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Capitulo 13
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La mayoría de nosotros estamos interesados en el futuro. Y debemos estarlo, pues necesitamos hacer planes por anticipado. Pero no podemos decir exactamente qué nos depara el futuro. Muchos de los que han tratado de predecir el futuro han estado espectacularmente equivocados:
"Teóricamente, la televisión es factible, pero yo considero que es una imposibilidad, un sueño con el que no debemos perder tiempo". (Lee de Forest, 1926, inventor del tubo de rayos catódicos).
"Yo creo que en el mundo hay posibilidad de vender unas cinco computadoras". (Thomas J. Watson, 1943, presidente del directorio de IBM).
"No creemos que los Beatles lleguen a hacer nada en el mercado. Los grupos de guitarra están desapareciendo". (Un experto de una compañía de grabación de discos, 1962) [Ver http://www.christianglobe.comJlllustrations/].
Si busca en Internet el término futuro encontrará miles de sitios Web. Por ejemplo, podrá leer acerca de las finanzas y el futuro, las cosechas futuras, el espacio y el futuro, y los recursos para el futuro. ¡Hasta puede comprar un CD de Holly Wynnette titulado: "Mi futuro ex novio"! Y los oráculos de la Web ofrecen sus servicios analizando las amenazas de la superpoblación; del calentamiento global; y de máquinas inteligentes que se duplican a sí mismas que reemplazarán a los hombres. Los escenarios van desde la vida en un paraíso hasta la vida como una pesadilla.
Hebreos tiene una fuerte orientación hacia el futuro, relacionándolo con Jesús. El retomará e introducirá el reino de gloria de Dios.
Mientras los cristianos gozan del privilegio de ser el pueblo de Dios aquí y ahora, esperan en el futuro el cumplimiento final de todas las promesas: la ciudad de Dios y al momento en que puedan ver a su Señor cara a cara [La palabra esperanza aparece cinco veces en el libro (Hebreos 3:6; 6:11, 18; 7:19; 10:23) y enfatiza cuán importante es vivir con una meta clara].
I. Los últimos días
El mismo comienzo de Hebreos contiene una cláusula interesante: "En estos postreros días [Dios] nos ha hablado por el Hijo" (Hebreos 1:2). El capítulo 9:26 añade: "Ahora, al final de los tiempos, se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo" (NVI) Las expresiones "en estos postreros días" y "al final de los tiempos" se refieren al tiempo transcurrido desde la primera venida de Cristo. Obviamente, el tiempo del fin comenzó con la primera venida de nuestro Salvador. Las Escrituras no niegan que hay un tiempo especial del fin antes del regreso de Jesús, pero su primera venida -incluyendo específicamente su muerte y su resurrección- fue un acontecimiento tan decisivo que produjo un cambio de eras. La era nueva se superpone a la era antigua [Ver Guthrie, p. 63, y Ellingworth, p. 93].
Otros libros del Nuevo Testamento contienen afirmaciones similares a las que encontramos en Hebreos 1:2 y 9:26. De acuerdo con 1 Corintios 10:11, "nos ha llegado el fin de los tiempos". Jesús mismo describió la era nueva con estas palabras: "El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros" (Lucas 17:20, 21). Pedro escribió que Jesús se ha "manifestado en los postreros tiempos" (1 Pedro 1:20).
Estas frases -"postreros días", "final de los tiempos", "el reino de Dios está entre vosotros" y otras- no excluyen el hecho de que la segunda venida de Jesús es la que marca el fin definitivo. Después de afirmar con respecto a la primera venida de Jesús que "en la consumación de los siglos, [Él] se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo" (Hebreos 9:26). Pablo siguió diciendo: "También Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traer salvación a quienes lo esperan" (versículo 28, NVI).
"Con la primera venida de Cristo, la era nueva se había iniciado y se superpuso a la antigua. Las dos eras continuarán existiendo lado a lado hasta la segunda venida, cuando la era antigua será finalmente destruida" [Jon Paulien, What the Bible Says Abouth the End-Time (Lo que la Biblia dice acerca del tiempo del fin); Hagerstown: Review and Herald, 1994; pp. 77,78].
II. El ya y el todavía no
En el Nuevo Testamento, específicamente en los escritos de Pablo, encontramos el concepto del "ya/todavía no"; por ejemplo, ya somos salvos, pero no todavía finalmente [De acuerdo con Efesios 2:4-6, los cristianos 'han sido salvados" (NVI); pero de acuerdo con Romanos 8:23, nosotros "gemimos... esperando... la redención de nuestro cuerpo". Ver también Juan 5:24 y Mateo 19:29]. Hebreos contiene este concepto. De acuerdo con Hebreos 6:4, los cristianos ya "fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos participantes del Espíritu Santo". Sin embargo, de acuerdo con el capítulo 12:28, ellos están "recibiendo... un reino inconmovible". De acuerdo con Hebreos 2:8, Dios "nada dejó que no sea sujeto a él" [a Jesús]. Pero de acuerdo con el capítulo 10:12, 13, Jesús "se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies".
"Expresado en términos de tiempo, el Nuevo Testamento puede describir el fin como ya presente en un sentido, pero futuro en otro. El Nuevo Testamento también expresa el mismo concepto en términos de espacio: los cristianos viven en lugares celestiales en Cristo al mismo tiempo que continúan luchando con las frustraciones de este mundo... El sabor de la vida del cielo comienza inmediatamente para cada uno que cree en Jesús... La diferencia entre el ya y el no todavía no es la calidad de la era nueva sino el hecho de que la era antigua todavía está presente para distraer y desanimar" [Paulien; Op. Cit., pp. 77, 79].
Los que no creen en ambos aspectos de la verdad y los aceptan como declaraciones complementarias de la misma realidad, llegan a estar desequilibrados y tienden a irse a posiciones extremas que pueden terminar en herejías.
III. Acontecimientos futuros
El estudio sobre los últimos días y el ya/todavía no muestra que "cuando se entiende correctamente el Nuevo Testamento, Jesucristo es de quien trata todo el tema del fin" [Ibíd., p. 81]. Hebreos presenta la segunda venida de Jesús. El capítulo 9 termina con la promesa de su regreso. Su encarnación, su muerte y su ministerio sumo sacerdotal preparan el camino para su retomo. Sus seguidores ven que "aquel día se acerca" (Hebreos 10:25), lo que los motiva para animarse unos a otros y a asistir a las reuniones de la iglesia. Citando Habacuc 2:3 y 4, Pablo dijo: "Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará" (Hebreos 10:37). Se estaba refiriendo a la segunda venida de Jesús [El texto hebreo habla acerca del cumplimiento de la visión. En la Septuaginta hay un cambio de la visión a la persona. Hebreos comprende claramente que es una profecía mesiánica aplicada al regreso de Cristo. Para un estudio de esto, ver Bruce, pp. 272-274].
La carta también señala eventos inseparablemente conectados con el regreso de Cristo, o acontecimientos que dependen de éste. Hablando de "la resurrección de los muertos", el autor la llama una «mejor resurrección" (Hebreos 6:2; 11:35). Hebreos confirma que las resurrecciones corporales ya han ocurrido en el pasado. Sin embargo, hay otra resurrección, que Jesús la llama "resurrección de vida" (Juan 5:29). Está ligada a la segunda venida, y trae la inmortalidad para los hijos de Dios.
Hebreos contiene varias referencias al juicio futuro, algunas veces aun conectado con fuego. Algunos creyentes hoy prefieren suprimir las ideas de un juicio y de la ira de Dios; ellos más bien gustan de hablar sólo del Dios amante y misericordioso, un Dios sin columna vertebral. Predicadores y otros han usado mal el juicio al usarlo como un medio para asustar a las personas con el fin de que se arrepintieran. Pero el hecho de que se lo ha usado mal no es excusa para ignorar lo que la Biblia analiza [Ver Hechos 20:20,27]. Pablo no tiene miedo de advertir al pueblo acerca del juicio de Dios.
Hebreos habla del "juicio eterno" (Hebreos 6:2). Dice que la muerte lo precede (Hebreos 9:27). Los adversarios de Dios esperan el juicio con temor: "una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego" que los consumirá (Hebreos 10:27). Pero Dios juzgará a su pueblo (Hebreos 10:30) como también "a los fornicarios y a los adúlteros" (Hebreos 13:4). Obviamente, en la mayoría de los casos Pablo está hablando del juicio ejecutivo.
Afortunadamente, el juicio tiene otro lado, es decir, la recompensa (Hebreos 11:26) y la salvación final (Hebreos 9:28). Moisés se centró en la recompensa, lo que le ayudó a hacer las decisiones correctas y a soportar circunstancias difíciles. El dirigió su vida hacia esa meta. Hebreos también conecta el juicio con la "perfección" (Hebreos 11:40) y la patria celestial, la ciudad por venir (Hebreos 11:16; 13:14). Nota que Dios actuará como el juez (Hebreos 12:23) y que él recompensará a su pueblo.
Aunque Pablo se refiere a la segunda venida de Cristo, a la resurrección de los muertos, y al juicio, él no indica el orden en que ocurrirán estos eventos. Ni tampoco establece indicaciones de tiempo para ellos. Obviamente, es más importante vivir una vida santa y así estar listos cuando sea que Jesús venga, que saber con precisión cuándo ocurrirán ciertos eventos.
Hay otros dos versículos que contienen referencias al futuro reino de Dios. Aunque tos creyentes ya han gustado "los poderes del siglo venidero" (Hebreos 6:5), este "siglo" no ha llegado todavía. Y Hebreos 12:14 desafía a los cristianos a seguir "la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios", recordándonos indirectamente de que veremos al Señor.
De esta manera, aunque el énfasis en Hebreos está sobre la muerte de Cristo y su ministerio sumo sacerdotal en el cielo, el libro también tiene un centro claro en la segunda venida de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio y la recompensa final,
IV. La ciudad celestial
Tres pasajes en Hebreos hablan de la ciudad celestial: los capítulos 11:10 al 16, 12:18 al 24, y 13:12 al 14. El primer pasaje (Hebreos 11:10-16) describe a Abrahán y a los patriarcas. Abrahán "tenía normas diferentes para los valores: una ciudad cuyos fundamentos son totalmente inconmovibles. El escritor piensa en términos espirituales acerca de la ciudad que Dios está construyendo" [Guthrie, p. 232]. Los patriarcas fueron peregrinos en marcha hasta la patria verdadera, la patria celestial, la ciudad de Dios.
El segundo pasaje (Hebreos 12:18-24) describe a la comunidad del nuevo pacto. Mientras que en el primer pasaje Pablo contrasta las tiendas y el país terrenal con la ciudad y la patria celestiales, en el segundo pasaje contrasta el monte Sinaí con el monte Sión. La colina sudoriental de Jerusalén se llamó el monte Sión, que entonces llegó a ser otro nombre para la ciudad de David, a veces para toda Jerusalén. Cuando el arca del pacto fue llevada a la ciudad, y más tarde, Salomón construyó el templo, Sión llegó a ser el nombre del lugar donde moraba Dios [Compárese con el Diccionario bíblico adventista, p. 1105].
En nuestro pasaje, el monte Sión parece ser sinónimo del término "la ciudad del Dios vivo" y la "Jerusalén celestial". Puede describir la asamblea celestial y la iglesia invisible, incluyendo a la Deidad. En Hebreos 12:18 al 24, en el contexto de un "juicio de aprobación", es una reunión festiva de ángeles y del pueblo de Dios que ocurre en la presencia inmediata del divino juez. Se presenta a los creyentes como que ya han llegado a la ciudad de Dios [Ver Lane, Hebrews 9-13, pp.470, 466]. Ya pertenecemos a esa ciudad celestial.
El tercer pasaje (Hebreos 13:12-14) presenta un contraste entre la Jerusalén terrenal, a la que Jesús fue forzado a abandonar, y la ciudad futura. Los discípulos siguen a Jesús "no sólo en el camino a la cruz aquí y ahora, sino en definitiva a la meta final de la peregrinación, la futura ciudad celestial. Allí gozarán de un compañerismo íntimo e ininterrumpido con Dios" [Ibíd., p. 547]. Mientras el segundo pasaje dice que los discípulos de Cristo ya han llegado a la ciudad celestial, el último pasaje nos recuerda que hay una dimensión futura, y que ellos todavía están avanzando hacia la consumación futura. Todavía tienen que perseverar y no deben apartarse de Cristo. Otra vez se presenta el ya/todavía no.
La ciudad, que es nuestra meta, es idéntica a la patria celestial, el monte Sión, la Jerusalén celestial, el reino inconmovible, la ciudad futura y el Santuario Celestial [Johnsson, In Absolute Confidence, p. 154, nota que la ciudad de Dios "es el lugar por excelencia"]. Esta ciudad es la meta de todos los verdaderos peregrinos de todos los tiempos. Nuestro verdadero hogar no está aquí sobre la tierra sino en la presencia de Dios; por lo tanto, no vivimos como si tuviésemos un hogar permanente aquí [Ver Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 3, p. 434].
V. El santuario y la segunda venida de Cristo
El libro de Hebreos no puede ser comprendido separado del servicio del santuario del Antiguo Testamento. La muerte sustitutiva de Cristo por nuestros pecados y su ministerio sumo sacerdotal tienen sentido sólo en el contexto del sistema de sacrificios del antiguo pacto. Además, el santuario es la morada de Dios. Cuando hablamos acerca del trono y de su reino, también estamos hablando acerca del templo celestial. Como el pasado y el presente están unidos con el santuario, también lo está el futuro, es decir, la segunda venida de Cristo, incluyendo los eventos que la acompañan y la suceden. Todo el plan de salvación está construido alrededor de conceptos y símbolos revelados primero en el tabernáculo que estaba sobre la tierra. En Cristo todo encuentra su cumplimiento. ¡No hay plan de salvación sin el santuario!
Hebreos 9:24 al 28 conecta el ambiente del santuario donde Cristo fue sacrificado, su ministerio en el Santuario Celestial y su segunda venida: 1) Mediante su sacrificio el pecado es eliminado (versículo 26, 28). 2) En el cielo él se presenta "ahora por nosotros ante Dios" (versículo 24). 3) La salvación llega a dar sus frutos finales sólo en la segunda venida (versículo 28). Si el santuario señala la salvación, y la salvación se consuma en la segunda venida de Cristo, entonces el santuario debe estar ligado con la segunda venida.
Hebreos 10:11 al 13 contiene la misma secuencia: 1) Jesús es el sacrificio, y se usa el vocabulario del santuario para su muerte (versículo 12). 2) "Se ha sentado a la diestra de Dios" (versículo 12). El es el Sacerdote-Rey del Salmo 110. Además, el trono de Dios se encuentra en el santuario. De este modo, otra vez el santuario aparece involucrado. 3) Está "esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies" (versículo 13). Esto es todavía futuro y tiene que ver con la segunda venida y el juicio final de sus enemigos. Otra vez, el contexto es el santuario.
Hebreos 12:22 al 28 trata acerca de la ciudad celestial. Oímos acerca de la "sangre rociada que habla mejor que la de Abel“ (versículo 24), Jesús como mediador de un nuevo pacto (versículo 24), y luego "un reino inconmovible" que recibiremos (versículo 28). Claramente, el santuario está involucrado en estas tres fases.
De esta manera, Hebreos liga el santuario con la segunda venida de Cristo. La enseñanza acerca del santuario y la enseñanza acerca de las cosas finales van juntas y no deben separarse.
Conclusión
Los hijos de Dios están "en marcha. Aunque ya están consagrados y separados, buscan el centro del universo, la misma presencia (realizada realmente) de Dios" [Johnsson, In Absolute Confidence, p. 155]. Hebreos 9:28 enfatiza este anhelo y búsqueda diciendo que los cristianos "lo esperan", a Jesús, su Sacrificio, su Sumo Sacerdote Mediador, y Rey.
Nos concentramos en nuestro Señor. Esperamos que regrese pronto, y ansiosamente esperamos su segunda venida. Esta meta modela nuestra vida, ¡Estamos en camino a ver a Dios cara a cara!