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Jesús y nuestro futuro |
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Para el 27 de Septiembre del 2003 |
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Testificación |
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Cuando Daniel nació, recibió un bono de la tesorería nacional por valor de cincuenta dólares como regalo. Aunque es suyo realmente, su padre lo está custodiando. Cuando cumpla 18 años, Daniel podrá tomar posesión de esos bonos de ahorro, y cambiarlo por dinero en efectivo. De forma similar, Cristo custodia por nosotros el don inapreciable de la inmortalidad y las riquezas de la salvación. “Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…, para que redimiese a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4, 5). “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos…, coherederos con Cristo” (Romanos 8:16, 17). Como hijos e hijas adoptivos de Dios, hemos recibido una herencia. Hemos recibido la vida eterna y un hogar celestial llamado la Nueva Jerusalén. Aunque es nuestra por derecho, el Padre la custodia actualmente. Cuando regrese Jesús podremos reclamarla como nuestra. El Señor no quiere que ninguno se quede atrás, de modo que demora su venida con el fin de darnos tiempo para prepararnos. Y cuenta contigo y conmigo para ayudar a nuestros hermanos y hermanas a prepararse. Debemos contarles de su pronta venida y de que traerá consigo el don de la vida eterna. El quiere que cada uno de nosotros esté listo para reclamar su herencia. Jesús nos exhortó a tener la fe y la confianza de los niños como condición para reclamar esa herencia. ¿Has observado alguna vez cuán entusiasmados están los niños cuando esperan un día feriado o una visita? Los esperan durante semanas, con los ojos brillantes y sin hablar de otra cosa. Una niñita, Caty, se entusiasma mucho cuando su abuelita va a visitarla. El día que llega la abuela, se la puede ver a Caty mirando por la ventana, mirando y esperando que llegue la abuelita. Cuando Jesús venga, ¿a quién encontrará mirando y esperando su regreso? |
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Usted es el Visitante |