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Casa Publicadora Brasileira
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Según el punto de vista de las realidades espirituales, el pasado, el presente y el futuro están bien definidos en el libro de Hebreos. El sacrificio vicario de Cristo, el cual cumplió plenamente todos los símbolos ligados al santuario terrenal, es el mayor acontecimiento relacionado con el pasado. Su obra de intercesión (Hebreos 7:25; 4:16) en el Santuario Celestial, es el hecho más solemne del presente. Y la segunda venida a la Tierra es la máxima aspiración de los creyentes de todas las épocas. “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).
Esta maravillosa promesa nutre nuestra esperanza. Como señal de esto, la palabra esperanza se presenta cinco veces en Hebreos (Hebreos 3:6; 6:11,18; 7:19; 10:23) y resalta la importancia de vivir con un blanco bien definido. Por lo tanto, el libro de Hebreos “Hebreos tiene una fuerte orientación hacia el futuro, relacionándolo con Jesús. El retomará e introducirá el reino de gloria de Dios. Mientras los cristianos gozan del privilegio de ser el pueblo de Dios aquí y ahora, esperan en el futuro el cumplimiento final de todas las promesas: la ciudad de Dios y al momento en que puedan ver a su Señor cara a cara. [Ekkehardt Mueller; Acerquémonos confiadamente al trono, ACES, pp. 129, 129]
Las previsiones de los futurólogos ya no son dignas de crédito. Por ello, Steven Pinker ironiza: “La única previsión de la futurología que, sin duda alguna es correcta, es la de que, en el futuro, los futurólogos de hoy parecerán tontos”. Pero en relación al cumplimiento del glorioso futuro prometido por dios, tenemos plena certeza, “porque fuel es el que prometió” (Hebreos 10:23). Jesús es la garantía de nuestra esperanza”.
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El tiempo del fin – Hebreos 1:2; 9:26; 1 Pedro 1:18-20
Significado de las expresiones “en los postreros días” y “en la culminación de los siglos”. Al hablar sobre los acontecimientos asociados con la primera venida de Cristo, los escritores bíblicos se refieren a esos eventos como sucediendo “en los postreros días” (ver Hechos 2:17; Hebreos 9:26; 1 Pedro 1:5). La expresión “en la consumación de los siglos” (Hebreos 9:26) tiene el mismo significado que en Hebreos 1:2, es decir, el tiempo de la primera venida de Jesús, un acontecimiento tan importante como decisivo, que estableció un nuevo orden espiritual. Sobre el contraste entre esos dos órdenes, Phillip Hughes comenta:
“El hecho de que distintas eras o dispensaciones están involucradas aquí, la una marcada por la imperfección y la anticipación; y la otra completa y realizada; una preliminar, y la otra, final, muestra cuán fundamental es el contraste. Ese contraste también desempeña una parte fundamental en le estructura de la epístola, a medida que nuestro autor demuestra que el antiguo orden de la expectativa patriarcal, de la revelación profética, del pacto mosaico y del sacerdocio levítico, abrió camino al nuevo orden de la realidad mesiánica, que a diferencia de la antiguo, es final y permanente, porque su liderazgo, su sacerdocio y su reino pertenecen a Aquél que es el Hijo Eterno” [Philip E. Hughes, A Commentary on the Book of Hebrews (Comentario del libro de Hebreos); Edermans: Grand Rapids, MI, 1993, p. 37].
Champlin dice que “la expresión ‘en los postreros días’ se refieren a aquél período en el cual Cristo fue revelado y ministró –incluyendo su muerte, resurrección y ascensión- lo que es considerado como partes constitutivas de los últimos días de la primera era, en preparación para la era venidera. Todo esos acontecimientos se suceden ‘al final’ del primer período, pero forman parte del mismo. Llevan a esa era a su ‘punto final’ e introducen a la nueva” [R. N. Champlin, O Novo Testamento Interpretado Versículo por Versículo El Nuevo Testamento interpretado versículo por versículo; Candeia: São Paulo, 1995; p. 476]
La opinión de Donald Guthrie es la siguiente: “Tal vez el autor [de Hebreos] estuviese pensando en los últimos días como siendo los días finales del período pre-cristiano, de modo semejante a la división que los maestros judíos hacían entre la era presente y la Mesiánica. Según este punto de vista, una vez que los cristianos creían que Jesús era el Mesías, los ‘postreros días’ eran el fin de la era antigua. Pero teniendo en vista la expresión correspondiente ‘en la consumación de los siglos’, en Hebreos 9:26, es más probable que la expresión ‘en los postreros días’ se refiera a la era cristiana, que involucra una nueva era comparada con la antigua. Cuando Dios habló a los hombres mediante el Hijo, su propósito era señalar el fin de todos los métodos imperfectos. El telón finalmente desciende sobre la anterior y la era final ahora surge” [Donald Guthrie, Hebreus – Introdução e Comentário (Hebreos: Introducción y Comentario); Ed. Mundo Cristão; São Paulo, 1983; p. 58]
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El “ya” y el “no todavía” – Hebreos 12:28; 11:13-16
Parece haber contradicciones entre el “ya” y el “no todavía”. Pero sin embargo, si los analizamos bien, veremos que “sencillamente pueden ser partes diferentes de un cuadro mucho mayor”, tal como afirma el autor de la lección. [Guía de Estudio de la Biblia, Nota del día Lunes, p. 160 de la edición para Maestros]. El concepto del ya/no todavía quiere decir que ya estamos salvados, pero no definitivamente, pues aún no tomamos posesión de la vida eterna, ya que la segunda venida aún no se ha hecho efectiva. La salvación es una realidad espiritual presente, basada en la certeza de que nuestro Fiador no nos fallará.
De acuerdo con Efesios 2:4-6, somos salvos, pero Romanos 8:23, afirma que todavía “gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”. (Ver Juan 5:24 y Mateo 19:29).
Hebreos 12:28 - “El autor describe al pueblo de Dios en la tierra como si ya estuviera en posesión de su herencia eterna (ver comentario Hebreos 11:1” [Comentario Bíblico Adventista, tomo VII, p. 4]. Dice que los creyentes ya recibieron el reino. Por eso se les solicita que “tengamos gratitud”. Los héroes de la galería de la fe de Hebreos 11 “conforme a la fe murieron… sin haber recibido lo prometido” (versículo 13), aunque tenían plena certeza de que su herencia estaba garantizada.
De forma semejante, somos herederos de la Patria Celestial, aunque la posesión definitiva esté señalada para el día de la Segunda Venida de Jesús. Esa seguridad de que somos herederos nos debe servir de estimulo para que corramos “con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). Andreasen afirma que “una de las cosas que no pueden ser negadas es el reino que Dios tiene reservado para sus hijos” [M. L. Andreasen, The Book of Hebrews (El libro de Hebreos); Review and Herald; Washington, DC, 1948; p. 530]
El teólogo Jon Paulien da una buena explicación: “El Nuevo Testamento describe el fin como algo ya presente, en un sentido; y futuro, en otro. El Nuevo Testamento también expresa el mismo concepto en términos de espacio: los cristianos viven en los lugares celestiales con Cristo, al mismo tiempo que continúan luchando con las frustraciones de este mundo… El sabor de la vida del Cielo comienza instantáneamente para cada uno que cree en Jesús… A diferencia entre “ya” y “no todavía” no es la cualidad de la nueva era, pero el hecho es que la antigua está presente para distraer y desanimar” [Jon Paulien, What the Bible Says Abouth the End-Time (Lo que la Biblia dice acerca del tiempo del fin); Review and Herald; Hagerstown, 1994; pp. 77, 78]
El reino de Dios consiste en la salvación consumada, prometida a los creyentes, y esa es una de las realidades permanentes, en las cuales podemos afirmar nuestra fe.
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Eventos futuros
El libro de Hebreos menciona varios eventos futuros, cuyo cumplimiento depende de la intervención de Cristo. Por esa razón, El es la figura principal de este escenario escatológico.
Los siguientes pasajes mencionan la Segunda Venida, el día del Juicio, la resurrección de los muertos, la ciudad celestial y el galardón: Hebreos 9:28; 10:25, 36, 37; 6:2; 9:27; 10:27, 30; 11:16; 13:14; 11:26, 39, 40. “Aunque Pablo se refiere a la segunda venida de Cristo, a la resurrección de los muertos, y al juicio, él no indica el orden en que ocurrirán estos eventos. Ni tampoco establece indicaciones de tiempo para ellos. Obviamente, es más importante vivir una vida santa y así estar listos cuando sea que Jesús venga, que saber con precisión cuándo ocurrirán ciertos eventos” [Mueller; Op. Cit.; p. 132].
En el libro La Esperanza del Tercer Milenio (Meditaciones Matinales 2000, p. 18), escribí: “A lo largo del tiempo, siempre hubieron personas o movimientos señalando fechas para el regreso de Jesús, o para la culminación del tiempo de gracia. No queriendo que su pueblo incurriese en ese error, Dios envió las siguientes advertencias por medio de Elena de White: ‘Vez tras vez se me ha amonestado acerca de fijar fechas. Nunca más habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en el tiempo’ [Testimonios Selectos, t. 1, p. 220 extraído de la Review and Herald. 22 de marzo de 1892]. ‘La cuestión de las fechas no ha sido una prueba desde 1844, y nunca volverá a ser una prueba’. [Primeros Escritos, p. 75]”.
Por medio de las señales que estamos presenciando, sabemos que el fin está cercano. En cuanto a eso, ¿cuál debe ser nuestra actitud? El mismo Jesús lo dijo: ‘Velad y orad’. Y el Espíritu de Profecía recomienda: ‘En vez de consumir las facultades de nuestra mente en especulaciones […] hemos de entregarnos al control del Espíritu Santo, a la ejecución de los deberes actuales, a dar el pan de vida, sin mezcla de opiniones humanas, a las almas que están pereciendo por la verdad’ [Mensajes Selectos, t. 1, p. 186]”.
El autor de Hebreos anhela que sus lectores tengan la seguridad de que la encarnación, la muerte y el ministerio sumosacerdotal de Cristo preparen el camino para su retorno. Mueller dice: “Sus seguidores ven que "aquel día se acerca" (Hebreos 10:25), lo que los motiva para animarse unos a otros y a asistir a las reuniones de la iglesia. Citando Habacuc 2:3 y 4, Pablo dijo: "Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará" (Hebreos 10:37). Se estaba refiriendo a la segunda venida de Jesús”. [Mueller, Op. Cit.; p. 131]
Nada en este mundo podrá impedir el cumplimiento de los eventos predichos en Hebreos. Todos están registrados en el calendario divino. Dios sabe el día y la hora en que cada uno de ellos sucederá. Jesús advierte: “No os toca a vosotros saber el tiempo o las sazones que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7)
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La ciudad celestial
En cierta ocasión, en compañía de buenos amigos, tuve el privilegio de sobrevolar, en helicóptero, la ciudad de Río de Janeiro. Cuando estábamos a unos metros por encima del cerro Corcovado, quedé deslumbrado por esta “cidade maravilhosa”. Entonces alguien exclamó: “¡Es mucha belleza en un solo lugar!”.
A pesar de la bonita escena, mis pensamientos se detuvieron por un instante en otra realidad: allí abajo, había innumerables familias infelices, esclavos de las drogas, enfermos, y personas con crisis existenciales. Pero repentinamente mis pensamientos fueron dirigidos hacia esa “ciudad superior”, el destino final de todos aquellos que aceptaren el mensaje cristocéntrico del libro de Hebreos. Juan, en el “helicóptero” de las visiones proféticas, vio la “santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:2).
“Tres pasajes en Hebreos hablan de la ciudad celestial: los capítulos 11:10 al 16, 12:18 al 24, y 13:12 al 14. El primer pasaje (Hebreos 11:10-16) describe a Abrahán y a los patriarcas. Abrahán ‘tenía normas diferentes para los valores: una ciudad cuyos fundamentos son totalmente inconmovibles. El escritor piensa en términos espirituales acerca de la ciudad que Dios está construyendo’ [D. Guthrie; Hebreos: Introducción y Comentario, p. 232]. Los patriarcas fueron peregrinos en marcha hasta la patria verdadera, la patria celestial, la ciudad de Dios”.
“El segundo pasaje (Hebreos 12:18-24) describe a la comunidad del nuevo pacto. Mientras que en el primer pasaje Pablo contrasta las tiendas y el país terrenal con la ciudad y la patria celestiales, en el segundo pasaje contrasta el monte Sinaí con el monte Sión. La colina sudoriental de Jerusalén se llamó el monte Sión, que entonces llegó a ser otro nombre para la ciudad de David, a veces para toda Jerusalén. Cuando el arca del pacto fue llevada a la ciudad, y más tarde, Salomón construyó el templo, Sión llegó a ser el nombre del lugar donde moraba Dios […]”
“El tercer pasaje (Hebreos 13:12-14) presenta un contraste entre la Jerusalén terrenal, a la que Jesús fue forzado a abandonar, y la ciudad futura. Los discípulos siguen a Jesús "no sólo en el camino a la cruz aquí y ahora, sino en definitiva a la meta final de la peregrinación, la futura ciudad celestial. Allí gozarán de un compañerismo íntimo e ininterrumpido con Dios" [Ibíd., p. 547]. Mientras el segundo pasaje dice que los discípulos de Cristo ya han llegado a la ciudad celestial, el último pasaje nos recuerda que hay una dimensión futura, y que ellos todavía están avanzando hacia la consumación futura. Todavía tienen que perseverar y no deben apartarse de Cristo. Otra vez se presenta el ya/todavía no”. [Mueller; Op. Cit., pp. 132, 133].
Desgraciadamente, muchas personas actúan como Esaú, que prefirió un plato de lentejas por encima de los privilegios de la primogenitura. Enceguecidos por las luces de este mundo, pierden la visión de la ciudad celestial. Pierden el foco, la meta. Proceden como aquel conocido personaje del libro El Peregrino, el cual siempre estaba con la cabeza gacha, con un rastrillo en la mano. Por encima de su cabeza había un ángel, ávido de darle algo especial. Pero aquél hombre no recibió la bendición porque nunca miró hacia arriba.
El mensaje de Hebreos requiere una actitud práctica, o sea, mirar hacia Jesús, el Autor y Consumador de la fe.
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El Santuario y la Segunda Venida
El plan de salvación, el cual incluye la cruz y el ministerio de Cristo en el Santuario Celestial, encontrará su punto culminante en la segunda venida de Jesús. El autor de la lección de este trimestre dice que “la enseñanza del Santuario y la enseñanza sobre los últimos acontecimientos están íntimamente relacionadas y no deben separarse”. Mueller, explica ese concepto:
“Todo el plan de salvación está construido alrededor de conceptos y símbolos revelados primero en el tabernáculo que estaba sobre la tierra. En Cristo todo encuentra su cumplimiento. ¡No hay plan de salvación sin el santuario!
Hebreos 9:24 al 28 conecta el ambiente del santuario donde Cristo fue sacrificado, su ministerio en el Santuario Celestial y su segunda venida: 1) Mediante su sacrificio el pecado es eliminado (versículo 26, 28). 2) En el cielo él se presenta "ahora por nosotros ante Dios" (versículo 24). 3) La salvación llega a dar sus frutos finales sólo en la segunda venida (versículo 28). Si el santuario señala la salvación, y la salvación se consuma en la segunda venida de Cristo, entonces el santuario debe estar ligado con la segunda venida.
Hebreos 10:11 al 13 contiene la misma secuencia: 1) Jesús es el sacrificio, y se usa el vocabulario del santuario para su muerte (versículo 12). 2) "Se ha sentado a la diestra de Dios" (versículo 12). El es el Sacerdote-Rey del Salmo 110. Además, el trono de Dios se encuentra en el santuario. De este modo, otra vez el santuario aparece involucrado. 3) Está "esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies" (versículo 13). Esto es todavía futuro y tiene que ver con la segunda venida y el juicio final de sus enemigos. Otra vez, el contexto es el santuario.
Hebreos 12:22 al 28 trata acerca de la ciudad celestial. Oímos acerca de la "sangre rociada que habla mejor que la de Abel" (versículo 24), Jesús como mediador de un nuevo pacto (versículo 24), y luego "un reino inconmovible" que recibiremos (versículo 28). Claramente, el santuario está involucrado en estas tres fases”. [Mueller; Op. Cit., pp. 134]
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Conclusión
Aunque separados por barreras geográficas, nosotros, como peregrinos de la fe, tenemos la misma meta y la misma esperanza: vivir en la ciudad celestial, en cuyo templo Jesús todavía intercede por nosotros. Sin embargo se aproxima el día en que El se quitará las vestiduras de Sumo Sacerdote para ponerse las de Rey de reyes y Señor de señores. ¿Seremos nosotros súbditos de Cristo, o tendremos que encarar el juicio?
El magnífico sacrificio de Jesús es la garantía de un futuro brillante para todos nosotros, una vez que nos acerquemos, “confiadamente, al trono de la gracia” a fin de encontrar misericordia y hallar gracia para el socorro en la ocasión oportuna. (Hebreos 4:16).
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Pr. Rubens S. Lessa
Jefe de Redacción - Casa Publicadora Brasileira
lessa@cpb.com.br
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© Traducción: Rolando Chuquimia (rdchuquimia@arnet.com.ar)
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