poder. Algunos han sugerido también que esto es una posible referencia a la última parte de la vida de Nabucodonosor, cuando durante siete años le fue quitado no sólo el poder sino también la razón (cap. 4: 31-33).

Se puso enhiesta sobre los pies.

Un león erguido como un hombre indica la pérdida de las cualidades distintivas de un león.

Corazón de hombre.

El apodo del rey Ricardo, "corazón de león", indicaba valor y osadía poco comunes. A la inversa, un león "con corazón de hombre" señalaría cobardía y timidez. En sus años de decadencia Babilonia se debilitó a causa de la riqueza y el lujo, y cayó presa del reino medo-persa.

Algunos piensan que la expresión "corazón de hombre" representa la desaparición de la característica animal de voracidad y ferocidad y la humanización del rey de Babilonia. Tal interpretación podría aplicarse a Nabucodonosor después de su vivencia humillante, pero no sería una representación apropiada del reino en sus últimos años


Verso 5.

Un oso.

El Imperio Persa, o Medo-Persa, corresponde con la plata de la imagen (ver com. cap. 2: 39). Como la plata es inferior al oro, así también en algunos respectos el oso es inferior al león. Sin embargo, el oso es cruel y rapaz, características que se le atribuyen a los medos en Isa. 13: 17-18.

De un costado.

El intérprete (vers. 16) no explica este detalle de la visión. Sin embargo, al comparar con el pasaje del cap. 8: 3, 20 pareciera que se indica claramente que el reino estaba. compuesto de dos partes. De los medos y los persas, los últimos llegaron a tener el poder dominante unos pocos años antes de que el imperio dual conquistara a Babilonia (ver com. cap. 2: 39).

Tres costillas.

No se mencionan estas costillas 848 en la interpretación (vers. 17-27), pero muchos comentadores las han considerado como símbolo de los tres principales poderes que fueron conquistados por el Imperio Medo-Persa: Lidia, Babilonia y Egipto (ver com. Isa. 41: 6).

Le fue dicho.

No se identifica al que habla


Verso 6

Semejante a un leopardo.

El leopardo es un animal feroz y carnívoro, notable por su velocidad y la agilidad de sus movimientos (ver Hab. 1: 8; Ose. 13: 7).

El poder que habría de seguir al Imperio Persa se identifica en el cap. 8: 21 como "Grecia" . Esta "Grecia" no debe confundirse con la Grecia del período clásico, ya que ese período precedió a la caída de Persia. La "Grecia" que figura en Daniel corresponde con el imperio semigriego y macedónico de Alejandro Magno (ver com. cap. 2: 39), que dio comienzo a la época que conocemos como período helenístico. Antes de Alejandro no se podría hacer referencia al "rey primero" (cap. 8: 21) de un imperio griego, como "un rey valiente" que tenía "gran poder" (cap. 11: 3).

En 336 a. C. Alejandro heredó el trono de Macedonia, Estado semigriego en la frontera norte de Grecia. El padre de Alejandro, Filipo, ya había unido bajo su dominio a la mayoría de las ciudades-estados de Grecia por el año 338 a. C. Alejandro demostró su temple al aplastar revoluciones en Grecia y Tracia. Después de haber restablecido el orden en su propio reino, Alejandro se lanzó a la tarea de conquistar el Imperio Persa, ambición que había heredado de su padre. Entre los factores que impulsaban al joven rey a llevar a cabo sus planes estaban la ambición personal, la necesidad de expansión económica, el deseo de difundir la cultura griega y una animosidad natural contra los persas a causa de guerras anteriores con sus compatriotas.

En 334 a. C. Alejandro cruzó el Helesponto y entró en territorio persa con sólo 35.000 hombres, la insignificante suma de 70 talentos en efectivo y provisiones para sólo un mes. La campaña fue una serie de triunfos. La primera victoria fue lograda en Gránico, la segunda en Iso al año siguiente y otra en Tiro un año después. Pasando por Palestina, Alejandro conquistó Gaza y después entró en Egipto virtualmente sin oposición. Allí en el año 331 a. C. fundó la ciudad de Alejandría. Se declaró a sí mismo sucesor de los faraones y sus tropas lo aclamaron como un dios. Cuando nuevamente ese año emprendió la marcha, dirigió sus ejércitos hacia Mesopotamia, el corazón del Imperio Persa. Los persas le hicieron frente cerca de Arbela, al este de la confluencia de los ríos Tigris y Gran Zab, pero sus fuerzas fueron derrotadas y se dieron a la huida. Las fabulosas riquezas del mayor imperio mundial estaban a disposición del joven rey de 25 años de edad.

Después de una organización preliminar de su imperio, Alejandro prosiguió sus conquistas hacia el norte y hacia el este. Por el año 329 a. C. ya había tomado Maracanda, que es ahora Samarcanda, en el Turquestán. Dos años más tarde invadió la parte noroeste de la India. Sin embargo, poco después de cruzar el río Indo, sus tropas rehusaron seguir más adelante, y se vio obligado a acceder a sus deseos. De vuelta en Persia y Mesopotamia, Alejandro debió encarar la gran tarea de organizar la administración de sus territorios. En 323 a. C. estableció su capital en Babilonia, ciudad que aún conservaba recuerdos de la gloria del tiempo de Nabucodonosor. En el mismo año, después de excederse en la bebida, Alejandro cayó enfermo y murió de "fiebre de los pantanos", que se cree era el antiguo nombre de la malaria (paludismo) o de una enfermedad similar.

Cuatro alas de ave.

Aunque el leopardo en sí es un animal veloz, su agilidad natural parece ser inadecuada para describir la asombrosa velocidad de las conquistas de Alejandro. La visión simbólica representaba al animal con alas que se le añadían, no sólo dos sino cuatro, que denotan una velocidad superlativa. El símbolo describe muy adecuadamente la velocidad fulmínea con que Alejandro y sus macedonios en menos de una década llegaron a adueñarse del mayor de los imperios que el mundo había conocido. No hay otro ejemplo, en tiempos antiguos, de movimientos tan rápidos y exitosos de un ejército tan grande.

Cuatro cabezas.

Evidentemente equivalen a los cuatro cuernos del macho cabrío, que representaban los cuatro reinos (que después se redujeron a tres) que ocuparon el territorio conquistado fugazmente por Alejandro (ver com. cap. 8: 8, 20-22). Sin embargo, durante algunos años los generales macedonios de Alejandro intentaron conservar -en teoría si no en la realidad- la unidad del vasto 849 imperio. Alejandro murió sin arreglar la sucesión de su trono. Primero su medio hermano Felipe, débil mental, y después su hijo póstumo, Alejandro, fueron reyes titulares bajo la regencia de uno u otro de los generales, y el imperio dividido en un gran número de provincias, las más importantes de las cuales fueron regidas por unos seis generales principales que actuaron como sátrapas (ver mapa A, p. 850).

Pero la autoridad central -es decir, los regentes de los dos reyes títeres- nunca fue lo suficientemente fuerte como para unir al vasto imperio. Después de unos doce años de luchas internas, durante las cuales el dominio de diversas zonas del territorio cambió de mano repetidas veces y en los que ambos reyes fueron muertos, Antígono surgió como el último de los pretendientes al poder central sobre todo el imperio. Se le oponía una coalición de cuatro poderosos caudillos: Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo, que tenían la intención de dividirse el territorio entre ellos. En 306 a. C. Antígono se declaró rey (conjuntamente con su hijo Demetrio) de toda la nación y sucesor de Alejandro. Ante esto, los cuatro aliados, dejando su título inferior de sátrapas, se declararon reyes de sus respectivos territorios (ver mapa B, p. 850).

La larga lucha a muerte entre los defensores de la unidad bajo el cetro de Antígono y Demetrio y los partidarios de la partición entre los cuatro generales fue resuelta en la batalla de Ipso en 301 a. C, Antígono fue muerto, Demetrio huyó y su territorio fue dividido. Con excepción de pequeños fragmentos, esto dejó en pie cuatro reinos independientes (ver mapa C, p. 851) en lugar del inmenso imperio que Alejandro había formado pero que no había logrado consolidar. Ptolomeo tenía Egipto, Palestina y parte de Siria; Casandro dominaba Macedonia con soberanía nominal sobre Grecia; Lisímaco tenía Tracia y una gran parte del Asia Menor; y Seleuco poseía la mayor parte de lo que había sido el Imperio Persa: parte del Asia Menor, el norte de Siria, Mesopotamia y el oriente. Demetrio, sólo quedó con la flota y varias ciudades costeras que no llegaron a conformar un reino, aunque más tarde desplazó a los herederos de Casandro y fundó la dinastía antigónida en Macedonia.

Unos 20 años después de la división, los cuatro se redujeron a tres, porque Lisímaco fue eliminado (ver mapa D, 851). Gran parte de su territorio fue tomado por el imperio seléucida, pero parte fue invadida por los galos o se desintegró en pequeños Estados independientes. El más importante de ellos fue Pérgamo. Pero Macedonia, Egipto el territorio seléucida (a veces conocido como Siria, porque la parte oriental pronto se perdió) continuaron como las tres principales divisiones del ex- imperio de Alejandro, has que fueron absorbidas, una a una, por el Imperio Romano.

Muchos historiadores, especialmente escritores de libros de texto, que deben eliminar los detalles para dar una visión globa pasan por alto la división en cuatro y sólo mencionan la posterior y más duradera división en tres reinos principales, que retuvieron su identidad hasta tiempos del Imperio Romano.

Algunos intentan buscar la continuación de los cuatro reinos hasta el período romano, contando a Pérgamo como sucesor del efímero reino de Lisímaco. Pero si hablamos de tres reinos principales y del reino mucho menor de Pérgamo, o de tres reinos más un grupo de Estados más pequeños, es notable que en el momento crítico -cuando fracasó la última esperanza de mantener unido al imperio de Alejandro, y se hizo inevitable la división- todo el territorio, excepto fragmento menores, se dividió en cuatro reinos (ver mapa C, p. 851) como lo especificaba la profecía (cap. 8: 22).

El imperio de Alejandro, aun cuando estuvo dividido, todavía era una continuación una realización del ideal de su fundador: un mundo greco-macedónico-asiático de pueblos diferentes unidos por el idioma, el pensamiento y la civilización de los griegos. Excepto la centralización política, el mundo henístico constituía una unidad como lo había sido bajo el reinado de Alejandro, y mucho más de lo que jamás había sido antes. Esto estaba representado en forma adecuada por una sola bestia con cabezas múltiples (o, en cap. 8, con cuernos múltiples). Con relación al período helenístico y el surgimiento de Roma, ver el artículo sobre el período intertestamentario en el t. V.


Verso 7.

La cuarta bestia.

Compárese con el ver 19. Quizá no había en la naturaleza ninguna similitud con la cual designar a esta bestia horrible, puesto que no se hace ninguna comparación como en el caso de las tres primeras bestias. Sin embargo, no debiera haber duda [850]

LOS PRINCIPALES TERRITORIOS DEL IMPERIO DE ALEJANDRO DESPUÉS DE SU MUERTE EN 323 a. C.

LOS TRES REINOS PRINCIPALES DEL IMPERIO DE ALEJANDRO EN 311 a. C.

DIVISIÓN DEL IMPERIO DE ALEJANDRO EN CUATRO REINOS, EN 301 a.C.

LOS TRES REINOS PRINCIPALES DEL IMPERIO DE ALEJANDRO, EN 280 a. C.

[852] de que representaba al mismo poder que está simbolizado por las piernas de hierro de la gran imagen (ver com. cap. 2: 40).

La historia enseña claramente que el poder mundial que siguió al tercer imperio de esta profecía fue Roma. Sin embargo, la transición fue gradual. De manera que es imposible señalar un acontecimiento específico que indique el momento del cambio. Como ya se ha dicho, el imperio de Alejandro fue dividido después del 301 a. C. en cuatro (más tarde tres) reinos helenísticos (ver cap. 8: 8), y su reemplazo por el Imperio Romano fue un proceso gradual que implicó varias etapas principales. Los escritores no están de acuerdo en cuanto a la fecha que señala la hegemonía del imperio siguiente.

Hacia el año 200 a. C., cuando Cartago ya no era más rival (aunque no fue destruida sino medio siglo más tarde), Roma era dueña del Mediterráneo occidental y había comenzado a relacionarse con el Oriente, donde de allí en adelante también llegaría a dominar. En 197 a. C. Roma derrotó a Macedonia y puso a los Estados griegos bajo su protección. En 190 Roma derrotó a Antíoco III y tomó el territorio seléucida por el este hasta los montes del Tauro. En 168 a. C., en la batalla de Pidna, Roma acabó con la monarquía de Macedonia, dividiéndola en cuatro confederaciones; y quizá en ese mismo año reprendió a Antíoco IV haciendo que abandonara la idea de conquistar Egipto. En 146 a. C. Roma se anexó a Macedonia como provincia y puso la mayor parte de las ciudades griegas bajo el gobernador de Macedonia.

Si la dominación romana del Cercano Oriente se computa desde la fecha en que los monarcas de los tres reinos helenísticos fueron eliminados por el poder romano, puede considerarse el año 168 como el primer paso de ese proceso. Sin embargo, los reyes seléucidas y tolemaicos retuvieron sus tronos hasta mucho después, quedándose hasta el año 63 a. C. en Siria y el 30 a. C. en Egipto.  Si se eligen las fechas de la anexión de esos tres reinos como provincias romanas, las fechas serían 146, 64 y 30 a. C. respectivamente. Algunos historiadores hacen resaltar el 168 a. C. porque ya para ese tiempo Roma había conquistado Macedonia y había salvado a Egipto de caer en manos del reino seléucida al prohibir la invasión de Antíoco IV. Esto demostraría que Roma virtualmente dominaba los tres reinos aunque no había conquistado más que a uno de ellos.

No se puede dar una fecha única para un proceso gradual. Sea cual fuere la elección de fecha o fechas más significativas que se haga, el traspaso del poder mundial a Roma queda claro, y en el año 30 a. C. se completó la absorción del territorio de Alejandro desde Macedonia hasta el Eufrates. Ver el artículo sobre el período intertestamentario en el t. V.

Unos dientes grandes de hierro.

Los enormes dientes metálicos hablan de crueldad y fuerza. Así como el animal desgarraba y devoraba su presa con esos colmillos monstruosos, así Roma devoraba las naciones y pueblos en sus conquistas. Algunas veces destruía ciudades enteras, como en el caso de Corinto en 146 a. C.; otras veces reinos, tales como Macedonia y los dominios seléucidas, los que eran divididos y convertidos en provincias.

Las sobras hollaba.

Cuando Roma no destruía o subyugaba a un pueblo, solía esclavizar a sus habitantes o los vendía como esclavos. En la intensidad de su poder destructor Roma sobrepasó a los reinos que previamente habían dominado al mundo.

Diez cuernos.

Según la explicación, son "diez reyes" (vers. 24).  Si los "cuatro reyes" del vers. 17 representaban reinos (ver vers. 23 y com. vers. 3) paralelos con los cuatro imperios del cap. 2, existe la misma razón para entender que estos "diez reyes" son también reinos, así como los cuatro cuernos del macho cabrío son "cuatro reinos" (cap. 8: 22). Las invasiones sucesivas de numerosas tribus germánicas que penetraron en el Imperio Romano y el reemplazo de éste por varios Estados separados o monarquías, son hechos bien comprobados por la historia. Debido a que por lo menos una veintena de tribus bárbaras invadió el Imperio Romano, los comentadores han confeccionado varias listas de los reinos establecidos en el territorio del imperio. La siguiente lista es una de ellas: ostrogodos, visigodos, francos, vándalos, suevos, alamanes, anglosajones, hérulos, lombardos y burgundios. Algunos prefieren poner a los hunos en lugar de los alamanes.  Sin embargo, los hunos desaparecieron pronto sin dejar un reino establecido. Este período fue de grandes trastornos, confusión y cambio, y durante él muchos Estados lograron su independencia


Verso 8.

Otro cuerno pequeño.

Mejor, "otro 853 cuerno, uno pequeño". Aunque pequeño al comienzo, este cuerno es descrito posteriormente como "más grande que sus compañeros". Se verá que esto simboliza la continuación del poder romanos mediante la Iglesia Romana. "De las ruinas de la Roma política se levantó el gran imperio moral en la 'forma gigante' de la Iglesia Romana" (A.  C. Flick, The Rise of the Mediaeval Church, 1900, p. 150).  Ver com. vers. 24-25.

"Bajo la potestad del Imperio Romano los papas no tenían poder temporal. Pero cuando el Imperio Romano se hubo desintegrado y su lugar fue ocupado por varios reinos rudos y bárbaros, la Iglesia Católica Romana no sólo se independizó de esos Estados en el aspecto religioso, sino que dominó también en lo secular. A veces, bajo gobernantes tales como Carlomagno (768-814), Otón el Grande (936-973) y Enrique III (1039-1056), el poder civil tuvo cierto predominio sobre la iglesia; pero en general, durante el débil sistema político del feudalismo, la iglesia, bien organizada, unificada y centralizada, con el papa a su cabeza, no sólo era independiente en los asuntos eclesiásticos sino que también controlaba los asuntos civiles" (Carl Conrad Eckhardt, The Papacy and World-Affairs [1937] P. 1).

Delante.

Arameo qodam, palabra que se usa frecuentemente en Daniel, y que significa "antes en lo que atañe al tiempo", o "en presencia de". La frase "delante de él" puede interpretarse "para darle lugar a él".

Tres cuernos de los primeros.

El "cuerno pequeño" es un símbolo de la Roma papal. En consecuencia, el que los tres cuernos fuesen arrancados simboliza la destrucción de tres de las naciones bárbaras. Entre los principales obstáculos que se le presentaron a la Roma papal en su encumbramiento al poder político estuvieron los hérulos, los vándalos y los ostrogodos. Los tres eran defensores del arrianismo, que fue el rival más formidable del catolicismo.

Los hérulos fueron la primera de las tribus bárbaras que dominaron a Roma. Constituían tropas auxiliares germanas de Roma que se amotinaron, y en 476 d. C. depusieron al último emperador de Occidente, el adolescente Rómulo Augústulo. A la cabeza de los hérulos y de otras tropas mercenarias estaba Odoacro, quien se constituyó rey de Roma. Odoacro, que era arriano, aunque tolerante para con los católicos, era odiado por los italianos. Por sugestión del emperador Zenón, del imperio de Oriente, Teodorico, caudillo de los ostrogodos, fue el siguiente en invadir Italia. Lo hizo en 489, y en 493 consiguió que Odoacro se rindiera y poco después lo mató (ver Thomas Hodgkin, Italy and Her Invaders, t. 3, pp. 180-213).

En lo que se refiere a la Iglesia Romana, la llegada de Teodorico no significó ninguna mejoría sino sólo un cambio de caudillos. Teodorico era un arriano tan decidido como su predecesor en el trono de Italia. Aunque concedió tolerancia a las diversas religiones de su reino, las desmedidas ambiciones del pontífice romano no podían concretarse en un sistema que sólo otorgaba tolerancia.

Entre tanto los vándalos, presididos por Genserico, se habían establecido en el norte de África y habían tomado a Cartago en 439. Siendo arrianos fanáticos y belicosos, constituían una amenaza para la supremacía de la Iglesia Católica en el Occidente. Eran especialmente intolerantes para con los católicos, a quienes llamaban herejes. Para ayudar a los católicos del Occidente, el emperador, Justiniano, que gobernaba la mitad oriental del Imperio Romano desde Constantinopla, envió a Belisario, el más hábil de sus generales. Belisario venció completamente a los vándalos en 534.

Debido a esta victoria, los ostrogodos quedaron en Italia como el único poder arriano sobreviviente de importancia que pudiera estorbar la hegemonía del papado en el Occidente (ver Hodgkin, op. cit., t. 3, cap. 15). Después de haber eliminado a los vándalos, Belisario, en 535, comenzó en Italia su campaña contra los ostrogodos. Aunque esa campaña duró veinte años antes de que los ejércitos imperiales obtuvieran la victoria completa (ver Hodgkin, op. cit., t. 5, pp. 3- 66), la acción decisiva ocurrió en los comienzos de la campaña. Los ostrogodos, que habían sido expulsados de Roma, volvieron y la sitiaron en 537. El sitio duró todo un año, pero en 538 Justiniano hizo desembarcar otro ejército en Italia, y en marzo los ostrogodos abandonaron el asedio (ver Hodgkin, op. cit., t. 4, pp. 73-113, 210-252; Charles Diehl, "Justinian", en Cambridge Medieval History, t. 2, p. 15). Es verdad que en 540 volvieron a entrar en la ciudad durante un periodo muy corto, pero su ocupación fue breve. Su retirada de Roma en 538 marcó el verdadero fin del poder 854 ostrogodo, aunque no lo fuera de la nación ostrogoda. Y así fue "arrancado" el tercero de los tres cuernos que estorbaban al pequeño cuerno.

Justiniano es notable no sólo por su éxito al unir transitoriamente a Italia y países del Occidente con la mitad oriental de lo que había sido el Imperio Romano, sino también porque formó un código unificado al reunir y codificar las leyes que existían entonces en el imperio, incluso nuevos edictos del mismo Justiniano. En ese código imperial estaban incorporadas dos cartas oficiales de Justiniano que tenían toda la fuerza de un edicto real. En ellas confirmaba legalmente al obispo de Roma como "cabeza de todas las santas iglesias" y "cabeza de todos los santos sacerdotes de Dios" (Código de Justiniano, libro 1, título 1). En la carta posterior también alaba las actividades del papa como corrector de herejes.

Aunque ese reconocimiento legal de la supremacía eclesiástica del papa está fechado en 533, es evidente que el edicto imperial no podía hacerse efectivo en favor del papa mientras el reino arriano de los ostrogodos dominara a Roma y la mayor parte de Italia. El papado estaría en libertad de desarrollar al máximo su poder cuando el dominio de los godos fuese quebrantado. En 538, por primera vez desde el fin del linaje imperial de Occidente, la ciudad de Roma fue liberada de la dominación de un reino arriano. En ese año el reino de los ostrogodos recibió su golpe mortal (aunque los ostrogodos sobrevivieron aún algunos años más como pueblo). Por esa razón el año 538 es una fecha más significativa que 533.

Resumiendo: (1) El papa ya había sido reconocido en forma más o menos amplia (aunque de ninguna manera en forma universal) como obispo supremo de las iglesias de Occidente y había ejercido considerable influencia política, de tanto en tanto, bajo el patrocinio de los emperadores occidentales. (2)En 533 Justiniano reconoció la supremacía eclesiástica del papa como "cabeza de todas las santas iglesias" tanto en Oriente como Occidente, y ese reconocimiento legal fue incorporado al código de leyes imperiales (534). (3) En 538 el papado fue realmente liberado del dominio de los reinos arrianos, que dominaron a Roma y a Italia después de los emperadores occidentales. Desde ese tiempo el papado pudo aumentar su poder eclesiástico. Los otros reinos se hicieron católicos, uno por uno, y puesto que los lejanos emperadores de Oriente no retuvieron el dominio de Italia, el papa surgió a menudo como una figura principal de los turbulentos acontecimientos que siguieron a este período de Occidente. El papado adquirió dominio territorial y finalmente alcanzó el apogeo de su dominación política tanto como religiosa en Europa (ver Nota Adicional al final de este capítulo). Aunque esa dominación vino mucho más tarde, puede hallarse el punto decisivo en tiempos de Justiniano.

Algunos piensan que es significativo que Vigilio, el papa que ocupaba ese cargo en 538, hubiera reemplazado el año anterior a un papa que había estado bajo la influencia gótica. El nuevo papa debía su puesto a la emperatriz Teodora y era considerado por Justiniano como el medio para unir a todas las iglesias de Oriente y de Occidente bajo su dominio imperial. Se ha hecho notar que, a partir de Vigilio, los papas fueron más y más estadistas a la vez que eclesiásticos, y a menudo llegaron a ser gobernantes seculares (Charles Bemont y G. Monod, Medieval Europe, p. 121).

Este cuerno.

Siendo que los diez cuernos representan al Imperio Romano dividido después de su caída (ver com. vers. 7), el cuerno pequeño debe representar a algún poder que surgiría entre ellos y tomaría el lugar de algunos de esos reinos (ver cita en com. cap. 8: 23).

Ojos.

Generalmente se los toma como un símbolo de inteligencia. A manera de contraste con los bárbaros, que mayormente eran analfabetos, el poder representado por el "cuerno pequeño" era notable por su inteligencia, su perspicacia y su previsión.

Hablaba grandes cosas.

Ver com. vers. 25.


Verso 9.

Puestos.

Arameo, remah, "colocar" o "levantar", aunque igualmente puede significar "arrojar" (cap. 3: 20; 6: 16, 24).  La LXX usa títhémi, que significa "levantar", "colocar", "erigir". Se muestra aquí una representación del gran juicio final que determina los destinos de los hombres y de las naciones.

Anciano de días.

Así dice el arameo; no hay artículo definido. La expresión es más una descripción que un título.  El artículo se usa en los vers. 13 y 22 como artículo de referencia previa, es decir que su función es la de referirse al Ser ya descrito. Se representa a